Conecta con nosotros

COMUNICADO

JATS’UTS MEYAH, un documental que nace en el corazón de Yucatán

Avatar

Publicado

en

Este documental, busca celebrar a las mujeres y aplaude uno de los trabajos más importantes en el inicio de la vida

Yucatán es uno de los destinos en México que aún cuenta con una ancestral y reconocida cultura viva entre un gran número de sus habitantes. Es un lugar en el que las tradiciones no sólo se ven, sino se respiran, se comen, se huelen, se hablan y transportan a un sinfín de experiencias para conocer la gran Cultura Maya.

Y así es como Amanda Strickland, escritora, activista, directora y antropóloga, originaria de Mississippi, Estados Unidos, se enamora de este hermoso lugar e inicia el camino de esta producción de casi seis años, cuando ella y la fotógrafa Allie Jordan conocieron a una persona muy especial en una visita al pueblo de Yaxhachén, Bacila Tzec Uc, en el corazón de Yucatán. Encantada por su carisma y calidez, característica de la cultura maya, Amanda quedó fascinada y decidió compartir ante los ojos de otros lo que ella miraba.

Jats’uts Meyah es un documental que narra la historia y vida de Bacila, que busca recuperar la influencia de las parteras mayas que con gran conocimiento han ayudado a traer a la vida a miles de bebés y que, poco a poco, se ha convertido en una práctica olvidada, haciendo un hincapié en el trabajo cotidiano de las mujeres junto con los problemas sociales y económicos que viven en la región.

La protagonista es originaria de Yaxhanchén, una comunidad maya que se encuentra en el municipio de Oxkutzkab en Yucatán. Bacila es la última partera de la localidad y, con más de 60 años de experiencia, comparte sus conocimientos ancestrales que durante tanto tiempo ha adquirido. Su estilo de vida ha sido el más tradicional en la región, respetando las costumbres mayas y buscando lo que sería su fuente de ingreso hasta hoy a sus 92 años de edad.

El largometraje conserva tradiciones indígenas sostenibles que se encuentran en peligro de extinción como la partería, la milpa y la cocina a fuego abierto. Usando las voces de la comunidad, explica la cultura maya, enfatizando y fortaleciendo la importancia de las costumbres, representando a las mujeres indígenas a través del cine, con la esperanza de inspirar a la nueva generación de niñas a estar orgullosas de sus raíces indígenas. Su duración es de una hora con 17 minutos y sus relatos son contados por los participantes en lengua maya y en español. Tanto su producción como postproducción, el contenido cinematográfico y musical fueron producidos y hechos en México.

Amanda cuenta que Bacila no quería que la tradición terminara con su muerte y, tras varios años juntando fondos económicos, se unió al productor yucateco Oscar Estrada, con quien hizo una excelente mancuerna y formó un equipo que puso todo el esfuerzo y cariño en la realización de este proyecto. Al ser un pueblo muy retirado, pasaron por varias dificultades, pero eso no los detuvo para lograr su objetivo, “empoderar a Bacila y a la gente de Yaxhachén para que cuenten su historia con sus propias palabras”, explica la directora, quien también colaboró en la edición del proyecto junto con Irán Sánchez Ruíz. La producción ejecutiva estuvo a cargo de Linda Budd y Scott Budd, la fotografía a cargo de Allie M. Jordan y el sonido y edición por Eduardo Campos, que junto con más colaboradores nos comparten sus experiencias tras dos meses viviendo en Yaxhachén.

El documental se estrenará el día del cumpleaños número 92 de Bacila, este 20 de mayo a través de la plataforma de Vimeo, donde estará al alcance de todas las personas que deseen adentrarse al mundo de la cultura maya ante los ojos de una gran producción.

Continuar Leyendo
Clic para comentar

Deja tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMUNICADO

Historia de las epidemias en Yucatán

Avatar

Publicado

en

A lo largo del tiempo, varias epidemias han alcanzado a la Península de Yucatán: en las últimas décadas nos enfrentamos a la influenza 1 y 2, zika, chikungunya y dengue; mientras que siglos atrás fueron la viruela, el cólera y la fiebre amarilla.

El profesor investigador del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), Carlos Alcalá Ferráez, hizo un recuento de las epidemias más importantes que han aparecido en la Península.

Una de las primeras en el Nuevo Mundo fue la viruela, que en 1518 llegó a la isla La Española (actual Republica Dominicana y Haití), acabando casi en su totalidad con la población indígena; sobrevivieron, según números del Fraile Bartolomé de las Casas, un millar de nativos.

Por otro lado, indicó que la fiebre amarilla ya era conocida por la población maya desde antes de la Conquista, pero en su forma conocida como “selvática”.

La que atacó a los habitantes peninsulares durante el siglo XVII y originó la gran epidemia que mató a más del 50 por ciento de los habitantes, fue la transmitida por el mencionado mosquito Aedes Agipty, que ingresó por las costas campechanas.

“Fue ahí, donde se dispusieron diversas medidas para tratar de evitar o controlar su pronta expansión y llegada a Mérida, siendo la principal el aislamiento, poniendo a la ciudad en incomunicación completa, pero a pesar de ello, la peste llego a la ciudad, subiendo día con día alarmantemente el número de contagiados”, dijo el especialista.

El virus de la fiebre amarilla, agregó, ha causado epidemias importantes en el continente americano, África y Europa.

Alcalá Ferráez recordó que el Popol-Vuh, libro sagrado de los mayas quichés, relata que la fiebre amarilla entre los mayas, se debía a la constante convivencia con los monos y consigna detalles de la epidemia de una enfermedad llamada “xekik” (vómito de sangre) ocurrida entre los años de 1480 a 1485.

Otros textos sagrados como el Chilam Balam de Chumayel, Tizimín y Kaua también describen las epidemias de “xekik”.

El investigador mencionó que Fray Diego de Landa, en su obra Relación de las Cosas de Yucatán, escrita en 1560, refiere que la primera epidemia en la región ocurrió aproximadamente en 1483-84, descrita como la “peste”; asimismo, hubo epidemias de fiebre amarilla en 1569; 1571-1572; 1648-1650 y en 1699.

El impacto de estas epidemias, aunado otras patologías importadas por los europeos como viruela, sarampión y “tabardillo” (tifus exantemático), así como la hambruna por plagas y sequías, fue tal que para 1572 se estimaba que un tercio de la población indígena había sucumbido.

El brote epidémico de la fiebre amarilla de 1648 fue descrito por Fray Diego López Cogolludo en su “Historia de Yucatán”, escrita en 1688.

Esa epidemia predominó en la región por un lapso de dos años y su efecto fue tan devastador que la actividad milpera se colapsó y en 1650 hubo hambruna y las comunidades fueron despobladas al huir los mayas a las zonas selváticas o a la costa.

“La fiebre amarilla en Yucatán ya era endémica. Sin embargo se tuvo que afrontar cuatro brotes epidémicos”, resaltó.

Fue la fiebre amarilla la enfermedad a la cual se culpa de la muerte de diversas personalidades, tanto de autoridades civiles como religiosas, considerándosele la causante de una de las peores epidemias que arrasó con los pobladores de la Península.

Otra epidemia mortal que se presentó en la zona fue el cólera morbus, considerada enfermedad endémica en India hasta 1817, cuando empezó a propagarse en diversas naciones de Asia, África y Europa, hasta llegar al continente americano.

Comentó que diversos estudios han postulado que Campeche fue el sitio por donde el cólera entró a la península de Yucatán, pero en el transcurso de sus investigaciones encontró que en 1833-1853 la enfermedad pudo propagarse de manera simultánea a través de actividades comerciales.

Sobre cuántas personas fueron afectadas con esta enfermedad, dijo que de acuerdo con su investigación, en Yucatán se calcula que alrededor del 10 por ciento de la población falleció en la primera epidemia del cólera.

“Hay quienes mencionan que fallecieron entre 60 y 100 mil personas, sin embargo es difícil establecer una cifra, se debe considerar que durante ese periodo los resultados del conteo de las personas eran estimaciones que se realizaban de diferentes formas”, comentó.

Explicó que en la segunda epidemia, el impacto demográfico fue menor, pero la ciudad de Mérida presentó cifras más elevadas en comparación de lo que sucedió en 1833, probablemente esta situación se haya presentado por las condiciones de vida y por el avance del ejército, pues los soldados estaban infectados.

En ese sentido, hizo hincapié que desde entonces ante la amenaza de una epidemia se tomaban medidas de aislamiento, por lo que los hospitales se construían fuera de las ciudades y en sitios con ventilación adecuada; se establecían cuarentenas y se evitaba que los barcos infectados pudieran atracar en los puertos.

“Medidas muy similares a las que hoy en día tenemos por la pandemia del Covid-19”, concluyó.

Continuar Leyendo

RECOMENDAMOS