Arte y ciencia
El viejo nombre de un nuevo parque: el Parque Arqueo-ecológico de Xoclán, Mérida
Publicado
hace 5 añosen
Hay lugares que reciben diferentes nombres a través del tiempo, de acuerdo a elementos geográficos, eventos históricos o circunstancias particulares que la memoria colectiva conserva. Hay otros, en cambio, que sin tener un bautizo especial, son llamados de una manera particular en ciertas épocas, pero ese nombre por falta de uso se diluye en la bruma del tiempo. Viene al caso el comentario, por lo siguiente: a finales de los setenta del siglo pasado, la avenida Francisco I. Madero de la colonia del mismo nombre en Mérida, terminaba en su lado poniente en un angosto sendero, e inmediatamente numerosos arbustos, altas yerbas y pequeños árboles escoltaban un pequeño sendero pedregoso, conocido por habitantes del rumbo. Aquel arbolado camino era recorrido por estudiantes de la Escuela Secundaria Federal número 2, a pie o en bicicleta que los conducía al “Cerrito”, sitio donde las ansias juveniles de aventura eran saciadas. Lejos estaba de la mente la idea de un sitio arqueológico.
El regreso en el tiempo a este lugar, ocurrió mediante la lectura de una comunicación escrita entre autoridades municipales y federales, en el lejano año de 1960. Un oficio de 14 de julio, dirigido al arqueólogo Ponciano Salazar Ortegón, Jefe de la Oficina de Monumentos Prehispánicos de la zona sureste del INAH, con oficinas en ese entonces en el Pasaje de la Revolución, firmado al calce por J. Adonay Cetina Sierra y Luis Alvarado Alonzo, Director y Secretario respectivamente del Instituto Municipal de Extensión Cultural (IMEC) del Ayuntamiento de Mérida. La misiva daba noticias del hoy importante Parque Arqueo-ecológico de Xoclán, conocido entre los arqueólogos como el sitio de “Los Siete”. Cabe señalar que el efímero IMEC fue creado en esos años por el Ayuntamiento encabezado por Luis Torre Mesías (1958-1961).
A su vez, el comunicado al que nos referimos daba cuenta del descubrimiento de unas ruinas mayas enclavadas en la hacienda Xoclán del Municipio de Mérida, hallazgo hecho por el joven compañero Manuel Gómez López, miembro del Consejo Técnico del IMEC. Después del reporte del hallazgo, Adonay Cetina y Alvarado Alonso, habían realizado un recorrido por ese deshabitado rumbo de la periferia de Mérida, que era parte de las milperías que rodeaban a la ciudad.

Lo interesante del caso, es que esta breve comunicación daba cuenta del “descubridor” de las mismas, y del nombre con que eran conocidas, según se desprende del texto al señalar: “por la tradición oral de los más ancianos vecinos de la hacienda, sabemos que ese lugar se llama E´Na Caan, palabras que traducidas podrían ser negro, madre y cielo, traducción que sólo, la experiencia de los investigadores de la lengua maya podría confirmar o desechar”.
Los suscriptores de la misiva, todavía se daban tiempo para intentar esclarecer algunas ideas relacionadas con estos vestigios mayas señalando lo siguiente: “Estas ruinas, ya minadas por las continuas “quemas” y la utilización que de sus piedras labradas se ha hecho, podrían ser de importancia para el esclarecimiento de la historia aborigen; no hay que olvidar su ubicación intermedia entre la población de Ichcaansihó y Caucel, que hasta la llegada de los españoles, conservó esta última la jerarquía de capital y lugar veraniego de los caciques de T’Hó”.
Por su parte el doctor Alfredo Barrera Vásquez, en septiembre del mismo año, en su carácter de Director del Instituto Yucateco de Antropología e Historia, opinó sobre este descubrimiento, demostrando su amplio conocimiento de la lengua maya y de los documentos escritos al momento del contacto español. Al respecto escribía en una carta dirigida a Cetina y Alvarado:
“Es muy interesante el que se haya podido obtener de los ancianos vecinos de la mencionada Hacienda el antiguo nombre del sitio arqueológico, pues es significativo el elemento caan, porque aparece también en el nombre de Ichcaansiho por una parte, en el Chuncaan que fue el de una deidad de Mérida y en el de Chichicaan lugar no identificado mencionado en el Chilam Balam de Chumayel, como situado en una región entre Cholul, Itzimná, Chuburná y Mérida. Estudios posteriores irán aclarando poco a poco esta persistencia del elemento caan, en la toponimia y en otros nombres relacionados con la zona de Mérida y sus aledaños.
Hoy en día, este sitio recibe el nombre de Parque Eco-arqueológico Xoclán, aledaño a un par de populosos asentamientos, los fraccionamientos Mulsay y Bosques de Yucalpeten, y numerosos trabajos de inspección y salvamento arqueológico se han realizado a raíz de la construcción de estos complejos habitacionales. A principios de los ochenta encontramos los primeros, pero hasta ahora no habíamos leído o escuchado sobre el viejo nombre con el que era conocido. Esas viejas cartas, cruzadas entre reconocidos intelectuales yucatecos, nos dan luz sobre este apasionante tema.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
