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La Nación y el Mundo

Guillermo del Toro, cinco filmes imprescindibles

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Guillermo del Toro es un destacado director de cine y guionista mexicano, autor de un valioso repertorio de películas en las que sin duda ha fijado su impronta. Repasemos los cinco filmes más destacados de este cineasta:  

1) La forma del agua (2017)

Elisa es una joven muda que se enamora de un hombre anfibio que encuentra recluido en un acuario que no es sino un laboratorio secreto, propiedad del Gobierno, donde ella trabaja limpiando. Movida por el amor que siente por el anfibio humano, Elisa trama un plan para liberarlo.

2) La cumbre escarlata (2015)

Una joven escritora pasa el tiempo huyendo de un trauma que padece desde la infancia, pero un día un seductor desconocido la asalta, robándole el corazón. La joven lucha entre el amor de su amigo de la infancia y el del reservado forastero que acaba de conocer. Sin embargo, las dudas de su cálido corazón se aclaran y elije al misterioso caballero que le roba parte del alma. Ambos se mudan a una casa en la cima de una montaña que esconde los secretos más conmovedores que puedan ocurrir. Ahí conoce a la hermana del forastero que se dedica a vagar por las penumbras de la oscuridad.

3) El gato con botas (2011) 

Un gato salvaje y popular por su sombrero, entra a un bar donde los humanos le piden su ayuda para acabar con una caterva de malvados que descubrieron un poder para apoderarse del mundo. En el camino de la aventura, lo acompaña el huevo Humpty que ha sido su amigo por un buen tiempo. Entre su valentía, espadas y botas voladoras, este peculiar gatito enfrenta una travesía para salvar a los inocentes. 

4) El orfanato (2007) 

Una madre regresa al orfanato donde creció. Sin embargo, los recuerdos la invaden cuando su marido decide abrir un lugar para niños discapacitados. Esta pareja tiene un hijo que se deja llevar por la imaginación creando juegos cada vez más intensos, y haciendo que su mamá se inquiete por pensar que hay algo en la casa que está amenazando a su familia. 

5) El laberinto del fauno (2006)  

Durante la guerra civil española, una niña se traslada con su madre embarazada a un pueblo donde está su padrastro. Él es un brutal capitán de la policía, cuyo único objetivo es eliminar a los últimos rebeldes republicanos que se esconden en los montes de la zona. A todo esto, la niña descubre un laberinto donde vive un mitológico fauno que tiene una apariencia un poco extraña, pero que le revela que es una princesa del inframundo y para que ella pueda regresar a su origen tiene que superar tres pruebas antes de la luna llena.  Por: Andira Garrido.

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Madre América: Cuba

Los barrios nuevos de La Habana a inicios del siglo XX

Sergio Guerra Vilaboy

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Las aspiraciones de segregación social y racial concebidas para el emergente barrio habanero de El Vedado no se consiguieron plenamente, pues al lado de las regias casonas volvieron a aparecer viviendas humildes, muchas de ellas de trabajadores negros y mulatos. Por eso, después de la apertura de dos puentes sobre el río Almendares, uno por la Calzada de Columbia (1914) y el otro por la Avenida de las Américas, más conocida como Quinta Avenida (1920) -de hierro, levadizo y con dos arcos-, se parcelaron nuevos barrios exclusivos en Miramar y la zona alta (Kohly).

El puente de Almendares también facilitó la comunicación entre la antigua Calzada de Medina en El Vedado y la de Columbia que conducía al principal campamento militar del país, del mismo nombre, y pasaba junto al stadium (1930) de la cervecería La Tropical y los nuevos colegios exclusivos: Candler College (1913), de la iglesia metodista norteamericana, y Belén, en un impresionante edificio de los jesuitas, terminado en 1925. Muy cerca de Columbia, devenido en la segunda mitad de los treinta en una verdadera Ciudad Militar –que incluía aeropuerto, hospital, viviendas y otras instalaciones-, se enclavó un Hospital de Maternidad (1939) estilo art deco.

A ambos lados de la espléndida y arbolada Quinta Avenida o de las Américas se vertebró el lujoso reparto de Miramar, cuyo trazado rectangular copió el de Manhattan, con cuatro avenidas longitudinales y 19 calles transversales, todas nutridas de árboles y jardines, enmarcando 54 manzanas. Al extremo occidental de la Quinta Avenida fue establecida la nueva zona recreacional de La Playa de Marianao -antecedida del Hotel Almendares, con su propio Country Club y campo de golf-, donde se instalaron en 1928 el Gran Casino Nacional –ornamentado con la sugerente fuente de las musas (1920), trasladada en 1952 a Tropicana– y el balneario público La Concha, de arquitectura seudomudéjar; además de bares y nights clubs populares como el Rumba Palace y el famoso de El Chori, junto a centros exclusivos, como el Havana Yatch Club (1924).

Desde 1915 el tranvía de la Havana Electric Railway de El Vedado llegaba a la Playa de Marianao, lo que contribuyo sin duda al auge de esta zona de recreación, que llegó a contar además con un teatro. No muy lejos de allí surgió desde 1915 el Country Club Park, fraccionamiento de 21 manzanas que siguió un esquema urbanístico romántico de trazado sinuoso y aspecto campestre, donde surgieron las mansiones más exclusivas de La Habana y que incluía un pequeño lago artificial. Aún más al oeste se situó el aristocrático Havana Biltmore Yatch and Country Club (1927), con campos de golf, tennis, marina y playa privada.

En contraste con el estricto trazado de El Vedado y Miramar, se desarrollaron casi paralelamente los nuevos barrios de las capas medias, adaptados a las irregulares vías preexistentes y la accidentada topografía: Luyanó y Santos Suárez (1912) –con sus elegantes mansiones en la loma de Chaple-, La Víbora (1914) –y su prolongación Los Pinos-, Lawton (1915), al sureste; o los repartos Columbia (1904), Buenavista (1912), Almendares (1914), Querejeta (1915), La Ceiba (1918), en Marianao; así como las vistosas residencias veraniegas, de madera y tejas, de la playa de Santa Fe, al extremo oeste. Aquí también brotaron nuevas urbanizaciones como Loma de Llaves (1906), Buen Retiro (1912), Oriental Park (1915), La Coronela y Floral Park (1916). Tanto en la zona más cercana al río Luyano, como en las proximidades de algunos de los repartos mencionados, como también fueron los casos de Buenavista o La Ceiba en Marianao o Martín Pérez en Guanabacoa, fijaron sus residencias familias de las capas medias y un sector de la burguesía, aunque también se conformaron barrios de trabajadores humildes, aprovechando la cercanía a sus fuentes de empleo.

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La Nación y el Mundo

Ventas millonarias de zapatos deportivos hechos con plástico reciclado

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Desde 2015, la multinacional alemana Adidas, en conjunto con el grupo ambiental Parley for the oceans, ha producido zapatillas deportivas de alto rendimiento fabricadas con millones de botellas plásticas retiradas de los océanos.

Con 11 botellas recicladas, es posible producir un par de calzados deportivos, incluyendo en la confección de la pieza el revestimiento de los talones, de las capas de los forros de las medias y el diseño externo, según confirmaron los expertos de la marca.

El calzado tiene un costo de hasta 220 dólares por par, pero el consumo es muy positivo. Se valora mucho su diseño ligero, moderno y duradero. De estos zapatos deportivos se vendieron un millón de pares en 2017, cinco millones en 2018 y para este año se planea producir once millones de tenis que contengan plásticos recuperados de los océanos, según  Eric Liedtke, miembro del consejo ejecutivo de Adidas.

Adidas planea elaborar todos sus productos con plástico reciclado para 2020, lo que resulta ser una excelente iniciativa para ayudar al ecosistema y, gracias a la aceptación, también un gran negocio.

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Madre América: Puerto Rico

12 de mayo de 1898: principio del fin

Edwin Sierra González

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Las ciudades, como producto de la interacción humana, tienen su historia, un proceso viviente y continuo que no se detiene y se cimenta en el cúmulo de hechos y experiencias que sus habitantes y el espacio que ocupan recibe. San Juan de Puerto Rico, antes llamada Ciudad de Puerto Rico, pues San Juan era la isla en sí, es la segunda ciudad más antigua de América y en camino a sus 500 años  de refundada en la Isleta que hoy ocupa, perdura en sus calles la semilla de una sociedad que no se detiene y se reafirma.

Junto a ese orgullo, recorren sus adoquinadas calles las sombras de momentos amargos que marcaron la historia nacional de manera tal, que sus efectos, más de un siglo después, perduran. A las 05:16h del 12 de mayo de 1898, la Ciudad de San Juan, en aquel momento, bajo dominación española y recién estrenándose como sede del Gobierno Autonómico Provisional de Puerto Rico, alcanzado en 1897, era bombardeada por una escuadra de doce navíos de la Armada de los Estados Unidos en eventos relacionados a la Guerra Hispano-Cubano-Estadounidense. La capital del entonces territorio autónomo, se sumiría en el caos y la destrucción de cuyos lamentos y gritos dan cuenta documentos de la época. El bombardeo, que se asomó antes que el sol de aquella mañana, era precedido por un bloqueo a la bahía sanjuanera que había comenzado antes, el 29 de abril de 1898, varios días después de la declaración de guerra entre España y Estados Unidos. Todo por la explosión del acorazado “Maine”, el cual estalló en La Habana, Cuba, en febrero del mismo año.

La histórica ciudad caribeña fue bombardeada sin cesar por unas tres horas, provocando innumerables daños en la infraestructura, así como una baja considerable entre civiles y militares. Documentos de la época testifican de daños que sufrieron, el Asilo de Beneficencia (1840), el cual recibió dos impactos de proyectil; la Real Audiencia que se incendió tras un impacto; el Palacio de la Real Intendencia (1850), el cual recibió un impacto; el Cuartel de Artillería de Ballajá (1854-1864), cuyo muro del lado norte se desplomó; el Castillo de San Felipe del Morro (1539- s. XVIII), el más castigado con 32 impactos; la Iglesia de San José (1532); el Palacio de la Real Fortaleza de Santa Catalina, hoy Palacio Nacional (1533-1540); el Cementerio de Santa María Magdalena de Pazzis (1863), explotando varios nichos y quedando cadáveres expuestos, y el Ayuntamiento de San Juan (1604-1789), cuyo impacto fue sumamente simbólico, pues el proyectil partiría en dos el asta donde ondeaba la bandera española, como premonición de lo que ocurriría meses después: el archipiélago puertorriqueño sería invadido por Estados Unidos el 25 de julio de 1898 y ocupado hasta la actualidad, 121 años después. Un total de aproximadamente 1,360 disparos fueron dirigidos a la ciudad en solo 3 horas. Unos 200 de estos fueron recogidos sin explotar.

Bombardeo Iglesia San José

Las bajas se contabilizaron en sobre medio centenar de víctimas, entre españoles y puertorriqueños. Seis fallecidos y cincuenta heridos fue el saldo del feroz bombardeo estadounidense que marcaría el rumbo del país. Un testigo de la época, Cap. Ángel Rivero Méndez,  lo describió así: “El espectáculo, visto desde el alto de(l) (Castillo) San Cristóbal era doloroso: ancianos, enfermos, cojos con sus muletas, ciegos a tienta y sin lazarillos, madres con sus hijos de las manos y en brazos los más pequeños, todos huían en abigarrado tropel como un rebaño que se desbanda; los campesinos que a dicha hora llegaban con sus cargas de aves y vegetales, volvieron grupas, y a todo correr tomaron la carretera de Río Piedras, y hasta uno, creyendo escapar mejor, abandonó su carga y montura fiando la salvación a sus propios pies”.

Aquel bombardeo fue el principio del fin. La confirmación del desgaste militar español y la pérdida irreparable de lo que la clase política puertorriqueña del siglo XIX había luchado por décadas: el Gobierno Autonómico. La invasión fue un retroceso sin precedentes que de autonomía, derivó en un gobierno militar que en poco tomaría en cuenta a los puertorriqueños.

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