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Chela, ser útil desde de la virtud. Cuba

A propósito de la entrega de la Medalla Armando Hart a Graciela Rodríguez

René Villaboy

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Reconocer y homenajear a las personas que laboran intensamente desde el anonimato, y contribuyen decisivamente con sus labores diarias al sostén del trabajo de científicos, intelectuales o figuras prominentes de la política, no es una práctica común. Por lo general los lauros no llegan a los ayudantes, a los asesores, a traductores, a las personal de servicio y a muchos otros sin los cuales no podría funcionar ninguna actividad de creación o pensamiento. Por eso, Universidad José Martí de Latinoamérica, con asiento en las ciudades mexicanas de Monterrey y Mérida, tuvo el justo acierto de conferir por primera vez la Medalla “Armando Hart Dávalos” a una mujer sencilla, silenciosa pero sin duda alguna imprescindible.

Y en efecto, este 10 mayo en el Salón Simón Bolívar del Centro de Estudios Martianos en La Habana, le fue conferida la presea Armando Hart que inmortaliza la memoria de uno de los intelectuales más importantes de la Revolución Cubana, a quien fuera la secretaria y asistente personal de Hart por casi 60 años: Graciela María Rodríguez Pérez. Quizás irreconocible para muchos por su nombre pero célebre para todos como Chela. El emotivo acto, que contó con un numeroso público, integrado por académicos e intelectuales cubanos y mexicanos, entre los que destacó la Dra. Eloísa Carreras, viuda de Hart,estuvo presidido por una mesa compuesta, junto a Chela, por Abel Prieto, Ex ministro de Cultura de Cuba, y actualmente Director de la Oficina del Programa Martiano y Presidente de la Sociedad Cultural José Martí, por el Dr. Miguel Barnet, Presidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Fundación Fernando Ortiz, por el Dr. Jorge Cuellar Montoya, Rector de la alta casa de estudios mexicana y por el Dr. Carlos Bojórquez Urzaiz, Presidente de su Consejo Científico y destacado estudioso de la obra de José Martí. 

El Dr. Bojórquez tuvo a su cargo la lectura de la resolución rectoral que instituyó el galardón integrado al sistema de títulos y reconocimientos de la institución docente mexicana, por acuerdo No 3 del 11 de noviembre de 2018. Destacó que el premio lleva el nombre del primer ministro de Educación de la Revolución cubana, titular de Cultura y fundador del Programa Martiano en la Isla, fallecido en el año 2017.  Y añadió: “Vocación de servicio a la comunidad y a la sociedad, ejemplo de honradez, virtud y laboriosidad” son algunos de los requisitos que se incluyen en el documento que reglamenta la Medalla Armando Hart y que Chela ha cumplido y cumple durante su fructífera trayectoria de vida. Seguidamente el Rector de la Universidad José Martí de Latinoamérica entregó a la recipiendaria la medalla y el diploma que acreditan su premio. El Dr. Cuéllar dedicó unas breves pero profundas palabras donde resaltó la modestia y la consagración de Graciela Rodríguez a Hart y a la cultura cubana.

El discurso de elogio, que no fue sino una pieza poética de altos vuelos, estuvo a cargo de Miguel Barnet, quien calificó a Chela como la persona más humilde que había conocido en su vida. Durante sus palabras el reconocido etnólogo cubano destacó la trayectoria de la secretaria de Hart, refiriéndose a ella como una de las más grandes secretarias del siglo XX en la Isla. Comparable –según Barnet- con Conchita Fernández secretaria de tres grandes hombres de la historia cubana: Eduardo Chibás, Fernando Ortiz y Fidel Castro. A trabajar con Hart llegó Chela recomendada por la heroína del Moncada Haydée Santamaría en tiempos de fundación de la Revolución y de su institucionalidad política y cultural. Desde ese momento nunca más se apartó de su lado. “Dueña de los candados y cerraduras de todos sus escritorios y oficinas”, “mujer sin horarios para el trabajo”, “amable en su severidad” fueron algunos de los términos con que Barnet fue resumiendo la intensa trayectoria de Chela. De quién dijo -por último- cumplió a cabalidad el mandato martiano de ser útil desde la virtud.

Visiblemente emocionada, la acreedora de la Medalla Armando Hart, agradeció finalmente por un honor que expresó no merecer. Y haciendo gala de su modestia dedicó sus palabras a su “eterno jefe”. Alegando que todos esos años de intensa labor junto a él habían sido un privilegio. De Hart- dijo Chela- aprendí a no cansarme o a encontrar en el trabajo el descanso. Sus palabras sellaron la ceremonia organizada por la Universidad José Martí de Latinoamérica, institución mexicana que honrando a Chela se honró, honró a Hart y -sobre todo- honró a Cuba.

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