Día Mundial de la Diabetes
Diliam Teresa, guerrera infatigable
Publicado
hace 6 añosen
Una melena larga y ojos color café. Una vestimenta arreglada, entusiasmo y dicharacho. Esta era Diliam Teresa Cueto Casanovas, la adolescente, la sana. A los 17 años su cuerpo se tornó menudo, débil y delgado como pluma. Una pérdida repentina y abismal de su peso corporal anunciaba malos augurios. Aquel cambio tan drástico, del cual desconocían la causa, resultó ser diabetes mellitus tipo 1. Ahora lleva a cuestas una historia dolorosa y permanente. Quizás no tan agónica como la del que sufre un cáncer, pero tampoco es mucho más halagüeña.
El cambio que supone debutar esta enfermedad es bastante brusco. De ahora en adelante el cuidado de las porciones y cantidades de comida, las dosis de insulina, los síntomas de hipo e híper glicemia, las 6 comidas diarias, las 4 dosis de insulina y los variados pinchazos, el descanso, la regularidad en la práctica de deporte y las terapias antiestrés, serían constantes en la rutina de Diliam, como lo son en la de cualquier otra persona con diabetes.
Dili, como la conocen algunos de sus amigos, era la primera que padecía esta enfermedad en la familia. Hoy, a sus 33 años, con una vida cuesta arriba y una perspectiva totalmente diferente de lo que es convivir con la diabetes, el temor de convertirse en el antecedente inmediato de este padecimiento para su descendencia aún la perturba. Sin embargo, siempre encuentra razones para la esperanza. En Diliam aún queda mucho de ilusión. Su corazón añora ser madre y aunque todavía espera el momento adecuado para comenzar el tratamiento, no desistirá en su empeño.
Los datos del Anuario Estadístico de Salud ubican a la diabetes como octava causa de muerte en el país. Al cierre del año 2018 la diabetes en Cuba mostró una prevalencia de 64.3 por cada mil habitantes, es decir, 747 466 personas con diabetes. Los especialistas insisten en no perder de vista que este padecimiento contiene un alto factor de riesgo. No obstante, aunque no tiene cura, puede tratarse y mejorar con actividad física y una adecuada nutrición. Erradicar la diabetes es uno de los objetivos del milenio, pero muchas son las cosas que deben cambiar para que esto suceda.
Puertas de entrada para las crisis
¿Qué pasa cuando no es posible decir adiós, cuando el momento que habías previsto tantas veces, la despedida, la muerte, llega de una forma que parecía inconcebible? Escenarios vislumbrados que quedan enterrados de un plumazo, que nos descompensan, que nos duelen.
Diliam constituye una especie de microcosmos, una demostración joven de cómo se puede convivir con la diabetes y ser “normal”, feliz. Pero, como humana, también ha tenido momentos de debilidad, de crisis, donde en lugar de ser ella quien ofrece ánimos, le ha tocado recibirlos.
Luego de pasar su primer año en la universidad, escenarios no deseados llegarían a su vida. Es domingo de Pascua. Las abuelas de la joven, sus Marías, habían cumplido 79 y 87 años meses atrás. Ahora se encontraban en estado muy delicado a causa de fracturas y subidas de presión. Sus corazones comenzaron a apagarse casi al mismo tiempo. Durante los últimos cinco meses de vida de sus abuelas, Diliam pasaba noches en vela, descuidándose a sí misma pero cuidando de ellas. A pesar del esfuerzo inconmensurable por alargar aquellas partidas, lo peor terminó pasando. Dili y su familia tuvieron que vestirse de luto en días de julio y octubre de 2013.

La angustia, el dolor y el descuido la llevaron hasta una sala del mismo hospital donde días antes había estado una de sus abuelas. Terminó ingresada y descompensada. Se encerraba en sí misma, trataba de elevar al máximo su umbral del dolor. Sus padres jamás la escucharon quejarse de dolencia alguna. Estar al tanto de las carencias de sus abuelas era la única prioridad, muy por encima de su propio bienestar.
De aquella clínica logró salir más fuerte, más consciente de la gravedad de sus silencios. Las pérdidas tan flamantes la habían hecho entrar en crisis y esa crisis la había conducido hasta un ingreso. Ese cúmulo de vicisitudes le impidió regresar de forma inmediata a la universidad.
En el kilómetro cero de la diabetes
Cuando Diliam decide empezar la universidad, su mamá, madre al fin, tenía cientos de temores. Ella quería estudiar ingeniería informática en la CUJAE y los viajes diarios y el estrés de los estudios serían aún más tortuosos para alguien con diabetes. Aun así, se presentó al curso por encuentros, se preparó para las pruebas de ingreso y, a pesar de tener la glicemia en 20 durante el examen de Matemáticas, finalmente lo logró.
En febrero presentó la tesis, nuevamente pasó noches sin dormir, sufría desmayos y hasta vomitaba varias veces al día, pero aun con todo esto a sus espaldas obtuvo 5 puntos. No fue nada fácil. Fueron 8 años de su vida, con altas y bajas, pero jamás le pasó por la cabeza rendirse. Era su sueño, la forma de demostrarse a ella y a todos que no la detendría una enfermedad, con esfuerzo podría lograr lo que se propusiera. Definió el verdadero significado de superación, era capaz de controlar a la enfermedad, podía permitirse soñar en grande.
Ser invisible, desaparecer
Esa cualidad de pasar desapercibido la había acompañado desde aquel 25 de abril del año 2005. A veces en forma de trauma y en ocasiones como recurso para salvaguardar su autoestima. Miedo, esa fue la primera reacción de Diliam Teresa ante el vuelco radical que había tenido su historia, tenía fobia a las agujas y ahora su vida dependía de ellas. Le costó mucho trabajo asimilarlo, debió entender la enfermedad y sus complicaciones para preguntarse por primera vez ¿Por qué a mí?, ¿Por qué yo?
El círculo se cierra cuando un enfermo, a causa de la diabetes y del gasto emocional que la enfermedad conlleva, se hunde y se ve sumergido en los severos estigmas que aún pesan sobre esta patología. Dili desarrolló complejos de inferioridad, se auto compadecía, no quería que nadie supiera que estaba enferma, le incomodaba que sintieran pena o lastima al pensar en ella. No quería dar la impresión de ser una muchacha enferma ni débil. A pesar de ser una enfermedad común, prefirió esconderla.
Mientras se agarra a sus recuerdos, a su vida, a su memoria, recuerda una anécdota que marcó los testimonios que hoy nos confiesa. Durante años escuchó como la mamá de unos amigos decía a escondidas “no quiero que venga porque si le pasa algo qué hago”. En lugar de dar el paso al frente, investigar, informarse y ayudar, esta mujer optó por la ruta fácil, el rechazo. Le hacía sentir que podía morir en su casa, en cualquier momento. A ella le debe la inmensa mayoría de sus traumas y complejos.
Pobrecita, ¿qué tienes? ¿diabetes?, cuídate, puedes perder la visión, te pueden amputar una pierna”. Desde su adolescencia, Diliam lidiaba con este tipo de comentarios, quizás bienintencionados, pero al fin y al cabo eran reflejos de pena y angustia.
Amores, desamores, redes y diabetes
Cuando Dili conoció a su pareja actual le escondía que estaba enferma, una vez más por miedo al rechazo. Su vida pasada estaba marcada por las heridas y las malas experiencias. En una ocasión, un muchacho con quien salía le dijo: “Mira tú como es la vida, tan bonita y al final estás jodida y enferma”, la destrozó por dentro, se llevó con él parte de su confianza y autoestima. Pero como a quien bien hace, el bien le llega, en cuatro meses Diliam cumple siete años con su actual pareja, Manuel, quien la ayudó a construir esa barrera que hoy la hace más fuerte y segura.
Con la ayuda de también de sus padres, logró salir de ese hoyo de ncertidumbre donde ella misma había decidido esconderse. Cada uno, con sus más y sus menos, con el mimo y el recelo que caracteriza a una familia envidiable, le brindaron esa confianza que ella tanto necesitsba, sacrificaron su estilo de vida y su forma de alimentarse, la hicieron sentir fuerte y normal,. Le entregaron las riendas de su enfermedad, alargaron sus alas.
Durante la cuarentena, frente a tanta incertidumbre y encierro, se convenció, gracias a tres amigas, a crear una página en Instagram, a la cual tituló como @healthy_eating_style. Allí nos comparte también algunos fragmentos de su historia, nos cuenta como una enfermedad común se me convirtió para ella en una pesadilla. Tiene como meta presentar recetas de comida saludable, pero también ser la voz de esas personas que tienen miedo a decir, soy diabético.

Diliam Teresa Cueto Casanovas desea con ansias que las personas conozcan su vida para que comprendan que el futuro no es tan oscuro como puede llegar a verse al inicio. Hay días en los que te levantas sin ganas de nada, días en los que te sientes mal y no te apetece salir, te duele la cabeza, tienes acidez, la comida te cae mal, pero, independientemente de todo eso, también puedes amanecer a las 6 de la mañana bailando la canción del momento, ir a la playa, tomar el sol, viajar, estudiar, trabajar, puedes ser lo que quieras ser. Es hora de ponerle freno a las etiquetas, paremos de etiquetarnos nosotros mismos.
Después de haber recibido oleadas de apoyo, de haber pasado por tanto ¿Cómo podría rendirse? Aunque le cueste trabajo, Dili continúa cual guerrera infatigable. ¡Todo menos rendirse!
Publicado en Alma Mater
