Conecta con nosotros

Editorial

Tras la historia de una república desterrada

Ali de la Vega

Publicado

en

Si hubo un grupo que realmente padeció la desdicha del exilio de 1939, más allá de la soledad y la miseria general de todos los que protagonizaron dicha experiencia, fue el de los principales dirigentes políticos del bando republicano, aquellos que habían luchado y sangrado por su ideología, y que tras tres años de guerra “incivil”, habían sido derrotados. Y es que éstos, no sólo perdían la tierra –el hogar, el paisaje, los afectos–, sino que en definitiva perdían la razón de su existencia, la vocación política que destilaba su corazón y que había terminado por convertirlos en políticos de profesión. A fin de cuentas, con el exilio, dejaban atrás su carrera y se embarcaban en ese vivir entre paréntesis que les hacía sentirse parte del mundo, pero sin tener cabida en él.

Quizás por ello, pudiéramos pensar que los políticos, lejos de su patria, de su España soñada, perdían toda posibilidad de ejercer su profesión como tal.  Pero lo cierto es que la historia de esta República presentó una curiosa particularidad: ante la obligación moral de no dar por perdida la patria, albergaron la promesa del retorno en el amparo de su legitimidad. De esta manera, y bajo el paraguas constitucional de lo votado en las urnas en 1936, optaron por “gobernar” España desde el exilio, alzándose como contrapartida al régimen golpista –y por lo tanto anticonstitucional– de Franco, lo que supuso que aquella república desterrada al olvido, resurgiera de las cenizas de la posguerra y continuase su periplo político, aun en la distancia, hasta 1977.

Por supuesto, esta extraña situación, sólo puede comprenderse si observamos el contexto internacional en el que surgió dicha posibilidad. Las declaraciones de la Carta del Atlántico, discutidas posteriormente en Yalta y Postdam a finales de la II Guerra Mundial, hicieron creer a los políticos republicanos que el retorno a España, una vez desbaratadas las fuerzas del Eje, sería inmediato. Por ello, con motivo de la celebración de la Conferencia de San Francisco en 1945, el antiguo ministro socialista Indalecio Prieto manifestó públicamente como podría restablecerse la República en España a través de cuatro etapas: primero se llevaría a cabo el repudio al régimen de Franco por parte de las potencias de dicha conferencia, a continuación se pondría fin a las relaciones diplomáticas con el régimen franquista, para después formarse un gobierno provisional nombrado por las Cortes y finalmente este gobierno sería reconocido por la ONU. Sin embargo, la razón de estado mantenida por los gobiernos británico, francés y estadounidense, principalmente, propició que estos países decidieran traer a colación, una vez más, su política de no intervención –aunque a modo de recompensa se negaron a aceptar en la ONU al régimen franquista–.

Y ante ese despertar de la utopía, ¿qué podía hacer el gobierno de la República en el exilio para derrocar a Franco? Nada realmente. Todos sus anhelos, todas sus esperanzas, se truncaron de repente. Sin embargo, lo que sí podían hacer era movilizar a la opinión pública y a algunos partidos de los países democráticos para que cerrasen sus puertas a Franco, logrando algo verdaderamente significativo: la reclusión del dictador en España a sabiendas del repudio exterior que tendría que afrontar. Como aseguró Xabier Flores, ex-delegado diplomático de la República en el exilio: “a imposible retorno, imposible salida”. Por lo demás, el gobierno –con base en México– se reuniría asiduamente en Cortes, dirigiendo los principales organismos de evacuación y ayuda de los refugiados –JARE y SERE–, mientras esperaba la ansiada noticia del fin del régimen de Franco. Así, el 20 de noviembre de 1975, con la muerte del dictador, se empezaron a dar los primeros pasos hacia el proceso de transición democrática, de tal forma que tan sólo dos años después, y tras más de una treintena de años en el exilio, aquella República desterrada, puso fin a su gobierno. Y con ello, las grandes figuras políticas que habían sobrevivido al régimen y a la vejez –como Tarradellas, Carrillo, Ibárruri, Kent, Sánchez Albornoz, Llopis, Varela o Maldonado– decidieron regresar. Porque sí, porque ya nada se lo impedía, porque después de toda una vida en el exilio, podían volver a España y en cierta medida, volver a existir plenamente.

Continuar Leyendo
Clic para comentar

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Editorial

Crisis ambiental, las cosas por su nombre

José Miguel García Vales

Publicado

en

Hay que llamar a las cosas por su nombre. Sin eufemismos. Sin palabras que oculten la realidad. Esa es la convicción detrás de la decisión del periódico inglés The Guardian, de modificar sus reglas de estilo para redactar noticias que “describan la crisis ambiental que enfrenta el mundo”.

The Guardian explica que mantener el uso del concepto “cambio climático”, elimina la capacidad de entender en toda su dimensión los fenómenos que ocurren y están desestabilizando la vida humana, con toda su necesidad de aprovechamiento de los recursos naturales, y, desde luego, afectando al resto de los sistemas vivos del planeta. La voz “cambio”, tiene una connotación positiva. Se “cambia” al elegir una nueva alternativa política. Se  prefiere “cambiar” de trabajo, para poder desarrollarse profesionalmente en otra actividad. The Guardian la describe, como una palabra que también puede entenderse pasiva. El cambio se debe a una transformación “natural” y no a la acción humana.

En la nota que emitieron para justificar el cambio editorial, recuerdan que personajes como Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, Angela Merkel, canciller alemana, e incluso el Papa Francisco, han descrito la situación actual, como una “crisis climática”.

Las palabras importan, porque la realidad importa. Hacer este ajuste en nuestro vocabulario, tal vez, y me resigno a pensar que tal vez, puede servir para hacer un ajuste en las decisiones políticas de los gobiernos, sobre cómo encarar la crisis ambiental, y en cada individuo, cómo reducir el impacto energético y de consumo en cada decisión cotidiana.

En ese sentido, hablemos con franqueza.

La semana pasada el Gobierno de la Ciudad de México, dio un ejemplo de cómo ocultar una realidad de crisis climática. La innegable pésima calidad del aire capitalina, se escondió detrás de protocolos, contingencias o el debate entre si la causa fueron los incendios o la emisión de gases contaminantes por los automóviles.

Pero ese ejemplo, derivado de una condición temporal en la que se combinaron varios factores, se repite en momentos que la agenda pública no presenta tanto interés.

Es el caso de Yucatán.

Al momento de escribir este editorial, la estación SDS01 de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del Gobierno del Estado, no se encuentra reportando los datos de monitoreo a la página del Sistema Nacional de Información de la Calidad del Aire.

Sin embargo, en días pasados llegó a reportar, en determinados momentos del transcurso del 15 de mayo, límites de hasta 96 µg/m3 de las partículas PM2.5, las mismas partículas dañinas que se reportaron en la CDMX. De acuerdo a la NOM-025-SSA1-2014, estas partículas rebasan los límites permitidos cuando a lo largo de 24 horas alcanzan valores superiores a 45 µg/m3. El miércoles pasado, el promedio en dicha estación de monitoreo fue de 33 µg/m3. De acuerdo a la NOM, la calidad del aire de Mérida estaría por debajo de los límites máximos. Sin embargo, la Organización Mundial de la Salud, establece que el límite máximo debería ser 24 µg/m3. Si tomamos en cuenta esta clasificación, Mérida se encuentra en condiciones no saludables.

Las causas se pueden ubicar en incendios, quema de basura, la emisión de gases industriales y, desde luego, la combustión del motor de los automóviles. Tenemos el beneficio de que estos gases se dispersan, al no tener barreras naturales, como en la capital mexicana. Pero el problema existe y no lo queremos ver.

Como tampoco vemos en tu totalidad la falta de soluciones para la contaminación del manto freático, la baja capacidad estatal para la recolección de residuos sólidos, la reducción de la población de abejas, deforestación, entre otros muchos problemas.

Bien haríamos, sociedad, nuestras autoridades y las empresas, si modificamos nuestro marco mental y de lenguaje, tal y como hizo The Guardian. Por lo pronto, Informe Fracto se suma, con convicción, a nombrar las cosas por su nombre, crisis ambiental.

Un dato

En el documento Programa de gestión para mejorar la calidad del aire del estado de Yucatán 2018-2027 (ProAire), se detalla que entre en los años 2014, 2015 y 2016, en Mérida se rebasaron los límites promedio anuales permitidos por la NOM-025-SSA1-2014 de contaminantes de las Partículas PM 2.5, establecido en 12 µg/m3. Es decir, aún con una normatividad laxa como es la mexicana, la calidad del aire en Mérida es mala. Cabe resaltar que en ProAire, se establecen 6 estrategias y 14 medidas con el objetivo de reducir las causas y efectos de la contaminación del aire.

Continuar Leyendo

Gotero de letras

La Aurora, inicio y derrumbe de una industria

Carlos Bojórquez Urzaiz

Publicado

en

El teatro situado en el ex telar La Aurora, y las mujeres mayas que pregonan sus bordados en el  parque principal, a salto de mata para burlar la vigilancia, forman parte de antiguas tradiciones de Valladolid, que si bien se recuerdan poco, nos trasladan a los tiempos dorados de la producción algodonera. Pero más allá de esta aparente separación entre la reminiscencia del pasado y presente palpitante, el ex telar y las bordadoras ambulantes, representan etapas y formas de vida de la actual Sultana de Oriente.

Por eso es bueno recordar que el edificio acondicionado como teatro, en el cruce de las calles 42 con 33 del Barrio de la Candelaria, originalmente fue asiento de la fábrica de hilos y tejidos de algodón La Aurora, que funcionó entre 1833 y 1847, con el impulso de Pedro Sániz de Baranda y los herederos de Juan L Mac-Gregor, prominentes campechanos que avizoraron nuevos horizontes para el algodón cultivado por los mayas de Valladolid.

Como se sabe, durante la dominación colonial, los españoles aprovecharon sin regulaciones el algodón en rama y las manufacturas tejidas y bordadas por las mujeres mayas, que llegaron a codiciarse tanto, que cuando se consumó la independencia y ocurrieron cambios económicos, Pedro Sániz y los herederos de Mac-Gregor decidieron fundar La Aurora, que fue el primer telar de vapor en México. La renovada tecnología, así como las instalaciones modernas, con máquinas para  secar, despepitar y tejer, y los más de  117 obreros que laboraban en La Aurora, no fue sino reflejo del sensible incremento de los cultivos algodoneros de los mayas, en tierras adyacentes a sus milpas, e incluso substituyendo el maíz, atraídos por la demanda  de esta fibra que  vendían a precios irrisorios a la flamante empresa asentada en Zací.    

El desmoronamiento de La Aurora hacia el año de 1847, seguramente estuvo relacionado con la gran rebelión del pueblo maya,  la mal llamada Guerra de Castas, que incluyó en sus filas insurrectas a los productores de algodón, quienes activaron su potencial de rebeldía contra la empresa que mal pagaba sus cultivos, ocasionando el cierre definitivo de la primera fábrica de algodón movida con vapor en el país. Y se ha dicho hasta el cansancio: la Historia es maestra de la vida, y debiera leerse este ejemplo para entender que para lograr empresas exitosas es necesario aparejar el éxito económico con el trato humano de las personas que laboran en ellas. Caso contrario, otras auroras terminarán cerrando sus puertas como ésta, que habiendo nacido en Valladolid y siendo pionera de la industria nacional, actualmente es apenas un recuerdo. 

Continuar Leyendo

A propósito de…

Respire sólo si es necesario

Cristina Martin Urzaiz

Publicado

en

A propósito de la carencia de un ambiente adecuado  para vivir, hoy fue mi cuerpo, literalmente, el que dictó el tema de mi columna. Me disponía a escribir acerca un asunto relacionado con las redes sociales, cuando los ojos me empezaron a arder y llorar, de tal forma que me fue imposible seguir escribiendo, lo que me obligó a   modificarlo todo.

Decir que en la Ciudad de México nos estamos ahogando puede parecer una exageración, aunque el diccionario de la Real Academia acepta como una de las acepciones de la palabra ahogar: “Sentir sofocación o ahogo”, de tal forma que si muchos sentimos sofocación, podemos asegurar que nos ahogamos.  Aquí cada vez más, respirar es peligroso para la salud.

Que este conglomerado es como una olla rodeada de montañas, lo que dificulta la dispersión de los materiales contaminantes, es algo sabido desde hace mucho tiempo; que, junto con el Estado de México, representa la mayor aglomeración del país, también lo sabemos; que la cantidad de vehículos que circulan diariamente generan miles de contaminantes, para nadie es noticia.

Hay, sin embargo, algunas novedades que invitan a salir corriendo y no parar hasta que sintamos entrar el aire normalmente a los pulmones, sensación que empieza a ser un recuerdo lejano en esta urbe.

Uno de esos datos aterradores es que solamente 9 días en lo que va del año, el aire ha sido bueno para la realización de todo tipo de actividades, según el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (IMECA). Otro es que, a partir del incremento de la temperatura, se han multiplicado los incendios; 15 de ellos tuvieron lugar el pasado 11 de mayo, día en que también se registraron 30 en municipios conurbados del Estado de México. Decir que huele a quemado no es una metáfora.

Aun en esas circunstancias, las autoridades no se decidían a aplicar la Contingencia Ambiental, que establece una serie de restricciones para mejorar la calidad del aire, debido a que el protocolo estipula que el programa de emergencia se  detona a partir de los 151 puntos. No en 149, ni en 148. Así la visibilidad sea escasa a pocos metros, por la cantidad de partículas suspendidas, ni aunque los ojos ardan y lloren, duela la garganta y se advierta sofocación tras caminar algunos pasos. Si el indicador no rebasa 150, no hay nada que hacer. Fue hasta el martes por la mañana, luego de varios días de respirar polución, cuando resolvieron declarar la emergencia.

De acuerdo con datos del INEGI hay 4.7 millones de vehículos automotores registrados en la Ciudad de México, el doble que en el año 2000; mientras que en el Estado de México llegan a 7 millones; lo que significa que la planta vehicular de esa entidad aumentó 6 veces en los últimos 18 años, en tanto que la población creció sólo 2 por ciento. Sin duda los vehículos se reproducen más rápido que los seres humanos. Hay casas que cuentan con 4 ó 5 unidades y sólo dos habitantes.

Hace 30 años se aplicó por primera vez el programa Hoy No Circula, que limitaba el tráfico de automóviles particulares en un 20 por ciento cada día. Desde entonces, la población creció un 9 por ciento, los automóviles 219 por ciento.

En tanto, los vehículos de transporte público, “microbuses”, que en su mayoría han dejado atrás el tiempo de vida útil, no deben pasar prueba alguna de emisión de contaminantes. En el Estado de México la mayoría de estas unidades rebasa los 30 años de servicio; esas chatarras son chimeneas ambulantes, además de un peligro para los usuarios, por sus malas condiciones mecánicas.

Y por si la concentración humana y vehicular no fuera suficiente, los desarrolladores inmobiliarios siguen su marcha imparable hacia la devastación del medio ambiente. Como ejemplo, el pasado 9 de mayo, habitantes del barrio de Xoco, en la alcaldía de Benito Juárez, una zona céntrica de la capital, dieron a conocer, durante una protesta en las calles, que la constructora Mitikah derribó 54 árboles para abrir la entrada hacia dos torres de 35 pisos, sin los permisos de construcción correspondientes, según confirmó la gobernadora de la ciudad Claudia Sheinbaum. Esta práctica depredadora ha sido una constante de los edificadores de conjuntos habitacionales y comerciales.

Finalmente, el martes, las autoridades declararon la urgencia y plantearon una serie de recomendaciones, algunas de ellas difíciles de aplicar y hasta de entender. Sugirieron utilizar medios de transporte no contaminantes,  entre ellos la bicicleta y caminar. Aunque advirtieron, contradictoriamente,  que niños, adultos mayores, personas con enfermedades respiratorias o  cardiovasculares deben limitar “esfuerzos prolongados al aire libre”.

Alertaron sobre la necesidad de permanecer en ambientes interiores, cerrar puertas y ventanas y colocar toallas mojadas para sellar rendijas en lugares donde se perciban los efectos de los incendios.

La SEP ordenó la suspensión de actividades fuera del aula para los niños, lo cual resultaba ya innecesario dado que el martes empezaron las celebraciones del día del maestro y el miércoles 15 de mayo es día feriado en las escuelas. ¿Qué será de los niños de esta generación habituados a desarrollarse en departamentos de 40 metros, sin la posibilidad de salir al parque o a la calle ante el temor de la inseguridad y tampoco al patio de la escuela por la polución?

Frente a la eventualidad de no contar con las condiciones atmosféricas compatibles con la vida en la CDMX, habrá que acostumbrarse a vivir en habitaciones selladas, pero, sobre todo, a respirar poco y solamente cuando sea estrictamente necesario.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS