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Arte y ciencia

Camino del conocimiento

Orlando J. Casares Contreras

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Con los recientes comentarios de personajes relacionados con la política, en los que aluden a una parte de nuestros hábitos alimenticios, en particular a la ingesta de tacos de carnitas como celebración de la caída de Tenochtitlán, la urbe azteca donde más tarde se fundó la capital del país, ofrece la oportunidad de escribir con enfoque antropológico, en particular desde la antropología de la alimentación. Deseo aclarar que las líneas siguientes no pretenden realizar embates políticos hacia ninguna persona, partido o movimiento ideológico, pero si valernos del momento y los comentarios señalados para aclarar algunas cuestiones.  En ese sentido, considero que la expresión de la senadora Jesusa Ramírez respecto a cuestiones alimenticias, es reflejo de un pensamiento que se extiende notablemente aunque sobre su propio enunciado existen puntos de vista diferentes interesantes para poner en la mesa de discusión.

            Si observamos el video de la senadora, a pesar de todas las evidencias históricas y arqueológicas de que disponemos, vemos como se sigue perpetuando una idea muy enraizada  sobre el centralismo mexicano, idea que coloca la caída de la principal ciudad del Imperio Azteca como el momento clave y con ello el derrumbe del resto del territorio nacional e incluso del continente mismo. La realidad es mucha más compleja, ya que cada región mesoamericana, centroamericana, norteamericana y andina tuvo sus propios tiempos y peculiaridades de colonización. Sólo en el territorio que hoy conforma México, la Región Maya supuso uno de los mayores esfuerzos y fue parcialmente conquistada hasta bien entrados los siglos XVIII y XIX, presentando rebeliones constantes, incluso posteriores a la independencia del país, como la Guerra de Castas de 1847, y que incluso a principios del siglo XX, algunas zonas del Área Maya no reconocían su territorio como parte del Estado Mexicano, especialmente en la región que hoy conforman el oriente yucateco y el sur de Quintana Roo.

            Sus palabras no son ni nuevas ni exclusivas, son parte de lo que alguna vez derivó de la corriente indigenista de principios del siglo XX que se fue transformando y tomó un segundo aire con la llegada del New Age, a mediados de ese siglo, donde se expandía la idea de que las poblaciones americanas carecían de actividades bélicas y sus ciudades eran centros de paz, armonía y observación celeste. Como cualquier otra civilización, los grupos humanos precolombinos tuvieron jerarquías, una organización social, política y económica sumamente compleja en la que la guerra y los conflictos bélicos eran comunes, especialmente para los ejércitos disciplinados de los grupos hegemónicos como los Aztecas y algunas capitales a lo largo de los territorios Purépechas, Mayas, etc. sólo por mencionar los encontrados en Mesoamérica,            

¿Qué fue entonces lo que facilitó el proceso de conquista y caída de los pueblo originarios? Es muy difícil argumentar que fue sólo el poder de las armas de los conquistadores, ya que en las primeras incursiones la superioridad de los ejércitos locales repelió en la mayoría de los casos a los conquistadores, por conocimiento de su territorio como por la enorme superioridad numérica y organización de sus milicias. Una respuesta sensata la encontramos en los estudios de Elsa Malvido cuya especialidad es el despoblamiento indígena influido por epidemias. En efecto, el aislamiento geográfico de las poblaciones americanas fue el factor decisivo sobre la conquista no sólo de Tenochtitlán, sino de todo el continente, debido a la falta de resistencia inmunológica de sus poblaciones a enfermedades introducidas por los españoles, como las paperas, la viruela, el sarampión, la varicela, la peste y la tosferina. No fue una, fueron varias y todas al mismo tiempo, las que acaso  mermaron un 90% de la población de México. Durante este proceso, también se han generado otros mitos compartidos como la imposición violenta del cristianismo, que en parte es cierto, ya que hubo tribunales inquisitorios a lo largo y ancho de los virreinatos, persecuciones por motivos ideológicos, etc. Pero también asumir esto a secas, es negar la creatividad con la que muchas poblaciones originarias asimilaron la nueva religión, usando sus propios marcos religiosos para adoptar algunas deidades cristianas, trasladando cualidades de sus dioses de origen prehispánico al santoral cristiano.  Las líneas son pocas para describir el enorme crisol cultural al  que dio lugar la conquista, crisol que incluye, desde luego, la alimentación que sigue siendo un reflejo del mismo y que hoy en día nos confiere una identidad llena de emociones, valores y recuerdos de nuestro territorio local, regional y nacional. Entonces: ¿debemos sentirnos mal por consumir unos tacos de carnitas? En lo general no, pero en lo particular, la respuesta dependerá de cada persona, de sus convicciones y en especial de lo mencionado anteriormente, de su identidad regional. A un yucateco podría no parecerle este guiso algo excepcional y podría argumentar  que es un consumo producto del centralismo mexicano, anteponiendo sus panuchos y salbutes. Un regiomontano tiene otra concepción de la carnita asada, como un momento familiar, de amigos y no como parte de un puesto callejo. Ni en el propio territorio podríamos llegar a un consenso sobre lo que implica comer uno u otro guiso hecho de ingredientes traídos por europeos en conjunto con los locales. Vale la pena reflexionar sobre este tema.

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Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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