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La Nación y el Mundo

Falla lanzamiento de un cohete ruso dirigido a la Estación Espacial Internacional

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Fuente: Azteca America

La nave rusa Soyuz MS-10, que despegó este jueves con dos astronautas a bordo, uno ruso y otro estadounidense, rumbo a la Estación Espacial Internacional (EEI), tuvo que regresar de emergencia a la Tierra.

Según informaciones citadas por la NASA, la nave aterrizó en una “trayectoria balística” en la estepa de Kazajistán y los astronautas se encuentran vivos y en “buenas condiciones”.

El cosmonauta ruso Alexéi Ovchinin y el astronauta estadounidense Nick Hague   debían pasar seis meses en la Estación Espacial Internacional.

Estaba previsto que la nave diera cuatro vueltas a la Tierra para acoplarse seis horas después a la EEI y dos horas después de su llegada, abrirse las compuertas para que los astronautas se unieran con los miembros que se encuentran en la estación.

Sin embargo, unos pocos minutos después del despegue, el cohete experimentó el desperfecto y la cápsula  se separó del cohete en una trayectoria balística, más abrupta que la usual y que habría provocado que los astronautas experimenten fuerzas más intensas que las de costumbre en los retornos a la Tierra.

Tras el lanzamiento fallido de la mañana de este jueves, Rusia anunció que por el momento suspende todos los vuelos tripulados al espacio.

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Madre América: Cuba

Los Batallones de Pardos y Morenos libres en la América Hispana

René Villaboy

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Desde los primeros años de los siglos XV y XVI las regiones caribeñas que se encontraban bajo el dominio colonial hispano tuvieron que actuar frente el asedio de corsarios, piratas y de otras potencias que pretendían agrietar el monopolio comercial impuesto por la corona de Madrid. Ante la carencia de un gran número de efectivos en las tropas realistas; capaces de cubrir los distintos y a veces simultáneos escenarios bélicos y la lejanía entre la capital del imperio y sus posiciones de ultramar fue necesario implicar a la población civil en la defensa de los territorios americanos.  Fue así que se organizaron cuerpos auxiliares no regulares conocidos como Milicias; conformados esencialmente por los vecinos de las villas de Hispanoamérica.

Las filas de esas instituciones paramilitares integraron a las élites locales, que constituían su oficialidad y a la soldadesca formada por los hombres libres de entre 15 y 45 años provenientes del resto de los estratos de las respectivas sociedades. En cambio, en aquellos territorios americanos donde la composición demográfica no experimentó una hegemonía de blancos o una amplia masa indígena las milicias tuvieron que completarse con segmentos de la población libre que llevaba en su piel o en su sangre la imborrable huella de África. Así fueron creados dentro de las milicias los Batallones de Pardos y Morenos libres.

Los Batallones de Pardos y Morenos se renovaron a partir de la reforma militar introducida en Cuba -desde 1764- por el Capitán General, Ambrosio de Funes- Conde de Ricla y por su Mariscal de Campo, Alejandro de O’Reilly; y una vez oficializada la misma en 1769 se extendió a otros territorios hispanoamericanos. Desde ese momento la participación de la población libre “de color” en las milicias constituyó un importante espacio para su ascenso social, y sobre todo un mecanismo para disfrutar de ciertos privilegios dentro del rígido orden racial vigente. En especial estas prebendas incluían el derecho a portar armas, cuestión prohibida para la población negra y mulata libre, exhibir uniformes, la exención de ciertos impuestos municipales y el disfrute del fuero militar que les otorgaba el derecho de llevar las causas ante los tribunales militares en lugar de los en lugar de los reales y ordinarios.

Los oficiales de los Batallones ganaron incluso los derechos de usar el título don delante del nombre y, en el caso de La Habana, de ser sepultados en el Templo Parroquia Mayor y el del Espíritu Santo, privilegios estos reservados a los blancos. Todo ello les permitió ascender socialmente a través del Estado colonial. Y lograr un estilo de vida que los separaba económicamente de las clases populares. Creándose de esta manera un importante grupo o sector medio “no blanco” en sus respectivas sociedades.

En la Hispanoamérica colonial las denominaciones de Pardo, Mulato, negro libre y moreno fueron usadas indistintamente para calificar racialmente a un importante segmento de la población que siendo negra o mulata gozaba de libertad jurídica.  Al decir de la historiadora de origen suizo, Aline Helg, la palabra libre precedía a la de color, para subrayar la contradicción entre ascendencia africana y libertad. De ahí que también se utilizó la generalización de Libres de todos los colores. En esencia el pardo o también definido como mulato era el resultado de una categoría asociada a un color de piel que revelaba la presencia en algún grado la ascendencia africana mezclada con blancos. En cambio, el moreno era el negro que por vías diversas obtuvo la manumisión, pero a diferencia del mulato no llevaba componentes de mestizaje con los europeos en su fisionomía o en su piel. A partir del siglo XVIII las denominaciones de “pardos” y “morenos” adquirieron características institucionales para designar a las gentes de color que prestaban servicios al Rey, para de esa forma sustraerlas de términos asociados a cargas despectivas como eran los de “mulatos” y “negros”.

Por tanto, los Batallones de Pardos y Morenos en los territorios hispanoamericanos no sólo subvirtieron- desde el poder- las divisiones socio raciales vigentes, sino, también abrieron un importante espacio para que los grupos no blancos se beneficiaran de un significativo proceso de movilidad social. Su papel dentro de la sociedad colonial rebasó los objetivos por los que fueron creados, al vincularse luego a los procesos abolicionistas y los movimientos conspirativos anticoloniales a tal punto que las autoridades- a mediados del siglo XIX- los consideraron peligrosos y dispusieron su disolución.

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La Nación y el Mundo

Segunda Semana Nacional de Salud 2019

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El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) inició la Segunda Semana Nacional de Salud 2019, que va del 20 al 24 de mayo para aplicar más de 749 mil dosis de vacunas en las 35 delegaciones del país.

El IMSS señaló que se enfocará en la prevención del virus del papiloma humano (VPH), con la aplicación de más de 310 mil dosis a niñas de quinto año de primaria y niñas de 11 años que no asistan a la escuela. Además, se aplicarán más de 439 mil dosis contra la hepatitis B, sarampión, rubeola, paperas, pentavalente acelular, rotavirus, neumococo, DPT y tétanos, y se completarán los esquemas de inmunización.

Asimismo, la jornada sanitaria contempla realizar más de 18 millones de acciones enfocadas en la prevención de enfermedades diarreicas y respiratorias, por lo que se distribuirán más de tres millones de sobres Vida Suero Oral para menores de cinco años y se suministrarán más de 6 millones de dosis de albendazol para desparasitar a niños de 2 a 9 años y adolescentes de 10 a 14 años.

El Dr. Nibardo Paz Ayar, coordinador de Programas Médicos del IMSS, informó que el objetivo de esta Segunda Semana Nacional de la Salud es continuar con el control, eliminación y erradicación de enfermedades que son prevenibles a través de la vacunación.

Los vacunadores se encontrarán distribuidos en las Unidades de Medicina Familiar (UMF) y en escuelas públicas, brindando atención a derechohabientes y población en general de las 8:00 a las 20:00 horas.

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Madre América: Cuba

Los barrios nuevos de La Habana a inicios del siglo XX

Sergio Guerra Vilaboy

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Las aspiraciones de segregación social y racial concebidas para el emergente barrio habanero de El Vedado no se consiguieron plenamente, pues al lado de las regias casonas volvieron a aparecer viviendas humildes, muchas de ellas de trabajadores negros y mulatos. Por eso, después de la apertura de dos puentes sobre el río Almendares, uno por la Calzada de Columbia (1914) y el otro por la Avenida de las Américas, más conocida como Quinta Avenida (1920) -de hierro, levadizo y con dos arcos-, se parcelaron nuevos barrios exclusivos en Miramar y la zona alta (Kohly).

El puente de Almendares también facilitó la comunicación entre la antigua Calzada de Medina en El Vedado y la de Columbia que conducía al principal campamento militar del país, del mismo nombre, y pasaba junto al stadium (1930) de la cervecería La Tropical y los nuevos colegios exclusivos: Candler College (1913), de la iglesia metodista norteamericana, y Belén, en un impresionante edificio de los jesuitas, terminado en 1925. Muy cerca de Columbia, devenido en la segunda mitad de los treinta en una verdadera Ciudad Militar –que incluía aeropuerto, hospital, viviendas y otras instalaciones-, se enclavó un Hospital de Maternidad (1939) estilo art deco.

A ambos lados de la espléndida y arbolada Quinta Avenida o de las Américas se vertebró el lujoso reparto de Miramar, cuyo trazado rectangular copió el de Manhattan, con cuatro avenidas longitudinales y 19 calles transversales, todas nutridas de árboles y jardines, enmarcando 54 manzanas. Al extremo occidental de la Quinta Avenida fue establecida la nueva zona recreacional de La Playa de Marianao -antecedida del Hotel Almendares, con su propio Country Club y campo de golf-, donde se instalaron en 1928 el Gran Casino Nacional –ornamentado con la sugerente fuente de las musas (1920), trasladada en 1952 a Tropicana– y el balneario público La Concha, de arquitectura seudomudéjar; además de bares y nights clubs populares como el Rumba Palace y el famoso de El Chori, junto a centros exclusivos, como el Havana Yatch Club (1924).

Desde 1915 el tranvía de la Havana Electric Railway de El Vedado llegaba a la Playa de Marianao, lo que contribuyo sin duda al auge de esta zona de recreación, que llegó a contar además con un teatro. No muy lejos de allí surgió desde 1915 el Country Club Park, fraccionamiento de 21 manzanas que siguió un esquema urbanístico romántico de trazado sinuoso y aspecto campestre, donde surgieron las mansiones más exclusivas de La Habana y que incluía un pequeño lago artificial. Aún más al oeste se situó el aristocrático Havana Biltmore Yatch and Country Club (1927), con campos de golf, tennis, marina y playa privada.

En contraste con el estricto trazado de El Vedado y Miramar, se desarrollaron casi paralelamente los nuevos barrios de las capas medias, adaptados a las irregulares vías preexistentes y la accidentada topografía: Luyanó y Santos Suárez (1912) –con sus elegantes mansiones en la loma de Chaple-, La Víbora (1914) –y su prolongación Los Pinos-, Lawton (1915), al sureste; o los repartos Columbia (1904), Buenavista (1912), Almendares (1914), Querejeta (1915), La Ceiba (1918), en Marianao; así como las vistosas residencias veraniegas, de madera y tejas, de la playa de Santa Fe, al extremo oeste. Aquí también brotaron nuevas urbanizaciones como Loma de Llaves (1906), Buen Retiro (1912), Oriental Park (1915), La Coronela y Floral Park (1916). Tanto en la zona más cercana al río Luyano, como en las proximidades de algunos de los repartos mencionados, como también fueron los casos de Buenavista o La Ceiba en Marianao o Martín Pérez en Guanabacoa, fijaron sus residencias familias de las capas medias y un sector de la burguesía, aunque también se conformaron barrios de trabajadores humildes, aprovechando la cercanía a sus fuentes de empleo.

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