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Arte y ciencia

A 40 años de la historia institucional en Yucatán

Edgar A. Santiago Pacheco

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El próximo octubre de 2020 se celebran los cuarenta años de que se empezó a impartir la historia como especialización en la entonces Escuela de Ciencias Antropológicas de la UDY. Incluso en estos días he leído un aviso sobre un Seminario para conmemorar tal acción, en el marco de los 50 años de fundación de la Facultad. A vuelo de pájaro no puedo dejar de recordar el activo papel en esta empresa de la terna formada por Carlos Magaña Toledano, José Tec Poot y Carlos Bojórquez Urzaiz, bajo la guía de Salvador Rodríguez Losa. Los Carlos estoy seguro tienen mucho que decir en dicho Seminario.

En la convocatoria, me llamó la atención una afirmación que hacen los responsables del Seminario: “En el último tercio del siglo XIX, personajes como Eligio Ancona y otros fueron transformando la práctica de historiografía, pero hubo que esperar un siglo para que la disciplina adquiriera su carácter científico y ocupara un lugar dominante en la Universidad”.

Tengo serias dudas en la parte de la afirmación que se subraya, pues el carácter científico de la escritura de la historia en Yucatán, se puede rastrear en obras que se escribieron antes del establecimiento de la especialidad. Entendemos que se quiera asociar la práctica científica de la disciplina con la fundación de la especialidad de historia en la Universidad, pero hay que ampliar la mirada analítica y evitar caer en un reduccionismo conceptual o en un posible anacronismo histórico.

Y es que mucha de la historiografía practicada en nuestro terruño, fue científica, aunque, no hubiese instituciones en la localidad para formar historiadores. El razonamiento sobre esta afirmación se afianza en el hecho de que existía una noción moderna de la historia, que se plasmó en nuestra historiografía regional. Esto si entendemos la noción de modernidad a partir de dos diferencias básicas con la tradición historiográfica anterior: a) No tiene el fin de moralizar sino de instruir sobre la naturaleza de la historia como una apuesta al futuro, y b) busca ser científica, y por ello basarse en evidencias interpretadas con objetividad, lo cual brinda una mirada de especialista y no de retórico.

Dicho de otro modo, en palabras de Karla Alejandra Pinal Rodríguez, en su libro Vivir para historiar, historiar para vivir. La profesionalización de la historiografía en México editado en 2016: en la noción moderna de la historia el “historiador [tiene] una actitud científica y un distanciamiento en la observación; su fin debe ser la verdad y, si acaso, orientar con base en ella, no el convencimiento por sí mismo. En ese sentido, es una historiografía para el futuro y no para el presente, del que intenta separarse” (p.35). Sin duda, encontramos estos elementos en mucha de la obra histórica escrita antes del establecimiento de la especialidad en la Escuela de Ciencias Antropológicas en 1980.

Siguiendo a Pinal, y queremos ir un poco más allá en nuestra reflexión, el establecimiento de la especialidad en historia en 1980 no es el inicio de la profesionalización historiográfica, si se ve la profesionalización como un proceso y no como un acontecimiento. En el caso de Yucatán el proceso de la profesionalización de la historia ya era evidente antes de 1980, basta con hacerse un análisis historiográfico anterior a esa década, y no confundir la profesionalización con la institucionalización. Lo que nos mostraría que es posible considerar que parte de producción historiográfica anterior puede considerarse científica y profesional porque cumplió con los cánones de la historiografía científi­ca contemporánea y porque manó de un grupo reconocido en el ejercicio de una disciplina.

Entonces la pregunta sería ¿Qué cambió la fundación de la especialidad de historia en la Escuela de Ciencias Antropológicas? Una respuesta básica sería que estableció un espacio particular al interior de la profesión histórica: la investigación, que se reconoció en los términos de grupos académicos y oficiales. Desde esta posición es pertinente distinguir primero, la instauración de la prácti­ca científica de la historia; segundo, la institucionalización de la práctica científica de la historia en las universidades y, tercero, la oficialización de la investigación científica en historia. (Pinal 2016:15). En nuestro terruño los dos últimos puntos se expresaron al mismo tiempo.  

Siguiendo esa línea de pensamiento es posible explicar que “la transición de una idea moderna de la historia a una práctica contemporánea, que incluye la investigación, la difusión y la docencia financiadas por el erario público como un reconocimiento oficial de que esas actividades son profesionales y contribuyen al desarrollo social”. ¿No es lo que se hizo con la fundación del Departamento de Historia y el posterior establecimiento de la especialidad en la ECAUDY?

Por ello ¿no sería más pertinente? para entender la práctica histórica de la historia en Yucatán y el papel de las instituciones formadoras de historiadores, hablar de grupos profesionales desde la perspectiva interaccionista como lo propone la autora citada; pues el interaccionismo define lo profesional en función de los profesionales frente a la sociedad y no de la profesión en sí. La profesión se reconoce como mutable, construida culturalmente y como un producto de relaciones sociales. Alejémonos un poco de la definición clásica de profesión de la sociología funcionalista que en cierto sentido reduce las posibilidades de análisis y reflexión.  Esta no ayuda mucho al analizar y definir lo profesional a partir de que cumple los criterios de ser ejercida a jornada completa y en función de una serie de reglas específicas, practicada por individuos formados ex profeso en escuelas especializadas, con protección legal (oficial) para el monopolio del ejercicio, o que debe contar con un código deontológico. Conceptualizarla así, sin duda es ahistórico pues parte de una valoración referida a un presente, pero que no ayuda necesariamente a entender lo que antes significaba. Su aplicación lleva una carga de anacronismo pues se impone a realidades que no se refieren a aquella desde la que fue enunciada–una sociedad y tiempo específico-. Si entendemos la profesionalización como un concepto y no como un sustantivo este no puede ser definido en términos inamovibles como se ha hecho desde una concepción funcionalista de las profesiones.

No se puede limitar el análisis histórico de la profesionalización de la historia a un momento y lugar, la realidad es más compleja y aunque precisamente el establecimiento de la especialización en 1980 en la Escuela de Ciencias Antropológicas pone una X en un lugar y momento, esta X no es más que una expresión coyuntural de un proceso que aún hoy continua. Los jóvenes estudiantes de historia se merecen nuestra preocupación por ampliar horizontes y no cerrarlos, la historia de hoy lo exige.

Valdría la pena una discusión abierta e incluyente sobre la Historia y su futuro en la Universidad Autónoma de Yucatán, que no es otro que la lucha del humanismo por surfear las violentas olas del individualismo empujado por un capitalismo salvaje. Para que estos primeros cuarenta años no sean los únicos, el riesgo está presente.

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Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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