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Arte y ciencia

Chuleta ¿fábula o alucinación?

Otto Cuauhtémoc Castillo González

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Me gusta leer las notas del periódico a mamá mientras hace chocolate para  el desayuno, así nos enteramos de cómo se nos fue el tío Gabriel. Yacía con los ojos cerrados. Sólo había utilizado dos veces un traje: el día de su boda y ahora que estaba tieso en el féretro. Todos se arremolinaron junto a mi tía Rosa, fuente imperecedera de lágrimas, suspiros y palabras entrecortadas por el dolor. Los nietos estaban inconsolables. Hasta don Jaime estaba ahí, y eso que se había peleado con mi tío Gabriel cuatro días antes, porque le cobró veinticinco pesos por una lata de cerveza pues él no daba fiado, ni siquiera a su familia. Y así, la fila de gente comenzaba en el ataúd negro pulido y terminaba en la puerta de la funeraria. Había un calor raja piedra, el sol estaba en su punto, como es normal en Villadelsol, pero aún así todos estaban de traje y vestido. Somos igual de elegantes para bodas como para funerales, curioso que en ambos se acabe la vida. El sudor me chorreaba por las mejillas. Mamá estaba sentada a mi lado en silencio y observando con los ojos hinchados. Papá estaba parado con un grupo de señores hablando pestes del presidente municipal, que decidió privatizar el servicio de agua potable, y luego se puso a organizar una revolución -infructuosa- desde su twitter, quejándose amargamente porque los de la funeraria no le dieron la contraseña del internet. La abuela no se creía que en menos de un mes ya había perdido a más de cuatro personas entre parientes y amigos; de pronto alzó la mirada y vio a mi abuelo a quien guardaba un sendo rencor y odio en desproporciones que terminan enfermando al mismo quejoso. Mi abuela estaba enferma de odio, sin embargo, al ver que mi abuelo lloraba por mi tío Gabriel, todo paso y se acercó para clavarle un beso rojo y húmedo en sus labios. Nadie prestaba atención, pero nadie estaba distraído, todos estábamos en una sintonía que media entre esos dos polos y que solo puede ser originada por la muerte. Mi tía Rosa lloraba cada vez más fuerte. En realidad nadie esperaba que la muerte se ciñera sobre el tío Gabriel. De la nada se nos esfumó. El diagnóstico tardío señaló que la mezcla de cáncer pulmonar y de hígado provocaron el deceso. Rompiendo el sonido de los llantos, pero sin descontinuarlos, entró impertérrito el primo Chuleta. Nadie prestó atención, sólo mamá. El primo Chuleta quien siempre usaba playeras negras,  y no cambio su estilo por el funeral, era el único que no llevaba traje, e iba de chanclas, pero nadie prestó atención. Todos estábamos sentados de tal manera que nuestras espaldas daban a las paredes, formando una especie de área vacía en medio de la habitación. Chuleta, sin decir palabra, se acercó a la persona que tenía más cerca, mi prima Alejandra: un apretón de manos y palabras inaudibles entre el sonido de las lágrimas de mi tía Rosa cuando chocaban en el piso desde sus mejillas. Luego, Chuleta pasó con mi tía Carmen: un abrazo fuerte y un ‘que descanse en paz todos cometemos errores que descanse en paz así es mijito’. Tía Rosa tenía los ojos tan hinchados que me mareaba sólo verla. Cuando Chuleta llegó con el tío Diego todo fue fugaz, el otro se puso de pie para saludarlo de apretón de manos y con la misma se sentó rápido y en silencio. Abuela y abuelo seguían prensados de los labios y brazos, y Chuleta, mi querido Chuleta, se unió al abrazo, y se formó aquella figura tan extrañamente tierna que tienen los abrazos de tres personas, algo así como un mounstrito de estambre. Cuando Chuleta llegó con nosotros, yo sin levantarme, le di un choque de puños y él me sonrió y me dijo: qué onda primo. Mamá se puso de pie y comenzó a llorar, lo atrajo para sí de forma brutalmente sútil y Chuleta dijo -‘no se preocupe tía todo estará bien ustedes saldrán adelante. Todos continuamos aquí, así que no se preocupe tía’. Mamá se sentó sin decir palabra alguna, pero se llevó las dos manos al rostro. Y el primo Chuleta siguió caminando hasta topar con el féretro, entonces guardó silencio. Me dio la impresión que su mirada no estaba fija en el tío Gabriel sino en el interior del ataúd, pero no en el tío Gabriel. De pronto, Chuleta besó su propia mano derecha y lentamente la colocó sobre la barca mortal del tío Gabriel. Tía Rosa llenaba de sollozos la funeraria, ya nadie escuchaba más que los lamentos disonantes. En ese momento, estoy seguro, vi como los labios de Chuleta parecían moverse de tal manera como diciendo: “Ya sé,” y seguía con la mirada hacía el interior del féretro, no en mi tío Gabriel, sino en el vacío del féretro, y su mano aún estaba apoyada sobre la tapa del ataúd. Chuleta se alejó en silencio. Cuando alcanzó la puerta de salida, dándonos la espalda a nosotros y la cara a la calle, Chuleta se quedó inmóvil por un instante, como si hubiese recordado súbitamente algo, algo importante. Chuleta dio un nuevo recorrido entre los asistentes, pero ahora el recorrido lo hacía con su mirada y recreaba cada encuentro, se quedó mirando al ataúd y vi cómo sus labios repitieron: “Ya sé”. Se percató de que lo veía y nos miró nuevamente, a mí y a mamá. Sin decir palabra alguna, alzó la mano derecha despidiéndose. Nadie se dio cuenta.

Era un viaje entre amigos de la prepa, iban a un pueblo cercano a bañarse en un cenote, decía el periódico. Mientras unos cambiaban el neumático pinchado en plena noche, Chuleta decidió pedir aventón a la orilla de la carretera. Su cráneo fue aplastado y el trailer se dio a la fuga. Sólo lo reconocí en la foto por la esclava que le regaló mamá y que llevaba siempre en su muñeca derecha. Mamá me dijo que hoy no había chocolate para el desayuno.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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