Arte y ciencia
Identidad y olores sociales
Publicado
hace 6 añosen
Por
César Benítez
En recientes fechas, en nuestra ciudad, se estrenó la película del director surcoreano Bong Joon-ho “Parásitos”. En dicho filme se nos presenta la triste realidad de la marginación y la segregación social desde la perspectiva del humor negro y ácido así como del drama.
Entre sus últimas declaraciones, el director hizo una mención sobre cómo se suscitan la lucha entre las clases sociales, y cómo incluso el olor de las personas determina una condición social o clase. Sin duda, Bong Joon-ho nos ha ofrecido un punto de vista realmente interesante para abordar los estudios sobre la desigualdad e identidad social, ya que en varias escenas, es el “olor” lo que viene a determinar o a marcar la idea de estatus social.
De acuerdo a la teoría antropológica, enfocada en el estudio de los sentidos y la sensibilidad, se considera que el medio esta configurado no sólo con las características naturales del ambiente, sino también con las modificaciones que el hombre ha producido en ese medio, así como la cultura misma. Entendemos por lo anterior, que los sentidos nos permiten conectarnos al mundo y cada uno da un matiz o aspecto del conglomerado de la realidad, es decir, que cada sentido interpreta la realidad a su “modo”.
El hombre, de acuerdo a sus necesidades, posibilidades e intereses, adapta y toma el mundo (entorno) a “su manera” y es debido a lo anterior que cada contexto social, temporal, cultural, etc., es totalmente diferente a los demás, incluso entre los individuos que pertenecen a un mismo grupo social. Ante este panorama, se puede mencionar que los sentidos permiten al ser humano desarrollar ciertas habilidades o características sociales, que le harán tener una identidad o al menos un aspecto que facilite su identificación con relación a los “otros”.
El olfato es el sentido que nos vincula al entorno, integrando a nuestro cuerpo aquello que no podemos ver ni palpar, sino únicamente percibir olores de elementos y artículos, de la vegetación, animales, de la comida, del entorno urbano, de todo aquello presente en nuestras actividades diarias y cotidianas. Es por eso que en cierta manera podemos referir que existen “olores” que nos identifican: el del hogar, el de la calle, el de los padres, el de la iglesia, el de los hijos, el de la humedad, etc.
Sin duda alguna la condición social igualmente influye en la generación de “olores personales” o colectivos, ya que la capacidad adquisitiva determina directamente lo que compramos y consumimos sobre nosotros mismo así como nuestros usos y costumbres: la calidad de los jabones corporales, del detergente y suavizantes. El olor que se impregna por nuestras actividades diarias como el aroma del café, el olor a tabaco o el de las emisiones de los carros y autobuses.
Aromas característicos de estilos de vida, son por ejemplo lo que portan las personas que vienen y son de comunidades y acostumbran cocinar con leña, dejando esa marca aromática manifiesta sobre su ropa, su cabello y su cuerpo y que los hace fácilmente identificables cuando los olemos. Les sentimos ese “olor a pueblo” de esa leña consumida por el fuego que se trasforma en humo adherido a las personas y recordándonos la vida del campo y de la comunidad. Y qué decir del trabajador urbano, que día a día cruza por las calles, atravesándose entre autobuses y automóviles, llevándose consigo el olor de esas emisiones de gases de los vehículos.
Por otro lado la gente con poder adquisitivo, que puede invertir en perfumes y fragancias “de lujo” para tener un aroma refinado, exquisito, aroma que se conserva porque ellos viajan diariamente dentro de su automóvil, con el aire acondicionado, minimizando la presencia del sudor, lo cual permite conservar la esencia original del perfume y cuando se presentan ante los demás impactan por el la fragancia que emanan. Cabe destacar también a las personas dedicadas a la actividad física, que consagran varias horas al día a los gimnasios, o aquellos trabajadores cuya labor se desarrolla al aire libre, bajo el sol, a temperaturas que les hace sudar.
Más ejemplos podríamos citar, como la del trabajador de los talleres mecánicos que se impregna con olor a aceites, solventes y combustible, o la persona que labora en restaurantes y/o cocina y su aroma está saturado de aceites, especies así como del gas emanado de la combustión en la estufa.
La antropología de los sentidos puede permitir día a día, identificar no solamente diferentes fragancias, aromas, olores y hedores de la cotidianidad, sino también reconocer a una persona a la distancia por el tipo de su perfume, a recordar a alguna familiar por algún detalle con cierto aroma que llevaba sobre el mismo o en su habitación. Nos abre la posibilidad de imaginar cómo estuvo el día de una persona: si estuvo fumando, si tomo café o té, incluso si estuvo con alguien más y se combinaron sus aromas.
Si bien nuestros sentidos se han ido atrofiando con relación al de nuestros antepasados, no podemos negar que el desarrollo de nuestra mente humana nos permitió que las habilidades sirvan para identificar individuos, momentos, lugares, y tome otro sentido, uno más sistemático, el cual nos permite leer e identificar a la persona, su grupo o condición social, y ¿por qué no? su edad, estado de ánimo, sus hábitos de higiene y muchas cosas interesantes más.
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Una colección de la Revista Luz, órgano de la Liga de Profesores del Estado de Yucatán
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
