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Arte y ciencia

EL CINE MEXICANO, UN BIEN CULTURAL DE LA NACIÓN (II)

Ariel Avilés Marín

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Foto de Salvador Peña

En 1936, se estrena la película “Allá en el Rancho Grande”, que tiene un éxito de taquilla sin precedentes, y además, conquista las salas de los Estados Unidos, marcando un hito ante el naciente cine de Hollywood. Esta cinta también es dirigida por Fernando de Fuentes, y la protagonizan Esther Fernández y Tito Guízar; esta filmación inaugura el género de la comedia musical ranchera, y abre la puerta al cine mexicano a las salas norteamericanas. La película se exhibe, con subtítulos en inglés, y tiene éxitos resonantes en San Antonio y El Paso, Texas, por supuesto en Los Ángeles, California, y al fin llega a Broadway, New York, consumando con esto su éxito resonante en la unión americana. La popularidad que alcanza este género, llega a marcar un fenómeno tal que, las películas mexicanas llegan a producir el doble de ingresos en taquilla, que las películas en español hechas en Hollywood. A partir del fenómeno causado por esta primera película, surge toda una generación de directores, actores, fotógrafos y compositores, que van a revolucionar el cine en general, y en nuestra patria, van a crear una personalidad y una entraña mexicanas.

Con el éxito del Rancho Grande, se abre la puerta del éxito para que el cine mexicano entre en grande por ella. Una camada brillante de cineastas abonará al arte de la pantalla grande, una producción de calidad sobresaliente que hará época en el mundo del cine universal. Junto con Fernando de Fuentes brillan Emilio “El Indio” Fernández, Ismael Rodríguez, Roberto Gavaldón, Julio Bracho, Juan Bustillo Oro, Alejandro Galindo, Gilberto Martínez Solares, Juan Orol, Julián Soler, Arcady Boytler, Miguel Contreras o Jaime Salvador. Desde luego, hay que incluir aquí, al español Luis Buñuel. Con esta camada de directores, el cine mexicano adquiere una patente de calidad superior y va conquistando espacios en el mundo. “María Candelaria” gana la Palma de Oro en Cannes en 1946, que entonces se llamaba Grand Prix; casi de inmediato (1948), “La Perla”, gana mención honorífica en Venecia y luego un Globo de Oro, siendo la primera película de habla hispana en ganarlo. Junto con este auge sin precedentes, se da otro fenómeno, los protagonistas de las películas, se convierten en verdaderos héroes populares, con un arrastre y agitación de multitudes, como nunca antes se había tenido. La figura del “Charro Mexicano”, es disputada por varias figuras de la pantalla, siendo las más destacadas, Jorge Negrete y Pedro Infante, y después de ellos, vienen todos los demás.

foto de Salvador Peña

Pero el cine mexicano de este período, no sólo destaca por su dirección, no. Alrededor de la filmación, surge una serie de elementos técnicos que van a poner unas circunstancias inigualables en las filmaciones de la época. La figura de Gabriel Figueroa, puso a la fotografía cinematográfica un sabor único e inigualable que marcó un precedente en el cine universal. Se cuenta hasta hoy, el afán perfeccionista de Figueroa, puesto en el logro de determinada circunstancia en el paisaje o en el ambiente, para obtener una escena única e irrepetible, que quedara detenida e inmortalizada en el tiempo. Figueroa, no dudaba en repetir más de cincuenta veces una toma, hasta quedar totalmente satisfecho con las circunstancias de luz y color; exigía que, hasta las nubes tuvieran determinada posición para lograr la toma a su entero gusto. Junto con el arte visual de Figueroa, surge un fenómeno musical que no tenía antecedente alguno, por su riqueza y armonía de una enorme complejidad, Manuel Esperón asombra al mundo con la riqueza de sus composiciones, la entraña de sus canciones y, sobre todo, por sus inigualables arreglos que conjuntaban una enorme variedad de grupos, dúos, tríos y solistas. La música de Manuel Esperón, dio al cine mexicano una personalidad única, como nunca había tenido ni volverá a tener. Canciones, cómo “Amorcito Corazón” o “Mi Cariñito”, dieron al cine nacional una identidad propia e inigualable que perdura hasta nuestros días.

La Revolución Social Mexicana, es la madre nutricia del cine de la época de oro, las figuras legendarias que surgen de este tema toral sientan sus reales en el corazón del gran público, no sólo de México, sino más allá de nuestras fronteras. Las direcciones de De Fuentes, Fernández o Urueta, con el concurso de la cámara de Figueroa y el acompañamiento musical de Esperón, nos legan un arte de una calidad superior. Escenas como, la final de “Enamorada”, con María Félix marchando junto al caballo de Pedro Armendáriz; o la de la misma María, a contra luz, junto a un gran árbol muerto, en “Río Escondido”, son per se, obras de arte de sublime calidad estética. Al aparecer una trilogía dirigida por Ismael Rodríguez, “Nosotros los Pobres”, “Ustedes los Ricos” y “Pepe el Toro”, el alma del barrio salta a la palestra con una fuerza arrolladora y se roba el alma del público, que ríe, goza y llora amargamente, con las secuencias de esta serie; además, estas cintas llevan la figura de Pedro Infante a la cúspide de la popularidad y lo hacen entrar a leyenda. El cine de la era de oro, comparte en su seno tres grandes temas: La Revolución Mexicana, la vida del barrio pobre y popular y, finalmente, el tremendo fenómeno que desata la música tropical que llega de Cuba, y que sienta sus reales en nuestro cine. El Cine de Rumberas, completa el cartel de lujo del cine de la era de oro.

Si bien, las figuras de los grandes directores nos marcan la pauta de este período, hay también importantes figuras esenciales que manejan en su labor una duplicidad de acciones. En este rubro encontramos a figurones que son, simultáneamente, grandes actores y estupendos directores también, y en los más de los casos, combinan las acciones en su actividad, dirigen y actúan a la vez, sin menoscabo de una u otra labor. En este caso encontramos a figuras como, en primer lugar por orden de aparición, a Mimí Derba, Fernando y Domingo Soler, Joaquín Pardavé, Abel Salazar, Jorge Mistral, Arturo Martínez (eterno villano de nuestro cine), Eulalio González “Piporro” y José Elías Moreno. Las características del cine de este período, forjó en el gusto del público un amor incondicional por las grandes estrellas que protagonizaron las filmaciones. Es indispensable citar a las grandes divas como María Félix, Dolores del Río, Andrea Palma, Lupe Vélez, Gloria Marín, Marga López, Carmen Montejo, Libertad Lamarque, Elsa Aguirre, Rosita Quintana, Sara García, Blanca Estela Pavón, Miroslava Stem, Sofía Álvarez, Silvia Pinal, Ana Luisa Pelufo, Katy Jurado, Columba Domínguez, María Elena Marquez o María Victoria. Entre los grandes actores, debemos destacar los nombres de Jorge Negrete, Pedro Armendáriz, Pedro Infante, Arturo de Córdova, Fernando, Andrés y Domingo Soler, Joaquín Pardavé, Carlos López Moctezuma, Mario Moreno “Cantinflas”, Víctor y Tito Junco, nuestro genial pachuco, Tin Tan, Germán Valdez, Roberto Cañedo, y muchos nombres más que escapan a la memoria. Completan la papeleta de este período, las cinco grandes rumberas del cine nacional: María Antonieta Pons, Amalia Aguilar, Meche Barba, Ninón Sevilla y Rosa Carmina.

foto de Salvador Peña

La llamada Época de Oro del Cine Mexicano, está contemplada de 1936 a 1959. Ya en esta época, la aparición de la televisión, impone una fuerte competencia a la pantalla grande, y va a llevar a la cinematografía a un período de transición un tanto decadente. Sin embargo, en los últimos tiempos, el cine mexicano ha estado transitando por muy buenos caminos, que nos hablan de un despegue a nuevos planos de una calidad excelente e inesperada, que lo está haciendo brillar en el mundo entero.

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Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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