Arte y ciencia
Develado el misterio de las rocas redondas de Costa rica
Publicado
hace 7 añosen
Son más de 500 piedras esféricas, casi perfectas, que se encuentran en la provincia de Punta Arenas de aquél país. Muchísimas hipótesis se habían tejido en torno a esas “bolas” de roca tallada. Un equipo de arqueólogos y otros especialistas asegura que significaban un signo de distinción para civilizaciones precolombinas. Las “bolas” se han convertido en símbolos costarricenses
La agencia de noticias EFE ha reportado que un grupo de arqueólogos ha develado el misterio de las famosas piedras esféricas precolombinas que se encuentran en la provincia de Punta Arenas, Costa Rica. Estas rocas redondas se encuentran desplegadas en cuatro zonas arqueológicas declaradas por la UNESCO patrimonio mundial, ubicadas en el delta del Río Grande de Térraba, denominado Diquís por las poblaciones aborígenes de la zona.
Según las informaciones trasmitidas, se ha determinado por ese grupo de expertos que dichas piedras significaban un signo de distinción del pueblo indígena boruca, que era el que las tallaba. Actualmente son una colección in situ de cerca de 500 rocas esféricas, que durante muchos años han constituido una verdadera incógnita para los científicos.
Conocidas en el mundo como uno de los símbolos ticos, las esferas se encuentran distribuidas en las zonas denominadas Batamal, Finca 6, Grijalba 2 y El Silencio. Es en la Finca 6 donde se encontraron esferas semienterradas. Según expertos las sociedades indígenas de la región trabajaron la piedra hace cientos de años. Y fue alrededor del año 400 Antes de Nuestra Era que empezaron la manufactura de rocas redondas.
Citado por la agencia de noticias EFE, el arqueólogo Francisco Corrales, del Museo Nacional de Costa Rica, explicó: “Hemos estudiado el terreno en el que se encuentran más de 15 de estas esferas, y algunas están colocadas al costado de ramblas que acceden a edificios residenciales, como para dar la bienvenida. Se utilizaban como signo de jerarquía, rango y distinción”.
Por su parte la arqueóloga mexicana Isabel Medina, que colabora con el Museo Nacional costarricense, coincide con aquella valoración y ha explicado que las esferas “son elementos fundamentales de estatus en las sociedades caciquiles precolombinas” que habitaban el delta del Diquís.
Tras detallar el procedimiento que se seguirá para analizar y preservar las rocas esféricas, señaló que la decisión de mantener las esferas semienterradas es la adecuada para su conservación ‘in situ’ y su posterior estudio, el cual se ejecuta por un equipo multidisciplinario del Museo Nacional de Costa Rica.
Al decir de los arqueólogos que llevan a cabo la investigación, por las herramientas encontradas cerca de las esferas, parece ser que los pobladores precolombinos utilizaban para elaborarlas instrumentos también de piedra, como martillos, sobre rocas de granito, gabro o piedra caliza, y luego realizaban un fino trabajo de pulido.
Originalmente fue en 1939 que esas “bolas” talladas en roca fueron encontradas. Se debió a trabajos de deforestación que realizaban trabajadores de la compañía bananera de Estados Unidos, United Fruit Company. Desde entonces han llamado la atención de científicos y personas interesadas, tratando de descifrar su significado y origen. Las esferas tienen un diámetro de entre 7 centímetros y 2,66 metros, con un peso de hasta 16 toneladas y –según los especialistas- tienen una gran perfección. Las más pequeñas fueron encontradas en tumbas.
Obviando a esos especialistas e interesados en temas arqueológicos, esas rocas esféricas se popularizaron mundialmente con la célebre película del director Steven Spielberg, “Indiana Jones y los cazadores del arca perdida” (también titulada En busca del arca perdida) que es el primer filme de esa serie de Indiana Jones, y que fue estrenada en 1981.
A través del tiempo se les ha atribuido distintos significados: marcadores territoriales, jardines astronómicos, ayudas de memoria, sin faltar las teorías sobrenaturales, y atribución a extraterrestres, hitos conmemorativos, ejes energéticos, dispositivos para la navegación, símbolos de divinidad, piedras hechas por descendientes de la Atlántida y muchísimas más hipótesis. Incluso se creía que las rocas escondían tesoros en su interior, lo que provocó que no pocas se desplazaran de sus lugares de origen o fueran destruidas por profanadores. Las tradiciones orales y poblaciones indígenas justificaban la existencia de las esferas porque el dios Trueno las lanzaba a los huracanes para alejarlos con una gigantesca cerbatana.
Pero nada de eso. Las “bolas” costarricenses fueron obra paciente y artesanal de quienes poblaron esa zona de Costa Rica hace cientos de años, una civilización que existió en el Valle del Diquís, obviamente mucho, pero mucho antes de que llegaran los europeos a estas tierras americanas. Y se utilizaban como signo de jerarquía, rango y distinción.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
