El
pasado primero de abril se anunció la construcción un sincrotrón en el estado
de Hidalgo, acción relevante para la ciencia en México. El anuncio se dio en
presencia del gobernador de Hidalgo, autoridades del gobierno federal y
académicos de las instituciones involucradas: UNAM, IPN, Cinvestav, Conacyt. Ahora
bien, ¿qué es un sincrotrón?
Los sincrotrones pertenecen a una familia más amplia de máquinas
conocidas como aceleradores de partículas, entre los que podemos encontrar
televisores de bulbo, microondas, máquinas de rayos X e, incluso, el Gran Acelerador
de Hadrones (LHC) en Europa, donde se identificó la popularmente llamada “partícula
de Dios”. En otras palabras, es un tipo de acelerador de partículas cargadas, que
se mantienen en una órbita cerrada mediante un anillo de contención hecho de
imanes muy poderosos.
Para entender un poco mejor, es necesario recordar que
toda la materia se compone de átomos y, a su vez, estos se componen de protones
(carga eléctrica positiva), electrones (carga eléctrica negativa) y neutrones
(sin carga eléctrica). Los electrones son las partículas cargadas más pequeñas
de la materia y, por lo tanto, las más fáciles de obtener y acelerar en el
proceso de ionización (el cual separa los núcleos positivos de los electrones
negativos en los átomos); lo anterior convierte a los electrones en las
partículas más utilizadas en los sincrotrones.
Pero ¿por qué es necesario acelerar esas partículas
cargadas? Cuando una partícula cargada experimenta una aceleración emite
radiación electromagnética, si se llega a grandes velocidades (cercanas a la
velocidad de la luz) se puede obtener radiación con mucha energía e intensidad.
Este tipo de radiación interactúa fácilmente con la materia a nivel de sus
átomos y moléculas componentes, interacción que se aprovecha para estudiar
fenómenos microscópicos de la materia, a tal grado que se pueden estudiar
procesos biológicos complejos como la absorción y reacción de fármacos en
organismos.
Actualmente, hay alrededor de 30 sincrotrones de gran
resolución en el mundo, distribuidos en Estados Unidos, Canadá, Europa, sudeste
y costa del Pacífico asiático, Australia, Israel, y solo existe uno en América Latina,
en Brasil. Para poder hacer uso de los equipos de estas instalaciones es
necesario pedir con anticipación tiempo de medición mediante una carta de
propósito y haber terminado un curso de entrenamiento relacionado con la
seguridad en las instalaciones, debido a la alta demanda de los equipos y a los
riesgos de trabajar con muy altas energías de radiación.
Cientos de científicos mexicanos tienen que trasladarse a
otros países para poder acceder a este tipo de instalaciones y tecnología,
gastando en transporte y hospedaje, cantidades de dinero que pueden invertir en
materiales, equipos básicos de laboratorio, y no menos importante, en la
divulgación de sus resultados. La importancia de construir un sincrotrón en
México radica en faciltar el acceso a muchos científicos nacionales, así como
de otros países de Latinoamérica, sin necesidad de viajar a Estados Unidos u
otros continentes. De igual forma haría más rápido el traslado de materiales
fácilmente degradables en el ambiente, sin
necesidad de pasar aduanas y revisiones.
En el sincrotrón se pueden examinar los caminos de
reacción en un proceso químico, lo que ha ayudado tanto en el diseño de nuevas
formas de sintetizar materiales como en la generarción de nuevas formas de
energía limpia. En la parte biológica, contribuye a entender cómo las encimas
trabajan en el cuerpo, útil en el desarrollo de medicamentos contra el
melanoma, la influenza AH1N1 y el VIH, y a combatir de forma indirecta otras
enfermedades. En la medicina, la luz sincrotrón es aplicable para obtener
imágenes de tejidos, en diagnósticos y radioterapia. En las tecnologías
emergentes, el sincrotrón ha dado luz al entendimiento de materiales novedosos,
utilizados en los componentes de microprocesadores, celdas solares y ventanas
inteligentes. Los sincrotrones se han utilizado para entender el origen de todo
lo conocido por la humanidad, como en caso del HLC.
Sin lugar a duda, un sincrotrón es indispensable para acelerar
el desarrollo tecnológico, atrayendo nuevas inversiones y empleos al país, al
igual que nuevos conocimientos que se traducirán en aplicaciones e
innovaciones.