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Editorial

Crónica de una decisión anunciada

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Es 15 de julio de 2009, el Congreso de Yucatán debate una iniciativa presentada por la Red Pro Yucatán para impedir los matrimonios entre personas del mismo sexo y restringir el acceso al aborto. Feligreses de algunas parroquias se pronuncian elevando plegarias, según expresan ellos mismos, para la protección de la vida y la familia. Meses antes, mediante un excepcional despliegue de recursos, recaban miles de firmas para impulsar la iniciativa y conseguir el apoyo de personas e instituciones afines a sus puntos de vista.

Del otro lado, miembros de organizaciones de la diversidad sexual se manifiestan contra lo que consideran un atentado contra sus derechos. Agitan pancartas, se escuchan consignas en tribuna y, afuera del Congreso de Estado, desfilan personajes cuya expresión de género incomoda a los espectadores de la Red Pro Yucatán. El desenlace es bien conocido: 24 de 25 diputados modifican la Constitución local y el Código de Familia para restringir la figura del matrimonio a la unión entre un hombre y una mujer, además de establecer el derecho a la vida desde la fecundación.

Posteriormente, el 21 de agosto de 2009, el ombudsman yucateco Jorge Victoria Maldonado, responde a las organizaciones no gubernamentales que le solicitaban interponer una acción de inconstitucionalidad por las reformas recién aprobadas: la CODHEY respalda las reformas como una “diferenciación justificada o razonada”, afirmando que nada hace suponer que la palabra “preferencia” del artículo 1 de la Constitución Política nacional haga referencia a la orientación sexual.  Al respecto, la posición de Jorge Victoria expresa su inclinación a favor de la Red Pro Yucatán.

Casi una década después, en febrero de 2019, el escenario resulta un tanto familiar; las mismas cabezas de la Red Pro Yucatán mantienen su cruzada contra el matrimonio igualitario. Ahora los legisladores precisan discutir una iniciativa de ley que busca aprobar el matrimonio igualitario, aunque una buena parte de éstos sigue dudando u oponiéndose. La bancada del PAN ha declarado que el 99% de la población rechaza la iniciativa, y que el interés de su partido es velar por los derechos de los niños. El líder de la bancada de Morena dice respetar el derecho de las parejas del mismo sexo a casarse, pero en otros estados de país. El PRI se muestra esquivo y hermético.

Por su parte, Miguel Sabido Santana, titular de la CODHEY, sugiere que el matrimonio igualitario es susceptible de consulta. Esta declaración ocasiona la protesta de varios activistas durante la presentación de su informe de actividades ante el Congreso, y Sabido Santana, en una suerte de retrato de familia, sonríe ante las cámaras rodeado de las más señaladas figuras del ultraconservadurismo yucateco. A un costado de esta escena, dos hombres casados mediante amparo, exigen ser escuchados mientras una mujer relacionada con la Red Pro Yucatán los repliega visiblemente irritada.

En la actualidad el Congreso se encuentra ante la oportunidad histórica de aprobar una iniciativa que amplíe la figura del matrimonio igualitario, que brinde protección a las familias homoparentales y repare las injusticias y la discriminación de la que han sido víctimas. Los matrimonios entre personas del mismo género y las familias homoparentales ya existen en Yucatán, sus hijas e hijos están creciendo sanamente, con vivienda, alimentación, educación y afecto, pero sus derechos los tienen que pelear en los tribunales.

El Congreso de Yucatán puede fincar sus criterios tomando como base los tratados internacionales, las resoluciones de la Suprema Corte de Justicia y la recomendación 23/2015 de la CNDH. Incluso el CONAPRED ha enviado una misiva a los legisladores para recordarles estos antecedentes. Nada tiene que regatearse, tan sólo resta decidir si se seguirá sacrificando a las poblaciones vulneradas o si finalmente Yucatán se apegará a los principios de igualdad y no discriminación.

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Editorial

Pórtico Fracto

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En la ciudad de Mérida cada vez es más frecuente observar árboles retirados de entornos silvestres para adornar nuevas construcciones, entre la ignorancia de los empresarios y la excesiva permisividad de autoridades ambientales. Esta innecesaria y antinatural manipulación culmina en áreas reducidas o en arreglos de varios individuos dispuestos en franjas continuas a distancias inapropiadas. 

Aunque los promoventes puedan argumentar que el rescate y reubicación de árboles (cuando se da en el mejor de los casos) es una opción válida para compensar impactos ambientales, es preferible que el fomento de la función decorativa de la vegetación en entornos urbanos sea a la par de un diseño acorde a los espacios requeridos por cada especie de acuerdo a su tipo de crecimiento, desde el momento que se transplante los arbustos o árboles jóvenes desarrollados en viveros.

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Editorial

Yoga

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Esta profunda reflexión de Carlos Castaneda me llevó a recordar las palabras de mi maestro hace unos días en clase… “hay una dimensión muy básica, un plano en el que todos los seres sintientes somos iguales: Todos buscamos sentirnos bien, ser felices y no sufrir”.

Detrás de todo lo que hacemos, comer, dormir, hacer deporte, leer; hay un anhelo que subyace: lo hago porque creo que ahí reside la felicidad ó porque a través de ello, voy a alcanzarla. Aún el que pelea, lo hace creyendo en sus ideales. Me aferro a mis creencias y hábitos porque así me siento bien y seguro, y rechazo todo aquello que creo que desconozco, me atemoriza ó  me desagrada. A pesar de las mil aparentes diferencias de todo tipo, al final tú, yo y los que están al otro lado del mundo, no somos tan diferentes como parece ser. Hasta las hormiguitas buscan afanosamente su alimento para estar bien y se resguardan de los peligros.

La historia de uno, es la historia de todos. Y así transcurre nuestra vida entre la ilusión, el apego y la aversión. Entre el pasado y el futuro. Entre la euforia y la depresión. Si nos detenemos y observamos desde la calma, seremos capaces de ver la vacuidad de los fenómenos y su naturaleza dinámica, cambiante, impermanente e interdependiente. Al analizar un poquito más a fondo puedo ver que nada es igual todo el tiempo, las personas, mis seres queridos… ¿son siempre agradables? ¿ó las personas que me parecen desagradables siempre lo son las 24 hrs del día los 365 días del año?  ¿ mi cuerpo, mis gustos, mis ideas son estáticos, no varían con el paso de los años? ¿un objeto ó situación es el mismo ante los ojos de todos?…nada es una entidad fija, todo es cambiante y la injerencia ó control que tengo sobre ello es temporal ó nula. Y esa incertidumbre del cambio (no control ó perdida) es la raíz de todas las aflicciones. De la ansiedad. Creer que la felicidad ES algo concreto y que está aquí, allá ó en algún lugar, relación, bien ó persona, fuera de mí. Y que la tengo que adquirir haciendo esto ó aquello.

Es difícil comprender cómo embona la idea de felicidad y el sentido último de nuestra existencia en todo esto. En cómo podría yo mismo generar mi propia felicidad desde el interior. Con el paso de los años y después de mil intentos fallidos he empezado a renunciar a mis viejos métodos de manipulación –todo para alcanzar la felicidad- y he empezado simplemente a aceptar. A mí misma y mis procesos. A los demás. El cambio. La muerte. Las causas y consecuencias. A comprender que toda mi existencia tiene, inexorablemente que ver con la vida de otros seres. Que somos millones de personas conviviendo en este planeta y que todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene nuestra firma, y eco en la eternidad. Que lo que hoy sucede en mi vida no es producto del azar ó del destino, sino simplementeel resultado de mis  propias decisiones conscientes ó inconscientes. Que mirar con madurez, responsabilidad, gratitud e infinita bondad la vida es la más grande de las sabidurías. Que hacerme cargo de mi propia felicidad es el mejor regalo que le puedo hacer a la humanidad.

Cuando en mi esquema de felicidad entró la idea de la felicidad de otros, de ser un agente de ayuda y cambio para los demás, sin expectativas, sin juicios, eliminando todo pensamiento limitante y desarrollando la conciencia de unidad y el bien común, con la aspiración de alcanzar el más alto grado de compasión y generosidad, la necesidad de seguir buscando cesó. El yo, tú, mío, tuyo, perdió fuerza. La presión bajó. Por fin empecé a entender de qué se trata la vida.

Y la vida, mi vida, empezó a tener sentido. 

Al aceptar el cambio, no hay nada que sostener ó a que aferrarse. El velo de la ignorancia se corre y puedo ver con claridad, no hay temor. Desprendida y serena, vuelo hacia la libertad. Sobre la libertad de la mente se asienta la más grande de las libertades.

El Yoga, el Óctuple Noble Sendero y la Meditación como eje central de todo este engranaje, me han dado una visión profunda, práctica, recta y completa de cómo caminar por la vida. De estos senderos, platicaremos en otras notas.

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Editorial

El pasado nos alcanzó

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Gobernar implica, en gran medida, ser impopular. Quien ocupa un puesto de alta responsabilidad, debe saberlo. No obstante, en fechas recientes, varios medios de comunicación han replicado los resultados de dos encuestas que midieron la popularidad del Presidente: una del Financiero, donde se indica que cuenta con un 78% de aprobación, otra de Consulta Mitofsky, que lo ubica en un 67.1%.

Si bien estas cifras tienen matices al abordar acciones específicas de gobierno, es innegable que la imagen presidencial se ha robustecido. En parte es consecuencia de la misma estrategia del Gobierno Federal, que ha vuelto rutina las conferencias mañaneras, pero también de la esperanza que amplios sectores de la población depositaron en el Presidente, esperanza que prefieren mantener antes que caer en el desencanto.

Y es que hay acciones de gobierno que, por lo menos en su planteamiento, son plausibles y merecen respaldo ciudadano, pero otras, dejan mucho qué desear. En medio de los múltiples dilemas de los primeros 100 días de gobierno, la popularidad del Presidente se presenta como legitimadoras de un proyecto de nación que no ha sido consistente en su implementación, por lo que tiene que valerse de la retórica de las encuestas. El recuento de los 100 días, marcador cabalístico de la política, más que centrarse en el gobierno, se ha centrado en la popularidad.

Me permito entonces dudar de las cifras, no por lo que miden, sino por lo que representan. Pareciera que López Obrador está sentado en la mesa redonda, departiendo alegremente con muchos sectores sociales que le brindan su respaldo, haciendo inaudibles las voces de sus detractores. Yo tengo una lectura distinta: sobre la mesa se respira el conflicto, hay mucha gente molesta y decepcionada, mientras quienes aprueban la gestión presidencial siguen celebrando que ganaron las elecciones. Entre el choque de copas y el disfrute de viandas, no hay espacio para la inconformidad.

El Presidente ha ocupado estos 100 días en ignorar o atacar a sectores sociales de sólida trayectoria, que lo apoyaron durante la campaña, le demostraron públicamente su simpatía o, por decir lo menos, se declararon neutrales. A los dimes y diretes con el Poder Judicial, siguió el despido de burócratas federales, la denostación de la lucha de los zapatistas y otras agrupaciones de pueblos originarios que se oponen al Tren Maya, el enfrentamiento con los grupos académicos y científicos por las polémicas decisiones de la titular del Conacyt, la afectación a las mujeres con la eliminación del financiamiento a la estancias infantiles y los refugios, así como a todos los proyectos de la sociedad civil, satanizada desde el púlpito presidencial. ¿El alegato? Todos son corruptos.

Aunque se reconoce que la corrupción es una práctica que atraviesa todos los órdenes y ámbitos de la sociedad, es un despropósito suprimir los mecanismos que permiten sumar la participación de otros sectores sociales. La corrupción se combate aplicando la ley, no confrontando a la sociedad. Eso no parece importar. Al meter a quien sea al saco de las mafias (mafia del poder, mafia científica, mafia de la sociedad civil), se justifica suprimir toda clase de programas.

Con este enfrentamiento, López Obrador está socavando algo más importante que su popularidad, está socavando las fuerzas que han impulsado transformaciones históricas y han mantenido este país funcionando, pese a la corrupción y las crisis económicas. Presidiendo la mesa redonda, López Obrador puede dialogar con quienes, de manera directa o indirecta, contribuyeron a que llegara a la presidencia, o aferrarse a su popularidad hasta que, un día, sospechosamente, vea en cada comensal a un miembro de las mafias que tanto teme.

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