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El pasado nos alcanzó

El Vaticano y la homofobia velada

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El Papa ama a sus hijos tal como son, porque son hijos de Dios”. Estas son las palabras con que, a decir de los miembros de la organización Tenda di Gionata, los recibió Francisco I el pasado mes de septiembre. Para la organización, que congrega a madres y padres de hijos homosexuales, el mensaje fue signo de esperanza y, en varios medios de comunicación, se difundió como evidencia de la apertura del Papa a la diversidad sexual. Pero, ¿está El Vaticano reorientando su postura o fue únicamente un gesto de cortesía para los visitantes?

Primero, hay que recordar que esta clase de declaraciones no son nuevas. En 2013, iniciando su pontificado, Francisco I contestó a periodistas en un vuelo de regreso a Roma: “si una persona es gay y busca a Dios y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo?“; en 2018, Juan Carlos Cruz, chileno víctima de pederastia en la Iglesia y que hoy se asume como hombre gay, afirmó que el Papa lo consoló diciendo “no importa, Dios te hizo así, Dios te ama así”; en 2019 concedió una entrevista al presentador británico Stephen K. Amos, igual hombre gay, en la que declaró que quien rechaza a las personas homosexuales “no tiene un corazón humano”. Existe una inclinación a pensar que el jefe de la Iglesia Católica desea hacerla más incluyente. Sin embargo, esto entra en franca contradicción con los últimos documentos del Vaticano en los que reitera y profundiza la política de rechazo a la diversidad sexual.

En febrero de 2019, la Congregación para la Educación Católica publicó Varón y mujer los creó, en la que alerta acerca de una “emergencia educativa” que ha “contribuido a desestructurar la familia, con la tendencia a cancelar las diferencias entre el hombre y la mujer, consideradas como simples efectos de un condicionamiento histórico-cultural”. De manera contestataria a la teoría de género, sostiene que “la familia, como sociedad natural en la que se realizan plenamente la reciprocidad y la complementariedad entre el hombre y la mujer, precede al mismo orden sociopolítico del Estado, cuya libre actividad legislativa debe tenerlo en cuenta y darle el justo reconocimiento”. Varón y mujer los creó es un conjunto de argumentos contra la homosexualidad, la transgeneridad, el matrimonio igualitario, la adopción homoparental y, sobre todo, contra la educación sexual laica.

En un tono indirecto se pronuncia Che cosa è l’uomo? (¿Qué es el hombre?), estudio de la Pontificia Comisión Bíblica publicado en septiembre de 2019, que reinterpreta, a la luz de su contexto histórico, algunos pasajes asociados con la homosexualidad, como el de Sodoma y Gomorra o las leyes del Levítico. Si bien esto desestima argumentos contra la diversidad sexual basados en la Biblia, el documento sirve para reafirmar la asociación entre matrimonio heterosexual y familia como elemento fundacional de la Iglesia: “la institución del matrimonio, constituida por la relación estable entre marido y mujer, se presenta constantemente como evidente y normativa en toda la tradición bíblica. No hay ejemplos de “unión” legalmente reconocida entre personas del mismo sexo”.

Estos documentos se añaden a otros que acogen espiritualmente a los colectivos LGBTI, pero marcan directrices contrarias a sus derechos y se enmarca en la llamada “antropología cristiana”, impulsada desde el Concilio Vaticano II (1959). Dicho lo anterior, es recomendable tomar con reservas las palabras de Francisco I, toda vez que no existen indicios de que El Vaticano esté dispuesto a admitir las implicaciones legales y sociales del reconocimiento de la diversidad sexo-genérica. Más allá de la anécdota o la nota alegre, El Vaticano sigue brindando herramientas para injerir en las políticas de los estados nacionales a fin de obstaculizar el matrimonio igualitario, la identidad jurídica de las personas transgénero y una educación sexual integral. El Papa puede amar a los feligreses católicos homosexuales, pero dista mucho de hacer algo por sus derechos.

El pasado nos alcanzó

Falacias del heroísmo

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El pasado 3 de noviembre, el Subsecretario de Transporte, Carlos Morán Moguel, anunció la emisión del timbre postal “Héroes de cada día”, en honor del personal de salud que atiende pacientes con Covid-19 y otros trabajadores que han permitido el funcionamiento de servicios básicos. La Lotería Nacional rindió homenaje con un billete que lleva la misma ilustración. Durante el desfile militar del 16 de septiembre, el gobierno federal galardonó a 58 profesionales del área de la salud con la medalla “Miguel Hidalgo” por su labor durante la pandemia. En Yucatán, tampoco han faltado muestras de agradecimiento. En julio pasado, el alcalde de Progreso inauguró la glorieta “Al cuerpo médico” y el gobernador, Mauricio Vila, afirmó que las nuevas luminarias del muelle de dicho puerto eran un reconocimiento al personal de salud (afirmación altamente cuestionada).

Simultáneamente, trabajadores contratados por el Insabi para atención de Covid-19, han protestado durante los últimos meses por retrasos en los pagos o porque reciben su salario incompleto. En junio hubo protestas en Ciudad de México, Estado de México, Sinaloa y Oaxaca; en septiembre, en Colima y Yucatán. Además, personal sindicalizado de Aguascalientes, Baja California, Chihuahua, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Oaxaca, Querétaro, Sinaloa, San Luis Potosí y Tamaulipas han exigido el pago del bono Covid-19 por el alto riesgo que implica la atención de este padecimiento. Sin contar las innumerables ocasiones en que, a lo largo y ancho del país, han denunciado que carecen de equipo de protección e insumos básicos.

¿Por qué existen contradicciones entre las declaraciones de las autoridades y las condiciones laborales del personal de salud? La socióloga Gabriele Rosenthal sostiene que los perpetradores de crímenes de guerra crean y difunden narrativas épicas que silencian dichos crímenes. De esta manera, el heroísmo funciona como una estrategia discursiva para construir una realidad a modo. Guardando las respectivas distancias de una situación de guerra, ¿qué implica esta insistencia en hablar de héroes y heroínas cotidianas en la pandemia del Covid-19? Identifico al menos tres razonamientos falaces.

El primero, pensar que el héroe o la heroína se gestan solos. El heroísmo también es una construcción política. ¿Quién decide cuál es un acto de heroísmo y a quién homenajear, cuándo hacerlo y de qué manera? Sin dejar de lado que existen genuinos reconocimientos a ciertas acciones valiosas para una comunidad, es importante buscar las razones detrás de los elogios y los aplausos. Segundo, pensar que el héroe o la heroína tienen una vocación natural por el sacrificio. El heroísmo es la metáfora del martirio, de la entrega desinteresada y sin límites. Pero el personal de salud no debe ser sacrificado por el bien de la sociedad, en cambio, debe ser justamente retribuido y contar con condiciones suficientes para trabajar. Médicos(as), enfermeros(as), químicos(as), administrativos(as), deben recibir el trato de ciudadanos, de sujetos de derecho. El 1 de julio, trabajadores de diferentes instituciones públicas de salud se apostaron en la entrada de las oficinas centrales del IMSS repitiendo la consigna “¡No somos héroes, somos humanos!” Exigían equipo de protección para Covid-19.

Tercero, el heroísmo halla reconocimiento en el acto simbólico de la inmortalización. La recompensa al sacrificio es un timbre postal, un monumento o unas palabras. Se han erigido monumentos en honor a personas del pasado que, quizá, nunca hubieran sospechado ser objeto de tal distinción; siguiendo la misma lógica, el heroísmo ante el Covid-19 no termina de serlo sin materializarse. Pero, debido a que el personal de salud (como el de recolección de basura, correos o bomberos) no cuenta con un rostro único, ha sido dibujado y esculpido a imagen y semejanza de las aspiraciones de cada proyecto político. ¿Acaso se sienten reconocidos(as) ante tales gestos de agradecimiento?

Mientras, las carencias cotidianas en los hospitales públicos, la falta de material, equipo e insumos que, en ocasiones, el personal de salud adquiere de su propio peculio, así como la injusticia de no recibir sus sueldos a tiempo o completos, se silencian en las representaciones edulcoradas del heroísmo nacional. No necesitamos héroes ni heroínas, mucho menos mártires, necesitamos condiciones institucionales para que el personal de salud pueda desarrollar su trabajo en mejores condiciones. Deuda heredada de administraciones anteriores y que, todo indica, seguirá siendo herencia de las futuras.

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Fondo para la salud: catástrofes y malestares

Ricardo Maldonado Arroyo-

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El pasado 29 de octubre, miembros de organizaciones con trabajo en VIH/Sida lanzaron huevos contra el Senado de la República, en protesta por una reforma que plantea reintegrar hasta 33 mil millones del Fondo de Salud para el Bienestar a la Tesorería de la Federación. ¿Su objetivo? Destinarlos a otros gastos en salud, presuntamente, la adquisición de vacunas contra Covid-19. Simultáneamente, vocales de la sociedad civil ante el Conasida emitieron un comunicado: “en el caso del VIH y Sida, el fondo ya señalado no ha logrado cubrir la atención integral para las personas que carecen de seguridad social; no incluye comorbilidades (hipertensión, diabetes, cardiopatía, daño renal, etc.), ni infecciones oportunistas, mucho menos gastos hospitalarios, lo cual es causa de que en el país continúen muriendo cerca de cinco mil personas cada año”.

La reforma se aprobó ese mismo día con 242 votos a favor, en su mayoría de Morena. Lo que parece ser un movimiento presupuestario para enfrentar la contingencia, despierta dudas que no terminan de ser contestadas con suficiencia. ¿Por qué tomar dinero del Fondo de Salud para el Bienestar? Cabe mencionar que este fue creado en 2003 con el nombre de Fondo de Protección contra Gastos Catastróficos, de acuerdo con la reforma a los artículos 77 Bis 17, 77 Bis 29 y 77 Bis 30 de la Ley General de Salud, que permitió el financiamiento de la atención a enfermedades de alto costo en el llamado Seguro Popular.

El Fondo cubre actualmente 66 enfermedades consideradas de gasto catastrófico como cuidados intensivos neonatales, ciertos tipos de cáncer, infarto agudo al miocardio o VIH/Sida. A partir de 2020, con la operación del Insabi, tanto el fondo como el servicio de salud cambiaron su nombre para llevar el adjetivo de “salud para el bienestar”. Sin embargo, debido a que la atención es para personas que carecen de seguridad social, cubre únicamente el listado de enfermedades que causan gasto catastrófico y con algunas restricciones de edad. Por ejemplo, no cubre diabetes ni hipertensión y, las enfermedades metabólicas, sólo en menores de 10 años. Por tanto, si todavía el listado es insuficiente y el servicio opera con grandes carencias, ¿por qué “sobraron” 33 mil millones de pesos?

¿Era necesario tomar dinero del mencionado fondo? Está en juego la atención de alrededor de 40 millones de personas afiliadas al Insabi, considerando los resultados de la Encuesta Nacional de Empleo y Seguridad Social de 2018. Los vocales del Conasida sugirieron que los recursos pudieran obtenerse del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS). Otra propuesta, proveniente de algunos partidos políticos y académicos, era añadir Covid-19 al listado de enfermedades que causan gasto catastrófico, en lugar de reintegrar recursos a la Tesorería, de tal forma que se asegurara su destino en el marco de la misma Ley General de Salud. Siendo más suspicaces, cabe preguntar si no existe un solo proyecto o fondo del gobierno federal que pudiera haber sido aprovechado en el mismo sentido.

¿Está justificado el destino de esos recursos? Todo indica que la única garantía de que se emplearán para adquirir vacunas, es la palabra comprometida de los legisladores y el Ejecutivo Federal. ¿Será suficiente? La reforma no etiqueta los recursos, únicamente declara que se destinarán a “fortalecer” la salud. Esta ambigüedad y el hecho de que caigan en manos de la Tesorería, permite su uso en un amplio rango de acciones de gobierno. Cabe señalar que esta intención no surgió con el Covid-19, en noviembre de 2019 el Congreso de la Unión aprobó la reasignación de 40 mil millones de pesos del Fondo al Insabi. Con la intención de calmar los ánimos, la senadora Patricia Mercado prometió a quienes protestaban que el monto tomado para 2021 del Fondo de Salud para el Bienestar será devuelto posteriormente. Habrá que valorar hasta dónde cumplen su palabra. Las recientes protestas llaman la atención acerca de algo que no sólo atañe a personas con VIH, sino a quienes carecen de seguridad social y su salud se vea comprometida en 2021.

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El mucbil pollo de la discordia

Ricardo Maldonado Arroyo-

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“No pueden hacer eso porque se pierde la esencia de la tradición”. Extraje este comentario de una publicación donde ofrecen mucbil pollo relleno de camarón. El mucbil pollo o pib es un platillo de la península de Yucatán elaborado con masa de maíz, relleno de pollo y/o puerco y envuelto en hoja de plátano, que se prepara para la celebración de los Fieles Difuntos. Para un amplio sector de la población es más que un “tipo de tamal”, como lo describió la Secretaria de Cultura federal, es parte de un extenso ritual que comienza meses antes, cuando las personas expresan ansias por degustarlo, hasta el momento en que lo presentan en los altares de las casas, adquiriendo cualidades espirituales, afectivas e identitarias.

La sorpresa y el rechazo ante nuevas versiones de este platillo radica en la gran carga simbólica que encierra su preparación y consumo. Han sido polémicas los mucbil pollos hechos con jamón y queso, mariscos o los llamados pibes veganos, que alteran sustancialmente la receta “tradicional”. También es defendido con vehemencia cuando personas de otros lugares del país expresan desagrado por este platillo de manera pública. ¿A qué se debe esta reacción? En buena medida, a que la cocina yucateca sirve para reafirmar la identidad local frente a los intentos de ser absorbida por el nacionalismo mexicano. La cocina yucateca tiene un fuerte acento regionalista. Baste recordar las críticas enérgicas, algunas rayando en la visceralidad, a marcas de alimentos que sugerían añadir mayonesa o crema a los tacos de cochinita.

¿Cómo entender esta dinámica en torno a la cocina, que a veces deriva en conflicto? El antropólogo Igor Ayora señala que la cocina está compuesta por dos ensamblajes, el culinario y el gastronómico, en negociación constante. Mientras la gastronomía es un conjunto de normas que indican cómo debe prepararse tal o cual platillo, el ensamblaje culinario está abierto a adaptaciones, hibridaciones, intercambios y, en general, a transformaciones. La gastronomía suele ser guardiana de la “tradición”; el ensamblaje culinario, en cambio, está abierto a influencias externas.

Una de las constantes observadas en las cocinas del mundo es que ninguna es estática, todas se transforman. Por eso el ensamblaje culinario-gastronómico es, de hecho, uno solo, donde coexiste lo “auténtico” con los cambios en el gusto, las prácticas y las tecnologías. Son numerosos los factores que están generando nuevas variantes de mucbil pollo, aunque el más señalado es su adaptación al gusto de inmigrantes del centro de México, para quienes no es problemático rellenarlo con queso u otros ingredientes de su preferencia.

Pero las transformaciones obedecen también a otros procesos que se gestaron de manera paralela. Desde la infancia, yo sabía de la existencia de mucbil pollos hechos con iguana, camarón, pulpo, langosta y hasta pejelagarto (o sea, sin pollo). También es cierto que en algunos hogares yucatecos ya es costumbre cocinarlos de jamón y queso o se animaron a consumir la última novedad: pibes de relleno negro. No ha faltado la crítica a quienes los cocinan en horno de gas, lo que significa una contradicción, ya que pib es, en realidad, el nombre de la tecnología para hornear bajo tierra. El famoso pib enterrado (que es casi un pleonasmo) suele percibirse como más “tradicional” que el pib cocido en estufa.

Eso ya no es pib– oí decir a un compañero en referencia a la versión vegana. ¿Hasta dónde la gente de Yucatán reconoce un platillo como pib o mucbil pollo? ¿Cómo ha cambiado nuestra cocina con la presencia de nuevos ingredientes y alternativas gastronómicas? ¿En qué medida denota la composición actual de la población del estado? ¿Qué tanto el mucbil pollo conserva su carácter ritual y qué tanto ha adquirido un carácter profano, dado que ya es posible adquirirlo en cualquier fecha? La invitación no es a aprobar o a desaprobar el mucbil pollo de camarón, sino a reflexionar todo lo que ha sucedido para que hoy esté en la mesa de alguna casa yucateca. Buen provecho.

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