Conecta con nosotros

Editorial

De disonancias y armonías

Otto Cuauhtémoc Castillo González

Publicado

en

No es sencillo andar por un mundo en el que los gritos y las desarmonías nos inundan desde los pies hasta el cuello, y desde los pensamientos hasta los sueños. Las risas de la gente que amamos o de las niñas y niños en un parque jugando, o el sonido de las olas y de las hojas danzando al viento, son vibraciones que mitigan el dolor de vivir en una constante disonancia.

No paramos de hablar en ningún momento, no disminuimos la velocidad de la lengua antes de pensar, pero el problema no es el comunicar, ni sus vías, sino lo vacuo de nuestros contenidos. Nos acercamos peligrosa y voluntariamente a los crimental y al newspeak  retratados por Orwell en su obra 1984. ¿Qué acordes quedan en este vértigo de cláxones furiosos, de vociferaciones y de oídos que no quieren escuchar atentamente? ¿Cuál es el compás en que debemos movernos para mejorar? ¿Cuál es la cadencia del vivir? Sólo hay ruido, ruido y más ruido.

Pero sucede que hay un uruguayo de origen judío, que estudió medicina, aunque terminó curando con su voz, guitarra e ideas: Jorge Drexler. Y su historia es un cuadro multicolor. Después de las guardias médicas, se ponía a componer y escribir. De hecho, Drexler contó en una entrevista cómo pagó sus primeros dos discos poniendo inyecciones. Y luego, en el 94, logra ser telonero en un concierto de Montevideo de Joaquín Sabina, quién después de escucharlo lo invita a un bar y tras varios tragos, canciones, risas y bailes, le pone un desafío: escribir una canción en décimas, estrofas de diez versos octosílabos. Ya han pasado los años, los discos y las anécdotas, entre esos versos han sucedido Grammys, un premio Goya y hasta un Oscar por Al otro lado del río, canción compuesta para el filme Diarios de Motocicleta, donde narra el periplo del Che Guevara por América. Aun con todas esas credenciales, yo sospecho que Drexler disfruta más el silencio y los acordes tranquilos de una guitarra. –“Mis enemigos no están en el ámbito de la canción. -diría tras ganar en los Latin Grammy 2018 por Salvavidas de Hielo, su último álbum– Mis enemigos son los políticos corruptos, los fabricantes de minas antipersonas, los intolerantes, los xenófobos, los racistas, no los que escriben canciones que no me gustan”.

Drexler ha explorado tópicos tales como la espiritualidad, el amor, la soledad, la migración, las dudas, las telecomunicaciones, las noctilucas, el silencio, las esferas, los electrones, la identidad,siempre la poesía y muchos temas más, sin perder nunca el toque cálido que conmueve el corazón, entusiasma la mente e inspira ideas.

Recuerdo haber estado hace unos años buscando libros de Liniers en una edición de la FILEY cuando mi amiga Irma Torregrosa (genial poeta ganadora del Premio Hispanoamericano de Poesía San Román 2017) entusiasmada me enseñó una App de celular llamada “Nen la que el artista había compuesto una serie de 100 versos que dejaba a cualquier persona elegir la forma en que se combinarán sin nunca perder la sintaxis y semántica durante el desarrollo de las canciones. Estaba sorprendido.

-“Se llama Drexler”, me dijo Irma. Para esos días, mis incertidumbres abundaban a borbotones. Llegando a casa, escuché La trama y el desenlace”. La tranquilidad que me produjo la letra y la sonoridad la entendí como la contestación que nunca pedí a una pregunta que ignoraba pero que sabía que estaba ahí “¿Cómo vivir?” La respuesta: “Ir por ahí, como en un film de Éric Rohmer, sin esperar que algo pase, amar la trama más que el desenlace.” Más tarde encontré la canción que me cambió para siempre:12 segundos de oscuridad”.

El 13 de diciembre pasado, Drexler estaba en Mérida para dar su primer concierto en Yucatán, al día siguiente. Recuerdo que caminaba con mis amistades por las calles de Santa Lucía cuando nos enteramos que él estaba cantando en un bar cercano. Corrimos y corrimos hasta alcanzarlo. Casi a media esquina del lugar podía escuchar su voz. La gente bailaba, reía, coreaba, todo en una algarabía armoniosa. El día del concierto cumplí años. Ha sido de las mejores experiencias de mi vida. Él nunca sabrá que desde mi lugar le agradecí, mucho menos se enterará de los motivos, pero la razón es que nos ha salvado a mí y a mucha gente del ruido incesante de una realidad que no se detiene a disfrutar los paisajes y la música del viento contra las hojas de los árboles. Nos ha salvado, como diría Cortázar, a quienes nos alimentamos de la melancolía. Con la obra de Jorge Drexler entendí que nuestras emociones reverberan. Igual que la vida.

de Jorge Drexler

A propósito de…

Shino Watabe

Cristina Martin Urzaiz

Publicado

en

A propósito de la resistencia de los seres humanos y su capacidad para superar escollos que parecen insalvables, me encontré con la obra de la artista plástica Shino Watabe, quien perdió parcialmente el sentido de la vista como efecto de una enfermedad en el nervio óptico, no así su talento y creatividad.

Conocí el trabajo de Watabe en la muestra “Territorios Explorados” que tuvo lugar en la galería Arte Binario del Centro Nacional de las Artes, como parte del proyecto Arte y Discapacidad que incluye exposiciones, presentaciones y la entrega de financiamiento para proyectos específicos.

La artista nacida en Tokio, que radica en México desde 1990, ha señalado: “cuando adquirí la discapacidad visual pensé que era el fin de mi vida y de mi carrera, sin embargo, hoy es mi mayor fortaleza” Y, en efecto,  resulta casi una contradicción  entender el quehacer de un artista visual sin el sentido de la vista; no obstante, puede ser.

La discapacidad de Shino Watabe viene desde 2008, cuando requirió de un proceso de aprendizaje y adaptación,  hasta llegar al punto en que se encuentra actualmente. Mediante la experimentación de nuevas formas de hacer, ha producido obras que pueden percibirse con todos los sentidos, a fin de no excluir del disfrute del arte plástico a quienes, como ella, viven con debilidad visual.

De esa forma, ha creado piezas que, además, de verse, pueden tocarse e incluso olerse. Utiliza diversos materiales para privilegiar las texturas. Contrariamente a lo que sucede con la mayoría de las exposiciones, en “Territorios Explorados” (y otras anteriores de la misma Watabe)   no sólo está permitido sino  se invita a recorrer las obras con los dedos, con las manos y hasta acercar la nariz para percibir los aromas.

Es el caso de “Aroma asociado a los recuerdos”, un autorretrato de 2019 en técnica mixta sobre madera, en la parte derecha del cuadro la pintora plasmó un ramo de flores que, además de relieves y texturas huele a perfume. Al acercar la nariz se percibe la fragancia, que también queda en las yemas de los dedos  después de tocarlo.

Watabe se pinta desnuda, pero no es una característica que haya adoptado a raíz de su condición visual: “Requiem para la antigua yo” de 2003, “Amor como de canción antigua” de 2013,  “Entre las flores que me traes” de 2018, en técnica mixta sobre madera, ya con los relieves característicos de la actualidad. En todos se hace acompañar por flores. 

Otro de los elementos recurrentes en la muestra son el agua y sus habitantes: carpas, corales, ranas, renacuajos. En ellos despliega el ingenio de combinar diversos materiales para  dotar de  volúmenes, relieves y tramas a las obras, de tal manera que puedan percibirse los detalles al transitarlas con los dedos.

En “Carpas”, por ejemplo, se aprecian las irregularidades de la piel de los peces. Lo mismo sucede en “Fulgor de esperanza” y “Libertad que resplandece”. Es impresionante la minuciosidad del trabajo en “Coral” de 2013, donde pueden verse y palparse cada uno de los milimétricos filamentos.

Shino Watabe ha dicho que uno de los mayores miedos que enfrentó al conocer el diagnóstico médico fue la advertencia de que paulatinamente perdería la memoria de la apariencia de las cosas. Ella se negó a aceptar el olvido y pintó escenas para obligarse a mantenerlas vivas en el recuerdo. Al recorrer la exposición, es posible advertir que una de ellas es la danza, dado el número de cuadros sobre el tema.

En “Mirarte”, obra que se escogió como imagen de la exposición en el CNA, se observa a una persona abriendo sus ojos con los dedos índice y medio, para “ver mejor” y lleva a reflexionar que la autora, perdió parcialmente la habilidad de ver con los ojos para mirar con todo su ser.

Continuar Leyendo

El pasado nos alcanzó

El abrazo mexicano a Bolivia

Ricardo Maldonado Arroyo-

Publicado

en

En medio de la agitación que vive Latinoamérica, México decidió recibir al ex mandatario de Bolivia, Evo Morales, en calidad de asilado político. Esto no es un hecho aislado, sino que ha sido una tradición distintiva del gobierno mexicano. A fin de desechar suspicacias, quiero recalcar que el objetivo de esta reflexión es valorar la acción del gobierno mexicano en el escenario mundial, no el desenvolvimiento de la crisis boliviana. Lo que ahora podemos analizar con mayores elementos acerca de dicha crisis, son las razones y consecuencias de ofrecer asilo a Evo Morales.

La Ley sobre refugiados, protección complementaria y asilo político, faculta al gobierno mexicanos para acoger a personas extranjeras como refugiadas o asiladas. El asilo político es “la protección que el Estado mexicano otorga a un extranjero considerado perseguido por motivos o delitos de carácter político o por aquellos delitos del fuero común que tengan conexión con motivos políticos, cuya vida, libertad o seguridad se encuentra en peligro”. Por tanto, la función de las autoridades mexicanas no es hacer un juicio de la persona a quien asila, sino determinar el riesgo que corre y si ese riesgo está asociados a factores políticos.

Así, en el pasado el territorio mexicano ha salvaguardado la integridad de personajes de las más diversas orientaciones ideológicas, por ejemplo, al filósofo y escritor cubano, José Martí; al revolucionario ruso, León Trostky; al cineasta español, Luis Buñuel; al revolucionario cubano, Fidel Castro; a Hortensia Bussi, esposa del presidente chileno, Salvador Allende; al último shah de Irán, Mohamed Reza Pahlevi; a la líder del movimiento indígena en Guatemala, Rigoberta Menchú; al depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya. De igual forma, México ha sido lugar de refugio para personas que arribaron en conglomerado, cuyo nombre se desvaneció con el tiempo o se sumaron a la producción científica y artística del país, a las letras y los deportes. Una cantidad importante de exiliados argentinos, chilenos, cubanos, españoles, polacos y guatemaltecos, hicieron de México su casa temporal o permanente.

Ahora bien, brindar asilo político a Evo Morales, trasciende a su persona, porque a nadie conviene el encarcelamiento o la muerte del ex mandatario, menos al pueblo boliviano, que se halla en un enfrentamiento donde han salido a relucir las armas. La sangre en Bolivia solo generará más sangre. Por este motivo, el asilo concedido por el gobierno mexicano ha sido un gran acierto, una acción estratégica ante el panorama volátil de Latinoamérica. También es un posicionamiento ante la posible injerencia de Estados Unidos (sobre esto convendría revisar la accidentada trayectoria del avión que traía a Morales a la Ciudad de México). Ciertamente, Bolivia ha vivido divisiones internas, pero el ambiente se enrareció más a partir de algunas declaraciones de la OEA y el protagonismo del ejército boliviano. Superando filias y fobias, habría que pensar que el abrazo de México a Evo Morales es, más bien, un abrazo al pueblo de Bolivia, una válvula de escape para la crisis que hoy lo mantiene en la incertidumbre.

Continuar Leyendo

El pasado nos alcanzó

A cuántos difuntos recordamos

Ricardo Maldonado Arroyo-

Publicado

en

La tan esperada cita anual de los Fieles Difuntos se conmemoró con un festín cargado de nostalgia. Las fotografías de quienes han fallecido estuvieron alumbradas con la tenue luz de veladoras, mientras las personas vivas nos dimos a la tarea de comer pib, xek y pan hasta el hartazgo. Seguramente cada familia tiene plenamente identificadas a las personas en cuya memoria realizaron ofrendas, y aprovecharon la ocasión para reunirse y departir. Quizás mi reflexión rompa con el espíritu emotivo de estas fechas, pero considero pertinente preguntarnos quiénes son los fieles difuntos, analizar a cuántas personas recordamos este año como sociedad, cuáles son las causas por las que estamos muriendo y qué dicen de nuestras circunstancias actuales.

De acuerdo con el INEGI, el número de fallecimientos ha aumentado en México de 539,540 en 2008 a 722,611 en 2018. Aunque pudiera ser lo esperado ante el incremento de la población, la tasa de fallecimientos, es decir, el número proporcional de muertes, también siguió una tendencia ascendente: pasó de 4.9 a 5.7 por cada mil habitantes durante el mismo periodo. En una década (2005-2015) decayó ligeramente nuestra esperanza de vida, pasando de 77.8 a 77.6 años para las mujeres, y de 72.6 a 71.9 años para los hombres. ¿Por qué está viviendo menos la población? Según el gobierno federal, porque en años recientes hubo un mayor número de muertes relacionadas con la diabetes mellitus y causas violentas. Si se observa el panorama completo, enfermedades del corazón, diabetes mellitus y tumores malignos provocaron casi la mitad de los decesos en 2018, mientras el 11.5% corresponden a defunciones accidentales y violentas.

¿Qué podemos concluir de estos datos? Enfermedades crónico-degenerativas y tumores nos están obligando a despedirnos de nuestros familiares y a reflexionar acerca de nuestros hábitos. La salud se nos ha vuelto un problema prioritario de atención (incluso si escribo esto con un pib y un refresco de cola en la mano). Sin embargo, quisiera prestar atención a quienes han fallecido de manera accidental o violenta, las víctimas de profundos problemas sociales que no hemos logrado resolver. Al respecto pienso en los altares ocupados en Yucatán con las fotografías de las 230 personas fallecidas en accidentes de tránsito ocurridos en 2018, a las 59 asesinadas el mismo año o a las 246 que se suicidaron. Pienso en las 28 víctimas de feminicidio entre 2014 y 2019, las 12 víctimas de crímenes de odio por homofobia entre 2013 y 2018, así como los 9 hombres muertos en cárceles a manos de policías entre 2018 y 2019. Trato de imaginar el dolor por las circunstancias de la muerte y la sensación de impotencia cuando la injusticia ha sido la forma de despedirse de este mundo.

Pienso, sobre todo, en las más de 37,000 personas desaparecidas en México, cuyas familias viven en la incertidumbre, sin siquiera poder ofrecer flores a quienes recuerdan con afecto. ¿Seguirán vivas, habrán muerto? ¿En qué circunstancias? Desaparecer significa nunca poder despedirse, nunca terminar de aliviar el dolor. No saber si es mejor dejar encendidas las luces de afuera para cuando regrese esa persona, o colocarle comida y chocolate para cuando su espíritu visite nuevamente el hogar. Por supuesto que he disfrutado estos días en que conmemoramos la muerte y me jacto de haber disfrutado las mejoras viandas hechas en casa, pero no podía dejar de compartir la congoja que me causan las miles de fotografías barajadas entre accidentes, violencia, suicidios y aquellas ausencias que nunca tendrán respuesta.

Continuar Leyendo

BOLETÍN FRACTO

RECOMENDAMOS