Arte y ciencia
El cine mexicano, un bien cultural de la nación (III)
Publicado
hace 6 añosen
En el año de 1959, se filma “Macario”, película que lleva a Ignacio López Tarso al primer plano de nuestro cine, lugar que sin discusión alguna sigue ocupando. Este filme, marca un precedente en la historia de nuestro cine, es la primera película mexicana nominada a un Óscar. Por esa misma época, aparece una pareja de cómicos que hará época en la pantalla, Gaspar Henaine “Capulina” y Marco Antonio Campos “Viruta”, filman la friolera de veinticinco películas que llenaron las salas de todo el país con un éxito que hizo época. Viruta y Capulina, fueron una versión nacionalizada del precedente que marcaron Stan Lawrel y Óliver Hardy, el Gordo y el Flaco, en el cine de Hollywood. Estas cintas van marcando la aparición de un cambio en la ruta del cine mexicano, y esta nueva etapa se conoce como el Cine de Transición. Si en la Época de Oro la aparición de los ritmos del Caribe saltó a la palestra con un éxito arrollador, al pasar de las década de los 50 a la de los 60, la música juvenil de Norteamérica, va a causar un furor en la juventud mexicana, y va llenar una importante etapa del cine nacional. El Rock and Rol y el Twist, generan una importante producción en celuloide, y llevan a figuras, mayormente intérpretes de estos géneros, a convertirse también en protagonistas de una numerosa serie de películas juveniles y llenas de música y alegría. A este cine de rockeros se une otro cine que llegó a adquirir gran arraigo entre el gran público, el cine de luchadores, con figuras de tremendo arrastre popular, como Santo el enmascarado de plata, Blue Demon, el Médico Asesino, el Mil Máscaras, Tinieblas o el Rayo de Jalisco.
Al iniciarse el período de transición, el cine mexicano va dando signos evidentes de profundos problemas internos. La integración de sindicatos corruptos, la formación de grupos cerrados de cineastas, va provocando que se cierre el paso al surgimiento de nuevos directores; las primeras consecuencias se dejan sentir al desaparecer los importantes estudios, Estudios Tepeyac, Clasa Films y Estudios Azteca, en los años 1957 y 1958. En 1960, el gobierno de Adolfo López Mateos adquiere todas las salas de Operadora de Teatros y Cines Cadena de Oro, constituyendo así un monopolio oficial que hizo más daño que beneficio a la producción cinematográfica. El cine del Rock and Rol y el Twist, lleva al primer plano de popularidad a figuras como Angélica María, Julisa, las hermanas Lorena y Tere Velázquez, y Patricia Conde. La contra parte de galanes recayó en las figuras de Enrique Guzmán, Alberto Vázquez, César Costa, los hermanos Carrión, y Fernando Luján. Cintas como “Juventud Desenfrenada”, “La Locura del Rock and Rol”, “Rock, locura de Juventud”, “Melodías Inolvidables”, “Juventud Rebelde”, “Mañana serán Hombres” o “Twist, locura de Juventud”, llenaron una época de un cine de gran popularidad, alegría, juventud, pero de una modesta calidad artística.
Por su lado, el cine de luchadores, marca un precedente a nivel internacional; mientras en otras latitudes los héroes son personajes ficticios, como Superman o Batman, en México, sus héroes, sus ídolos, son hombres de carne y hueso, son personajes a los cuales encuentran en la calle, en la vida diaria. Al salir del ámbito de sus escenarios naturales, las arenas de lucha libre de México, los luchadores protagonizan historias fantásticas en las salas de proyección de todo el país y conquistan el corazón de la clase popular y le imprimen un entusiasmo por sus hazañas del lado del bien. Cintas como: “Santo el enmascarado de plata”, “Santo contra el cerebro del mal”, “Santo contra Blue Demon en la Atlántida” o “Santo contra las Mujeres Vampiro”, dan cuenta de esta importante producción que llenó toda una época de nuestro cine. El cine de luchadores arraigó en el corazón del pueblo, dio a éste un mensaje positivo de la lucha del bien contra el mal, pero nada aportó al arte, su calidad en este plano dejo mucho que desear. En la siguiente década, nuestro cine ira transitando por caminos nuevos, unos fallidos, y otros con algunos destellos que vale la pena rememorar.

El cine mexicano, va entrando en una aguda crisis, tanto que, en 1958, la Academia Mexicana de Ciencias y Artes Cinematográficas, suspende la entrega del “Ariel”, premio que se había instituido desde 1946. La decadencia golpea con fuerza la producción de filmes, y hay un desprestigio que escapa de la vida interna del país, y se extiende más allá, en todos los medios cinematográficos. La primera institución en tomar cartas en el asunto, es la UNAM, que en 1963 crea el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), y con ello surge una importante corriente de cine independiente. Por ese entonces, surge una figura polémica, pero crucial para el cine nacional, Alejandro Jodorowsky, que en 1967 produce su primer escándalo al proyectar en el Festival de Cine de Acapulco, “Fando y Lys”, del cual tiene que salir huyendo para no ser linchado. A este escándalo, siguen, “El Topo” en 1970, “La Montaña Sagrada”, en 1971, “Pubertinaje”, en el mismo año, “Apolinar”, en 1972, y su último largometraje en México, “Santa Sangre”, en 1989. Las décadas de los 70 y 80, serán cruciales para buscar nuevos caminos para el cine nacional. El gobierno de Luis Echeverría, toma acciones que van a poner nuevos panoramas a la vida del cine. En primer término, se inyecta una inversión de mil millones de pesos al Banco Nacional Cinematográfico, que existía desde 1942, pero sin acciones efectivas. Se rescata a la Academia y se restituye el “Ariel”, en 1972. En 1974, se funda la Cineteca Nacional. En 1975, se funda el Centro de Capacitación Cinematográfica y se fundan tres importantes productoras de cine: CONACINE, CONACITE I Y CONACITE II. Un panorama nuevo se va abriendo paso. Muchos estudiosos en la materia, consideran que en este período, se hace algo de lo mejor de la historia del cine mexicano.
Surgen nuevos directores de gran calidad, como Carlos Enrique Taboada, Luis Alcoriza, Arturo Ripstein, Jaime Humberto Hermosillo, Jorge Fonz, Gabriel Retes o Felipe Cazals. Salen para el gran público películas como: “Hasta el Viento tiene Miedo”, “El Libro de Piedra”, “Veneno para las Hadas”, “Tiburoneros”, “Tarahumara”, “Mecánica Nacional”, “El Castillo de la Pureza”, “El Lugar sin Límites”, “La Verdadera vocación de Magdalena”, “Doña Herlinda y su Hijo”, “El Bulto”, “Fe, Esperanza y Caridad”, “Rojo Amanecer”, “Canoa”, “El Apando” y “El Callejón de los Milagros”. Poco dura la dicha en el arte del celuloide, con el cambio de sexenio, viene un verdadero desastre para el cine mexicano, la abominable administración de Margarita López-Portillo, con una mojigatería moralizadora, se propone “restituir el cine familiar” y logra dar al traste con la corriente innovadora y con un desperdicio total del presupuesto, acaba con la producción de un cine con calidad artística para producir baratijas que, afortunadamente, se han disuelto en el tiempo y el olvido.
El desastre lopezportillista, es aprovechado por dos corrientes, para apoderarse de las taquillas de todo el país y sentar sus reales en el gusto popular. El llamado “cine de ficheras” y el “cabrito western”, dejan una estela de vulgaridad, ramplonería, lenguaje soez, escenas de desnudo totalmente injustificadas, y un sabor a corriente muy profundo. Será necesario esperar el surgimiento del llamado Nuevo Cine Mexicano, para recuperar la calidad y el arte de otros tiempos.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
