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La Nación y el Mundo

Venezolanos protestan por segunda noche consecutiva contra Maduro

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Cientos de venezolanos se han manifestado en la noche del martes, por segunda vez, en contra de la “dictadura” de Nicolás Maduro y han expresado su sentimiento golpeando cacerolas desde el interior de sus casas o saliendo a las calles, especialmente en barriadas de Caracas y el interior del país.

Como ya es costumbre, la protesta se dio a conocer a través de las redes sociales, en las que circulan decenas de fotografías y videos que dan cuenta de los “cacerolazos” en zonas del este de Caracas como el barrio El Amparo y en el cercano estado de Miranda.

Según la información de medios locales y de internautas, las manifestaciones también ocurren en los estados Guárico (centro), Bolívar (sur), Mérida (oeste), Sucre, Anzoátegui (este), Carabobo, Aragua (norte) y Vargas, cercano a Caracas.

Manifestantes que alzaron barricadas en algunas de las vías principales de Caracas, denunciaron una fuerte represión por parte de la Guardia Nacional Bolivariana que utilizó bombas lacrimógenas y perdigones, además de acusar que los agentes irrumpieron a la fuerza, y muchos niños, ancianos y mujeres resultaron afectados.

En las consignas, los manifestantes piden la salida de Maduro como solución para recuperar la democracia en el país caribeño.

En la capital venezolana se han producido más de 20 protestas de este tipo, tanto en zonas tradicionalmente opositoras como en sectores considerados bastiones del chavismo, como la parroquia Catia donde salieron por segunda noche consecutiva decenas de manifestantes a las calles.

Madre América: Cuba

Las nacionalizaciones cubanas de agosto de 1960

Sergio Guerra Vilaboy

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En 1960 la política agresiva de Estados Unidos hacia la Revolución Cubana se intensificó, como reconoció en su libro Seis Crisis(1962)Richard M. Nixon. Según el entonces vicepresidente del gobierno de Dwight Eisenhower, a principios de ese año, “la CIA recibió instrucciones de facilitar armas, municiones y entrenamiento a los cubanos huidos del régimen de Castro, exiliados en los Estados Unidos y otros países de la América Latina. La operación se realizaba en secreto.”

Desde ese momento subieron de tono, con la abierta complicidad de la oligarquía, la burguesía y otros sectores cubanos adinerados, las actividades subversivas promovidas con la descarnada ayuda norteamericana. La creciente hostilidad de Estados Unidos y el fariseísmo de la administración Eisenhower, fue comentado en enero de 1960 por el periódico The Washington Post, a propósito de las expropiaciones de tierras por la reforma agraria cubana aprobada el año anterior: “La política de fuerza que se ha recomendado usen los Estados Unidos contra Cuba provocaría que su población y las demás de Latinoamérica se preguntaran por qué el Departamento de Estado muestra tantas preocupaciones por los derechos de propiedad, cuando se mantuvo casi completamente en silencio frente a la cuestión de los derechos humanos durante los años de la dictadura de Batista.

El 4 de marzo de 1960 explotó en el puerto de La Habana el vapor francés La Coubre, cargado con armas y municiones adquiridas por el Gobierno Revolucionario en Bélgica, con un saldo de 75 muertos y más de 200 heridos. Este despiadado sabotaje, casi coincidió con la orden de Estados Unidos (17 de marzo) para entrenar en la América Central un contingente de exiliados cubanos para invadir la Isla.

Ante la brutal acometida norteamericana, la Revolución Cubana comenzó a acercarse a la Unión Soviética (URSS), aprovechando la presencia en La Habana, en febrero de 1960, de su viceprimer ministro Anastas Mikoyan, para inaugurar la exposición de Logros de la Ciencia y Técnica de su país, ya presentada en México y Estados Unidos. Al término de la visita se firmó el primer convenio comercial entre los dos países, que permitiría a Cuba la venta de 5 millones de toneladas de azúcar hasta 1964 y la adquisición de petróleo. Poco después fueron restablecidas las relaciones diplomáticas con la URSS y a fines de junio de 1960 Raúl Castro viajó a Moscú, donde se reunió con el principal dirigente soviético Nikita Jruschov.

El inminente conflicto directo con Estados Unidos estalló a fines de ese mismo mes, motivado por la negativa de la Standard Oil de New Jersey (Esso), Texas Company (Texaco) y la Royal Dutch Shell, de procesar en sus refinerías el petróleo soviético comprado por Cuba. El desacato de los grandes consorcios, que seguían instrucciones de Washington, llevó al Gobierno Revolucionario a expropiarlas el 28 de junio de 1960, amparado en la ley sobre minerales combustibles de 1938, que las obligaba a refinar el hidrocarburo proporcionado por el Estado cubano. En represalia, el 6 de julio el presidente Eisenhower canceló las compras de azúcar a Cuba y poco después la URSS anunciaba su disposición de adquirir también esa cantidad.

La dura respuesta cubana llegó el 6 de agosto en un acto público en el stadium de El Cerro, encabezado por el Primer Ministro Fidel Castro, en presencia de centenares de asistentes al I Congreso Latinoamericano de Juventudes, entre ellos el derrocado gobernante de Guatemala Jacobo Arbenz. Se trataba de la nacionalización de todas las grandes empresas industriales y agrarias norteamericanas -fábricas, minas, compañías de teléfonos, electricidad, ferrocarriles y otras muchas entidades-, complementadas el 17 de septiembre con la confiscación de todos sus bancos. Según el decreto de expropiación, los Estados Unidos podrían decidir sobre la compensación, pues si seguían comprando azúcar cubano el excedente por encima de tres millones de toneladas sería destinado a pagar las indemnizaciones. El propio embajador estadounidense en La Habana, Philip Bonsal, propuso aceptar el ofrecimiento, pero dos meses después fue retirado y no volvió más a la Isla.

El Gobierno Revolucionario declaró entonces, hace ahora sesenta años, una semana de festejos populares y se organizaron entierros y funerales simbólicos de las compañías norteamericanas expropiadas. Según el relato de un testigo: “En la escalinata del Capitolio Nacional se expuso los sarcófagos de las empresas yanquis nacionalizadas. El 13 de agosto, los ataúdes simbólicos fueron lanzados al mar.” Ese mismo día Fidel Castro cumplía 34 años.

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La Nación y el Mundo

El fantasma de los Chicago Boys

Raciel Guanche Ledesma

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Las políticas neoliberales de décadas pasadas estuvieron destinadas a desarmar o hacer económicamente dependientes de Estados Unidos, a los países de América Latina. Milton Friedman, un norteamericano, premio Nobel de Economía y padre de los manejos del libre mercado en el mundo, fue asesor por excelencia de dictaduras sangrientas como la de Pinochet en Chile y de Videla en Argentina.

El sustento del neoliberalismo actual se halla en la propuesta económica de los Chicago Boys, como se ha denominado, pues fue la famosa Escuela de Chicago uno de los escenarios donde Friedman sobresalía como máximo promotor y que la periodista canadiense Naomi Klein describe en su libro La doctrina del Shock, como el «centro forjador» para activar los cambios en la liberalización económica de países independientes.

Lo cierto es que dentro del mundo teórico de Milton Friedman quedaba clara una cuestión: la de que para implantar estas políticas tenía que hacerse valer el uso de la fuerza y el terror, con el objetivo de erradicar cualquier tipo de resistencia en las calles. El ejemplo máximo estuvo en Chile, luego del golpe de Estado a Salvador Allende en septiembre de 1973.

En la América Latina de hoy muchos temas han cambiado respecto a los años de Guerra Fría, sin embargo, el propósito del «tío Miltie» de someter a naciones soberanas a la dependencia económica de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), que es igual a suponer una subordinación política, continúa siendo una premisa bajo la bandera imperial de Estados Unidos.

Si antes se conseguían los cambios políticos a punta de cañón, en la actualidad se obtiene a través de los golpes blandos, una especie de falsa «democratización» amparada por la justicia. En el caso de los países del continente que deciden trazar sus propias agendas o toman el camino de la izquierda, solo les queda defender sus principios ante la embestida del norte.

Las recetas neoliberales se retoman con fuerza y cada vez más a América la tratan de asemejar al caos político que fue. El derrocamiento por la vía judicial de candidatos presidenciales o mandatarios como Fernando Lugo en Paraguay, Dilma Rousseff y Lula Da Silva en Brasil, o más recientemente Evo Morales en Bolivia, demuestran el cierre del cerco hacia los países progresistas.

Están claros los resultados que han venido luego de estos golpes en Sudamérica. Los recursos que antes respondían a intereses sociales, ahora van a tener una arraigada dependencia de organismos como el FMI; por lo tanto crece la desigualdad. Conclusión: cambiaron los métodos, pero se mantiene el mismo objetivo que planteó Milton Friedman.

Desde que Donald Trump entró al despacho oval de la Casa Blanca continuó la tradición de «American First» y su odio hacia todo lo que «huele» a socialismo se acrecentó. El hostigamiento marca la política de este personaje que disfraza la democracia con un alto capital para financiar los golpes políticos generados en el continente.

Como todo un hombre de negocios, sus políticas son consecuentes con sus pensamientos arrogantes que con aires de superioridad muestran la desesperación por hacer valer la ley del más fuerte. Pero, ¿quiénes cargan las consecuencias de estas estrategias nada coherentes con el respeto internacional? 

Los pueblos son los que sufren los cambios. En Argentina vimos lo que sucedió luego de salir electo Mauricio Macri en los comicios de 2015. Después de recibir un país casi sin deuda, ahora lo entrega a Alberto Fernández con altos niveles de inflación. Las calles durante el período de su gobierno fueron tomadas por el pueblo ante el descontento de los ciudadanos por las reformas elitistas de Macri.

Así viene pasando con los países del continente que resisten y no quieren volver a pasar por los años de incertidumbre y oscuras dictaduras. Grandes masas han saturado las calles de Chile, Colombia y Bolivia en busca de retomar los caminos de igualdad y respeto constitucional.

El Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, ha sido reiterativo en varias intervenciones al afirmar: «Quieren volvernos a traer el neoliberalismo más feroz al continente». Lo cierto es que el poder del Norte continúa acechando a la América Latina con el objetivo de destruirla, para luego erigirse, otra vez, como todo un «salvador».

Publicado originalmente en el Diario Cubano Juventud Rebelde

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Madre América: Ecuador

La Independencia esa tarea que nos convoca todos los días

Germán Rodas Chaves

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Cuando la intervención napoleónica se tomó la península Ibérica, las autoridades de los Virreinatos y de las Audiencias en América, muy a pesar suyo, se volvieron en representantes del poder usurpador. Esta circunstancia provocó la argumentación necesaria en el sentido que dichos mandos debían ser sustituidos.

En el caso de Quito, detrás del razonamiento antes referido, estuvieron convocados importantes sectores  que, adicionalmente, expresaron su afán de no responder a los objetivos de los Virreinatos de Lima y Santa Fe y que denotaron su intrepidez de gobernar por si solos y sin tutelaje alguno.

En Quito, el intento de constituir una Junta Patriótica en 1808, en el contexto de todo lo señalado, fue descubierto y tal circunstancia obligó a los propulsores de la idea a posponer aquella iniciativa. Fue en 1809, el 10 de agosto, cuando se constituyó la Junta Soberana –en remplazo del poder colonial- y fue nombrado el Marqués de Selva Alegre como su Presidente. Los hechos se precipitaron gracias a la determinación y templanza de Manuela Cañizares para que ocurriera este episodio al que se le ha denominado como la primera iniciativa independentista en el país.

La vida de  la Junta fue complicada, pues los apoyos que se esperaban desde Cuenca, Guayaquil y Pasto nunca se concretaron debido a que las autoridades españolas intervinieron para que no hubiera una “ruptura del orden” y a causa de una conducta de escepticismo de los sectores populares que no se sintieron parte de los objetivos de la coyuntura; todas estas situaciones debilitaron la acción de los criollos, quienes paulatinamente fueron sintiéndose asediados, habida cuenta que el Virreinato de Lima envió fuerzas militares para sofocar las intenciones de la Junta.

En efecto, las tropas que vinieron desde Lima en 1809 a imponer “orden” en Quito, sabían que no podían dejar vestigios de la insubordinación y menos la posibilidad que las ideas de cambio fueran difundidas en lo posterior.  Tanto lo entendieron así,  que a pesar de sus ofrecimientos de “perdón y olvido” fabricaron los argumentos para reducir a prisión a las figuras visibles de los acontecimientos del 10 de agosto de 1809 y aprovecharon las circunstancias para poner tras rejas a un número elevado de personas que de una u otra manera habían cuestionado al poder español.

Cuando se conoció que algunos de los prisioneros fueron sentenciados a muerte, y que varios de los presos serían expulsados de la ciudad, entre otras sanciones, núcleos importantes de ciudadanos propiciaron la toma de las cárceles y de los cuarteles para impedir tales circunstancias. Las tropas del Virreinato de Lima aprovecharon los sucesos comentados para desencadenar el asesinato de los reos y, también, de una parte importante de la población quiteña.

Todo aquello ocurrió el 2 de agosto de 1810. Allí, con la sangre derramada de las patriotas se sembraron los objetivos de la independencia, de la libertad, de la lucha contra los poderes omnímodos. En contra de las tiranías.

Las tareas del 10 de agosto de 1809 y las que emergieron en medio del 2 de agosto de 1810, estarán siempre presentes mientras existan otras dependencias de las cuales liberarse o cuando se constaten vestigios coloniales y ausencias de libertades.

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