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Arte y ciencia

Continuarán promoviendo la cultura LGBT+ en Mérida

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El jueves 21 de noviembre, en El Cardenal Cantina, ubicado en el barrio de Santiago, se llevó a cabo una rueda de prensa con motivo de la presentación del “Cruces Tour 2019”, que tiene  como objetivo promover e impulsar la cultura LGBT+.

Se informó que el tour, organizado por el colectivo K-Kaajal, ofrecerá un concierto el próximo viernes 22 de noviembre en Pánfilo Karaoke, en el que, además de la participación de varios artistas locales como Regina Carillo, Daniela Romero, Cristi Trujillo, Ana Karen Rodríguez y Lola, se contará con la actuación estelar de Diana Gameros y Renee Goust, quienes tienen una destacada carrera en México como cancionistas.

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A 40 años de la historia institucional en Yucatán

Edgar A. Santiago Pacheco

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El próximo octubre de 2020 se celebran los cuarenta años de que se empezó a impartir la historia como especialización en la entonces Escuela de Ciencias Antropológicas de la UDY. Incluso en estos días he leído un aviso sobre un Seminario para conmemorar tal acción, en el marco de los 50 años de fundación de la Facultad. A vuelo de pájaro no puedo dejar de recordar el activo papel en esta empresa de la terna formada por Carlos Magaña Toledano, José Tec Poot y Carlos Bojórquez Urzaiz, bajo la guía de Salvador Rodríguez Losa. Los Carlos estoy seguro tienen mucho que decir en dicho Seminario.

En la convocatoria, me llamó la atención una afirmación que hacen los responsables del Seminario: “En el último tercio del siglo XIX, personajes como Eligio Ancona y otros fueron transformando la práctica de historiografía, pero hubo que esperar un siglo para que la disciplina adquiriera su carácter científico y ocupara un lugar dominante en la Universidad”.

Tengo serias dudas en la parte de la afirmación que se subraya, pues el carácter científico de la escritura de la historia en Yucatán, se puede rastrear en obras que se escribieron antes del establecimiento de la especialidad. Entendemos que se quiera asociar la práctica científica de la disciplina con la fundación de la especialidad de historia en la Universidad, pero hay que ampliar la mirada analítica y evitar caer en un reduccionismo conceptual o en un posible anacronismo histórico.

Y es que mucha de la historiografía practicada en nuestro terruño, fue científica, aunque, no hubiese instituciones en la localidad para formar historiadores. El razonamiento sobre esta afirmación se afianza en el hecho de que existía una noción moderna de la historia, que se plasmó en nuestra historiografía regional. Esto si entendemos la noción de modernidad a partir de dos diferencias básicas con la tradición historiográfica anterior: a) No tiene el fin de moralizar sino de instruir sobre la naturaleza de la historia como una apuesta al futuro, y b) busca ser científica, y por ello basarse en evidencias interpretadas con objetividad, lo cual brinda una mirada de especialista y no de retórico.

Dicho de otro modo, en palabras de Karla Alejandra Pinal Rodríguez, en su libro Vivir para historiar, historiar para vivir. La profesionalización de la historiografía en México editado en 2016: en la noción moderna de la historia el “historiador [tiene] una actitud científica y un distanciamiento en la observación; su fin debe ser la verdad y, si acaso, orientar con base en ella, no el convencimiento por sí mismo. En ese sentido, es una historiografía para el futuro y no para el presente, del que intenta separarse” (p.35). Sin duda, encontramos estos elementos en mucha de la obra histórica escrita antes del establecimiento de la especialidad en la Escuela de Ciencias Antropológicas en 1980.

Siguiendo a Pinal, y queremos ir un poco más allá en nuestra reflexión, el establecimiento de la especialidad en historia en 1980 no es el inicio de la profesionalización historiográfica, si se ve la profesionalización como un proceso y no como un acontecimiento. En el caso de Yucatán el proceso de la profesionalización de la historia ya era evidente antes de 1980, basta con hacerse un análisis historiográfico anterior a esa década, y no confundir la profesionalización con la institucionalización. Lo que nos mostraría que es posible considerar que parte de producción historiográfica anterior puede considerarse científica y profesional porque cumplió con los cánones de la historiografía científi­ca contemporánea y porque manó de un grupo reconocido en el ejercicio de una disciplina.

Entonces la pregunta sería ¿Qué cambió la fundación de la especialidad de historia en la Escuela de Ciencias Antropológicas? Una respuesta básica sería que estableció un espacio particular al interior de la profesión histórica: la investigación, que se reconoció en los términos de grupos académicos y oficiales. Desde esta posición es pertinente distinguir primero, la instauración de la prácti­ca científica de la historia; segundo, la institucionalización de la práctica científica de la historia en las universidades y, tercero, la oficialización de la investigación científica en historia. (Pinal 2016:15). En nuestro terruño los dos últimos puntos se expresaron al mismo tiempo.  

Siguiendo esa línea de pensamiento es posible explicar que “la transición de una idea moderna de la historia a una práctica contemporánea, que incluye la investigación, la difusión y la docencia financiadas por el erario público como un reconocimiento oficial de que esas actividades son profesionales y contribuyen al desarrollo social”. ¿No es lo que se hizo con la fundación del Departamento de Historia y el posterior establecimiento de la especialidad en la ECAUDY?

Por ello ¿no sería más pertinente? para entender la práctica histórica de la historia en Yucatán y el papel de las instituciones formadoras de historiadores, hablar de grupos profesionales desde la perspectiva interaccionista como lo propone la autora citada; pues el interaccionismo define lo profesional en función de los profesionales frente a la sociedad y no de la profesión en sí. La profesión se reconoce como mutable, construida culturalmente y como un producto de relaciones sociales. Alejémonos un poco de la definición clásica de profesión de la sociología funcionalista que en cierto sentido reduce las posibilidades de análisis y reflexión.  Esta no ayuda mucho al analizar y definir lo profesional a partir de que cumple los criterios de ser ejercida a jornada completa y en función de una serie de reglas específicas, practicada por individuos formados ex profeso en escuelas especializadas, con protección legal (oficial) para el monopolio del ejercicio, o que debe contar con un código deontológico. Conceptualizarla así, sin duda es ahistórico pues parte de una valoración referida a un presente, pero que no ayuda necesariamente a entender lo que antes significaba. Su aplicación lleva una carga de anacronismo pues se impone a realidades que no se refieren a aquella desde la que fue enunciada–una sociedad y tiempo específico-. Si entendemos la profesionalización como un concepto y no como un sustantivo este no puede ser definido en términos inamovibles como se ha hecho desde una concepción funcionalista de las profesiones.

No se puede limitar el análisis histórico de la profesionalización de la historia a un momento y lugar, la realidad es más compleja y aunque precisamente el establecimiento de la especialización en 1980 en la Escuela de Ciencias Antropológicas pone una X en un lugar y momento, esta X no es más que una expresión coyuntural de un proceso que aún hoy continua. Los jóvenes estudiantes de historia se merecen nuestra preocupación por ampliar horizontes y no cerrarlos, la historia de hoy lo exige.

Valdría la pena una discusión abierta e incluyente sobre la Historia y su futuro en la Universidad Autónoma de Yucatán, que no es otro que la lucha del humanismo por surfear las violentas olas del individualismo empujado por un capitalismo salvaje. Para que estos primeros cuarenta años no sean los únicos, el riesgo está presente.

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Quince años del Contingente Médico Cubano Henry Reeve: una obra de humanismo y solidaridad

Marieta Cabrera

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En un hospital de campaña, en Pakistán, donde los médicos cubanos asistieron a la población afectada por el terremoto de 2005. (Foto: Juvenal Balán Neyra)

El 19 de septiembre de 2005 el estadio de la Ciudad Deportiva, en La Habana, reunió a un público diferente. Los 1 586 profesionales cubanos de la salud convocados allí vestían su bata blanca y portaba dos mochilas: una cargada de medicamentos y material gastable necesarios en cualquier emergencia, y otra de alimentos básicos suficientes para unos 15 días.

Se habían alistado semanas antes, cuando el huracán Katrina azotó con su devastadora fuerza la ciudad de Nueva Orleans, en el sur de los Estados Unidos. Entonces, el gobierno de Cuba ofreció a las autoridades federales del país vecino el envío de personal médico experimentado con los recursos indispensables para socorrer a las víctimas. “Era como si un gran crucero norteamericano con miles de viajeros a bordo estuviera hundiéndose en las proximidades de nuestras costas. No podíamos permanecer indiferentes”, expresó el líder de la Revolución, Fidel Castro, en el discurso que pronunció aquel día, en el estadio habanero.

El gobierno estadounidense, sin embargo, nunca respondió al gesto de la mayor de las Antillas, ni siquiera la mencionó entre las naciones que mostraron su solidaridad frente a la tragedia. Mas, con aquella tropa –y otra fuerza que se sumó después– nació el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias “Henry Reeve”, una agrupación con personal altamente calificado y dispuesto a enfrentar catástrofes naturales o de otra índole en cualquier sitio.

La ocasión de hacerlo se presentó casi de inmediato, el ocho de octubre de 2005, cuando, tras las inundaciones ocurridas en Guatemala, casi 700 colaboradores de la salud partieron hacia ese país. Seis días más tarde, otra brigada marchaba rumbo a Pakistán para asistir a la población afectada por un fuerte terremoto.

Una tras otra se sucederían las misiones de esa vanguardia, entre las que se incluyen, en 2014, la atención a personas infectadas con el Ébola en naciones de África Occidental y, más recientemente, a quienes padecen la COVID-19. Solo en esta última han participado, hasta la fecha, 52 brigadas compuestas por 3 875 profesionales, en 39 países (en la actualidad, hay activas 43 brigadas, en 33 naciones), donde han contribuido a salvar cientos de vidas.

Pero cada capítulo de la historia escrita por el contingente “Henry Reeve” –nombrado así en memoria de aquel joven norteamericano que murió luchando por la independencia de Cuba– forma parte de una obra mayor que comenzó el 23 de mayo de 1963, fecha que marca el inicio de la colaboración médica cubana. Ese día, una brigada de 57 médicos viajó a Argelia, recién liberada del colonialismo, para atender a la población de ese país.

Entre ellos estaba el doctor Roberto Capote Mir, quien dirigió un hospital en Constantina. En una entrevista, el prestigioso profesor, ya fallecido, contó a esta redactora: “Nuestra vida allí era vertiginosa. En el salón íbamos de un lado para otro, buscábamos las torundas o lo que necesitáramos, pues no sabíamos ni una palabra en árabe y había que hacer frente a todo. Incluso, podíamos estar operando y, cuando decían el grupo sanguíneo del paciente, quitarnos el guante, poner el brazo, dar la sangre y seguir la cirugía. Trabajar con lo que tengo y no con lo que creo que debo tener fue una de las enseñanzas de aquella misión”.

Desde entonces, miles de profesionales cubanos–mejor entrenados para tales contingencias, pero con la misma voluntad de los iniciadores–, han salvado millones de vidas en más de cien países. Por eso no sorprende que ante una emergencia sanitaria como la que vive hoy la comunidad internacional, acudan de inmediato allí donde se requiera su contribución. En apenas 24 horas se conforman las brigadas y se disponen los recursos materiales, por lo que las despedidas de sus seres queridos suelen ser breves.

En reconocimiento a esa vocación solidaria y humanista, cada vez son más los que en todas las latitudes apoyan la iniciativa de que se otorgue el premio Nobel de la Paz 2021 al contingente “Henry Reeve”. Sería la oportunidad de distinguir los mejores valores del ser humano, en un mundo donde el egoísmo y la indiferencia se multiplican, como las cifras de contagiados y muertos por la COVID-19.

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Rusia aprueba el primer fármaco contra el Covid-19 para su venta en farmacias

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Foto: https://www.milenio.com/internacional/coronavirus-rusia-aprueba-venta-medicamento-covid19

Denominado Coronavir, el medicamento podría comenzar a distribuirse en las farmacias del país posiblemente la próxima semana.

Coronavir, de la empresa R-Pharm, es el nuevo antiviral aprobado por Rusia para tratar a pacientes ambulatorios con síntomas leves a moderados de Covid-19. Será el primero en venderse en las farmacias del país posiblemente a partir de la próxima semana, informó la empresa.

El Coronavir, que será vendido con receta, es aprobado después de que en mayo Rusia autorizara el Avifavir, otro medicamento contra el Covid-19. Los dos se basan en favipiravir, que fue desarrollado en Japón y es ampliamente utilizado como la base de tratamientos antivirales.

“El grupo de empresas R-Pharm anuncia el registro para el uso ambulatorio del medicamento Coronavir, destinado al tratamiento de la infección leve y moderada por coronavirus Covid-19. De acuerdo con el certificado de registro obtenido (…) Coronavir se convirtió en el primer medicamento para el tratamiento de la infección por coronavirus en Rusia, vendido en farmacias y disponible para una amplia gama de pacientes ambulatorios”, declaró la compañíaen un comunicado.

R-Pharm informó que “la base para la aprobación fueron los resultados finales de un estudio clínico de fase III, realizado en una población de pacientes con Covid-19 leve a moderado, que fueron observados en los segmentos ambulatorio y hospitalario”.

“En un estudio en el que participaron 168 pacientes con Covid-19, se encontró que Coronavir reduce el tiempo medio hasta la mejoría clínica (…) en pacientes con infección por el nuevo coronavirus en 4 días, y en una cohorte de pacientes ambulatorios por 8 días”, agregó.

“Según los datos de un estudio clínico, con el uso oportuno de Coronavir en la etapa inicial de la enfermedad, el medicamento mostró la mejor eficacia entre todos los medicamentos que se usan actualmente”, dijo Mikhail Samsonov, director del departamento médico de R-Pharm.

La empresa ha iniciado conversaciones con farmacias para organizar los pedidos, de manera que los suministros de Coronavir serían distribuidos en el futuro cercano, posiblemente la próxima semana, dijo una portavoz de la compañía.

El medicamento Coronavir es producido en la instalación de R-Pharm en Yaroslavl, a unos 300 kilómetros al noreste de Moscú.

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