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Arte y ciencia

Cuando la madera y el plástico se juntan, proyecto de Jacinto

Ricardo Cruz y Carlos Cupul

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Jacinto estaba preocupado, pues las autoridades de su pueblo habían avisado que se aproximaba un huracán de categoría 3, que probablemente azotaría su localidad, y temía que causara mucho daño y destruyera lo poco que tenía su familia. El papá de Jacinto, Manuel, se dedicaba a la carpintería, y su mamá, Juana, se ocupaba de las labores del hogar y hacía ventas por catálogo de recipientes de plástico.

Jacinto, de 13 años de edad, asistía a la secundaria del pueblo y soñaba con ser un gran inventor. Sus maestros le habían comentado qué si estudiaba mucho y se preparaba bien, podría lograr todas sus aspiraciones. Él se esforzaba lo más que podía para tener buenas calificaciones, y también ayudaba a su papá en la pequeña carpintería que tenían.

Tenía un maestro con el que le gustaba platicar, pues le agradaba que le hablara sobre diversos fenómenos de la naturaleza y las razones por las que sucedían. Este maestro le comentó qué si fuese muy observador, se daría cuenta de las causas y los efectos de los mismos.

El huracán se acercaba cada vez más y Jacinto ayudó a su papá a resguardar todo el material y herramientas de su trabajo para que no se dañaran. Jacinto conocía el efecto que causaba el agua en la madera que su papá trabajaba, ya que había observado que la mayoría de las maderas absorbían mucha humedad, se deformaban y dejaban de ser bonitas. Por eso ayudó a su papá para cubrirlas con algún material impermeable para que no se arruinara su trabajo. Después de resguardar sus pertenencias, se dirigieron al refugio que las autoridades les habían señalado. Rumbo al refugio, Jacinto miraba las calles llenas de basura, había diferentes tipos de desechos, pero lo que más vio fueron bolsas de diferentes tipos de alimentos, cajas, y botes de plástico. Le causó tristeza pensar que a la gente de su pueblo no le importaba que todo estuviera lleno de desperdicios. Pensó que probablemente todos estaban tan preocupados en conseguir alimentarse todos los días, que no reparaban en lo peligroso que era la contaminación. Se imaginó qué si la gente estuviera más consciente de los peligros, quizá colaboraría para no tirar los desperdicios en la calle.

Al llegar al refugio, Jacinto se acomodó en un rincón apartado, pues tenía mucho en que pensar. Sabía que después del paso del huracán las clases se iban a atrasar y tenía una tarea pendiente que requería su atención. Como se acercaba el fin de curso, se había programado una feria de ciencias, y debía presentar un proyecto en el que propusiera cómo cuidar el medio ambiente. Aún no se le ocurría nada en concreto, pero tenía la esperanza de que durante su estadía en el refugio tuviera tiempo suficiente para pensar.

Jacinto no recordaba alguna otra ocasión que le diera tanto miedo como la que estaba viviendo, a excepción del incendio que se registró en una vivienda de su pueblo. Recordó que uno de sus compañeros de escuela había estado jugando con una cajita de cerillos, y sin querer, algunas chispas cayeron en un material fibroso seco y comenzaron a correr las llamas por todas partes. Recordó que después de que se sofocó el incendio, fueron a ver lo que había quedado de la vivienda y le llamó la atención lo que había sucedido con los utensilios de plástico que tenía la familia de su amigo. Observó que el calor generado por el fuego había deformado completamente muchos objetos, como si se hubiesen vuelto líquidos. Dejó de divagar su mente cuando empezó a escuchar que empezaba a llover más fuerte y a soplar el viento con fuerza. Las demás personas que se encontraban en el refugio se distraían platicando sobre diversos acontecimientos, otros se acomodaban para descansar, y sólo algunos dejaban pasar el tiempo escuchando la radio. Cuando ya el viento soplaba con más fuerza y se escuchaban los golpes de diferentes objetos al caer, los padres de Jacinto le dijeron que intentara dormir un poco para que no se diera cuenta del paso del huracán. Entonces el cansancio venció hasta que se quedó dormido. Jacinto tuvo un sueño aterrador en el que el huracán destruía su casa y gran parte de los materiales y herramientas de su papá. En su sueño, vio como el agua había hinchado la madera con la que su papá hacia diferentes tipos de muebles, y los recipientes de plástico que su mamá vendía quedaban regados por todas partes, pero sin que el agua les hubiera hecho mayor daño.

Cuando por fin se despertó, Jacinto escuchó como el viento se había calmado casi por completo, pero aún continuaba lloviendo. Le preguntó a sus padres si ya saldrían del refugio, pero ellos le contestaron que no, que todavía había peligro. Entonces Jacinto se puso a reflexionar, pensando cómo era que el agua dañaba a algunos materiales como a la madera y a otros prácticamente no los afectaba como los recipientes de plástico que su mamá vendía.

Cuando el peligró cesó, las autoridades anunciaron que la gente ya podía salir para regresar a sus casas. En el trayecto de regreso, Jacinto observó los destrozos que había ocasionado el huracán. Vio muchas ramas, arbustos y árboles caídos. Se dio cuenta que la limpieza del poblado iba a ser difícil y tardada. Como él supuso, las clases se suspendieron durante unos días mientras toda la comunidad colaboraba para restablecer los servicios indispensables en el pueblo.

Al día siguiente del paso del huracán, Jacinto se levantó temprano y su mamá ya le tenía preparado su vaso de leche con chocolate. Cómo aún no estaba del todo despierto, se fijó en el vaso con su bebida y pensó como era posible que de dos sustancias diferentes se obtuviera una sola con un color y un sabor intermedio entre las dos. Es decir, que cuando se lograban mezclar 2 sustancias, la sustancia final tenía las características intermedias de ambas. Mientras ayudaba limpiando los caminos de ramas y árboles caídos, se preguntó qué pasaría con ese montón de desechos. Pues cómo ya estaban mojados, y si continuaba lloviznando, probablemente se pudrirían y se volverían parte de la naturaleza como tierra, lo mismo que le pasaría a la madera que se había mojado en el taller de su papá. Entonces se preguntó si fuera posible que la madera resistiera la humedad para que no se deformara y no se pudriera. En ese momento a Jacinto se le ocurrió que los plásticos que su mamá vendía eran resistentes al agua y pensó qué si mezclaba, como en su bebida, la madera con el plástico, probablemente la madera se volviera resistente a la humedad. Por la noche, antes de dormirse, se le ocurrió que ese podría ser el tema de su proyecto de ciencias, es decir, lograr que la madera se volviera resistente al agua. Esa noche durmió tranquilamente, ya que su proyecto de ciencias era un tema que le preocupaba y que aún no había podido resolver, pues no se le había ocurrido alguna idea adecuada.

A la mañana siguiente puso manos a la obra para poder saber si sus sospechas eran ciertas. Fue al taller de su papá y tomó un poco de aserrín del suelo. Luego salió a la calle y se dirigió a dónde había visto que se acumulaba la basura y tomo algunos envases de plástico, los cuales lavó y escurrió hasta dejarlos limpios.

Cuando juntó los materiales, se dirigió a un lugar un poco apartado de la casa. Recordó que, cuando sucedió el incendio, el plástico que había en la vivienda se derritió con el calor del fuego. Por lo que tomó a escondidas la cajita de cerillos que su mamá usaba para encender el fogón. Tomo uno de los envases de plástico y lo acercó a la llama del cerillo, y notó que el plástico poco a poco se iba ablandando más y más con el fuego. También observó que cuando alejaba el plástico deformado por el fuego, se volvía a poner rígido después de cierto tiempo. Notó también que algunos plásticos se ablandaban más pronto que otros. Tomó entonces un envase transparente y lo sostuvo en el aire, mientras colocaba bajo de él algunos pedacitos de aserrín. Cuando ya el plástico comenzó a ablandarse con el fuego, dejó que parte escurriera sobre el aserrín y antes de que volviera a ponerse rígido, con ayuda de unas varillas de madera, intentó cubrir el aserrín con el plástico derretido. Luego esperó a que se enfriara la mezcla de aserrín y plástico, para hacer una prueba. Puso la mezcla bajo un chorro de agua y notó que el aserrín que estaban recubierto con el plástico no absorbía agua. Se le ocurrió entonces qué si hacía las partículas de aserrín más pequeñas, sería más fácil recubrirlas con plástico derretido. Además, pensó qué si el plástico estuviese en forma de partículas pequeñas, quizá fuera más fácil que se ablandara y derritiera.

Cuando las clases se normalizaron, Jacinto expuso sus ideas a su maestro. Al maestro le pareció interesante lo que pensaba y le dijo que le ayudaría con su proyecto. El maestro le dijo que en la ciudad existía un lugar donde mezclaban plástico con aserrín. Con el permiso de sus padres, Jacinto acompañó a su maestro pues le había comentado que allí tenían unas máquinas que probablemente pudieran llevar a cabo lo que pensaba realizar en su proyecto de ciencias. Durante el viaje, el maestro le comentó a Jacinto que su curiosidad y su inteligencia podrían ayudarlo a tener una profesión en la que se ganara la vida, poniendo en práctica su creatividad al aprovechar los plásticos desechados, mezclándolos con aserrín para obtener un nuevo material muy parecido a la madera, pero más resistente y que no se dañara tanto con la humedad. Jacinto entendió muy bien los comentarios de su maestro, pero también se dio cuenta de qué al obtener un nuevo material con madera y plástico, también ayudaría a disminuir el deterioro del planeta; pues, pensó Jacinto, si aprovecho los restos de madera y los plásticos desechados para obtener un material como la madera, entonces ya no habría necesidad de cortar tantos árboles, y tampoco habrían tantos plásticos desechados contaminando las calles de los pueblos y los campos.

Cuando Jacinto y su maestro llegaron al lugar, primero les mostraron el almacén de materia prima, dónde se encontraba el plástico que transformaban hasta convertirlo en diferentes objetos. Les dijeron que el material tenía unas características que facilitaban su transformación, tales como bajo peso y flexibilidad para moldearlo con calor a temperaturas relativamente bajas. A Jacinto le pareció un poco extraño que el material estuviera en forma de pequeñas perlitas blancas, pero comprobó, al tocarlas, que realmente su peso era muy bajo. Además, también se dio cuenta que las perlitas no eran completamente rígidas, sino que presentaban cierta flexibilidad cuando las apretaba. Posteriormente, pasaron a la sala de transformación de los materiales. En ella había una serie de equipos alineados en forma horizontal. El encargado del lugar les dijo que el equipo principal se llamaba extrusor; que era una especie de cilindro metálico hueco, en cuyas paredes llevaba adheridos unas pequeñas placas metálicas que se calentaban con energía eléctrica. Les dijeron también que en el interior del cilindro giraba, con la ayuda de un motor, una especie de tornillo gigante, cuya función era la de transportar el material a procesar, de un extremo al otro del cilindro. En el extremo opuesto al de la alimentación del material, se acoplaba un pequeño molde que le daba forma al material que salía. En este caso, la forma que tomaba el plástico mezclado con aserrín era la de unos tablones parecidos a la madera.

Fue entonces cuando el maestro le dijo a Jacinto que si lograban que una mezcla de los materiales que se le había ocurrido -madera y plástico- lo hicieran pasar a través del extrusor, obtendrían un solo material mezclado, que en este caso sería botes de envases de plástico con aserrín de madera.

Cuando la explicación del encargado finalizó, Jacinto estaba tan entusiasmado que deseó poder ir por sus materiales en ese momento. Sin embargo, el encargado les dijo que en ese momento no les podían facilitar el equipo para que pudieran hacer sus experimentos. Jacinto se puso un poco triste, pero comprendió la situación y dio las gracias por todo lo que había aprendido en esa visita. Ya habría oportunidad de llevar a cabo lo que había pensado como proyecto escolar.

De vuelta a su casa, Jacinto le contó a sus padres lo bien que lo habían tratado y cuánto había aprendido, y que deseaba regresar muy pronto para poder comprobar lo que se le había ocurrido presentar en la feria de ciencias de su escuela.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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