Arte y ciencia
Crónica de una cancelación: Caritele y el anime de los noventa
Publicado
hace 5 añosen
Por
César Benítez
Si usted fue un niño o adolescente en la década de los noventa, seguramente recordará con gran nostalgia varias series de animación que, para aquellos años, marcaron tendencia y fueron un hito dentro de la cultura pop mexicana pues, como se sabe, vinieron a revolucionar el concepto de entretenimiento para las juventudes de aquellos años.
Especialmente vamos a hablar de la barra de programación infantil “Caritele” la cual se transmitió en el periodo de 1992 a 1997 por la televisora “Imevisión,” posteriormente “TV Azteca” y el cual era conducido por la carismática Adriana de Castro, quien vino a ser una contraparte al estancando programa dominical de televisa “En Familia con Chabelo”.
Una de las características más representativas de dicho programa fue que ofrecía al público televidente anime, lo cual fue verdaderamente una bocanada de aire fresco para toda esa generación que estaba acostumbrada a ver producciones norteamericanas y/o europeas. A diferencia de las series y “caricaturas” occidentales, el anime ofrecía, además de nuevos y variables diseños de personajes, nuevas perspectivas para concebirlo, pues se manejaban otros valores y perspectivas sobre la concepción de las cosas, como lo era: la amistad, la dicotomía del bien y del mal, el dolor y la felicidad, entre otras. Si bien el anime llegó a nuestras latitudes desde principios de los años 80, fue gracias a “Caritele” que consiguió una difusión masiva y posicionamiento televisivo, transformando el gusto y el interés de los televidentes.
Era entendible que, como novedad, la masificación del anime iba a traer opiniones polarizadas, tanto de gente que aplaudía por poder disfrutar de series nuevas, o incluso totalmente desconocidas para muchas, así como detractores que llegaron a manifestar que el anime era perversión, depravación e incluso una herramienta del “maligno” para seducir a las nuevas generaciones, tal como lo llego a señalar la periodista Lolita de la Vega en su programa “Hablemos claro”.
Si usted tiene interés de ver dicho episodio puede dirigirse a la plataforma de “Youtube” y poner en el buscador: “ataque al anime” y ahí podrá ser testigo de uno de los discursos más tendenciosos, prejuiciosos y malintencionados en contra de un producto como lo fueron el manga y el anime japonés. En ese episodio, la reportera sumó a un grupo de panelistas entre los que destacaban un pastor evangélico, un escritor y una psicóloga, con marcadas tendencias religiosas, así como a un periodista. Todos ellos coincidieron en que la transmisión del anime y la lectura de mangas afectaban severamente a los niños y a los adolescentes ya que los volvía violentos, le abría las puertas al despertar sexual precoz, así como a la confusión de su sexualidad, así como otros “males” y prejuicios. Fue tanta la exageración por boicotear al anime, que se invitó a los padres de familia a evitar que sus hijos tengan contacto con las series, que no se les compre productos alusivos a series o personajes del manga y en caso de ya tenerlos en casa, quemarlos, como fue la sugerencia para los productos comerciales de “Pokemon”. Cabe señalar que, durante la transmisión de dicho programa, la periodista presentó un ejemplar del género “hentai”, el cual es una versión del manga pero con contenido erótico pues esa es su naturaleza. Sin embargo De la Vega, de manera por demás tendenciosa, habló de dicho material como si todo el manga fuera de ese estilo, es decir, como si todas esas producciones tuvieran contenido sexual explícito.
No se sabe a razón cierta si el discurso de la periodista actúo bajo intereses de los grupos conservadores y de derecha de aquellos años, o si realmente su discurso fue propio y le sirvió para alentar a dichos grupos para volcarse en contra de las televisoras y exigir la salida de las series de anime que se transmitían en diversos horarios. Como resultado de todo lo anterior ocurrió una “crisis” del anime, en la cual se censuraron algunas series, muchas fueron retiradas de la televisión abierta y solamente era posible verlos a través de proveedores de cable o tv de paga, pues para esos años el internet no estaba masificada y muy poca gente tenía acceso para poder ver series en línea.
Otro efecto colateral de toda esa censura fue dar por concluido el ciclo de “Caritele” pues al limitarse gran parte de su producto insignia, como lo eran las series japonesas, los productores se vieron obligados a sacar del aire las transiciones despidiéndose de toda una generación que logró desarrollar un gusto y una empatía por este género. Este escaparate abrió la puerta a México, a series que llegaría para quedarse y que se volverían gran referente de toda una generación, y quizás varias, como lo fueron: “Saint Seiya” (Caballeros del Zodiaco) y “Sailor Moon”, “Mazinger Z”, “Candy Candy”, “Slamdunk”, “Zaneky”, “Magic Knight Rayearth” (Las Guerreras Mágicas), “La Princesa de los mil años”, “José Miel”, “Dragon Quest: “Las aventuras de Fly” y muchos más.
La cultura de la “cancelación,” por lo tanto, no es algo nuevo, siempre ha existido, siempre ha encontrado maneras de presentarse y manifestarse teniendo un objetivo específico: la censura. Hay que tener mucho criterio para poder emitir un juicio respecto a un fenómeno o situación y evitar caer en prejuicios, tal como le sucedió al anime a finales de los años noventa. Entendamos que realmente la “cancelación”, si bien busca satisfacer un sentido de justicia social, no siempre llega a cumplir con ello, pues muchas veces la ignorancia y la visceralidad terminan por anteponerse a la razón y el entendimiento.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
