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¿Cómo la naturaleza nos advierte de un deterioro en su salud?

Bioindicadores de contaminación ambiental

Freddy Pacheco Tucuch

Publicado

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Los bioindicadores son organismos o comunidades que a través de su presencia indican el nivel de preservación o el estado de un ecosistema. Existen distintos tipos de bioindicadores, de acuerdo a su respuesta a variadas situaciones en el ambiente. Por ejemplo, los bioindicadores ambientales detectan cambios sustanciales en el medio donde habitan; entre ellos se encuentran los animales costeros y macroinvertebrados; otros bioindicadores como plantas vasculares, insectos, peces, mamíferos y aves permiten detectar presencia de contaminantes en un ecosistema; y los ecológicos que detectan el impacto que ocurre en un entorno natural (hábitat).

Un buen bioindicador debe ser medible y proveer información útil sobre el estado, calidad o cambios en un ecosistema y los factores que lo afectan. Por consiguiente, los organismos utilizados como bioindicadores indican una respuesta al estrés que puede ser extendida a otros grupos de organismos y pueden ser utilizadas para reflejar el estado biótico y abiótico del ambiente.

Los organismos utilizados como bioindicadores son diversos y entre los más importantes están las plantas vasculares, líquenes (asociación mutualística entre hongos y algas), anfibios, peces, aves, mariposas, abejas, coleópteros, plancton, zooplancton, crustáceos, moluscos, ácaros, entre otros.

Los bioindicadores presentan ciertas características: indican efecto o respuesta, respuesta individual o comunitaria, sensibilidad al estrés, respuesta con variabilidad baja, escala temporal larga y alta relevancia ecológica.

De acuerdo a los criterios para seleccionar bioindicadores, se pueden dividir en tres etapas: por su relevancia biológica, metodológica y social. En la primera etapa de relevancia biológica, se considera: la advertencia temprana al efecto, cambio en respuesta al factor de estrés, cambio medible y atribuible a una causa, indicación de efectos en niveles tróficos más altos y centinela para efectos en humanos; en torno a la relevancia metodológica se incluyen criterios como: la facilidad de uso en campo, con datos fáciles de analizar e interpretar, útil para probar hipótesis propuestas, que permita realizar un estudio en un tiempo razonable, que sea poco costoso y replicable; y la última etapa considera el aspecto social que permite: ser de interés público y legislativo, fácilmente entendible, que se relacione con la salud humana y ecológica, y que sea poco costoso.

A manera de ejemplo, los líquenes pueden ser utilizados como bioindicadores en diversas situaciones. Estos organismos pueden detectar contaminantes ambientales tales como: lluvia ácida, metales pesados, hidrocarburos clorados, dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, entre otros.

En el caso de las plantas, son indicadores de muchas características en el ecosistema donde habitan, como la presencia de metales pesados en el suelo, acidez en el suelo y la lluvia, alteraciones climáticas, intervención humana y presión ganadera y agrícola.

Los anfibios son buenos bioindicadores por requerir microhábitats específicos, presentar poblaciones estables en ecosistemas sin disturbios, estadios larvales prolongados, aportan una biomasa importante en sus comunidades, son depredadores y presas en la cadena trófica, y son sencillos de capturar y manipular.  

Finalmente, es importante mantener los ecosistemas balanceados e integrados, que poseen una composición de especies, diversidad y organización funcional comparables a un ambiente natural y que reflejen sus procesos evolutivos.

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