Arte y ciencia
El presente no está solo
Publicado
hace 5 añosen
Si para todo hay término y hay tasa
y última vez y nunca más y olvido…
Borges
Hasta antes del confinamiento siempre pensé que tanto la sala de espera de un hospital y las agencias del ministerio público, eran sucursales del purgatorio si no del mismísimo infierno. Nada tan extenuante que la insidiosa espera en ambos sitios donde el denominador común, por paradójico que sea, es la indiferencia humana. Se marchita un poco el alma, y no se desea ni al enemigo más porfiado estar bajos las delirantes luces blancas de una sala fría, ni frente a las preguntas incómodas de un agente investigador y la mirada inquisitoria de decenas de curiosos. Pero aconteció lo inesperado.
Desde aquel enero del 2020, cuando supimos por las noticias del nuevo virus en Wuhan, China, y de su rápida replicación mundial, intuimos que no tardaría mucho en llegar a nuestro país. Nos apresuramos, entonces, a cerrar ciclos y finiquitar pendientes, previendo la imperiosa pausa que estaba por suceder. Implementado el confinamiento en México, un tenso compás de espera, similar al de aquellos horrorosos lugares antes descritos, comenzó, pero ahora desde casa.
Emparentados con la soledad, no fue difícil el alejamiento social, no obstante, la dificultad de conseguir alimentos, la imposibilidad de acercarse a nuestros padres y seres queridos puso en perspectiva lo que es el tiempo, la vida y nuestra existencia.
El tiempo
Se percibe en el confinamiento aún vigente la inexistencia de los días. Todo pareciera un suceder continuo entre dormir y despertar, donde hasta las mismas horas se van desvaneciendo junto con los horarios, calendarios y agendas. Lunes o miércoles, viernes o domingo, es lo mismo sin ir al trabajo o a la escuela. No existe un marcador claro y preciso que nos indique sobre cuál día transitamos. Dejamos de despertar y dormir en las horas establecidas de la aparente normalidad en la que vivimos por siglos. Y entonces, se nos disipa la duda: quien inventó el tiempo y los relojes nada suponía de los confinamientos forzados. El tiempo, en definitiva, no existe, tenían razón Krishnamurti, Borges y Baquedano. Siempre la tuvieron. Hacia mediados de otoño el tic tac del viejo reloj de la sala, una tarde, se detuvo, y luego de una larga disertación con el resto de las integrantes de la casa, llegamos a la conclusión de que no era necesario sustituir las pilas que lo hacen funcionar. Desde entonces el silencio en los pasillos de la casa es más profundo. Me escucho caminando hacia el librero, sacando un libro, pasando sus páginas. A veces me quedo dormido a media página hasta que la pequeña A me despierta porque quiere ver la luna. Entonces despierto, al anochecer, despierto.
La vida
El día que me dormí a media página, realmente fue sobre un verso de Borges. “El presente está solo”, leía. Resuena aún su poema mientras abro las ventanas de la casa para que circule el aire, pero sólo transita el desasosiego mientras también leo y releo las ecuaciones médicas que nunca podré explicarle a S. Me han dado ganas nuevamente de fumar, pero me contengo, esta vida ha resultado más aromática sin el cigarro y también la disfruto. La vida, en este nuevo código existencial, es el instante, pero eso nada tiene que ver con el tiempo sino con la pequeña A tarareando canciones con palabras que sólo ella sabe decir, mientras S y yo sonreímos. La vida es este haz de inocencia ante nuestros ojos. Y el recuerdo, por supuesto, de lo que fuimos.
Nuestra existencia
M, S y A, despiertan. Nunca debieron haber perdido la inocencia de un ser vivo. La pequeña A se maravilla hasta por el silbido de un pájaro que desde la rama de un árbol pareciera desconocer que estamos en pandemia. La pequeña A también lo desconoce, como otras muchas cosas que S y M tratan de no pensar demasiado, en esa preocupación que crece junta a la vida adulta. Seguir paso a paso, se repite M para sus adentros, sólo nos queda el instante. Y siguen, caminando, en voz baja, siguiendo los pasos de la pequeña A que, en plena pandemia, se ha puesto a guiarlos, de instante en instante, por la vida.
La nostalgia
Si no fuera por la nostalgia, por esa capacidad de recordar, no existiría la esperanza. S me lo dice claramente: la memoria sirve para olvidar. ¿Pero qué estás diciendo, S? ¿Ya estás delirando? Y me explica: realmente la memoria fija los recuerdos importantes y desecha aquellos que no nos sirven. Que sagacidad de nuestra mente. Recordar es ir olvidando lo que no nos sirve. Fijamos en la memoria lo que nos ayuda a continuar, lo que nos arraiga, lo que nos identifica. El presente, entonces, no está solo, porque estamos nosotros en él, ungidos de recuerdos, de vivencias, de sentimientos que guardamos en la bolsa de la camisa, en la comisura de unos labios, en la esquina, en el tintineo de una taza de café, en alguna calle. ¿Quién dijo que la nostalgia es sinónimo de tristeza? Todo lo que nos permita continuar hoy, todo lo que nos devuelva irremediablemente a la inocencia-como en nuestra niñez-ahora representa una esperanza, un todavía y un por qué.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
