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Gotero de letras

La Aurora, inicio y derrumbe de una industria

Carlos Bojórquez Urzaiz

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El teatro situado en el ex telar La Aurora, y las mujeres mayas que pregonan sus bordados en el  parque principal, a salto de mata para burlar la vigilancia, forman parte de antiguas tradiciones de Valladolid, que si bien se recuerdan poco, nos trasladan a los tiempos dorados de la producción algodonera. Pero más allá de esta aparente separación entre la reminiscencia del pasado y presente palpitante, el ex telar y las bordadoras ambulantes, representan etapas y formas de vida de la actual Sultana de Oriente.

Por eso es bueno recordar que el edificio acondicionado como teatro, en el cruce de las calles 42 con 33 del Barrio de la Candelaria, originalmente fue asiento de la fábrica de hilos y tejidos de algodón La Aurora, que funcionó entre 1833 y 1847, con el impulso de Pedro Sániz de Baranda y los herederos de Juan L Mac-Gregor, prominentes campechanos que avizoraron nuevos horizontes para el algodón cultivado por los mayas de Valladolid.

Como se sabe, durante la dominación colonial, los españoles aprovecharon sin regulaciones el algodón en rama y las manufacturas tejidas y bordadas por las mujeres mayas, que llegaron a codiciarse tanto, que cuando se consumó la independencia y ocurrieron cambios económicos, Pedro Sániz y los herederos de Mac-Gregor decidieron fundar La Aurora, que fue el primer telar de vapor en México. La renovada tecnología, así como las instalaciones modernas, con máquinas para  secar, despepitar y tejer, y los más de  117 obreros que laboraban en La Aurora, no fue sino reflejo del sensible incremento de los cultivos algodoneros de los mayas, en tierras adyacentes a sus milpas, e incluso substituyendo el maíz, atraídos por la demanda  de esta fibra que  vendían a precios irrisorios a la flamante empresa asentada en Zací.    

El desmoronamiento de La Aurora hacia el año de 1847, seguramente estuvo relacionado con la gran rebelión del pueblo maya,  la mal llamada Guerra de Castas, que incluyó en sus filas insurrectas a los productores de algodón, quienes activaron su potencial de rebeldía contra la empresa que mal pagaba sus cultivos, ocasionando el cierre definitivo de la primera fábrica de algodón movida con vapor en el país. Y se ha dicho hasta el cansancio: la Historia es maestra de la vida, y debiera leerse este ejemplo para entender que para lograr empresas exitosas es necesario aparejar el éxito económico con el trato humano de las personas que laboran en ellas. Caso contrario, otras auroras terminarán cerrando sus puertas como ésta, que habiendo nacido en Valladolid y siendo pionera de la industria nacional, actualmente es apenas un recuerdo. 

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Aspiraciones de mayo

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Durante el mes de mayo cada jornada se conquista con su propia apetencia, aunque de cualquier manera el misterio sigue residiendo en descubrir los mejores cauces antes de que caiga el sol. Ya se sabe que los crepúsculos de mayo tiñen el atardecer en toda su extensión, y si bien las manecillas del reloj señalan una hora que pudiera indicar, por ejemplo, las siete de la noche, la oscuridad seguramente llegará retrasada brindando el margen necesario para que cada cual encuentre el mejor camino para aferrarse a su noche y acomodar las estrellas en la órbita de su mirada.  Mayo en este sentido, y en otros que podremos ir descubriendo los que asumamos la plenitud de sus virtudes, y hasta las incidencias que ofrece, es un mes que en verdad cautiva por sus propias aspiraciones, por su alcance inadvertido y desde luego por la variedad de fechas memorables que contiene a lo largo de sus días. De la misma manera, mayo tiene elementos que resultan un tanto imprecisos, dado que soplan donde y cuando quieren, como lo hace el viento. Por eso el mes encarna la diversidad precisa: la lucha y defensa de los obreros, la resistencia de México contra Francia en la Batalla de Puebla, el festejo de las madres, de los profesores, por supuesto la trágica caída en combate de José Martí y otros quebrantos. Pero mayo, digámoslo sin rodeo, pertenece a todos y no sólo al que suscribe su interés en alguno de estos acontecimientos destacados o en la vida cotidiana, como fecha digna de recordar. 

Quizás puede parecer que reparamos demasiado en el hecho de expresar que en mayo cada jornada se conquista con su propia avidez, y con la variedad de senderos que simbolizan las fechas memorables que se recuerdan. Más sin embargo, hay un fondo diferente que obliga a mirar un camino más homogéneo, más uniforme, y es el que nos conduce, querámoslo o no, al mismo calor producido por el sol en su cúspide, al pasar el medio día, y a la ansiedad colectiva producida por la ausencia de las lluvias. Las quemas del monte, las rogativas al dios Chaac y el color pajizo que cubre los suelos yucatecos, son el reverso de la fascinación que produce la variedad de sucesos y la avidez personal que atañen a este intensísimo mes. No obstante, puestas las cosas en la balanza, mayo resulta un mes anunciador, uno mes donde la diversidad de aspiraciones confrontadas con la certeza del calor y la ausencia de lluvia produce fidelidad, ayuda a unos y a otros brindarnos un vaso de agua que mitigue por unos segundos la crudeza del bochorno y de la sed. Las miles de botellitas de agua que en el presente se venden como un aventajado negocio, contra la costumbre de obsequiarnos un vaso de agua fría en los antiguos cafés de la ciudad de Mérida, debiéramos frenarla un poco, tratando de recuperar el hábito de ofrecer agua a los sedientos que transitan por la deforestada capital, y de paso restituir la maravilla de mirar el mes de mayo en la pluralidad que conquista la avidez de cada jornada. A fin de cuentas, mayo con su trascendencia y demarcaciones no es sino el racimo de flores que crece en medio de la peor sequía para regalarle al amor o contener las penas de alguna congoja.

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Diego Rivera y José Vasconcelos en Yucatán

Carlos Bojórquez Urzaiz

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Durante el gobierno revolucionario de Felipe Carrillo Puerto incorporó a sus proyectos al doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez, ilustre cubano radicado en Mérida, quien formuló la idea de establecer una universidad pública al Ministro de Educación, José Vasconcelos, que en 1921 visitó la capital yucateca, acompañado de Diego Rivera y el poeta Jaime Torres Bodet, entre otros. La Universidad Nacional del Sureste, en la actualidad UADY, fue resultado de esas conversaciones, donde Urzaiz Rodríguez actuó como voz autorizada del gobierno carrillista para establecer el Alma Mater, fundada en 1922. Como anécdota de aquel episodio, el médico cubano, quien también era un aventajado pintor, bosquejó un pequeño dibujo donde revela el accidentado viaje de Diego Rivera a Chichén Itzá que culminó con el desplome de la carreta que lo transportaba, accidente atribuido al sobrepeso del gran muralista mexicano. Fábula o producto del humor que caracterizó a Eduardo Urzaiz, en cualquier caso su memorable dibujo es una pequeña joya que pongo a la vista de quienes quieran deleitarse con él.  

Como se sabe, el doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez fue el rector fundador de la Universidad que en la actualidad mantiene vivo el anhelo de ser portadora del alma popular de nuestro pueblo. En víspera del establecimiento de la Secretaría de Educación Pública, durante un congreso celebrado en la Ciudad de México, José de la Luz Mena y el doctor Urzaiz, debatieron de frente con José Vasconcelos la idea de mantener el carácter regional de las instituciones de educación pública, puesto que el proyecto nacional no debía ignorar la especificidad de los yucatecos, como fue el caso del Alma Mater y la Educación Racionalista.  En estos días que se anuncian cambios en el ámbito educativo, bien valdría la pena que las autoridades no hicieran tabla rasa de la historia, ya que ésta es maestra de la vida, según señaló Herodoto.

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