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Arte y ciencia

Bibliotecas, Archivos, usuarios y la Covid-19

Joed Amílcar Peña Alcocer

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Foto de Joed Amílcar Peña Alcocer

Un día de marzo, las bibliotecas y los archivos en México cerraron sus puertas. La pandemia global ocasionada por el coronavirus puso en una encrucijada a todos los centros de información del mundo (bibliotecas, archivos, fototecas y más), se truncaron procesos de gestión documental y varios usuarios suspendieron sus actividades de consulta de manera casi inesperada. La magnitud de la contingencia sanitaria alcanzó a nuestros sistemas de bibliotecas y archivos, esta situación de excepcionalidad probó la infraestructura para prestar servicios de información vía remota. La fortaleza de algunas instituciones fue evidente; pero en otros casos, que tristemente representan la mayoría, nuevamente las carencias quedaron al descubierto.

El contexto de estos eventos incluyó la migración forzada de programas educativos, de todos los niveles, a ambientes virtuales de enseñanza y aprendizaje. ¿Qué significó no tener bibliotecas y archivos con capacidad de atender a sus usuarios a la distancia? Sencillo, tanto profesores como estudiantes no recibieron el acompañamiento adecuado que facilitara el desarrollo de los procesos de educación e investigación a través de solucionar sus necesidades de información específicas.

Estoy casi seguro que la mayoría de los profesores de educación básica, media superior y de algunas universidades no resintieron esta falta de apoyo. Esto no se debe a la inutilidad de las bibliotecas o archivos, más bien es producto de una deficiente enseñanza profesional en el uso de recursos y fuentes de información. Debido a esto, el potencial de las bibliotecas para dinamizar la enseñanza o formar ciudadanos críticos permanece en muchos casos en estado latente. Sin embargo, desde hace unas semanas un grupo demanda la apertura de los centros de información del país: los profesionales de las ciencias sociales y humanidades.

Resulta comprensible la demanda de esta comunidad de usuarios, posiblemente son los que más uso dan a las instituciones documentales. La enseñanza de estas disciplinas requiere el constante uso de fuentes de información primarias (documentos de archivo) y secundarias (libros), sin ellas sus investigaciones o cursos de formación entran en un bache del que difícilmente pueden salir. La inconformidad aumentó cuando se dio la noticia de la apertura de negocios del giro restaurantero y no se dio un anuncio similar para que las bibliotecas o archivos hicieran lo propio.

Historiadores, antropólogos, sociólogos o literatos siempre pensarán sobre los centros de información desde la perspectiva del usuario, por lo que es lógico que desconozcan que, en el contexto de la pandemia, permitir la consulta presencial de las colecciones bibliográficas o documentales es algo más complejo que abrir un bar o un restaurante.

Diversas organizaciones internacionales han propuesto medidas para crear condiciones que disminuyan el riesgo de contagio de bibliotecarios y usuarios.  Como era de esperarse, estas medidas van más allá del uso de mascarillas, guantes, caretas o limitar la cantidad de usuarios en la sala de lectura.

Una de ellas, de sumo interés para quienes hacen uso de estos espacios, tiene que ver con la disponibilidad de los documentos. Se ha estimado que el virus causante de la pandemia puede sobrevivir de dos a tres semanas en el papel, mismo lapso de tiempo en el que se recomienda poner en aislamiento todo documento que tenga contacto con los usuarios, es así que todo libro o expediente que se consulte tendrá que estar fuera de circulación y resguardado en una habitación seleccionada para tal efecto. ¿Será útil consultar una vez cada tantas semanas un expediente de archivo? ¿Qué harán las bibliotecas que no puedan responder a las demandas de información por no poseer suficientes ejemplares de un título? ¿Cómo gestionarán el espacio disponible para usuarios, bibliotecarios, administración y aislamiento de libros los centros de información que no cuentan con infraestructura medianamente adecuada? Preguntas que los bibliotecarios deben responder; pero que los usuarios posiblemente no se planean.

En Yucatán, la Secretaría de la Cultura y las Artes realizó hace un par de meses una reunión para valorar las posibles acciones para la reapertura de bibliotecas, fue un primer paso para diseñar un protocolo que esperemos pronto sea oficial y público para los interesados. No he sabido de otro debate local al respecto, por lo que podemos considerar que no existe una intención generalizada de reactivar estos servicios a corto plazo.

Las iniciativas que se han puesto sobre la mesa están condicionadas por la infraestructura física y tecnológica, así que las propuestas más comunes para superar la barrera de las bibliotecas y archivos cerrados, como la reapertura o iniciar la digitalización de colecciones, no son ampliamente viables.

La digitalización de los documentos no es una respuesta inmediata, a menos que se trate de una actividad cotidiana en el centro de información y que sólo requiera aumentar su producción. La digitalización no implica necesariamente mayor difusión o alcance de la colección, por ejemplo,  Archivo General del Estado de Yucatán tiene más de 800 mil imágenes digitales de sus fondos; pero no tiene la tecnología adecuada que permita su visualización remota. Así que para montar una biblioteca o archivo en la red no es suficiente el escanear, es una tarea de alta complejidad técnica que no puede realizarse de un día a otro.

En este contexto existen dos opciones. La primera es formar a los usuarios para que adquieran autonomía en el uso de recursos de libre acceso en la web a través de cursos virtuales, lo otro es fomentar el servicio de referencia por medio de foros de consulta o chat. Las bibliotecas o archivos que poseen colecciones digitales como el Centro de Apoyo a la Investigación Histórica y Literaria de Yucatán bien pueden realizar estas acciones; otras deberían pensar en liberar la consulta de obras que no presenten problemas de derechos de autor, una institución que podría hacer algo así es la Universidad Autónoma de Yucatán que posee colecciones digitales propias, aunque restringe su consulta.

Salta a la vista que para hacer una u otra cosa se requiere de personal especializado en esas tareas, bibliotecólogas, documentalistas y archivistas. Esperemos que la pandemia revele a muchos la importancia de los centros de información para sus actividades profesionales y cotidianas, mientras no sea así su apertura será interés de unos cuantos y tardaremos más en ver iniciativas reales de ponerlos en marcha.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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