Arte y ciencia
Brian Jones, genio bizarro de los Rolling Stones
Publicado
hace 7 añosen
Por
Ricardo Pat
Se cumplen 50 años de la muerte de Brian Jones, el primer líder y el músico más dotado de los Rolling Stones, que un 3 de junio de 1969 inauguró un siniestro club de celebridades fallecidas a los 27 años edad, al que pronto se unirían, en orden cronológico: Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Kurt Cobain y Amy Winehouse, que también murieron a esa edad.
La importancia de esta figura refulgente del rock es tal, que para algunos expertos su muerte es considerada la primera señal de declive de la magia del “Flower Power,” y toda la magia de la música de los sesenta. No hay que olvidar que fue él quien incluyó diversos tipos de instrumentos en una de las mejores obras del rock de todos los tiempos, grabada por los Rolling Stone en 1967, Their Satanic Majesties Requestel álbum que ayudó a expandir el sonido inigualable del grupo británico. Esta circunstancia u su talento llevaron a Brian Jones a ser considerado como el primer líder de la banda, donde fue el segundo guitarrista y multiinstrumentista, desde su formación en 1962 hasta pocas semanas antes de su muerte a mediados de 1969.
Nacido en Cheltenham, Inglaterra el 28 de febrero de 1942, en el seno de una familia donde la música era cotidiana, desde pequeño aprendió a ejecutar diversos instrumentos, pero la guitarra lo atrajo más. En plena adolescencia su gusto se inclinó hacía el blues, el rhythm and blues y el jazz. Brian vivía plena y genuinamente la vida del rock and roll, aunque inició tocando jazz con infinito talento.
Su capacidad para la composición era notable, le encantaba experimentar y trabajar en una idea hasta lograr el resultado esperado, por ello formó junto con Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts, Bill Wyman y el pianista Ian Stewart al grupo The Rolling Stones. Su habilidad para tocar diversos instrumentos confirió a la obra de las Piedras Rodantes de una diversidad y eclecticismo que los llevó a convertirse en uno de los grupos más famosos del Reino Unido y pronto también, de los Estados Unidos. Aunado a su talento musical, fue además clave su tremenda presencia escénica que definió la imagen de los Stones en los sesenta.
Entre sus mejores aportaciones con la banda están el psicodélico “Dandelion” donde toca el oboe; “I´m Alright”, una canción muy sencilla y festiva que repite el coro hasta el infinito con la guitarra y pandereta de Brian; “Paint in Black” con el sitar hindú; ‘She´s a Raibow” contribuyendo con el mellotrón, guitarra eléctrica, percusión y coros; “Ruby Tuesday”, contribuyendo con una flauta, piano y coros; y “Symphaty for the Devil” con coros y maracas; “Let´s Spend the Night Together” tocando órgano y guitarra; “Under my Thumb” aportando marimba y guitarra; “No Expectations” destacando su guitarra slide; “I Cant Get no Satisfaction” donde toca la guitarra acústica y “Jumpin’m Jack Flash’, donde es notable su Teletalker del 61.
Curiosamente Brian Jones no recibió crédito en muchas de estas, de hecho tampoco cantó voces principales en ninguno de sus discos, pero si fue muy famoso haciendo amistad estrecha con personajes como Jim Morrison, John Lennon, Bob Dylan, George Harrison, Jimi Hendrix, Andy Warhol y Kenneth Anger,
Siempre fue enfermizo y su abuso de las drogas lo volvieron vulnerable, de hecho, en febrero de 1967 se le detuvo por tenencia y consumo de LSD, siendo obligado a ingresar a una clínica psiquiátrica. Su liderazgo era palpable y de hecho tras su partida el eclecticismo, como virtud de búsqueda estética, despareció por completo en la obra de los Stones. Fue quien los motivó a trabajar juntos hasta su debut en 1962, ya que siempre estuvo convencido de las posibilidades comerciales de su propuesta musical en Inglaterra.
Sin embargo, existe un lado oscuro de este personaje. Sus padres le echaron de casa por comportarse como un delincuente. Era un tipo problemático enfundado en una imagen sofisticada, exótica, se convirtió en la estrella del rock más ambigua del swinging London. Su apetito sexual era desmedido, tuvo demasiadas novias, seis hijos con diferentes mujeres, pese a ser demasiado agresivo con ellas, llegando incluso a golpearlas al no poder controlar sus celos desmedidos. Nico, cantante de Velvet Underground mantuvo una tormentosa relación sentimental con él, describiéndolo como un amante cruel. Fue la actriz Anita Pallenbeg, quien era una mujer fuerte y decidida, la que le marcó el alto cuando sostuvieron un sonado idilio, al dejarlo para irse a vivir con Keith Richards. Hubo quien vio en aquello un acto de justicia poética. Ella justificó su decisión asegurando que Brian era un novio en extremo agresivo que se comportaba como un psicópata con muchos de los que le rodeaban. Jones nunca se recuperó de aquel golpe, iniciando su declive. Cuando Mick Jagger y Keith Richards supieron que los problemas legales de Brian impedían ir de gira a Estados Unidos, tomaron la decisión de echarlo de la banda. De este modo, el 14 de junio de 1969 se hizo público que ya no era parte del grupo y que los sustituía un joven guitarra llamado Mick Taylor. Fue el primer gran mártir del rock cuando murió ahogado en la piscina de su mansión el 3 de julio de 1969. Incluso se habló de una conspiración para asesinarlo, pero la realidad es que no se ha demostrado que su deceso no fuera a consecuencia de una noche de drogas y alcohol. Después de su muerte, los Stones le dedicaron su actuación en Hyde Park dos días después, antes 250.000 personas. Jagger leyó un poema de Shelley y se liberaron 3000 mariposas en su recuerdo.
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Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
