A propósito de…
Todo tipo de fronteras
Publicado
hace 7 añosen
A propósito de fronteras, las hay de todo tipo. Algunas dividen países, otras calles. Hay ciudades que se han convertido en búnkeres, a los que no pueden ingresar libremente ni siquiera quienes viven ahí, donde los habitantes quedan a merced de de aquellos que se constituyen en autoridad de facto, una vez que los vecinos dimiten de todos sus derechos.
El del miedo se ha convertido en un enorme negocio, porque casi todos los habitantes del país somos clientes potenciales, especialmente cuando se mueven los hilos emocionales adecuados, cuando se manipula la información y se hacen coincidir artificialmente hechos fortuitos. A mayor vulnerabilidad de un conglomerado, mayores ganancias.
Acudí, hace algunos meses, a una junta de vecinos, en la que un grupo pretendía hacerse del manejo de la seguridad de una colonia cuyos accesos estaban cerrados con rejas rematadas con alambre de púas y contaba con casetas de vigilancia en dos puntos, uno para la entrada, otro para salir, es decir, la vía pública se había privatizado y se cobraba una cuota de vigilancia que no todos cubrían.
La convocatoria advertía acerca del “incremento descontrolado de la delincuencia dentro de la colonia debido a la presencia de una banda de colombianos”, lo que les garantizó a los organizadores una nutrida asistencia y la decisión del cese fulminante del consejo que, desde hacía más de una década había funcionado.
Quien tomó la palabra, en primera instancia, afirmó que uno de los hurtos de tan peligrosos malhechores, tuvo lugar cuando la propietaria de la casa salió al mercado. Como prueba de la ferocidad de los bandoleros, presentaron un video de pésima calidad y a gran distancia, en el que se observaban dos coches estacionándose en la misma calle lejos uno del otro. “Esos son, llegan en varios vehículos, escogen una casa vacía y – perdón por la redundancia jajaja – la vacían”
Pero, no la vaciaron totalmente. De hecho, sólo sustrajeron lo que cupo en un cajón del tocador, contenedor que también se llevaron, “lleno de joyería”.
La versión que se expuso fue como sigue: La dueña de la casa salió al supermercado alrededor de las 5 de la tarde, momento en que ingresaron a la colonia tres vehículos que pasaron frente a la caseta de vigilantes, sin que nadie les requiriera una identificación. Con tal libertad y sabiendo que el domicilio estaba sólo, se estacionaron cerca del portón, mismo que saltaron, formando una escalera humana con sus propios cuerpos. Uno de ellos ingresó, realizó el robo, les pasó el cajón a sus compañeros, por encima del zaguán, que luego saltó él mismo para dirigirse al automóvil que ya lo esperaba en marcha.
La vecina cuya casa fue asaltada contaría después a sus más próximos que en esa ocasión llamó al 911. Llegó la policía que prometió “vamos a investigar”, a sabiendas de que no lo harían y de una vez dieron el diagnóstico: “seguro fue alguien de aquí mismo porque sabía que no estaba nadie en la casa”
En el encuentro vecinal se desecharon, casi sin escucharse, los pocos argumentos que cuestionaban la falta de lógica y lo contradictorio de la versión dada por los convocantes. ¿Por qué se hablaba de una serie de robos si sólo fue uno? ¿Por qué la inconsistencia en el número de vehículos, fueron 2 ó 3? ¿Cómo recrearon los hechos si en el vídeo no se ve nada? ¿Cómo supieron la nacionalidad de los malhechores? El que controlaba la reunión y el micrófono advirtió: “Si no van a tener intervenciones positivas ya no les voy a dar la palabra”.
Finalmente, ahí mismo, a mano alzada, sin contar los votos, sin lista de asistencia, se tomaron las siguientes decisiones: los convocantes integrarían la nueva mesa directiva, aumentaría la cuota para la seguridad, “porque la actual no alcanza para nada” y un pago extraordinario para adquirir equipo de última generación.
Derechos humanos aparte y saltándose hasta la Constitución, acordaron instalar un impresionante número de cámaras “esto será como un big brother”, comprar scaners para recabar las huellas digitales de todos los que pretendieran ingresar a la colonia y la obligación de portar tarjetones imposibles de falsificar, lo que requeriría una aportación extraordinaria.
Convinieron en dar de baja al grupo de vigilantes que llevaba más de 10 años trabajando en la colonia, cuota de por medio para su liquidación, y contratar a una empresa cuyo lema era “tenemos la vigilancia que merecemos”, está de más aclarar que el merecimiento radicaba en el monto de la mensualidad.
También se tomó la decisión de que, en adelante, solamente los propietarios de las casas podrían participar en las reuniones porque “a saber quiénes son los que rentan” y hasta se propuso la realización de un censo para conocer las profesiones de todos quienes ahí vivían “para estar seguros de que se dedican a actividades honorables”. Ignoro si luego requerirían la cédula profesional.
El recuerdo de estos hechos vino a propósito de la reciente captura de uno de los líderes de un cartel de Tepito en la Ciudad de México en su casa, dentro de un barrio cerrado en la alcaldía de Tlalpan, que cuenta con todo un sistema de seguridad para evitar que entren los de fuera ¿Qué hubiera respondido “el tortas” a un censo de profesiones en su colonia?
