Arte y ciencia
Dulce María Loynaz, gran poeta cubana y universal
Publicado
hace 5 añosen
En el año de 1987 fui por primera vez a Cuba. Entre las muchas visitas realizadas en esa ocasión, no podía faltar la de conocer a grandes poetas cubanos, Nicolás Guillén, el primero, por ser para mí de fundamental interés, ya que mi tesis de licenciatura versaba sobre el análisis y la clasificación de su obra; también deseaba conocer a Dulce María Loynaz, delicada poeta lírica y genial narradora. La visita a Guillén se frustró por la ya delicada salud del Poeta Nacional, y en su lugar y representación, me recibió Ángel Augier, que era algo así como su lugarteniente; la dedicada a Dulce María, fue una grata experiencia, pues era una exquisita dama en cuya hermosa mansión de “El Vedado”, en la calle 19 con E, se respiraba un ambiente dieciochesco, por el entorno de muebles franceses de época, hermosos cuadros al óleo, candelabros de bacará sobre cómodas y mesas, y arañas brillantes del mismo cristal, pendientes de los techos.
La tarde de la visita, Dulce María me recibió en un salón, sentada muy erguida, notable postura para sus ochenta y cinco años, vestida elegantemente con gran sobriedad y en una exquisita poltrona Luis XV; me invitó a tomar asiento junto a ella y pidió a la señora que la asistía que nos trajera café; entre sorbo y sorbo de buchitos, fluyó una rica conversación sobre diferentes tópicos de la poesía y la narrativa; la poesía de Guillén fue tema obligado y me pude percatar de que, si bien lo reconocía como poeta, no lo quería demasiado. Sus ojos se llenaron de luz al hablar sobre Juan Ramón Jiménez y su entusiasmo se desbordó al tocar la poesía de García Lorca, cuya presencia en su casa era uno de los más caros recuerdos de su vida. Al decir que, su entusiasmo se desbordó, me refiero a una ligera variación en sus maneras, pues estas eran delicadas, mesuradas, casi como estudiadas y sobrias. Fue una inolvidable tarde de privilegio que guardo entre mis más caros recuerdos.
Dulce María Loynaz Muñoz, nace en La Habana el 10 de diciembre de 1902, de una estirpe de profunda entraña cubana y patriótica, pues su padre, el general Enrique Loynaz y del Castillo, fue un héroe de la independencia, desde sus primeros inicios, pues fue cercano colaborador de Antonio Maceo, y luego combatió en la gesta de Martí. Desde muy joven, Dulce María empieza a arrastrar la pluma con muy buen acierto, pues a los dieciséis años publica sus primeros poemas en varios periódicos de su ciudad natal. Mujer de visión avanzada para su época, se gradúa como Doctora en Derecho Civil en 1927, por la Universidad de la Habana, y ejerce esta profesión hasta 1961. Paralelamente a la jurisprudencia, cultiva las letras con muy buen acierto. Junto con su titulación profesional universitaria, inicia la escritura de una novela, “Jardín”, proyecto que le ocupará siete años de su vida literaria. Viajera incansable en su juventud, visita Turquía, Siria, Palestina, Túnez, Libia y Egipto; como resultado de ese viaje escribe su “Carta de Amor al Rey Tut-Ank-Amen”. Su casa en Vedado, se va convirtiendo en un centro cultural, pues a ella concurrían figuras de la talla de Alejo Carpentier, Juan Ramón Jiménez, Gabriela Mistral y Federico García Lorca, circunstancia que prevalece hasta hoy en día, pues después de su muerte, la vetusta casona fue convertida en el centro cultural que lleva su nombre.
En 1937, publica el poema “Canto a la Mujer Estéril” en la Revista Bimestre Cubana, y un año después “Versos” cuya escritura había iniciado diecisiete años antes. Como corresponsal de los diarios cubanos El País y Excélsior, participa en varios congresos en Suramérica y Europa. Su obra empieza a ser publicada en España, lo cual le va dando una dimensión internacional a su poesía. 1947, marca el inicio de un importante período de su producción, pues aparece “Juegos de Agua”, luego, en 1953, se publican “Poemas sin Nombre”; “Últimos Días de una Casa” y “Un Verano en Tenerife” se publican en 1958. En ese mismo período realiza una serie de artículos con los títulos de “Crónicas de Ayer” y “Entre dos Primaveras”. Su prestigio en las letras, reconocido ya internacionalmente, la lleva a ser elegida como miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras de Cuba y en las Islas Canarias, el ayuntamiento la designa como “Hija Adoptiva de Puerto de la Cruz”. En 1959, es electa como miembro de la Academia Cubana de la Lengua, de la cual llega a ser presidenta. En 1968, la Real Academia de la Lengua Española la nombra socia correspondiente de número, con lo cual su reconocimiento ya es universal.
Al triunfo de la Revolución Cubana, de la cual fue una franca opositora, guarda un prolongado silencio, que rompe en 1984 con la publicación de “Poesías Escogidas”. Luego, en 1991, sale a la luz “Bestiarium”, y en 1994, “Fe de Vida”. En 1992, se convierte en la primera mujer en recibir el importantísimo Premio “Miguel de Cervantes”, que es el Nobel de Literatura en Lengua Española, lo cual es su consagración universal en las letras. Al año siguiente le otorgan también, la Orden de Isabel la Católica y el Premio Federico García Lorca, que fue para ella de una profundísima significación, por el entrañable recuerdo que en su vida había sido la estancia del poeta granadino en su casa de La Habana. En forma casi póstuma, la Embajada de España en Cuba, le rinde un gran homenaje en su casona de Vedado, en abril de 1997. Ese mismo mes, la muerte le sorprende el 27 de abril. Con Dulce María Loynaz, desparece toda una época de las letras cubanas de talla universal, como son las de Alejo Carpentier o Nicolás Guillén.
La poesía de Dulce María, es un paseo por el fondo del alma humana, su fuerza de expresión nos da noticia de una mente lúcida y brillante que sabe interpretar la realidad y darle un giro con el uso preciso de la metáfora. Su carácter, de temple acerado, se deja sentir en su forma de cantar. A lo largo de su obra, se va advirtiendo la evolución de su alma, y los cambios de perspectiva que implica la formación y la consolidación de una madurez en lo social y lo artístico; sin embargo, su esencia y su fuerza, no sólo se mantienen, sino se acrecientan con una claridad, sin duda de ninguna clase. Ya, en su libro “Juegos de Agua”, nos muestra con toda claridad su manera de tomar al agua como un elemento esencial del universo. Veamos el poema “Creación”: “Y primero era el agua: / un agua ronca, / sin respirar de peces, sin orillas / que la apretaran… / Era el agua primero, / sobre un mundo naciendo de la mano de Dios… / Era el agua… / Todavía / la tierra no asomaba entre las olas, / todavía la tierra / sólo era un fango blando y tembloroso… / No había flor de lunas y racimos / de islas… En el vientre / del agua joven se gestaban continentes… / ¡Amanecer del mundo, despertar / del mundo! / ¡Qué apagar de fuegos últimos! / ¡Qué mar en llamas bajo el cielo negro! / Era primero el agua”. La fuerza y el temple de su alma acerada se deja sentir en poemas como “Quiéreme entera”: “Si me quieres, quiéreme entera, / no por zonas de luz y sombra… / Si me quieres, quiéreme negra / y blanca. Y gris, verde y rubia, / y morena… / Quiéreme día, / quiéreme noche… / ¡Y madrugada en la ventana abierta!… Si me quieres, no me recortes: / ¡Quiéreme toda… O no me quieras!”
El amor, es una constante en su canto, pero es amor y dolor, es herida, es tristeza, es el amor que llega tarde al alma. Veamos “A la del amor más triste”: “Tú, que amas un amor fantasma / y que das de comer a la niebla, / a la ceniza de los sueños… / Tú, que te doblas sobre ti / misma como el sauce se dobla / sobre su sombra reflejada / en el agua… Tú que te cierras / los brazos vacíos sobre el / pecho y murmuras la palabra / que no oye nadie, ven y enséñame / a horadar el silencio, / a encender, a quemar la soledad”. Por otro lado, su canto es de una pasión profunda, la fuerza del ser amado se siente como un universo total, como lo deja claro “Deseo”: “Qué la vida no vaya más allá de tus brazos. / Qué yo pueda caber con mi verso en tus brazos, / qué tus brazos me ciñan entera y temblorosa / sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra… Qué me sean tus brazos horizonte y camino, / camino breve y horizonte de carne: / qué la vida no vaya más allá… ¡Qué la muerte / se parezca a esta muerte entre tus brazos!… Su perspectiva de sí misma es contundente y precisa, tajante, como nos dice en “Precio”: “Toda la vida estaba / en tus pálidos labios… / Toda la noche estaba / en mi trémulo vaso… Y yo cerca de ti / con el vino en la mano, / ni bebí ni besé… / Eso pude: eso valgo”.
La publicación en 1958 de “Últimos días de una casa”, nos trae su perspectiva de la vida de la patria y los flagelos que dos dictaduras han dejado en el alma de una mujer que es de un profundo patriotismo de ineludible herencia familiar. Su calidad de hija de un héroe libertador, se deja sentir en las líneas de esta obra. Jesús J. Barquet, en su interesante estudio de esta obra, analiza la voz desgarrada de la casa, que es madre, esposa, hermana o hija, y es el alma de la poeta la que se proyecta en la voz de la casa doliente; pero nosotros encontramos algo mucho más profundo en esta creación esencial en la obra de Dulce María. La patriota cubana que vive en el fondo de su alma, ha sufrido con dolor los deleznables gobiernos sanguinarios de Gerardo Machado y Fulgencio Batista, y le presta su propia voz a la emblemática casa, que es esencia misma de la patria agraviada, para cantar con dolor la sangre y la muerte que se ha desatado sobre el pueblo cubano a través de las sucias manos de los dictadores. La casa es la madre-patria que reflexiona sobre sí misma: “Que pase uno la vida / guardando los sueños de esos hombres, / prestándoles calor, aliento, abrigo; / que sea una la piedra de fundar / posteridad, familia, / y de verla crecer y levantarla, / y ser al mismo tiempo / cimiento, pedestal, arca de alianza. / Y luego no ser más / que un cascarón vacío que se deja, / una ropa sin cuerpo que se cae”. ¡Si, la poeta ha prestado su voz a la patria, para cantar con dolor los agravios sufridos!
La poesía de Dulce María Loynaz, es la voz de Cuba que le canta al mundo, que se hace voz de su pueblo, de sus mujeres en especial, y esto lo hace con una fuerza tal, que le lleva a ocupar un lugar entre los personajes cubanos de proyección universal. Sin ninguna duda, Dulce María Loynaz es una poeta cubana y universal.
Conferencia dictada por su autor en la Cátedra José Martí, del Campus Mérida de la Universidad del mismo nombre, en ocasión del III aniversario de su fundación.
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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
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Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
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Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
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Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
