Conecta con nosotros

LA VISIÓN DE CARONTE

El COVID-19, ¿etiqueta de la sociedad?

Miguel II Hernández Madero

Publicado

en

Foto de Julián Durán Bojórquez

Sobre el COVID-19 todos hablan; máxime con las últimas medidas y con cifras que sólo se mencionan pero que nadie les da sentido (¿alguien ha escuchado hablar del periodismo de precisión o periodismo de datos?), sólo se repiten, con la misma frecuencia que se propagan rumores y remedios milagrosos, para generar desinformación y psicosis.

El coronavirus llegó para poner la cereza a un pastel muy cargado de adornos y merengue (promesas de campaña y discursos bonitos), pero con un interior muy amargo, formado por el desempleo, los despidos, la pobreza, el derroche, el abandono cultural y préstamo tras préstamo solicitados por el Gobierno del Estado y que en realidad no ofreció resultado alguno.

Pero ese era el estado en Yucatán antes de la pandemia, que además presentaba problemas de políticas públicas en Salud, entre otras. ¿Ya se olvidaron los altos índices de depresión y suicidios? ¿Nadie recuerda los índices de pobreza antes de la contingencia? Ese olvido sería entendible si se tratara de un tema de varios años, pero es algo que se vivía hasta principios de marzo. Después de ello todo cambió…, pare empeorar.

Los índices de pobreza han aumentado, el cierre de negocios ya no es simple posibilidad, pues ya son una realidad y con ello hay desempleo, menos circulante, mayor desesperación por tener pagos que realizar, comida que comprar y sin manera de obtener recursos, pues no hay apoyos, ni esperanzas de ello.

A eso sumamos que las autoridades le etiquetan ahora la responsabilidad a la sociedad y muchos, como focas aplaudidoras, se suman a ese juicio. Pero ¿la autoridad qué hizo? ¿Dónde está el seguimiento epidemiológico de los contagiados y sus contactos? ¿Dónde están las pruebas de detección? ¿Cómo enfrentar a un monstruo del cual no se ha dimensionado?

Y mientras prevalecen estas condiciones, siguen los suicidios en Yucatán, aumenta la pobreza, aumenta la deserción escolar y sigue sin freno la desinformación y la inconciencia, con una sociedad que lamenta más estar en ley seca, en vez de apoyar y reconocer al personal médico, a quienes muchos culpan en un ambiente consentido por la autoridad, para quienes es más fácil dejar que el hilo se rompa por lo más delgado.

Pero de todo esto alguien sabrá sacarle provecho, vienen las elecciones, habrá muchos “luchadores sociales”, pero cabría preguntarse qué le pueden ofrecer a un pueblo desesperado, molesto e inconforme.

Hasta la próxima…

También te puede interesar: Las maravillas de Yucatán…

LA VISIÓN DE CARONTE

Las maravillas de Yucatán…

Miguel II Hernández Madero

Publicado

en

Escuchamos las maravillas que hablan los apologistas, tanto de la 4-T como del gobernador Mauricio Vila, señalando un buen rumbo, liderazgo, combate a la pobreza, con un clima donde todo iba bien hasta que llegó el COVID-19 a derrumbar el esfuerzo. Suena un poco al viejo meme de que “yo era una maravilla, hasta que me lesioné la rodilla”.

Ahora el COVID-19 es el villano. ¿Hay desempleo?, el coronavirus; ¿colapsó el sector salud?, faltaba más, la contingencia sanitaria por la pandemia; ¿hay pobreza?, ya se sabe por qué, o si lo prefieren, entonces ahí está el viejo confiable de Cristóbal, no hay pierde.

Dentro de ese escenario, definitivamente escucharemos muchos discursos, pero hasta antes de la contingencia sanitaria, la situación de Yucatán -y del país-, no era precisamente de bonanza. Había desempleo, desaceleración económica (para no decir recesión), incertidumbre, despidos al por mayor, aumento de impuestos, en fin, todo un coctel de buenas noticias para los ciudadanos.

Pero aún así, dicen que vamos bien. Dicen que en Yucatán hay rumbo y liderazgo y hasta antes de la contingencia, las encuestas marcaban que estábamos bien, pero cabía la pregunta: ¿Por qué no era palpable ese mundo maravilloso que nos decían? ¿Dónde quedó ese mundo de ofertas de campaña, con empleos, infraestructura, sin rezago social, ni problemas educativos?

Si las cosas hubiesen ido más allá del discurso y la imagen estaríamos en una tierra maravillosa “donde los sueños se vuelven realidad”, sí, ese es el ideal, pero del cual seguimos muy lejos, pese a las notas color de rosa donde se habla de millones de inversión, donde los sueños se han convertido en realidad, pero no para la gente del campo y las ciudades quienes creyeron y votaron.

Miles de familias siguen esperando respuestas a sus preguntas y mudos reclamos. Sus evidentes necesidades de ayuda siguen siendo ignoradas, a menos que sirvan para el show mediático que les dará cinco minutos de atención para quedar luego en el olvido.

La contingencia sanitaria que evidenció lo más triste de la condición humana, se ha convertido en un campo que será aprovechado por aquellos quienes buscarán ponerse la capa de súper héroes, de paladines sociales, para obtener el voto e incrustarse en el erario el próximo año.

Las estadísticas no mienten. Frente a los discursos optimistas, se encuentran las condiciones de muchos yucatecos, con un despertar carente de sueños y un horizonte sin esperanza.

Quizá sí exista un mundo maravilloso en Yucatán, pero al igual que la gran mayoría de los ciudadanos, definitivamente yo no lo veo y eso simplemente lacera la conciencia, por la farsa de ese mundo de palabras vacías y sonrisas posadas. Hasta la próxima.

También te puede interesar: Los redentores

Continuar Leyendo

LA VISIÓN DE CARONTE

Los redentores

Miguel II Hernández Madero

Publicado

en

Más de 30 millones de mexicanos, yucatecos incluidos, votaron hace dos años por una utopía. Una utopía es aquello ideal pero irrealizable, es aquello que puede ser la ilusión perseguida, pero nunca alcanzada, en suma, es un sueño y como tal, desaparece al despertar.

Entonces, hablamos de sueños e ilusiones y veremos qué tanto daño puede causar cuando un pueblo o un sector social vive persiguiendo o esperando que llegue ese mundo ideal y surge una voz que les promete que es posible tenerlo, aunque tan sólo hay que ceder en algunas cosas para ganar todo lo demás.

Pero esa utopía no llegó, ni a nivel federal ni a nivel estatal. En una se ofreció acabar con la corrupción, y en el plano estatal nos señalaron que “merecemos más” y en eso no mintió el actual Gobernador, entonces candidato. En realidad, merecemos más, tampoco mintió en otros aspectos, pues no prometió darnos ese “más”.

En Yucatán, hasta antes de la contingencia sanitaria casi el 50 por ciento de los habitantes vivía en la pobreza, ´pero aun así había derroche e incrementos en tasas impositivas, con programas y eventos fastuosos, que desperdiciaban esos recursos tan escasos, pero que tan pródigamente fueron gastados.

En ese marco de despilfarro, de despidos, desempleo, pobreza y más y más impuestos, llegó el COVID-19 provocando el cierre de empresas pequeñas y medianas, con el despido de sus empleados, sin recursos, pero con la amenaza de más impuestos (se mantiene la disposición de reemplacamiento a partir de diciembre), con psicosis alimentada por el mismo gobierno, que ordenó un confinamiento selectivo y permitió a ciertos sectores sociales el abrir o pasear en sus yates.

El problema es muy real. Yucatán, sin estrategias, sin políticas públicas, con desempleo, con un sistema médico colapsado, con damnificados, enfermedades como el dengue que se suma al Covid-19 y un aumento en la violencia intrafamiliar, definitivamente no es un paraíso.

No hay recursos, es necesario un crédito, quizás sea cierto, pero también lo es la necesidad de priorizar el gasto, darle transparencia y dejar de sostener una campaña de promoción de imagen. La situación es muy seria en Yucatán y lo veremos peor al finalizar el año. Para 2021 el panorama se vislumbra desolador y todavía así se atreverán a pedirnos el voto.

Entonces veremos a muchos presentándose como redentores, y seguramente, las autoridades estatales aparecerán mostrando su mejor cara, con sonrisas, con discursos e imágenes de relumbrón en un escenario preparado, pero más falso que un billete de tres pesos con la efigie de algún exgobernador reciente. Hasta la próxima.

También te puede interesar: Tiempo de redentores

Continuar Leyendo

LA VISIÓN DE CARONTE

Impuesto de puertas y ventanas

Miguel II Hernández Madero

Publicado

en

Foto de Julián Durán Bojórquez

México está en una difícil situación económica pues al desempleo que ya se vivía y el nulo crecimiento de principios de año, se sumó la paralización de las actividades productivas, el cierre “temporal”, de negocios y, para sacudir un poco más en el Sureste, llegó Cristóbal.

¿Termina aquí el recuento? No, se pone más interesante. Se desploma el precio del petróleo, eso se traduce en menos ingresos para el país. Se regalan millones de dólares a Centroamérica y aquí vienen más impuestos, ahora sobre Internet. En Yucatán en septiembre empezará el reemplacamiento, según mantiene el gobernador Mauricio Vila Dosal, sin consideraciones, sin miramientos.

Cierto, los impuestos son una tasa impositiva que los ciudadanos deben cubrir al Estado; pero a su vez la Administración Pública debe precisamente hacer eso, Administrar en vez de gastar y gastar.

Dejando a un lado la situación nacional, en Yucatán se viene arrastrando una deuda pública, desde hace dos administraciones, que comprometieron los recursos hasta mediados de la década de los veinte.

Pero la actual administración contrajo otros créditos, que no han sido suficientes y por ello se recurrió a ampliación del presupuesto, solicitar otro crédito (que no fue aprobado) y mantenerse en la idea de recaudar más recursos de los ciudadanos, esos mismos que fueron a votar esperando un cambio, esperando más, pero que ahora con un panorama desolador sólo ven frente a sí un panorama difícil, de pobreza, de sueños rotos, de estudios truncados y que llevarían a la migración en busca de mejores oportunidades.

Quizá frente a la cerrazón administrativa, de aumentar impuestos, frente a las tarifas exorbitantes que ha cobrado la Comisión Federal de Electricidad que cortó el servicio a medio millón de hogares que no pudieron pagar, frente al riesgo latente por el COVID-19, quizá, sólo quizá, la gente desesperada se preguntará si se le permitirá comer, también se preguntarán si no les remorderá la conciencia a esos personajes que aparecen en las noticias, presumiendo acciones que parecen más una obra de teatro, que una auténtica atención y empatía por los ciudadanos.

Y en ese contexto, aún hay quien dice que se puede ahorrar, que no hay pobreza y que la gente aún puede pagar más impuestos. Sólo resta esperar que a nadie se le ocurra seguir el ejemplo de Antonio López de Santa Anna y quieren revivir el impuesto de “puertas y ventanas”.

El próximo año serán las elecciones intermedias, en Yucatán se cambiarán a los 106 alcaldes y 25 diputados, algunos pretenden reelegirse; también se votará por renovar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, para entonces el pueblo habrá olvidado y volverá a creer, o bien, se cobrará lo que está ocurriendo hasta ahora. Yucatán es el bocado que muchos quieren, a ver si no se atragantan con él. Hasta la próxima…

También te puede interesar: La pesadilla de ser despreciado en tu propio país

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS