Arte y ciencia
El Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Yucatán
Publicado
hace 5 añosen
“Una especie de hipótesis de una escuela que no existe, pero es preciso que exista”
Alfredo Barrea Vásquez
Es difícil hallar textos completos de discursos expresados en ocasiones especiales, pues su publicación en la prensa no es común, y cuando por alguna razón se hace, generalmente se resume su contenido de acuerdo a los criterios del reportero o editor, de tal manera que permanecen en el olvido posibles ideas o expresiones que en el momento son importantes para entender contextos u objetivos que dan sentido a acciones realizadas.
Por ello, considero de importancia referir primero la existencia y segundo transcribir algunos párrafos de las “Palabras en ocasión de la ceremonia de entrega de Cartas de Pasantía al primer grupo de antropólogos sociales, el día 19 de junio de 1970”, documento localizado en el Archivo Personal Alfredo Barrera Vásquez (APABV).
Como es aceptado por historiadores, los antecedentes directos de la Escuela de Ciencias Antropológicas datan de 1966, año en el que el doctor Alfredo Barrera Vásquez vio cristalizado arduos esfuerzos. En este sentido, el 29 de julio de aquel año, el Consejo Universitario en sesión ordinaria, aprobó el establecimiento de la Licenciatura en Ciencias Antropológicas, la cual se impartió bajo la égida de un llamado Centro de Estudios Antropológicos (CEA).
Casi cuatro años después, el 19 de junio de 1970, se entregaron las cartas de pasante y los anillos de graduación a los alumnos de la primera y única generación de antropólogos sociales del Centro de Estudios Antropológicos, en ceremonia efectuada en el Auditórium Manuel Cepeda Peraza de la Universidad de Yucatán. Egresaron de esa primera generación de antropólogos, apadrinada por el Senador Dr. Francisco Luna Kan: Álvaro Brito Ancona, Manuel R. Ancona Escalante, Salvador Rodríguez Losa, Celinda Gómez Navarrete, Yolanda Ugalde Burgos y Jorge I. Ramírez Calderón.
En la invitación se anunciaba en el presídium al Rector de la Universidad de Yucatán abogado Francisco Repetto Milán, al Gobernador Constitucional del Estado Carlos Loret de Mola Mediz –quién según nota periodística no asistió-, como invitado especial al doctor. Gonzalo Aguirre Beltrán director en esos momentos del Instituto Indigenista Interamericano, al Director del Centro de Estudios Antropológicos doctor Alfredo Barrera Vásquez y al doctor Francisco Luna Kan como padrino de la generación. En la ceremonia pronunciaron palabras alusivas al evento el Senador Luna Kan y el doctor Barrera Vásquez, este último en su calidad de Director del Instituto Yucateco de Antropología e Historia. Por su parte Aguirre Beltrán dictó la conferencia Antropología y Política. El doctor Barrera dominaba la escena pues aparecía como Director de los dos institutos vinculados al proyecto de la enseñanza antropológica.
Si seguimos las líneas leídas por Barrera Vásquez en esa ceremonia, conoceremos algunas de las particularidades de esa empresa educativa, en cinco hojas tamaño media carta escrita con clara caligrafía, donde leemos parte del discurso pronunciado:
“El Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Yucatán, muy vinculado, por cierto, al Instituto Yucateco de Antropología e Historia, fue fundado en 1966 y ha podido cumplir sus programas docentes, gracias al decidido apoyo que le ha dado nuestro ilustre Rector, Señor abogado Don Francisco Repetto Milán (…). Ciertamente, sin ese apoyo no hubiera podido subsistir, porque este Centro ha sido una especie de hipótesis de una escuela que no existe, pero que es preciso que exista.
Fiel a su rigidez y exigencia académica Barrera Vásquez advertía, a la vez que proponía a los estudiantes que recibían su carta de pasantía, un futuro profesional:
“(…) que no piensen que han terminado su carrera. Les falta tres requisitos: primero, su servicio social; segundo, su memoria y tercero, su examen de grado. Con esos tres requisitos cumplidos, recibirá su grado de Licenciado en Ciencias Antropológicas, en la especialidad de Antropología Social, lo cual es sólo el primer jalón si desearen llegar al doctorado. Hay la posibilidad de que, en vista de sus promedios, obtengan alguna beca para continuar sus estudios, sea en nuestro país o fuera de él para hacer su maestría y luego su doctorado. Así pues, ¡a seguir trabajando el surco para obtener el fruto definitivo! ¡buena suerte”.[i]
Por otra parte, la entrega de las cartas de pasante de la primera generación de arqueólogos, se dio el 16 de febrero de 1971 en el “Palacio Cantón”. En esa ceremonia se clausuraron simbólicamente las labores del CEA y automáticamente quedó establecida la Escuela de Ciencias Antropológicas, dedicada a la formación de profesionales en Antropología, la cual había iniciado el ciclo escolar el 1º de octubre de 1970. Recibieron la constancia de pasantía en arqueología de manos del padrino de generación Román Piña Chan: Leticia Domínguez Escalante, Piedad del Carmen Peniche Rivero, María de Lourdes Martínez Guzmán, Dorohty Andrews de Zapata, Beatriz Repetto Tió, Salvador Rodríguez Losa y Jaime Alonso Hernández.
Sirvan
estas notas para sugerir algunos matices en la historia de la enseñanza
antropológica en Yucatán.
1.-“Palabras en ocasión de la ceremonia de entrega de Cartas de Pasantía al primer grupo de antropólogos sociales, el día 19 de junio de 1970” pp.4-5 APABV
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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
