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Editorial

¿Aquello o esto?

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Muchacho de mi tiempo el uno, bastante más viejo el otro, venían discutiendo en voz alta, hace algunos días, dos compañeros de viaje en uno de esos camiones urbanos que son el vehículo habitual de los que no poseemos un automóvil. Como no gusto de tomar parte en estas discusiones callejeras que se entablan como al alzar, pero buscando auditorio, me hice al desentendido a las miradas de inteligencia con que ambos interlocutores buscaban mi aprobación; pero mentalmente iba anotando y glosando los conceptos.

Como es de rigor,  el más antiguo llevaba la voz de las derechas, y el que no lo era tanto se ostentaba izquierdista hasta cierto punto. Las noticias de la guerra y la situación de España fueron comentadas y discutidas con acaloramiento y con criterios radicalmente opuestos. Pero cuando pasaron a tratar asuntos económicos y políticos, a señalar los contrastes de la sociedad actual y la de sus años mozos, sus apreciaciones al parecer distintas, casi casi venían a coincidir; pues al cabo los dos eran viejos.

En tono enfático y oratorio pintaba el uno el actual desbarajuste de los valores intelectuales y morales; la excesiva libertad de que gozan los jóvenes de uno y otro sexo; la desorientación que se nota en ellos, y la facilidad con que algunos son empujados por las circunstancias a las alturas del éxito u ocupan como por asalto los más elevados puestos, las situaciones de primera fila, sin el prestigio de las barbas blancas  o de los cráneos mondos. Ya nadie-decía el preopinante- escoge su modelo o señala  su meta, se traza su camino y pugna paso a paso por alcanzarla; se ha perdido el respeto a la grandes figuras de la historia…Si.-aceptaba el otro como convencido a su pesar. En nuestros tiempos, se subía por el sólo esfuerzo de las piernas propias y hasta donde alcanzaban las facultades; pero hoy el ascensor ha reemplazado a la escalera, lo cual no puede negarme Ud. que al fin constituye un progreso. Y una discreta sonrisa daba un tinte de sutil ironía a las palabras de sus símil.

Esto está acabando con aquello. ¿Pero es en realidad esto es mejor que aquello? ¿O era aquello mejor que esto? A muchos oímos formular a diario estas preguntas: y de ellos algunos revelan su completa inconformidad con la situación presente, mientras otros se manifiestan tan sólo inquietos por lo actual y desconfiados por lo por venir.  

Pero es que, pensándolo bien, el presente no existe, pues sólo es un punto matemático, la intersección entre el pasado con el futuro. Los seres inferiores, los animales, gozan o sufren en el momento mismo del acto productor de estas sensaciones; pero el hombre, por su misma superioridad específica, el placer  y el dolor de los sentidos son inmediatos y fugaces, y lo que priva y perdura es la imaginación.

Por eso cuando en realidad se deleita o se padece, es cuando recuerda o añora o cuando espera y anhela. Por eso entre los jóvenes y los viejos, no es la exacta edad cronológica; sino la distinta apreciación de esas tres divisiones convencionales del tiempo: el pretérito, el pasado inmediato que llamamos presente, y el futuro.

Cuando el poeta dijo aquello de que a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor, de seguro se encontraba ya de lado de la mitad del camino de la vida. Porque cuando la iniciamos, cuando ascendemos la cuesta, en el ansia de superación que caracteriza la juventud, las sensaciones pasadas parecen olvidadas.  

Publicado originalmente en el Diario del Sureste de 1948.  

La política en Yucatán

Introspección histórica: ¿racismo inverso en Yucatán?

Mario Alejandro Valdez

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Foto de Julián Durán Bojórquez

Cerramos con esta colaboración nuestra incursión en el debate sobre el racismo en Yucatán. En esta ocasión abordaremos el tema por demás polémico de lo que se ha denominado “racismo inverso”, es decir, las posiciones reactivas de los grupos discriminados, que pueden ir desde expresiones ideológicas de diverso matiz, hasta la acción violenta extrema. Cabe hacer mención de que el concepto no ha sido validado por la academia, pero sí se ha sumado a las discusiones generadas entre el común de las personas, sobre todo, recientemente, en las redes sociales. Dado el carácter amplio e incluyente de este espacio, decidimos reflexionar sobre su existencia en general, y sobre su realidad para el caso de Yucatán.

¿Existe el racismo inverso? Consideramos que, desde una perspectiva amplia, por supuesto que existe, y de una manera natural. Desde los primeros reportes de contacto humano, tenemos evidencias de que la otredad casi siempre se manifestaba como racismo. Ambos grupos desconfiaban entre sí, ambos grupos consideraban al otro una amenaza, ambos grupos interiorizaban esa amenaza con una perspectiva de inferioridad. El otro, históricamente, siempre ha sido “raro”, “exótico”, “equivocado” y “contra natura”. En la mitología de todos los pueblos conocidos, se da la autopercepción de ser “el pueblo escogido”, “el pueblo verdadero” o incluso “los hombres verdaderos”. Basta un ligero paseo por el Antiguo Testamento para encontrar notables ejemplos de racismo en el Pueblo Judío, que en su libro fundamental descalifica a todos los pueblos vecinos.

¿Y ocurre esto en Yucatán? Dadas las características opresivas de la cultura española, que estableció un lenguaje, una religión y un modo de vida, las huellas de ello son difíciles de encontrar, pero, sin duda, existen. Como hemos señalado en varias ocasiones, los mayas de los siglos XVI al XIX, durante el dominio español, expresaron infinitas veces su rechazo al blanco, al dzul. Éstos, por su parte, les daban muchísimos motivos para ese rechazo, pero, sea como fuere, aquella separación pervivió durante los siglos coloniales, gestándose así una reacción correspondiente a la discriminación europea. La separación no fue exactamente racial, pues el mestizaje era una realidad que crecía año con año, pero sí social, en la que los dzules de las ciudades y los macehuales del campo fueron recreando un abismo de distancia, temor y desconfianza, cada grupo en su propio imaginario.

En este mismo espacio hemos defendido que la llamada Guerra de Castas no fue fundamentalmente un conflicto racial, sino económico y cultural, y para probarlo señalamos la participación en el bando rebelde de decenas de criollos, cientos de mestizos e incluso afroamericanos y descendientes de migrantes asiáticos. Sin negar lo anterior, también es cierto que los líderes políticos, tanto del gobierno como de los sublevados, manejaron un discurso racista. El gobierno nunca dejó de considerar a los rebeldes como bárbaros, destructores de la civilización; en tanto que los rebeldes se llamaban “indios” a sí mismos, y calificaban a los “blancos”, como injustos, perversos y apostatas de la religión. Los actos de crueldad de uno y otro bando, evidentemente con un objetivo político, eran justificados precisamente por ese discurso racial.

¿Subsiste hoy ese racismo inverso? La cuestión es compleja, y la respuesta severamente difícil. Los apabullantes avances de la globalización en general, y de la mediática en particular, han afectado de un modo muy importante la identidad. El pueblo maya de Yucatán, agobiado por la marginación, cercado por el voraz avance del capitalismo neoliberal, y atacado por el “progresismo” –entendido como crecimiento material, no como progreso en un sentido ideológico- del Estado, mantiene heroicamente su resistencia cultural, pero en un medio cada vez más inhóspito. Por lo que hemos podido percibir en nuestras andanzas por todos los rincones de Yucatán, si subsiste, pero cada vez más tenuemente.

Pero aun así, en tibios colores, subsiste. Hace unos pocos años, me tocó trabajar con dos colegas meridanos en la comunidad de Kaua. Se trataba de valorar las potencialidades turísticas de un cenote, y al visitarlo, fuimos conducidos hasta el lugar por el propio presidente municipal y dos representantes del ejido. Durante el recorrido, uno de mis colegas preguntó ¿por estos lugares aún se pueden ver jaguares? El alcalde y los ejidatarios guardaron silencio por unos segundos, se vieron entre sí y se carcajearon sonoramente. Conversaron rápidamente en su lengua y, tras volver a guardar silencio, el alcalde contestó con un NO cortante y severo. Luego averiguamos que, por supuesto, en esos territorios, en las áreas despobladas, la presencia del jaguar es común, pero obviamente esa información no era apta para tres citadinos, así fuéramos muy yucatecos y de piel muy morena.

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LA VISIÓN DE CARONTE

Los redentores

Miguel II Hernández Madero

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Más de 30 millones de mexicanos, yucatecos incluidos, votaron hace dos años por una utopía. Una utopía es aquello ideal pero irrealizable, es aquello que puede ser la ilusión perseguida, pero nunca alcanzada, en suma, es un sueño y como tal, desaparece al despertar.

Entonces, hablamos de sueños e ilusiones y veremos qué tanto daño puede causar cuando un pueblo o un sector social vive persiguiendo o esperando que llegue ese mundo ideal y surge una voz que les promete que es posible tenerlo, aunque tan sólo hay que ceder en algunas cosas para ganar todo lo demás.

Pero esa utopía no llegó, ni a nivel federal ni a nivel estatal. En una se ofreció acabar con la corrupción, y en el plano estatal nos señalaron que “merecemos más” y en eso no mintió el actual Gobernador, entonces candidato. En realidad, merecemos más, tampoco mintió en otros aspectos, pues no prometió darnos ese “más”.

En Yucatán, hasta antes de la contingencia sanitaria casi el 50 por ciento de los habitantes vivía en la pobreza, ´pero aun así había derroche e incrementos en tasas impositivas, con programas y eventos fastuosos, que desperdiciaban esos recursos tan escasos, pero que tan pródigamente fueron gastados.

En ese marco de despilfarro, de despidos, desempleo, pobreza y más y más impuestos, llegó el COVID-19 provocando el cierre de empresas pequeñas y medianas, con el despido de sus empleados, sin recursos, pero con la amenaza de más impuestos (se mantiene la disposición de reemplacamiento a partir de diciembre), con psicosis alimentada por el mismo gobierno, que ordenó un confinamiento selectivo y permitió a ciertos sectores sociales el abrir o pasear en sus yates.

El problema es muy real. Yucatán, sin estrategias, sin políticas públicas, con desempleo, con un sistema médico colapsado, con damnificados, enfermedades como el dengue que se suma al Covid-19 y un aumento en la violencia intrafamiliar, definitivamente no es un paraíso.

No hay recursos, es necesario un crédito, quizás sea cierto, pero también lo es la necesidad de priorizar el gasto, darle transparencia y dejar de sostener una campaña de promoción de imagen. La situación es muy seria en Yucatán y lo veremos peor al finalizar el año. Para 2021 el panorama se vislumbra desolador y todavía así se atreverán a pedirnos el voto.

Entonces veremos a muchos presentándose como redentores, y seguramente, las autoridades estatales aparecerán mostrando su mejor cara, con sonrisas, con discursos e imágenes de relumbrón en un escenario preparado, pero más falso que un billete de tres pesos con la efigie de algún exgobernador reciente. Hasta la próxima.

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El pasado nos alcanzó

18 años de acompañamiento

Ricardo Maldonado Arroyo-

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Una persona recién diagnosticada con VIH o Sida suele necesitar acompañamiento. En ocasiones, este proviene de familia, amistades y/o la pareja. También hay quien vive la experiencia aislándose. Pero un factor que puede facilitar el proceso es encontrarse frente a frente con sus pares, con otras personas que comparten el diagnóstico. Más allá de la información que reciba del personal de salud, cuando una persona con VIH convive con otra en la misma condición, fácilmente cobra conciencia de que puede continuar su proyecto de vida. Apegándose al tratamiento antirretroviral, es posible trabajar, estudiar, llevar una vida en familia o en pareja, con responsabilidades, expectativas y momentos de esparcimiento.

Esta necesidad fue el punto de partida para que hace 18 años naciera en Mérida la Red de Personas Afectadas por VIH (Repavih). Esta asociación civil se ha ocupado de establecer vínculos entre personas con VIH, promover la detección y prevención del VIH y otras infecciones de transmisión sexual, y participar en la defensa de los derechos humanos, en particular, el derecho a la salud. Son numerosas las actividades en su haber y las personas voluntarias que han aportado tiempo, conocimientos o recursos materiales. En un principio, el círculo estaba compuesto exclusivamente por personas con VIH, pero, con el tiempo, otras se sumaron a la labor de la Asociación, participando en actividades abiertas al público en general. Esta labor discreta, pero constante, le ha granjeado el reconocimiento de quienes hacen uso de sus servicios, así como de otras organizaciones no gubernamentales, instituciones educativas y de gobierno con las cuales existen lazos de colaboración.

Durante unos años tuve la oportunidad de formar parte de Repavih y contribuir a la gestión y planeación de sus actividades. Esta experiencia, altamente significativa y edificante, me permitió comprender por qué son importantes estas iniciativas de la sociedad civil. Las organizaciones relacionadas con el VIH/Sida surgieron en un contexto histórico donde era urgente visibilizar el estigma, la discriminación y la negación del derecho a la salud. Era una cuestión de supervivencia. Repavih se sumó en 2002 a esta causa que, el día de hoy, sigue vigente. La discriminación a las personas con VIH no ha desaparecido, sólo se ha reformulado. Todavía hay personas que reciben la noticia del diagnóstico como una sentencia de muerte, física y social, quienes abandonan el tratamiento por miedo o desinformación o temen sincerarse con personas cercanas porque han interiorizado el estigma.

Mientras estas realidades existan, Repavih representará un espacio de cobijo, alivio y solidaridad. La apuesta por el apoyo mutuo y la organización de las personas con VIH es indispensable para resolver los costos sociales de la epidemia. El mayor involucramiento de las personas afectadas en el autocuidado de su salud y la exigencia de sus derechos, es una fórmula recomendada por organismos internacionales como la ONU. Hoy por hoy, Repavih es un ejemplo de los alcances del esfuerzo colectivo de personas con y sin diagnóstico de VIH, hombres y mujeres, con una sólida base comunitaria. Ahora que la Covid-19 despierta tantos temores es también un recordatorio de que la mejor manera de enfrentar una epidemia es reforzando las estrategias comunitarias.

Post scriptum: Repavih se ubica en la calle 54 no. 414C por 47 y 49, Centro. Su teléfono de contacto es el 9991783406.

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