Arte y ciencia
Comentarios a Yucatán, Historia y Cultura Henequenera (Tomo III)
Publicado
hace 5 añosen
Como el coordinador de la obra lo indica, el texto que ahora se presenta es la continuación de otros dos anteriores. El primero abarcó el surgimiento, el auge, la revolución, los socialismos y la reforma; 1860 – 1938. Y el segundo tomo se refirió a la consolidación del nacionalismo revolucionario 1938- 1980.
El actual se titula, en una precisa y dura traducción de la realidad, “El Fin de la Industria Henequenera y las transformaciones 1980- 2018”. Son tres tomos que constituyen una colección de textos sobre el henequén, desde 1860 (un poco antes estrictamente) hasta 2018 (un poco después también rigurosamente hablando).
Sobre el henequén, sobre su historia, sobre su auge, sobre su descenso productivo. Pero no se trata solamente de una historia de la producción henequenera, sino también de los contornos sociales, políticos, culturales en el sentido más amplio, que han acompañado a la agroindustria. También se trata, en este tercer tomo, de lo que ha venido sucediendo a partir de su dramático declive, de los nuevos rubros productivos, que siendo nuevos no dejan de presentar algunos de los viejos problemas de las relaciones económicas y sociales.
Entonces, al hacer los comentarios sobre el tercer tomo no hay que perder de vista que su riqueza está inscrita en el conjunto de toda la obra, es decir, con los dos anteriores.
Así, entendemos que lo que fue ocurriendo a partir aproximadamente de 1980 es parte de una historia que avanza y se desenvuelve frenéticamente, económica y socialmente hablando, desde los primeros años de la segunda mitad del siglo XIX .No que inicia porque el inicio es anterior, tal vez de cuando parece que Zamná se pinchó con un espino de henequén, lo que recuerda que, como en otras creencias, los dioses pueden ser vulnerables y que los resultados divinos de su vulnerabilidad con frecuencia son deformados por los seres humanos. O de cuando los mayas de las sociedades prehispánicas le daban a la fibra los usos que describen Silvia Terán y Christian Rassmusen en su texto incluido en este tomo.
En el corte que en la obra se hace a partir de 1980, se indica que después del gran auge, de la reforma cardenista, del gran ejido y de la producción basada no única pero sí principalmente en las directrices de los bancos rurales (en esa relación formalmente de acreditados pero realmente de asalariados que tenían con los ejidatarios y sobre la que pesaba una enorme carga de corrupción)…. se indica pues, cómo el rumbo de la industria henequenera fue dirigido hacia el desmantelamiento.
Problemas de mercado, de sustitución de los derivados de la fibra por otros productos, de competencia, en fin de contracción de la demanda, contaron para el declive de la producción henequenera, nos dicen varios de los autores. Y nos recuerdan que hubo otro tipo de condicionantes.
Claro que fueron ciertos esos problemas, que constituyeron causas para el decaimiento de la agroindustria y a su vez causas de la reducción o del retiro de la participación del estado. Pero también la conducción desde los organismos estatales, antes y durante las crisis, contó en buena medida para el desmoronamiento de la agroindustria, como ocurrió, por ejemplo, con el subsidio que sirvió para mantener en la línea de la pobreza y de la soterrada inconformidad social a los ejidatarios, para mantener algunos niveles de consumo, y para el desvío y el enriquecimiento fraudulentos de funcionarios y particulares privilegiados. Ni la productividad ni la condición económica y social de los productores directos estaba entre las prioridades de los organismos públicos. Las acciones estatales distaron mucho de instrumentar salidas sólidas para la economía regional y particularmente para los ejidatarios y los otros trabajadores. Y es que las fuerzas del mercado, como quedaría demostrado, no actúan sobrehumanamente ni están desligadas de los intereses de sectores dominantes de la sociedad. Y cuando el estado no funge como moderador eficiente, los resultados pueden ser desastrosos.
Podemos aventurar que en el caso del henequén, con la crisis de los ochentas y noventas encima, el discurso de dejar todo a los designios del supuesto libre mercado era falaz, o en todo caso solamente aplicable cuando convenía a intereses privados. Tan es así, que proyectos como el de la celulosa, el de los esteroides, o el de los sacos, que hubieran podido dar un giro para la permanencia parcial de la agroindustria, en gran medida no avanzaron por presiones económicas y políticas para que esos productos no entraran a competir. Sin duda el mercado condiciona sobre qué productos subsisten, cuáles no y quién queda a cargo de la realización de la producción. Pero ni el mercado marca por sí solo los rumbos de la economía (sobre los que pesan las decisiones de sectores sociales y económicos) ni la actuación estatal es ajena, sea por un alto grado de intervención o por una aparente ausencia, que paradójicamente es una forma de intervenir.
En el caso que comentamos, el retiro estatal de la producción no fue para dejar que las fuerzas del mercado hicieran su trabajo libremente ante la crisis, o las crisis, recurrentes. Ese retiro fue efecto y causa a la vez de la inhibición de la producción y de la organización productiva popular (ésta que nunca se dio plenamente).
Entre otras cosas, eso podemos aprender de la obra que ahora se comenta: una empresa estatal y la producción social-ejidal a ella asociada, van siendo ineficientes por la corrupción, por la falta de organización adecuada, por la competencia de otros productores y por la contracción de la demanda. Sin duda que hubo problemas de mercado, como se ha dicho, pero que no pudieron ser abordados de manera adecuada precisamente por la falta de eficiencia y por la corrupción, lo que llevó a la pérdida de la viabilidad. Lejos de una depuración con intereses social empresariales, que implicara la reorientación de partes importantes de la producción hacia otros rublos (celulosa, esteroides, etc.) las directrices gubernamentales clausuraron estas distintas posibilidades productivas. Y entonces la depuración no fue con orientación social empresarial sino que fue una depuración humana: por eso fueron los recortes en las nóminas del banco y los propósitos de derivar la fuerza de trabajo henequenera hacia otros renglones.
Una parte de la problemática posterior al retiro estatal, la menciona Luis Alfonso Ramírez Carrillo cuando al tratar la evolución de la zona urbana de Mérida y otros municipios sobre los antiguos terrenos de cultivo del henequén, dice que en 1937 el Estado expropió la tierra a los hacendados y se la otorgó a los ejidatarios para que medio siglo después la expropiara a los ejidatarios para venderla y /o regalársela a sí mismo, es decir a funcionarios. El ensayo es exhaustivo y muy ilustrador. Ese sólo párrafo hace recordar que si bien los ejidatarios fueron formalmente, como núcleos de población, propietarios de la tierra, la conducción de la producción nunca recayó sobre una organización ejidal que fuera autónoma, sino que fue conducida por organismos estatales con los resultados que ya sabemos. Y cuando por decisión estatal la tierra ejidal fue puesta en el mercado para el crecimiento urbano (aunque antes el fenómeno ya había iniciado antes en menor escala) la mayoría de los propietarios formales ha resultado la menos beneficiada frente a lo que han obtenido otros actores, a veces amplia y notoriamente enriquecidos. Éste fue un saldo notable del retiro estatal de la producción henequenera.
Y por esto, como por lo que dicen otras partes del mismo texto de Ramírez Carrillo, y también los de Eric Villanueva, Luis Pérez Miranda, Delfín Quezada o Terán y Rassmusen, es inevitable recordar que el sector social de los peones sobre los cuales descansó la producción en la época de auge, la del oro verde, se convirtió en el de los ejidatarios sujetos a las políticas de los bancos estatales para posteriormente ir quedando como trabajadores (llamémosles “libres”) que paulatinamente han ido perdiendo la propiedad ejidal. Aunque hay sectores que subsisten como ejidatarios en tareas derivadas de la diversificación, muchos se han incorporado al mercado de la fuerza de trabajo para servir en las nuevas industrias, en la construcción, en los servicios, en pequeñas empresas y/o trabajos artesanales (cabe mencionar otra vez a Silvia Terán y a Christian Rassmusen) o en alguna de las actividades que se instrumentaron como parte de la propia diversificación. La responsabilidad de la situación que se describe, no es imputable a esos sectores dominados que buscaban, y buscan ahora por otros medios, sus formas de subsistencia, como convincentemente afirma Eric Villanueva en su comentario a un texto de Fernando Benítez que le achacaba, al menos parcialmente, esa responsabilidad a los “parias” (así los llamó). Generalmente los parias, los dominados, no son responsables de las crisis económicas; si acaso pueden serlo cuando, más bien como resultado de una crisis, participan en una convulsión social mayor.
La debacle de la agroindustria y las salidas que explican los distintos autores de esta obra, llevan inevitablemente a la controversia constante y amplia sobre la capacidad de las empresas estatales o paraestatales para ser entidades productivas racionales. ¿Están destinadas las empresas de este tipo a ser ineficientes? ¿Por qué? ¿Tienen alguna posibilidad de no serlo? ¿O solamente la empresa privada puede tener racionalidad económica? ¿Y cuál sería ese tipo de racionalidad, considerando tanto la producción y reproducción exitosas y también la condición de los productores directos, léase los trabajadores?
Las mismas preguntas son aplicables a la producción social campesina. ¿Hasta dónde la falta de control social organizado a favor de los intereses campesinos contó para que la caída de la agroindustria fuera inevitable? ¿Esto querría decir que la producción agrícola social no tiene futuro y que la producción privada-empresarial es la única económica y socialmente viable?
Claro que todas esas preguntas (y otras relacionadas) nos remiten a la cuestión también ineludible del tipo de estado que puede instrumentar respuestas certeras y desde luego del alcance de su intervención en los rumbos económicos y en su caso de la forma de hacerlo. Un estado conducido erróneamente, con falsedades, que actúa erráticamente, difícilmente pueda aplicar directrices económicas y sociales seguras y definir formas de intervención para aplicarlas.
Como en las obras sólidas, la lectura de ésta deja certezas y lleva también a preguntas, algunas como las que hemos mencionado.
Entre las interrogantes que generan los textos está también la de las perspectivas para los próximos tiempos, que es abordada por Eric Villanueva. A propósito, conviene mencionar las enormes dudas, por decir lo menos, sobre el tan cuestionado proyecto del proyecto del Tren Maya. Ya lo han dicho académicos de la Península, de otras partes del País e inclusive del extranjero; y ya lo han señalado algunas organizaciones sociales: de dudosa viabilidad económica, el proyecto (conocido a duras penas porque en buena medida ha sido manejado en la opacidad) cabalga sobre el no respeto de los derechos de los pueblos mayas (empezando por los de información y consulta) y amenazando la fragilidad del ecosistema. Algunos rasgos de la historia parecen amenazar con repetirse, ahora con la tendencia a la concentración de riqueza en empresas constructoras y, otra vez, al aprovechamiento de la mano de obra barata. El despropósito mayor sería el de los anunciados como polos de desarrollo, que parecen obedecer más a intereses especulativos, y a la intención de reordenamiento territorial, en el mejor de los casos con fines turísticos, que a un plan serio de desarrollo económico y social. No digo nada nuevo con esto, puesto que, repito, ha sido advertido desde la academia y desde organizaciones sociales. Lo menciono porque viene al caso cuando nos preguntamos sobre las perspectivas de desarrollo con el trasfondo del fin de la industria henequenera. Para justificar el proyecto se ha dicho que el Sureste ha estado olvidado, ante lo que cabe la interrogante de olvidado por quién. De la obra que ahora comentamos puede verse que la del sureste, particularmente la de Yucatán, no ha sido una historia de olvido, sino de auges, crecimiento, crisis, explotación, etc. Reducir todo a un problema de olvido es más que simplista. Ojalá que quienes conducen ese proyecto leyeran esta obra y los tomos anteriores; pero es difícil que les alcance el interés para hacerlo.
Después de esta digresión que no lo es tanto, vale comentar el panorama que Eric presenta sobre las potencialidades de la zona. Habla también del legado, refiriéndose a lo que la historia del henequén ha dejado como enseñanzas, como experiencias y como conocimiento para nuevos propósitos económicos, lo que lleva a la posibilidad de que el henequén pueda ser parcialmente reimpulsado para usos distintos. Agrega a esto posibilidades agrícolas (ampliar la horticultura y la fruticultura), pecuarias, industriales, turísticas y consecuentemente de servicios, y la necesidad de buscar mercados internacionales aprovechando la ubicación geográfica del estado y de la región.
Claro, lo dice Eric y lo subrayamos, para esto se necesitan políticas públicas que propicien ese desarrollo, con un estado que intervenga ofreciendo y demandando racionalidad y eficiencia.
Y que para tales propósitos se descarte la idea y la práctica de que hay que construir a costa de continuar con la pauperización de la población integrada por los sectores dominados de siempre; y si esto no se quiere hacer por una elemental idea de justicia social o de desarrollo compartido, que se haga bajo el convencimiento de que no hay desarrollo económico duradero y viable si la mayoría de la población potencialmente consumidora y que aporta la fuerza de trabajo no está en condiciones que medianamente le permitan acceder al mercado y dinamizarlo, equilibrando las posibilidades del mercado interno con el externo. Sin una mínima participación de los productores directos en la distribución de la riqueza e inclusive en las decisiones, cualquier esquema será de plazos y alcances acotados.
Ramírez Carrillo apunta en su ensayo que para 2020 el 41 % de la población yucateca era pobre. Y del ensayo de Eric Villanueva sobre sobre el retiro del Estado podemos ver que los períodos de (moderado) crecimiento en Yucatán no han reflejado una reducción significativa de la pobreza. Otro tema que no es nuevo: si se da un crecimiento sin que mejoren las condiciones de vida de la población, se repetirá lo que ha ocurrido y vuelto a ocurrir: quizá crezca el empleo, quizá la inversión, quizá los niveles de producción; pero si la distribución del ingreso y del bienestar obedece a y revela una profunda desigualdad, la perspectiva será de viabilidad económica y social de horizontes estrechos.
El reto no es menor. En una conferencia reciente el maestro David Ibarra señalaba la desvalorización de la fuerza de trabajo, la concentración de la riqueza a nivel mundial, el incremento de la pobreza en distintas regiones del planeta y lo que significa el enorme desarrollo tecnológico frente a todo esto, que puede ser para mal, aunque con políticas públicas adecuadas podría servir para bien, económica y socialmente hablando. La organización Oxfam, también recientemente, ofreció un informe con consideraciones similares, que ojalá sirvan para modificar rumbos antes de convulsiones mayores.
Las líneas propositivas que dibuja Eric, hablan de aprovechar la historia, los conocimientos, las experiencias y las investigaciones para impulsar un desarrollo viable.
Experiencias, con sus logros y tropiezos, como las que exponen Delfín Quesada para el caso de la pesca y Luis Pérez Miranda para el de la diversificación agropecuaria, requieren de estudios sistematizados indispensables como los hechos por estos autores. Igual que las que presentan Terán y Rassmusen sobre los usos en pequeña escala del henequén y de otros productos en escalas familiares o de pequeñas empresas. Sobre la diversificación, recuerdo que hace unos años se hablaba (no sé si se siga haciendo) de la “henequenización” de la producción porcícola ejidal porque se estaban repitiendo algunas prácticas negativas. Quizá en parte a esto se deba la desventaja de este tipo de producción frente a la producción privada de las grandes granjas, agresivas no solamente en sus ventajas productivas (otra vez las desigualdades del mercado), sino también con el medio ambiente.
Para la forma de desarrollo que no implique el riesgo de reproducir lo que pasó con el henequén, se requiere, además de que sea compartido social y económicamente, que sea sustentable. Lo sabemos: en muchas partes del mundo la amenaza contra la naturaleza avanza a grandes pasos.
Como hemos comentado, en la obra hay importantes referencias a las expresiones culturales que han acompañado a la industria henequenera, o que han estado en su entorno socio-cultural. La sobrevivencia de las expresiones culturales no depende mecánicamente de las formas de desarrollo económico. Sin embargo, las formas depredadoras de la fuerza de trabajo y del medio ambiente, generalmente tienden también a reducir, cuando no a aniquilar, las culturas. Como si hablara de esto, en su pieza teatral Ah Kin Chi, Hernán Lara Zavala le hace decir a Nachi Cocom que no hay espíritu (maya) sin territorio como nos lo ha recordado hace poco José Natividad Ic Xec, quien dirige en redes sociales la página elchilambalam.
La lengua maya ha venturosamente sobrevivido y es la segunda lengua indígena más hablada en el País. Según el censo del 2020, en Yucatán el 23.70% de la población habla una lengua indígena; de ese total el 98.9% habla maya y el 0.4% chol. A pesar de que el porcentaje de hablantes ha disminuido, la lengua sigue siendo parte de una poderosa fortaleza cultural, que sin embargo está amenazada como lo demuestra el estudio de José A. Lugo Pérez y de Lizbeth Tzuc Canché sobre las comisarías de Mérida, específicamente sobre Komchen y San José Tzal, en las cuales alternan las tradiciones con los elementos nuevos que las alteran o las inhiben. Leyendo estos trabajos no podemos dejar de pensar, viendo en perspectiva, imaginando lo que puede venir, que un desarrollo que desprecie la parte humana sobre la que descansaría, inevitablemente despreciará su cultura y, en el mejor de los casos, la reducirá a folklor. Tradiciones culturales y religiosas como las del Hanal Pixán que nos describen Valerio Buenfil, Teresa Ramayo y Juan Carlos Rodríguez, son, además de reveladoras de la profundidad espiritual, muestras de bastiones de vitalidad, defensa y resistencia desde lo social- cultural. Los autores nos hacen un detallado y apasionante recorrido por las creencias mayas antiguas relacionadas con la vida y la muerte y por sus transformaciones posteriores, a raíz de la conquista y hasta nuestros días. La rigurosidad del ensayo no evita (más bien propicia) que con la lectura de los ingredientes y de la forma de preparación de los mucbil pollos, la aproximación a las manifestaciones culturales asociadas a la muerte nos acerque también a las delicias, deseos y placeres gastronómicos de la vida.
También guardianes de la tradición y de la cultura son los mitos de los que habla Carlos Evia. Son cohesionadores de la vida social y económica populares. Su conservación será resultado, y también defensa, de un orden social mínimamente equilibrado. Es vital que esas creencias subsistan. Es vital que no se vayan los batabes que sostienen al mundo desde los cuatro puntos cardinales, como apuntan Buenfil, Ramayo y Rodríguez, que no dejen de estar presentes los yuumtsilo’ob ni los balam’ob, a que se refiere Evia. Para como están y para como vienen las cosas (pandemia incluida), los vamos a necesitar, así como han sido siempre necesarios.
Y si queremos que después de la costosa (en todo sentido) y casi completa desaparición de la industria henequenera, se perfile un desarrollo económico racional, con inclusión social y con respeto a los derechos humanos (particularmente de la población indígena), va a ser necesaria también la organización así como la atención a trabajos, estudios y reflexiones como los que ahora estamos comentando.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
