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Editorial

Yoga

Miriam Cuevas

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Hay tanto escrito sobre el Yoga, que pensé: ¿qué puedo yo, desde mi corta experiencia, aportar al tema? Y empecé por recordar cuáles fueron las interrogantes que me llevaron a querer conocerlo. ¿Por qué si sabemos tanto sobre la salud, no estamos sanos? ¿Por qué si hemos leído tanto sobre la felicidad estamos atrapados en una vida neurótica y muchas veces confusa y vacía? ¿Por qué nos cuesta tanto mantenernos serenos y estables –como una flor de loto que flota sobre el fango- en medio del oleaje de las situaciones de la vida? De esas preguntas sólo alcancé a pensar, porque sabemos mucho de afuera y muy poco de lo que pasa adentro.

Somos expertos platicadores sobre infinidad de temas y sin embargo ignorantes todo sobre la esencia de nuestra propia naturaleza y sobre el complejo funcionamiento y relación de nuestra mente y nuestro cuerpo, emociones y espíritu.

¿Y cómo sanar o transformar algo desde el desconocimiento? Así es que mi motivación inicial fue esta: tengo que parar y darme el tiempo para explorar y escuchar a mi propio cuerpo y conocer la verdadera naturaleza de mi mente. Sólo entendiendo lo que pasa dentro de mí podré entender lo que pasa afuera. Y nunca imaginé el universo maravilloso que estaba por descubrir.

 Es difícil describir con palabras la experiencia del Yoga. Por miles de años, el Yoga ha permitido a los seres humanos salir de las restricciones del tiempo y del espacio. A través de un refinado sistema de ejercicios psico-físicos, técnicas respiratorias y posturas corporales, transforma la tendencia habitual del ser humano a forzar el cuerpo a estar enfermo o neurótico y permite asimismo reducir las resistencias que nos mantienen atados a una visión limitada, una salud pobre o una estructura mental rígida y equivocada.

Por la vida podemos ir principalmente de dos maneras: a ciegas (o negando, que es parecido) o abiertos a la búsqueda y la exploración de las infinitas posibilidades que se manifiestan cuando dejamos de resistirnos a la idea del cambio y de la impermanencia.

Podemos hablar del Yoga desde diversos enfoques; el Yoga es arte, expresa el ser interior del practicante refinando su cuerpo, energía y conciencia. Es ciencia, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos a través de la observación y la experiencia. Es espiritualidad, porque nos instruye en la práctica de códigos morales universales que sostienen el orden individual y universal como la no violencia (Ahimsa), la ética (Satya), el gozo (Sauca), la disciplina (Tapas), la entrega y la devoción (Ishvara Pranidhana) y el abandono del conflicto y la infelicidad. Propone una filosofía de vida orientada a la búsqueda del equilibrio y la armonía interior.

Es un camino místico que nos conduce a la realización del ser y nos prepara para alcanzar el estado más elevado de la propia condición de vida.

Cada día, al permanecer en silencio sobre el mat ó tapete, escuchando y sintiendo el ritmo de nuestra respiración, el movimiento de cada músculo y la totalidad de nuestro cuerpo y sus sensaciones, se vive una íntima experiencia personal que nos acerca un poco más a nosotros mismos y a los demás.

En cada práctica descubrimos el universo en nosotros mismos. Empezamos a entender el flujo cambiante y dinámico de la vida, con su luz y su oscuridad. Y a permanecer ecuánimes y dichosos.

La observancia de la disciplina del control de los sentidos y de la mente conduce a la realización de la felicidad genuina y verdadera.

Somos espíritu y conciencia.

Somos energía manifestada a través de la materia.

Nuestro cuerpo es nuestro taller y nuestro templo.

Esto es la esencia del Yoga.

Esto es la cultura yóguica. No es un culto al cuerpo y sus destrezas, ni un misticismo exótico alejado de la realidad.

Es amor a la vida, a la creación y sus infinitas posibilidades.

Hoy en día el Yoga es para mí un camino real de autoconocimiento y realización.

Es la profunda experiencia de mí misma.

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Editorial

Miedo a la diferencia

Jaime Goyri Ceballos

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¿Qué aspectos cuestiona el matrimonio igualitario? ¿Qué lo hace inconcebible para algunas personas? Desde que supe del rechazo del Congreso del Estado, he pensado en la postura de quienes no admiten que cualquier persona adulta pueda acceder a la posibilidad de unirse civilmente con otra persona adulta, con quien elije asumir los derechos y obligaciones que la unión conlleva.

Hay que empezar por definir la discriminación como toda conducta u omisión que produce y reproduce desigualdades en el acceso a recursos y oportunidades de distinto tipo. Se refiere a la violación de la igualdad de los derechos humanos, por alguna característica o condición del grupo en cuestión. 

        La discriminación es la traducción conductual de otro par de elementos presentes en las actitudes, por un lado, tenemos la cognición o ideas sobre determinado grupo de personas, situación o panorama (creencias sin fundamento) y por el otro, tenemos el elemento emocional, que se refiere a aquellos sentimientos (miedo, enojo, etc.) hacia dicho grupo y que a su vez alimentan las cogniciones y detonan las conductas (gritar, golpear, evitar, etc.). ¿Suena conocido?

Por otro lado, en ocasiones la vida nos pone ante situaciones que generan incomodidad cuando algo nos confronta con lo que creíamos cierto, inamovible, incuestionable y que al ser tan fuertes, nos lleva a tomar decisiones. Nos lleva a la necesidad de movernos o no de nuestra zona conocida, hacia un lugar desconocido, donde no sabemos qué pueda ocurrir. El Miedo a movernos a lo desconocido, a veces es tan grande que nos cegamos, impide ver más allá de lo que creemos, impide reconocer realidades diferentes.

En este caso, pareciera que la posibilidad del acceso a los derechos y obligaciones, amparados en el contrato civil del matrimonio entre dos varones o dos mujeres, está cuestionando a un grupo de personas sobre aquellos significados asociados a conceptos como pareja, familia, amigos, e incluso la vida y la muerte. Éstas, las “verdades absolutas”, los “deber ser”, “deber hacer”, e incluso “deber tener”, se van formando desde la infancia, a partir de experiencias, educación, lo que leemos, con quienes hablamos, los ritos a los que asistimos, etc. Se asumen sin una mirada crítica, probablemente porque no han sentido la necesidad de tenerla, probablemente porque son tan cómodas/os, que no hace falta reflexionarlas.

Del otro lado están quienes nos hemos tenido que cuestionar, además de dichas “verdades” sociales, nuestras identidades, por sentirnos diferentes a aquello que nos han dicho que “deberíamos ser y hacer”. Nuestra diferencia nos ha obligado a vivir en el anonimato, en las “sombras”, pues nos consideran socialmente incómodos de ver, de existir. Ahora lo pensamos con quienes formamos parte de la diversidad sexual, pero no muy lejos de dicha invisibilidad, también están las mujeres, las personas con discapacidad, quienes pertenecen a los pueblos originarios, etc.

En este sentido, la visibilidad de la “otredad” durante décadas ha incomodado, cuestiona al status quo, impidiendo reconocer y validar su existencia. La clandestinidad antes era un espacio seguro, ahora ha dejado de serlo, ante la insatisfacción, emocional, legal, cognitiva, que genera la oscuridad, el no reconocimiento.

De este modo, el miedo que unos sienten ante la posibilidad de compartir la figura civil que valida sus derechos, con aquellas/os a los que sistemáticamente les han sido negados, más que tener que ver con la posibilidad real de la desaparición de la familia, es la incomodidad de reconocer que sus creencias, que les daban la sensación de permanencia y seguridad en el mundo, ya no lo son más.

Condicionar la existencia del “diferente” a la comodidad emocional, conductual, cognitiva del “privilegiado”, bajo la justificación de “la mayoría”, del “orden social”, del “deber ser”, fomenta la precarización en la calidad de vida, que todas de una u otra forma aspiramos a vivir.

Uno de los hechos fundamentales en toda esta discusión es que las diversidades existen, no sólo la sexual, también la étnica, la funcional, la espiritual, etc. Creo que el panorama actual nos pone en la posición imperante del reconocimiento absoluto a dichas diversidades y en ese sentido, el matrimonio igualitario pone sobre la mesa la necesidad de revisar cuándo los derechos son privilegios para algunos, nos obliga a salir del cuadro desde el que se evalúa al/la “diferente”, para apostar a una sociedad más justa y equitativa, desde las acciones y no desde el discurso.

Hoy por hoy, cohabitamos un mundo en el que hay que perder la comodidad de mirar la vida, desde un lugar egocéntrico y poco empático, acrítico e irreflexivo, para crear un estado incluyente, abierto, respetuoso de la coexistencia y el reconocimiento legal de la diferencia. Finalmente, no hay que perder de vista que las diversidades seguiremos andando, existiendo y gestionando nuestros derechos, a ser reconocidas, a ser visibles, a ser personas.   

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Editorial

Un tema que importa poco, hasta que lo necesitas

Reyna Gómora

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Los momentos de duelo son los más sensibles que experimentamos como seres humanos, son los momentos de dolor que dejan desnudo nuestro interior, incluso sacan a flote aspectos que no conocíamos o no queríamos conocer de nuestra historia de vida y las herramientas con las que contamos o carecemos para vivir.

En una reunión reciente, una persona al presentarme con los demás, describió cómo me pidió ayuda para acompañar a una extranjera en un proceso de duelo, quien había recibido una noticia dolorosa, muy importante para ella, y  lo estaba viviendo en profunda soledad y a muchos miles de kilómetros del ser querido que había muerto. Quien comentando la anécdota expresó: mi invitada trabaja en esa área a la que le damos muy poca importancia, hasta que la necesitamos y no sabemos qué debemos hacer, porque la situación nos está rebasando.

Nada más exacto.  Infortunadamente además de lo comentado, el tema de la muerte, de las pérdidas y de tanatología en general, no se toca, no se habla, y sumado a ello, está invadido por muchos tabúes, alimentados con miedo. No logramos incorporar a nuestro pensamiento que la muerte no es la enemiga de la vida, sino que es parte de vida misma.

En términos generales, como sociedad, carecemos de la cultura de la prevención, misma que nos permitiría integrar la vida y los temas de la misma de una manera más productiva. Y es que los seres humanos somos los únicos seres que tenemos sentido de anticipación. Esto es, que podemos crear un escenario del futuro, o de futuras noticias o de los desgastes naturales que trae consigo el paso del tiempo y las necesidades que conlleva este hecho natural.  Muy probablemente has escuchado decir frases como: “más vale prevenir…”, “¿qué puede ser peor?”, “imagino lo peor, así lo que llegue será bien recibido”, esto es a lo que me refiero.  Sin embargo, puede ser usado adecuada y productivamente. ¿cómo?: hablando del tema, preparándonos  y haciéndonos de elementos de vida para afrontar las situaciones más complejas. Esto de ninguna manera significa que no nos va a doler o que pasará rápido,  no es así. Lo que si es que nos permitirá elaborar nuestros procesos, caminar nuestros caminos de dolor hacia la reconstrucción de nuestra fragmentación interna y normalizaremos la sintomatología que traen consigo los duelos, y que afectan en varios niveles: psicológico, físico, relacional, espiritual y cognitivo.

Si logramos informarnos, conocer, reflexionar, concluir, y encaminar nuestros conocimientos y descubrimientos a nuestro día a día, o en los ensayos que la misma nos permita, entonces la vida misma nos ofrece los elementos para desarrollarnos. Es decir, tenemos que hacer un papel activo en la vida para encontrar nuestras respuestas. La doctora Karen Horney, destacada psicoanalista, desarrolló varias teorías y en una de ellas habla de la imagen idealizada que nos formamos de nosotros mismos, y al hacerla consciente es doloroso; al descubrir nuestras verdades más profundas duele porque no corresponden del todo a lo que hasta ahora hemos creído de nosotros. Y queremos en muchas ocasiones ya no saber más, sin embargo, es nuestra responsabilidad seguir descubriéndonos, para poder conocer, quién realmente somos, cuáles son nuestros recursos internos y reconocer nuestras limitaciones, aun cuando especialmente éstas, no nos agraden. Hablar y desarrollar el tema de las pérdidas, es una vía para ello. Dejar que sólo pase el tiempo, nos lleva a sobrevivir, y pasar por uno más en este hermoso camino que se llama vida, y que tiene a su acompañante silenciosa: la muerte.

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Moloch Político

Caminos distintos, dura encrucijada para Yucatán

Amelia Navarrete

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La caída de la industria henequenera fue dramática, pues dejó postrado económicamente a Yucatán durante casi seis décadas. Unos 200 mil paisanos migraron a Estados Unidos, otros 100 mil cruzaron los linderos para hacer crecer a Quintana Roo, otros muchos tantos se fueron al centro del país y el extranjero.

Los yucatecos vivieron sujetos a los designios del centro del país, para contar con recursos federales, las empresas sufrieron. Los que supieron crecer fueron los comerciantes, las pequeñas empresas de servicios, a mínimos la hotelería y el turismo.

Mérida tuvo un magro crecimiento, pero los municipios sufrieron más, Valladolid, Tizimín, Peto, Tekax, aguantaron gracias a los recursos venidos de Quintana Roo y de California, Texas y en menor medida de La Florida y Oregón. En ese tiempo, municipios como Cenotillo, Teabo, Izamal, Dzidzantún, quedaron casi vacíos por la migración.

El nuevo siglo hizo la diferencia, de manera significativa el gobierno marcó aciertos, el desarrollo del Parque Científico, la apuesta al crecimiento educativo con instituciones de nivel superior de calidad y excelencia, el fomento al turismo, el desarrollo y transformación industrial, la viabilidad de las Zonas Económicas Especiales, la ampliación del Puerto de Altura, han impulsado un notorio avance.

Los últimos 15 años han sido pujantes, cifras notoriamente buenas en empleo, inversiones, captación de capitales externos, aunque,  aún somos el penúltimo estado del país en ese rubro, la nueva apuesta empresarial yucateca, ha hecho una gran diferencia.

Ampliar el puerto de altura, la visión empresarial por la innovación está haciendo surco y eso aporta un gran beneficio, principalmente a la zona urbana, porque los municipios, todavía no logran ver esa bonanza. Hay un notorio avance, pero también un notable rezago, primordialmente en el campo. Un paso acelerado que ha permitido un crecimiento vertiginoso de Mérida, donde la plusvalía inmobiliaria crece rápidamente. Cientos de familias venidas de muchas partes, en su gran mayoría por la inseguridad en otros estados, demandan vivienda y servicios. Pero una vez más, los beneficios sólo ocurren en la zona urbana y su perímetro.

La cuestión es simple, porque todo iba bien, hasta que llegó el nuevo gobierno que desea cambiarlo todo. En lineamientos, tiene otros intereses, sus intenciones no comparten las políticas y proyectos que requiere Yucatán y que postuló el gobierno estatal entrante en su Plan Estatal de Desarrollo.

El gobierno federal, por su parte, que cumple su cuarto mes de gestión, busca temas y aspectos diferentes, tiene una visión social que urge implementar en Yucatán, pero al parecer, deja serios vacíos porque no va a apostar por rubros que requiere el estado. Yucatán puede tener un serio tropiezo sin la apuesta federal en recursos para los proyectos que significan la posible reindustrialización de nuestro estado. La negativa a continuar con el desarrollo de las Zonas Económicas Especiales, la desaparición del Consejo de Promoción Turística, la incertidumbre para continuar el desarrollo del Puerto de Altura de Progreso, la reducción presupuestal a Conacyt y las instituciones científicas abre estas interrogantes.

El gobierno federal se pronunciado por la construcción de un ferrocarril, una obra costosa cuyo rendimiento y sostenibilidad aún no se conoce a ciencia cierta. Por otra parte, la capacidad del gobierno federal por sostener el paso no se advierte seguro, el anuncio de una recesión mundial en los próximos años, establece incertidumbre y todo ello, con los problemas nacionales que se agravan y no se resuelven.

Ciertamente, los problemas de Yucatán tendremos que resolverlos los yucatecos, las sonrisas y discursos harán fotos y memes, pero no ofrecen resultados. Entonces, la cuestión es: ¿qué le espera a Yucatán a corto, mediano y largo plazo? ¿Qué podremos esperar los yucatecos ante el panorama que se avecina?, hay más preguntas que respuestas, nuevamente, la moneda está en el aire.

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