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Editorial

El Plan Nacional de Desarrollo, de la transformación a la confusión

José Miguel García Vales

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La presentación del Plan Nacional de Desarrollo (PND) 2018-2024, generó una mayor expectativa que otros instrumentos de planeación en el pasado. En primer lugar, porque supondría la síntesis programática de un nuevo gobierno que busca transformar el modelo de desarrollo. El PND certificaría el fin del neoliberalismo. En segundo lugar, también hay una expectativa por el proceso legislativo al que será sometido el PND. Por primera vez, el Congreso de la Unión tendrá la facultad de revisar y aprobar los ejes de política pública que deberán ser aplicados por la administración federal.

La entrega del documento ante la Cámara de Diputados, en el límite de la fecha y horario, así como la difusión vía redes sociales de parte del Presidente López Obrador, contribuyó a que la discusión pública se incrementara. Sin embargo, la expectativa se convirtió en confusión. Confusión al haberse presentado dos documentos diferentes por parte del gobierno.  Confusión por la falta de rigor técnico, y confusión por la exclusión y limitación de temas fundamentales.

En ese sentido, es preciso intentar explicar el contenido de ambos documentos: el anexo XVIII, al que llamaremos el PND-visión política, así como el anexo XVIII-Bis, al que nos referiremos como el PND-estrategias. No queda claro si desde la perspectiva del gobierno federal, ambos documentos están vinculados o responden a lógicas de planeación diferentes. El PND-visión política, tiene la virtud de ser un instrumento que engloba la propuesta política que se ofreció durante la campaña presidencial y que ha sido el eje de acción en los primeros meses. La continuidad discursiva, de las propuestas de campaña a los programas de gobierno, permiten dar congruencia a la acción gubernamental.

De ahí que el PND-visión política utiliza los elementos históricos en los que se sostiene este gobierno (el plan del Partido Liberal Mexicano de 1906, el plan de Lázaro Cárdenas, la caracterización del periodo neoliberal de 1982 a 2018), así como los dichos y frases reiterados en las conferencias matutinas, para justificar su nuevo modelo. Consiente de la importancia de cómo nombrar la cosas, de cómo usar el lenguaje, este documento tiene la intención de “la  restitución de  los  vínculos  entre  las  palabras  y  sus  significados  y  el  deslinde  con  respecto al  lenguaje  oscuro  y  tecnocrático  que,  lejos  de  comunicar  los  propósitos gubernamentales,  los  escondía”, con el fin de construir un nuevo pacto social (¿que pudiera derivar en una nueva Constitución?).

Las palabras centrales se traducen en principios de gobierno como: “no al gobierno rico con pueblo pobre”, “al margen de la ley nada; por encima de la ley, nadie¨, “el mercado no sustituye al Estado”, “por el bien de todos, primero los pobres” o “no puede haber paz sin justicia”. La traducción concreta de estos principios, es un “nuevo consenso nacional” cuya convicción es “el bienestar de la población.

Posterior a la presentación de la postura ideológica, el PND-visión política es muy claro. La transformación ofrecida por el presidente tiene tres grandes apartados: 1) Política y Gobierno, en el que destacan el combate a la corrupción, la Estrategia Nacional de Seguridad Pública, que incluye la creación de la Guardia Nacional, la promoción de la participación social a través de consultas y políticas para contener la migración; 2) Política Social, en el que se destacan 9 programas “para el bienestar” (pensión para adultos mayores y personas con discapacidad, becas para estudiantes, el programa de capacitación jóvenes construyendo el futuro, de reforestación, el de reconstrucción por los efectos de los temblores de 2017 y 2018, de desarrollo urbano y vivienda en 14 municipios del país y tandas para pequeños negocios), la reforma educativa y el nuevo Instituto Nacional de Salud para el Bienestar; 3) Economía, en el que se exponen las líneas de no recurrir al endeudamiento, no incrementar impuestos, rescatar el sector energético, tres grandes proyectos regionales (Tren Maya, el corredor Multimodal Interoceánico del Istmo de Tehuantepec y la zona libre de la frontera norte), el aeropuerto de Santa Lucía y seis programas para lograr la autosuficiencia y rescate alimentario. De manera inexplicable, los programas de deporte se incluyen en el apartado económico y la ciencia se limita a un párrafo que remite a la elaboración de un Plan Nacional de Innovación.

La impresión que da esta enumeración es que fuera de estos temas poco más importa. No se contempla cómo hacer más eficiente la procuración e impartición de justicia, germen de la impunidad. En la política social, no se detallan por niveles educativos las estrategias prácticas que permitan una mejor calidad educativa, salvo a nivel de modificar la ley, ni tampoco políticas para combatir el cambio climático, a pesar de que se resalta el propósito de lograr un desarrollo sustentable. En economía, no se incluye nada sobre emprendimiento, no se detalla cómo reactivar el mercado interno, ni el turismo. Sólo por mencionar algunos faltantes.

De manera general se incluyen unas metas, medibles con indicadores, a las que se habrá de llegar en 2024: tasa sexenal de crecimiento económico de 4%, recuperación del poder adquisitivo de los salarios de 20%, los índices delictivos se reducirán en 50% y, sin que sea un indicador numérico, se asegura que en 2012, México será autosuficiente en maíz y frijol.

Si bien las metas del PND-visión política se podrían considerar deseables, no tienen correspondencia en el PND-estrategias. Por ejemplo, en el objetivo 3.8., que se refiere “a desarrollar de manera sostenible e incluyente los sectores agropecuario y acuícola y pesquero”, se muestra el indicador “porcentaje de la producción de granos básicos y leche con respecto al consumo nacional”. De acuerdo al indicador, la línea base de la producción nacional que se consume de maíz, frijol, arroz, trigo y leche equivale al 66.7%. La meta es que en 2024, este equivalga a 68.3%. Este incremento de 1.6 puntos porcentuales, no tendría impacto para alcanzar la autosuficiencia. Incluso la intención de reducir en 50% los índices delictivos expresados en el PND-visión política no se cumpliría, pues como señala el PND-estrategias, sólo se pasaría de una “tasa de todos los delitos en contra la población de 18 años o más por cada 100,000 habitantes”, de 39,369 en 2017 a 33,219 en 2024. Es decir, una reducción de 15%.

El objetivo de crecer a 4% anual, no se incluye como indicador de las estrategias para el desarrollo económico.

Esta confusión entre voluntades políticas, estrategias programáticas, metas e indicadores, reducen la credibilidad del Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024 como un instrumento coherente de planeación.

Probablemente, las deficiencias de planeación sean solventadas cuando se elaboren los programas sectoriales, que se relatan al final del documento, tales como: el Programa Nacional de Seguridad Pública, Programa Especial de Cambio Climático, Programa para la Transformación de la Educación Superior o el Programa Especial para Formular y Encausar una Política General sobre el Futuro del Trabajo.

Entre tanto, la confusión para la administración pública federal será sustancial. Hay áreas que no tienen metas, ni acciones. Hay otras que tal vez no se tengan que esforzar, como sería en deporte, pues la meta de activación física para 2024, es exactamente la misma que la línea base de 2018, 35.6% en el caso de las mujeres y 48.4% para los hombres. No obstante, el Plan Nacional de Desarrollo 2018-2024, en ambos anexos, no deja lugar a dudas. Las prioridades presidenciales son las que conducirán el destino nacional en los próximos años. Nada más.

Un dato

De acuerdo a encuesta ciudadana por internet y los foros de planeación para la elaboración del PND, el principal problema elegido por los yucatecos es: inseguridad y violencia. Y que el principal problema de desigualdad que deben resolver las autoridades en la entidad es: los Pueblos y comunidades indígenas y el resto de la población.

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A propósito de…

El hubiera sí existe

Cristina Martin Urzaiz

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A propósito de la extendida creencia de que el hubiera no existe, encuentro una prueba definitiva de que no sólo existe, sino que es una de las más extraordinarias herramientas para vislumbrar infinitas posibilidades. ¿Qué sería de nosotros, los pobres seres humanos sin la opción de entrever lo que hubiera podido suceder si…?  ¿Y si en lugar de dar vuelta a la derecha hubiera girado a la izquierda? ¿Y si hubiera dicho que no en vez de decir que sí? ¿Y si hubiera llegado temprano a esa cita o por el contrario, hubiera faltado? ¿Si en lugar de estudiar una carrera hubiera tomado una mochila para lanzarme a la aventura? ¿Si no le hubiera hecho caso a un consejo o si hubiera atendido aquél que ignoré?

El hubiera nos acompaña siempre, por más que nos esforcemos en evitarlo como la peste, con esta manía pragmática de ser realistas, de aferrarnos a lo que constituye la verdad. El pretérito imperfecto, tiene la ventaja de que es infinito, a diferencia del efímero presente.

Sin embargo, esos sabios o necios artistas, creadores empeñados en convencernos de que el hubiera sí existe porque –como me dijo hace poco una persona  inteligente –la verdad literaria siempre es cierta.

Uno de ellos es el escritor estadounidense Paul Auster, que con su novela “4 3 2 1” nos demuestra que el hubiera existe, tan cierto como existe la tierra que pisamos (si es que de verdad existe y realmente la pisamos, y nosotros mismos estamos y no somos solamente el resultado del pretérito imperfecto de la imaginación de alguien) y nos muestra todas las posibilidades en la vida o en las 4 vidas de Ferguson, su personaje.  

A lo largo de su vasta producción, Auster nos ha compartido su gran calidad literaria, reconocida por decenas de premios en diversos países, con una obra traducida a muchos idiomas. Con “4 3 2 1” supera con creces lo que sus lectores frecuentes esperábamos. Su capacidad de contarnos una historia o de desplegar todas las historias posibles es sorprendente.

Ya nos demostró que no teme apartarse de la ortodoxia literaria, o de las modas narrativas,  al darle el estatus de protagonista a un perro callejero, Mister Bones en “Timbuktú” o a un objeto en “La historia de mi máquina de escribir”. En su novela reciente, incluye una alucinante narración acerca de un par de zapatos, que en sí misma, podría considerarse una novela corta, dentro de otra más larga.

“4 3 2 1” es, sin duda, autobiográfica. Todas las referencias encajan con la historia del escritor, el origen de sus antepasados, el grupo al que pertenecen, la localización geográfica, la edad y la vocación literaria, por supuesto. Y la coprotagonista, por llamarle de alguna manera, es la siempre presente ciudad de Nueva York, a la que incluso dedicó ya una Trilogía, compuesta por “Ciudad de Cristal”, “Fantasmas” y “La Habitación Cerrada” y en la que transcurre gran parte de su trabajo y su vida.

Aunque, a diferencia del transitar de Ferguson por todos los mundos posibles, las referencias de Nueva York están definidas por el rigor histórico. “4 3 2 1” le requirió 3 años de trabajo, 7 días a la semana, según refiere.

Hace un recorrido por la historia de los Estados Unidos de la segunda parte del Siglo XX, lo que incluye la posguerra, la guerra fría, la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King y el de John Kennedy, pero además, se trata de un registro atento y detallado de la sociedad estadounidense de la época, así como de sus motivaciones, sus expectativas, sus sueños, sus esperanzas, su  visión del mundo y esa especie de ensimismamiento que los lleva a rechazar las diferencias. Y como el propio Auster, siempre crítico de los procesos de su país-en este momento es uno de los opositores al régimen de Donald Trump, por ejemplo-Archi Ferguson se coloca del lado de quienes protestan por la Guerra de Vietnam y de quienes apoyan el movimiento de Luther King, porque aunque existe un abanico de posibilidades en su vida, el plegarse cómodamente a las decisiones del poder, no es una de ellas.

Es un ejercicio de inmersión al fondo del ser, porque tal vez se necesita vivir la misma vida 4 veces o verla desde 4 diferentes perspectivas para comprender a un ser humano. Como todo proceso autobiográfico, requiere la valentía de exponerse, de desnudarse de cuerpo y alma porque Ferguson es Auster.

 Por si eso no fuera suficiente, el escritor se sumerge en la historia de su país y el modo de ser estadounidense, por lo que la novela se convierte en explicación y referencia de lo que son hoy los Estados Unidos. 4 3 2 1, Paul Auster, editada por Seix Barral en 2017, y traducida por al español Benito Gómez Ibáñez, es una lectura necesaria.

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Editorial

El Tren Maya, megaproyectos y democracia deliberativa

José Miguel García Vales

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El martes 16 de julio el Colegio de Antropólogos de Yucatán A.C., convocó a un conversatorio sobre el Tren Maya y los megaproyectos en la Península de Yucatán. La actual directiva del gremio antropológico, de la que formo parte, se planteó como una de sus principales metas discutir acerca del proyecto ferroviario propuesto por el gobierno federal.

La sensibilidad y la perspectiva científica de la antropología, nos obligaba a dar la palabra y escuchar diferentes voces, para que también sea una obligación respetar la diversidad social. Y es que, si bien el Tren Maya y los megaproyectos deben ser analizados desde los puntos de vista de los impactos económicos, los cálculos de ingeniería o las mitigaciones ambientales, también importa los mecanismos para asegurar la inclusión social.

En este sentido, la mejor manera de honrar el objetivo de estudio de la antropología, es decir comprender al otro, es practicar la deliberación democrática. Al respecto, es preciso apuntar que al practicarse las condiciones ideales y formales de la deliberación, lo que se logra es un espacio en el que a través de exposición de argumentos razonados, los miembros de la comunidad política van descubriendo los intereses y objetivos que comparten en común. Por lo tanto, el bien común es resultado de la deliberación. En otras palabras, la postura inicial no es estar a favor o en contra de un proyecto, sino abrir los espacios para obtener información, aclarar dudas, entender las legítimas objeciones, aportar soluciones, exponer investigaciones, ofrecer herramientas, todo con el fin de contribuir a que se tomen decisiones que respondan al bien común.

En el conversatorio del martes, expusieron el Dr. Rodrigo Patiño Díaz, investigador del CINVESTAV y el Dr. Aurelio Sánchez Suárez, profesor investigador del CIR-Sociales de la UADY. El primero, fisicoquímic especialista en temas energéticos, el segundo, arquitecto con líneas de investigación en conservación del patrimonio. Como señaló nuestro presidente, el Mtro. José Luis Domínguez, en esta primera experiencia deliberativa la invitada de honor fue la multidisciplina.

El Dr. Patiño explicó cómo usar un mapa en línea en el que se pueden visualizar diferentes capas de información de los usos del territorio peninsular. Impulsada por las organizaciones Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible y GeoComunes, esta herramienta cartográfica permite observar la localización del trazo del Tren Maya, la ubicación de proyectos energéticos, agropecuarios o turísticos y su interacción con las poblaciones, áreas naturales protegidas, fuentes hídricas, entre otras. Esta aportación nos recuerda que no existen proyectos aislados.

Por su parte, el Dr. Sánchez, propuso la necesidad de establecer un diálogo de saberes, que no es otra cosa que el reconocimiento del otro, en este caso las comunidades mayas, como actor legítimo con conocimientos e intereses, con la intención de evitar neocolonialismos o construir un modelo de desarrollo incluyente. Desde mi punto de vista, este diálogo de saberes debe conducir a que, en tanto exista interacción con las poblaciones, los impactos o beneficios del Tren Maya se pueden mitigar o potenciar.

Entre los asistentes, la deliberación sobre el Tren Maya refleja la diversidad de posturas. Desde los que se oponen porque el tren puede afectar a las comunidades indígenas y los ecosistemas, quienes demandan mayor claridad en la viabilidad económica, los que exigen tener mayor información, quienes respaldan su realización y los que convocan a seguir analizando el tema.

En todo caso, este ejercicio democrático demuestra la utilidad de deliberar. Por una parte, para  mostrar la razones detrás de una iniciativa. Por la otra, para argumentar las preocupaciones y las expectativas.

Por eso, felicito a mis compañeras y compañeros antropólogos que organizaron este conversatorio. Vendrán más.

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Editorial

La lluvia del 10 de julio

Otto Cuauhtémoc Castillo González

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Estas cosas suceden y ni siquiera las advertimos. Esos paréntesis en nuestra realidad son sutiles, tanto, que la mayoría nos juzgarían como lunáticos si expresáramos nuestras vivencias que transgreden las fronteras de la racionalidad y la probabilidad, esas experiencias que nos abofetean en seco. Rosemary Jackson y Roger Caillois le llamarían fantastique. Leonora Carrington, Dalí y Man Ray le dirían cotidianeidades, lo que le sucede a uno.

Pero pasa, juro que pasa. Créeme que pasa. La otra tarde estaba caminando sobre el Paseo de Montejo y de la nada caí en cuenta, al ver a unas personas caminando con unos Xolos, que en realidad son los perros quienes sacan a pasear a sus humanos y no al revés, como siempre damos por sentado. Por si fuera poco, esos saltos (y asaltos) de la razón están ahí siempre acechando a quienes andamos distraídos esperando una brisa o la risa de alguien querido. Fíjate la siguiente ocasión que estés subiendo a tu camión para ir de Las Américas al Centro, observa al camión detenidamente y verás que en realidad es un bicho de metal que traga humanos. Las cosas cambian según la posición en que se miren.

Y te cuento, desde la secundaria he sido insomne. La situación fue la siguiente: era el 2016 y K tenía que estudiar para su examen de egreso de la Facultad, y yo me ofrecí a ayudarle. Fueron semanas de dura preparación en materia familiar, constitucional, penal, en corbatas, chicanerías, expedientes con tecnicismos como foja en vez de hoja y demás cosas leguleñas. En cada sesión de estudio, el café abundaba, al igual que la vigilia. Mira que el día 10 de julio yo decidí cambiar la cafeína por un relajante Tizana; esa mañana, Arminda habló a mi mamá para que me pidiera ir por mi sobrino Agustín, de 5 años, que vive en Mérida para que después de que terminará mis pendientes pudiera llevarlo a Progreso. La tarde se fue consumiendo hasta llegar la noche. Ya estábamos hartos de estudiar tramitología, así que K y yo decidimos ir por unos tacos árabes servidos por dos tabasqueños en el puesto de un mexiquense de ascendencia judía. El diluvio nos tomó ahí, entre esas mesitas de aluminio y la gente de par en par corriendo por temor al agua, y a la diversión que procura. Ya no pudimos más; he escuchado de las tortas ahogadas, pero no aplica el mismo principio para los tacos. Nos fuimos de ahí. Mientras encendía el carro, un mensaje de Martín me llegó. –¿Qué es la vida, amigo Otto?, me preguntó. Recordé que en la mañana él había dicho que estaría ejerciendo el uso lúdico de sustancias, como dicta la Suprema Corte, y me dio mucha risa al leerlo. La lluvia arreció aún más, la gente de Polígono 108 ya casi salía en lanchas por la avenida de la Xtabay. Tuvimos que detenernos. A lado del auto había un sujeto, alto, de cabello corto, camisa naranja, aretes de colmillo en las orejas, que estaba siendo bañado por Chaac y con evidente frío que le calaba hasta los huesos. Algo nos impulsó a meter a ese desconocido al auto. Total, qué más podría pasar en un país tan armonioso, en paz, con estabilidad económica y social como nuestro México Mágico. –Me llamo Jonathan, con ache después de la te– dijo. Hice un mal chiste, del cual Jonathan fue muy benevolente al reírse. –¿A qué te dedicas, Jona?- le pregunté. –Mejor no te digo- contestó. Escuchamos a los Fabulosos Cadillacs mientras Jonathan nos guiaba para llegar hasta su casa. Nunca había estado en esa parte de Mérida. Cuando salió del auto nos deseó buenas noches y qué no nos enfermáramos de tanta lluvia. Un sujeto agradable ese Jonathan con ache después de la te. Llegando a casa de K, mi amigo Roberto me escribió un mensaje -muy acorde a su naturaleza- en el que me expresaba buenos deseos para el fin de semana y la importancia de cuidarse y rezar dos aves marías y dos padres nuestros antes de dormir. Ya la noche estaba hundida cuando Arminda me dijo que Agustín, mi sobrinito, cayó en sueño después de haber jugado toda la tarde bajo la lluvia. Así que no fui a recogerlo; es un crimen despertar sin motivo a un niño. La carretera Mérida-Progreso se abría ante mí como una flecha larga sin fin y con una lluvia que no paraba de gritar. Canté a todo pulmón a los Joy Division, Lady Gaga con Tony Bennett, Kevin Johansen y más, pero seguía preguntándome cuál era la canción más significativa para mí en esos momentos.

Cuando desperté, lo primero que sentí fue mi cabeza aporrearse contra el TAC. Un enfermero se apresuró a mí para calmarme. Me contó lo sucedido. El diagnóstico fue traumatismo craneal cerrado con esguince cervical y verborragia ilógica y pulsos nerviosos producidos por impacto. El reporté policial manifestó que el auto quedó totalmente destruido. La aseguradora por su lado estaba consternada de que las bolsas de aire no funcionaran. La neuróloga estaba sorprendida de mi aparente buen estado. –Tienes suerte, chavo– dijo el enfermero- no se robaron tus cosas cuando te encontraron en la carretera. Mi copia de Los Detectives Salvajes de Roberto Bolaño seguía en mi mochila, al igual que mi cartera y mi laptop. Sólo el celular estaba dañado; al encenderlo y abrir el reproductor de música me percaté que la última canción escuchada la noche del 10 de julio fue Dar es Dar, de Fito Paéz.

Estas cosas suceden y ni siquiera las advertimos. El sentimiento de lo fantástico nos rodea, saltando de un momento a otro las líneas de la razón y la lógica. Esas cosas pasan y sólo hay que tener los ojos bien abiertos para notarlas. Ojalá algo hoy te sorprenda.

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