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Arte y ciencia

Visión de la educación media superior y sus retos

Orlando J. Casares Contreras

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En alguna ocasión leí de mi buen amigo, el antropólogo Armando Rivas Lugo, unas palabras dignas de reflexión que inspiraron las líneas de esta nota. Se trataba de una crítica a la frase, estudia para que seas alguien en la vida, añadiendo que al momento de recibir un nombre, desde luego ya eres alguien, así como ya posees la identidad que surge a consecuencia del lugar donde naciste, de quiénes te rodean y del idioma que aprendes.

En mis años como docente a nivel medio superior y superior, la misma aserción he venido oyendo de los tutores del estudiante y de la propia planta docente. La idea está bien anclada y coincido en el hecho de que es un punto de partida erróneo para la elección de una profesión, o como motivación para seguir estudiando en el nivel que sea, desde la educación básica hasta los posgrados. En efecto, sobra decir que somos alguien con o sin un título, y lo que somos lo reforzamos con nuestras acciones más que con los grados de estudio que uno posea. Y es que la frase no sólo tiene implicaciones en cuestiones de identidad, sino también de lo que erróneamente esperamos cuando estudiamos y reproducimos en nuestros hijos e hijas, estudiantes y personas conocidas a las que les decimos la misma frase sin ni siquiera pensar en lo que implica, y cómo nosotros mismos evidenciamos con la misma, las carencias que tuvimos en nuestra etapa de estudiantes.

Lo anterior nos lleva a preguntas igualmente comunes, tales como ¿Y para qué me va a servir la biología? ¿Por qué necesito de las matemáticas? ¿Qué gano con saber algo de filosofía? ¿Algebra tiene utilidad en la vida adulta? Y así puedo seguir con cientos de quejas y heridas acumulados por generaciones de personas que las transmiten a sus seres queridos.

Con una serie de analogías, trataré de exponer lo que algunos vemos como una forma correcta en la que debemos percibir a la educación, qué esperar de la misma y cómo darle el valor adecuado para el bienestar de nuestras vidas. Pensemos en un oficio como la carpintería. Este suele aprenderse más por la práctica que por algún curso o pensamiento teórico y genera ingresos para sostener a una familia. Pero aun con el mismo conocimiento, la labor de cada carpintero puede variar según varios factores, uno puede ser la actitud y el otro, la cantidad y calidad de sus herramientas. Sin lugar a dudas una actitud proactiva ayudará a sacar buenos trabajos, pero si a eso le sumamos un conjunto de herramientas el mismo trabajo se le facilitará mucho. Y si las herramientas son de última generación y más específicas, entonces no tendrá limitaciones con su disposición y conocimientos para hacer cualquier cosa que le pidan.

Pues eso mismo es la educación, especialmente en el nivel medio superior, pues sin duda es una de las mejores herramientas para la vida. Y es que en ella se vierten conocimientos que no sólo van dirigidos hacia necesidades concretas y a generar ingresos, sino también para conducirnos mejor ante situaciones que puedan ocurrir, acrecentar un mejor criterio para resolver problemas técnicos, administrativos, éticos, humanos y todo aquello no sabemos cómo transcurrirá por el resto de nuestras vidas. Sabremos respetar la naturaleza (ecología), plantearnos bien un problema para su posterior solución (filosofía y matemáticas), cómo tratar con el resto de las personas y adaptarnos con respeto (derecho, antropología, psicología social, etc.), que debemos vacunar a nuestras hijas e hijos y demás conocimientos. Por supuesto, así como hay distintas calidades en las herramientas para ejercer un oficio, también lo hay quiénes deberían ser responsables de compartir el conocimiento y dejarnos toda una serie de posibilidades presentes y futuras del mismo, algo en lo que algunas escuelas muestran un enorme compromiso y otras, simplemente mecanizan el conocimiento, dejando vacíos en lo que pudo ser una etapa de gran formación para una persona. No es fácil indagar motivaciones al momento de estudiar y mucho menos si quien siendo responsable de ese proceso carece de motivación o su institución no le da el apoyo necesario en recursos y supervisión adecuada. Realmente estamos ante  un problema todavía pendiente en materia de educación, vale la pena reflexionar.

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Las cenizas de Ángela de Frank McCourt

Aracelly Guerrero Maldonado

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Uno puede creer que sabe lo que es la pobreza, uno incluso puede creer que ha sido pobre, pero después de leer, Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt, se concluye que en verdad no ha sido pobre, que no se tiene ni la remita idea de lo que es la pobreza.

Pocos libros, exceptuando los de fantasía, claro está, me han hablado desde una perspectiva tan personal y tan identificable como éste, a pesar de las aparentes diferencias culturales, geográficas, y temporales, pues: ¿Qué tendría que ver la Irlanda de la preguerra con mi realidad?, pero si que la tiene, tiene grandes paralelismos, su lectura me pareció tan cercana como levantar mi mano y tocar el hombro de alguien por la calle. Y es que me habló al oído, a la niña que fui y que aún tengo muy guardada en los límites de mi consciencia, me habló del modo que sólo podría hablarle esa niña a su propio hermano, del modo confidente en que recuerdo, y es que recuerdo muy bien mi infancia, haberle hablado así a mi hermano.

El libro está escrito en primera persona, desde la perspectiva de un niño, y es tan cruda, ingenua y divertida como sincera, y con esa cualidad de golpearte directamente en la boca del estómago que tienen todos los niños, de decirnos lo que es, sin adornos, sin eufemismos y sin juicios de moralidad o ética que vayan más allá de lo proficiente, de lo simple, cosas que uno puede asir con sus dos manos.

Muchos lo han calificado como un libro de superación personal, pues narra una infancia difícil y toda clase de adversidades, pero no lo es, no hay ningún consejo, ninguna fórmula, y si bien es cierto que el protagonista tiene un sueño y desea con todas sus fuerzas superarse, simplemente no tener hambre todo el tiempo, dudo que esa haya sido la motivación del autor.  McCourt empezó a escribir o mejor dicho a publicar, a los 66 años, cuando su madre había muerto, y quizás fue algo personal en él escribir, pero lo cierto es que en todo el libro no hay un tono aleccionador y sí una crítica, casi “involuntaria” en un tono sutil de ironía, tan propia en el tono que usa en todo el libro, a la iglesia católica, a la posición de la mujer en su figura de esposa y madre y a la sociedad irlandesa en general que también puede ser la mexicana, los barrios de Limerick que bien puede ser cualquier barrio pobre de nuestra Mérida, o de cualquier parte de México, las similitudes en la pobreza, el alcoholismo y la posición de la mujer son sorprendentemente idénticos, e idéntico es también el sueño americano, el de inmigrar. No olvidemos que una de las mayores migraciones a Norteamérica la hicieron los irlandeses durante la gran hambruna de 1845, y que después siguieron migrando por muchas y diversas razones lo mismo que en nuestro país.  No es un libro muy largo, pero puede resultar difícil de leer en algunas partes, y es que por la construcción literaria que esgrime la autora, no permite otros recursos de la prosa y son los acontecimientos los que llevan el ritmo del libro, lo que en momentos nos puede ser tedioso pues no se mantienen, pero en general no es difícil de terminar y puede sacarnos más de una carcajada así como un buen par de lagrimones.

 “Cuando recuerdo mi infancia me pregunto cómo pude sobrevivir siquiera.  Fue naturalmente, una infancia desgraciada, se entiende: las infancias felices no merecen que les prestemos atención. La infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada irlandesa católica es peor todavía.” Valgan estos breves párrafos para invitar a los lectores de Informe Fracto, a conocer a esta genial escritora.

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Descubren nueva especie de dinosaurio

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Una extraña nueva especie de dinosaurio con pico de patoha sido identificada a partir del cráneo más completo de este animal extinto, excavado hace décadas en elParque Nacional Big Bend, en Texas.

“Este nuevo animal es uno de los hadrosauridos más primitivos conocidos y, por lo tanto, puede ayudarnos a comprender cómo y por qué evolucionó la ornamentación en sus cabezas, así como desde dónde evolucionó y migró el grupo inicialmente”, explica el investigador principal, Albert Prieto-Márquez del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, cerca de Barcelona, y afirma: Su existencia agrega otra pieza de evidencia a la creciente hipótesis, aún en el aire, de que el grupo comenzó en el área sureste de los Estados Unidos”.

Los dinosaurios con pico de pato, también conocidos como hadrosauridos, fueron los dinosaurios herbívoros más comunes al final de la Era Mesozoica, y todos tenían un hocico de aspecto similar. La parte frontal de las mandíbulas se encuentra en forma de U para sostener un pico ahuecado que se usa para cortar plantas.

Hace unos 80 millones de años, este dinosaurio en particular habría estado paleando sedimentos sueltos y húmedos para recoger plantas acuáticas de raíces sueltas de las marismas de un antiguo delta, donde hoy se encuentra el desierto de Chihuahua.

El descubrimiento de una cresta sólida fuera de la radiación principal de los hadrosauridos apoya la hipótesis de que todas las crestas derivan de un ancestro común que tenía una nariz joroba simple.

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Ciencia de Noche

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La Asociación Juvenil de Ciencia Yucatán (AJC) reunió a expertos y personas interesadas en conversar sobre temas de la ciencia, en un acto que tuvo lugar la noche del miércoles 17 de julio en el restaurante Amaro de la ciudad de Mérida.

En esta ocasión, se contó con la participación de Daniel Brito con la charla, “¿Podemos ver la curvatura?” en la cual explicó con ejemplos concisos el por qué los ojos no pueden ver la curvatura de ciertos objetos como la Tierra. De igual forma Idrish Huet expuso el tema, “Vacío cuántico y el efecto Casimir: La fuerza de la nada”, quien explico que el vacío visto desde una perspectiva física no existe porque en el siempre hay energía y está lleno de vibraciones.

Es conveniente destacar el interés de los asistentes en estos temas pues se registró un aforo de cerca de 60 jóvenes que llegaron minutos antes de la hora acordada, a pesar de la fuerte lluvia que cayó sobre la ciudad horas antes. Este tipo de actos habla muy bien del trabajo que estos jóvenes amantes de la ciencia están haciendo. Informe Fracto les desea el mayor éxito y les abre las puertas.

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