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Editorial

Un error de cálculo en su estrategia puede costarle caro a Donald Trump

Héctor Hernández Pardo

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Sumario Mientras se preparan los actos para la toma de posesión del binomio Joe Biden/Kamala Harris, sobre el actual mandatario penden peligros para su futuro. Avanza el juicio político contra el Jefe de la Casa Blanca, tras su aprobación en la Cámara de Representantes. Podrían ser anuladas sus aspiraciones para participar en próximos procesos electorales  sufrir otros castigos. El proceso de este segundo  “impeachment” es complejo, pero puede desembocar en eso.   Refuerzan la seguridad en Washington con miles de efectivos de la Guardia Nacional.

Mientras el binomio Joe Biden-Kamala Harris prepara su fiesta para el 20 de enero, ocasión en que asumirán como Presidente y Vicepresidenta respectivamente de la nueva Administración demócrata en Estados Unidos, muchos analistas se lanzan a reflexionar sobre el futuro del actual mandatario Donald Trump.

En comentarios anteriores publicados en Informe Fracto venía yo reflexionando que la actitud agresiva, prepotente y de rechazo del magnate inmobiliaro a los resultados electorales del 3 de noviembre, esgrimiendo la acusación, sin pruebas, de que fueron fraudulentos, buscaba no sólo debilitar al nuevo gobierno, sino que al mismo tiempo preparaba condiciones para su posible vuelta a la política en la campaña del 2024, para aspirar otra vez a la presidencia. Pero ahora muchos coinciden en que ese segundo objetivo está más lejos de conseguirse, porque la presión del Jefe de la Casa Blanca y de sus seguidores pasó los límites que los grupos de poder en el país norteño pudieran permitir.

Y es verdad que un posible error de cálculo en su maquiavélica  estrategia podría costarle a Donald Trump no sólo que no pueda presentarse otra vez como candidato a la presidencia, sino incluso su anulación en la política norteamericana y, según procesos en desarrollo, hasta sanciones jurídicas por delitos diversos.

La incitación a actos violentos por parte de grupos de ultraderecha, simpatizantes del mandatario, que desembocaron en el vergonzoso asalto al Capitolio de Washington, recinto simbólico del sistema norteamericano, ha puesto a Trump en una situación muy delicada. El presidente quizás no valoró debidamente las consecuencias de sus actos.

Ahora Trump está bajo un proceso político, aprobado ya en la Cámara de Representantes y ha pasado al Senado, que también pronto controlarán los demócratas. En ambas cámaras también los republicanos se han separado de las acciones del presidente.

Se ha convertido en el primer presidente de Estados Unidos que ha sido sometido durante su mandato, dos veces, a juicio político. Esta vez con el peligro de que puedan ser anuladas sus ambiciones de mantenerse en política e incluso de privarle de la pensión vitalicia y otros beneficios previstos para expresidentes de ese país, que incluyen oficinas y gastos múltiples de cerca de un millón de dólares. Es un proceso que puede demorar, pero que pendería–como espada de Damocles- sobre la figura de Trump.

Lo interesante es que diez congresistas republicanos se sumaron a la resolución aprobada en la Cámara de Representantes para declarar culpable al presidente por “incitación a la insurrección”. Si el Senado –aun después del 20 de enero- aprueba continuar ese  “impeachment” el actual mandatario –ya entonces expresidente- podría ser acusado de crímenes y se le cerrarían todas las puertas para optar en el futuro a puesto político alguno.

De manera que la inmunidad que goza actualmente Trump para impedir el desarrollo de acusaciones civiles por diversas causas, entre ellas la evasión del fisco, también podrían prosperar…y algunas de ellas incluso para el encarcelamiento. El proceso no es tan simple, pero sí posible.

Lo cierto es que el magnate ahora parece entender la situación en que está, y que ha provocado,  y ha hecho declaraciones a favor de una transición pacífica de gobierno, aunque se mantiene firme en no asistir a la ceremonia de investidura.

Pero sus fanáticos seguidores neofascistas, a quienes desde hace semanas viene incitando, no parecen estar convencidos. Y siguen enviando cartas de amenazas de muerte a muchas figuras políticas que se han opuesto al actual Jefe de la Casa Blanca, al tiempo que han hecho público que sabotearán los actos previstos de toma de posesión del nueve presidente electo Joe Biden.

El Buró Federal de Investigaciones (FBI), según la CNN, reportó que el acto de investidura de Biden está siendo amenazado por grupos extremistas que parece están planificando acciones armadas en Washington y otras partes de Estados Unidos.

No es casual que más de 20 mil efectivos de la Guardia Nacional hayan sido enviados a Washington para tratar de neutralizar dichas amenazas; más soldados que la suma de los empleados por Estados Unidos en Siria, Irak y Afganistán.

Nada, el legado de Donald Trump a la sociedad norteamericana. ¡Solavaya! diría mi abuelo.

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Editorial

Elecciones 2021: la batalla por el Congreso

Mario Alejandro Valdez

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Hace apenas un par de semanas, un viejo operador priísta me comentaba su visión sobre la votación del Yucatán rural: en una puja entre tres fuerzas competitivas, el PRI tenía muchas posibilidades de retener un número de escaños muy significativo, y ser el fiel de la balanza en el Congreso local. A nivel federal, su pronóstico era de una competencia muy reñida: “MORENA será primera fuerza, sin duda, pero con pocas probabilidades de retener la mayoría absoluta”. En una nueva comunicación hace un par de días, la variación fue radical: el nuevo pronóstico apuntaba a una victoria rotunda de MORENA, tanto a nivel estatal como federal, con la posibilidad de mantener en éste último ámbito la mayoría calificada, e incluso de incrementar su dominio en la Cámara de Diputados. Tengo mi propia lectura de la lectura del viejo operador priísta: durante estos días, los negociadores de MORENA concertaron una alianza con su grupo, y ese pequeño detalle resultaría en el cambio de bando triunfador de los suficientes distritos como para permitir una holgada victoria al partido del presidente López Obrador.

Una visión similar produjo el astuto Dante Delgado el fin de semana pasado: en una carta, con indudables motivaciones electorales, el veracruzano reclamó al presidente de la república haber logrado dominar y ridiculizar a la alianza opositora PRI-PAN-PRD-de la que Dante se deslindó desde semanas antes-y recuperar el carácter imperial de la presidencia. Delgado, por supuesto, le está apostando desde ahora a la elección de 2024, desprestigiando por igual a tirios y troyanos, pero su afirmación realmente tiene fundamentos en la realidad: los partidos corruptos derrotados en 2018 sólo han atinado a corromperse más, oponerse al gobierno de manera ridícula, y presentarse NO como enemigos de López Obrador, sino como contrarios al progreso de México, anclados en un pasado que aún nos lacera. Dante come en el mismo plato, pero le apuesta a la falta de memoria histórica para salvar el pellejo.

En medio de la batalla electoral, la otrora prestigiada Auditoría Superior de la Federación produjo una larga serie de barbaridades, sin sustento técnico ni metodológico, que fueron fácilmente barridas por los funcionarios de la 4T, encabezados por el propio presidente de la república. Fue tan grotesca la actuación de la Auditoria, que el propio Auditor, el priísta David Colmenares, tuvo que salir a reconocer los errores, prometiendo subsanarlos a la brevedad. ¿De qué se trató el sainete? Resultó en una comedia tan absurda, que hasta uno podría pensar que Colmenares trabajó en realidad para MORENA, ayudando al gobierno a enterrar a los despistados opositores que ya estaban celebrando ruidosamente las “observaciones” a obras tan emblemáticas como la cancelación del megamonumental fraude del Nuevo Aeropuerto, cuando el Auditor tuvo que salir a reconocer los yerros. Al término de la obrita de teatro, AMLO y sus funcionarios terminaron riendo, el Auditor Colmenares en el descrédito total, y los opositores, una vez más, convertidos en ridículos fantoches, junto con Carlos Loret de Mola, “Brozo”, Aguilar Camín y otros impresentables de la misma calaña.

Con el nuevo escenario, y las campañas a punto de arrancar, las encuestadoras nacionales vislumbran el pleno triunfo de la alianza obradorista, el desplome de la “alianzota” opositora, y un interesante posicionamiento de Movimiento Ciudadano, que pretende ser el caballo negro rumbo al 2024. Vale la pena recordar que el Senado de la República, que representa la mitad del Congreso de la Unión, se mantendrá con una amplísima mayoría morenista y de sus aliados por los siguientes tres años, por lo que el pronóstico es que el gobierno del presidente López Obrador continuará manteniendo un amplio margen de maniobra en el camino declarado de transformar a México. Para MORENA, lo preocupante está en casa: el viejo operador priísta del que hablábamos al principio del texto es sabio para ganar elecciones, así como también para hacer chanchullos e inmoralidades. Ciertamente el partido de la 4T parece encaminarse a un gran triunfo electoral, pero el costo se antoja muy grande. ¿Ganar el Congreso y perder el país? En unas cuantas semanas sabremos el resultado de la disyuntiva.

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A propósito de…

Su pasado los condena

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de los personajes que se nos presentan como opciones para los próximos comicios, cuando se renovará una gran cantidad de puestos a nivel nacional, cabe hacer una reflexión respecto al reciclaje de políticos con una larga y, en ocasiones negra, historia y la escasa presencia de nuevas mujeres y nuevos hombres, con propuestas diferentes y un pasado que no los condene.

Evidentemente, los partidos políticos apuestan a la desmemoria de unos ciudadanos a quienes desconocen, porque hoy, gran parte de los mexicanos han salido de los límites controlados de los medios de comunicación tradicionales, como las grandes cadenas de televisión y cuentan con una amplia gama de canales de información en los que pueden conocer los oscuros antecedentes de esos que estarán buscando su voto.

El reciclaje de los mismos nombres y las mismas caras no es una característica privativa de los posibles candidatos de la llamada “oposición conservadora”, aparecen también en el gobernante Morena. El muy mediático caso del guerrerense Félix Salgado Macedonio, en el adolorido Guerrero, nos demuestra la escasez de nuevas figuras: Hace casi 30 años, en 1992, contendió, por primera vez, para la misma posición.

El hecho de que su partido no haya considerado un antecedente tan grave como una denuncia por violencia de género, demuestra que se jerarquiza la “popularidad” por encima de un historial limpio, más allá de toda duda, y una propuesta social y política que represente una verdadera alternativa para los sufragantes.

Sin embargo, no es el único. Ahí tenemos el caso extremo del ex presidente Felipe Calderón Hinojosa, quien busca para sí o para su esposa, Margarita Zavala, una posición en la Cámara de Diputados, estableciendo un indicio muy claro de que vivir del presupuesto es adictivo y muchos de quienes han bebido de esas mieles, son ya incapaces de trabajar para vivir.

Este es otro ejemplo de la apuesta por la desmemoria del mexicano, a quien – insisto – desconocen, porque nunca se preocuparon por lo que sus gobernados sentían, pensaban o vivían, mientras ellos tomaban decisiones unipersonales en defensa de sus intereses políticos y, sobre todo, económicos, como la farsa llamada “guerra contra el narco”, con decenas de miles de víctimas civiles o la decisión presidencial de no procesar el incendio de la guardería ABC, por citar sólo algunos hechos.

Ahí está también el caso del ex futbolista Manuel Negrete–hoy titular de la alcaldía Coyoacán, en la que habito–quien anunció su interés por buscar, también, la candidatura al gobierno de Guerrero, ahora por otro partido. Si no patentizara su trágico nivel de ignorancia, movería a risa recordar una de sus primeras acciones de gobierno: pintar de blanco los muros del edificio donde despacha, porque “no le gustaba” el color característico que ostentaba desde su construcción, en tiempos de la Colonia.

Ahí está el inenarrable Ricardo Anaya, en su campaña de “turismo de pobreza”. Nos quiere convencer de su interés por acercarse a los marginados, aunque será difícil que olvidemos la mansión de mil 389 metros cuadrados donde vivía su familia en Atlanta. Hoy, se cuelga una mochila y “pasea” en un microbús, a manera de set de filmación.

Y ya en el colmo del anacronismo-busqué un adjetivo con la misma pátina que su figura–se nos presenta Diego Fernández, alias “El Jefe”, incursionando en las redes sociales para dirigirse a los “millenials” quienes probablemente no conozcan sus antecedentes de cooperador con Carlos Salinas de Gortari y señalado por su constante conflicto de intereses: en su bufete de abogados litigaba en contra del estado mexicano, mientras cobraba salario como senador de la República.

Apuestan a la propensión al olvido que se atribuyó a los mexicanos durante mucho tiempo; pero hoy, parafraseando al gran Héctor Lavoe, podremos decirles: “Te conozco bacalao, conmigo tú no te metas. Te conozco bacalao, no trates de persuadirme… Te conozco bacalao, aunque vengas disfrazao…

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La política en Yucatán

Introspección histórica: la violencia cotidiana y los orígenes de la Guerra de Castas

Mario Alejandro Valdez

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Mural de don Fernando Castro Pacheco. Palacio de Gobierno.

Según la narrativa tradicional, la Guerra de Castas inició el 30 de julio de 1847, cuando campesinos armados, dirigidos por Cecilio Chí, el batab de Tepich, masacraron a los pobladores blancos y mestizos de este pueblo. De ahí que el penúltimo día de julio sea tomado como el aniversario de dicha conflagración, pero la realidad es mucho más compleja. En esta introspección nos proponemos comenzar una serie de reflexiones sobre la violencia como un elemento fundamental en la historia política de Yucatán, a contracorriente de la visión propalada por la Historia Oficial, que afirma que nuestra región, desde los tiempos de los antiguos mayas, se ha caracterizado por su paz y armonía. El discurso, que parte de la idea de unos idealizados mayas que vivían en una sociedad en la que prevalecía el respeto e incluso la igualdad de género, continúa vigente hasta nuestros días, en los que los algunos de los actuales actores políticos se vanaglorian de las bondades de nuestra vida social, tan distante de los violentos y cotidianos espectáculos que conmueven un día sí y otro también a otras regiones de México.

Por nuestra parte, sostenemos que estas ideas constituyen una falacia: si bien hoy en día la violencia en Yucatán parece contenida, y se distingue tanto cuantitativa como cualitativamente de la que se vive en el resto del país y en buena parte de Centroamérica, ello no siempre ha sido así. Nuestra región ha pasado por ciclos de enorme y reiterada violencia, y la posibilidad de que ello vuelva a ocurrir está latente. Para ejemplificar nuestro planteamiento hemos escogido precisamente la coyuntura del origen de la Guerra de Castas, uno de los conflictos sociales más graves, violentos y prolongados en toda la historia de nuestra América, y que tuvo por escenario principal el Oriente de Yucatán.

El proceso empezó mucho antes del emblemático 30 de julio de 1847. Fue en el verano de 1834 cuando Agustín Acereto, un importante líder criollo de Valladolid, recorrió las poblaciones del Oriente, invitando a los campesinos a levantarse para lograr la anulación de los impuestos personales. Miles le respondieron, pero cuando la revuelta fue derrotada, regresaron a sus tierras rumiando su fracaso y frustración. Unos pocos años después, en 1839, fue Santiago Imán, un caudillo de Tizimín, quien agitó la región con las mismas promesas, logrando el mismo apoyo y, ahora sí, una victoria fulgurante. Pero las promesas quedaron en el olvido, lo mismo que ocurrió en las temporadas de sublevación de 1842, 1843, 1844 y 1846. Un nuevo levantamiento a fines de este último año, dirigido por un tal Domingo Barret, obtuvo de nuevo un apoyo multitudinario, pero esta vez los resultados fueron muy diferentes.

Fue el 15 de enero de 1847 cuando miles de campesinos, en unión de cientos de vecinos de Valladolid, atacaron la gran ciudad oriental. Logrado el triunfo, los líderes criollos dieron permiso-como era costumbre-para embriagueces y excesos, pero esta vez los rebeldes se volvieron incontrolables, y convirtieron su desenfreno en un feroz ataque dirigido a algunas de las familias y las figuras principales de aquella orgullosa y estratificada sociedad. Acaudalados padres de familia, jovencitas recién salidas de la adolescencia y hasta el viejo vicario de Valladolid, el explosivamente racista Padre Manuel López Constante, perecieron ante la algarabía de la multitud, dirigida aparentemente por el comerciante mestizo Bonifacio Novelo. Cuando todo aquello terminó, las élites de todo Yucatán hervían en alarma, y Bonifacio y sus lugartenientes fueron encarcelados fugazmente. Su escape, unos días después, marcó el surgimiento de una numerosa facción, por un lado rebelde al gobierno, y por otro aliada de las comunidades orientales.

A nivel estatal se confrontaban los grupos representados por Santiago Méndez, que defendía los intereses de la ciudad de Campeche, y por Miguel Barbachano, ligado a las élites de la ciudad de Mérida. Pero a nivel micro regional, los batabo’ob del Oriente y del Sur Oriente comenzaron a movilizarse por su cuenta y con sus propios objetivos, coincidiendo con los que ya preconizaba Bonifacio Novelo. En ese contexto ocurrió la detención y posterior fusilamiento de Manuel Antonio Ay, batab de Chichimilá, y los fallidos intentos por detener a Cecilio Chí y a Jacinto Pat, batabo’ob de Tepich y Tihosuco, respectivamente. El ataque de Chí a Tepich el 30 de julio en realidad fue reactivo a una brutal incursión de soldados gubernamentales durante la tarde del 28.

Así, una región sin registro de actividades bélicas durante siglos, se convirtió en el epicentro de la violencia en todo Yucatán. En las siguientes semanas a aquel 30 de julio de 1847, miles de pobladores de las regiones mencionadas se levantaron en armas y marcharon contra las villas y ciudades yucatecas, provocando un creciente pavor que se mantuvo por los siguientes meses. Muertos los grandes líderes de los orígenes-con excepción del eterno Bonifacio Novelo, que murió de anciano casi un cuarto de siglo después de los acontecimientos reseñados-, la rebelión se trasladó geográficamente a las selvas y sabanas del extremo oriental de la península- principalmente en lo que hoy es el Estado de Quintana Roo-, pero mantuvo su dinámica de violencia cotidiana sobre las regiones de Valladolid y Peto durante unos 30 años más. El ciclo de violencia consuetudinaria sólo se fue cerrando hacia 1876, cuando un anciano Crescencio Poot dejó los ataques armados para privilegiar las negociaciones con Belice, por el lado de los rebeldes, y Francisco Cantón, el más importante caudillo militar vallisoletano, abandonó el negocio de la guerra para incursionar en las más productivas vetas del Ferrocarril y la Hacienda Henequenera.

Muchos años después, en 1910, arruinado económicamente y desplazado políticamente, Cantón recurrió de nuevo a la violencia política en lo que se ha dado en llamar primera chispa de la Revolución Mexicana. Su movimiento fue aplastado furiosamente, y algunos de los líderes sobrevivientes se refugiaron entre los descendientes de los rebeldes de la Guerra de Castas. Pagaron con su vida la osadía. Los tiempos violentos habían pasado, siendo sus muertes de las últimas provocadas por la violencia política en la región. Cuando llegó la Revolución Mexicana a Yucatán, el ciclo de la violencia había concluido, y salvo contadas excepciones-que abordaremos en su momento-, Valladolid y su región se mantuvieron en paz por las siguientes décadas.  

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