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Arte y ciencia

Felipe Carrillo Puerto visto por Armando Bartra

Jorge Fernández Souza

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I

En el año de la pandemia, como le llamó al 2020, Armando Bartra terminó un texto notable sobre Felipe Carrillo Puerto. Tal vez en las siguientes ediciones tenga que poner “en el primer año de la pandemia” o en “el año uno de la pandemia” y en las subsiguientes, al paso que vamos, “en el año uno del lustro de la pandemia”.

Pero más allá de la temporalidad que se le tenga que asignar a la pandemia, reclusión, confinamiento y cuidados, lo primero que hay que decir es que el Suku’un Felipe (Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán) de Armando, modifica géneros, si es que no los rompe. Es un libro de historia, sin duda, pero con narración literaria; es literatura. No me parece que sea una novela histórica, porque la posible ficción está solamente en algunos también posibles diálogos y en una o dos cavilaciones. Es una biografía (sobre todo biografía política), pero es más que una biografía porque en gran medida es el estudio de una época de la historia de Yucatán y de su relación con lo que ocurre en la República Mexicana. En fin, es una obra histórica, biográfica, que, si quisiéramos encasillarla (lo que sería injusto), podríamos decir que es historia novelada o historia con rasgos novelescos.

Notable en la narración y en la estructura, el texto tiene también otra fortaleza en una erudición que se disimula en la fluidez y que en nada entorpece el gusto que provoca su lectura.

Sustentado en investigación documental rigurosa y vasta, el texto nos presenta los años de formación de Felipe Carrillo Puerto a partir del círculo familiar en Motul y a la par de los primeros amores. Ahí, en ese medio, conoce la realidad de la dura vida de los peones mayas en las haciendas henequeneras o en su entorno y, en sus iniciales actos de oposición, tiene sus primeros choques con representantes de los sectores dominantes.

Enfrentamientos, distintos trabajos, cárcel, lecturas que contribuyen a encauzarlo; el perfil que Armando nos presenta del personaje amplía la visión de quienes ya pudiéramos tener alguna idea previa e introduce didácticamente a quienes se aproximen a él por primera vez.

El autor hace la caracterización del biografiado describiendo y analizando el medio en el que crece y se desenvuelve. Son los años iniciales del siglo XX, son los tiempos finales de la gubernatura de Olegario Molina, de la oposición a la oligarquía local de los partidarios de Diego Moreno Cantón y también de la oposición de quienes con Pino Suárez se enfrentan a la oligarquía local pero al mismo tiempo al porfirismo.

Al presentar el entretejido de la vida de Carrillo Puerto con las circunstancias de los movimientos políticos y sociales de Yucatán, a la vez con los nacionales, Armando hace, precisamente sobre esto último, una contribución mayor dentro de la contribución general: destaca la interacción de lo regional con lo nacional y de Felipe Carrillo con ambas realidades.

Esta interacción la anuncia el autor desde el capítulo uno, cuando narra el encuentro de Carrillo con Zapata. Conocedor de Zapata, estudioso de Carrillo, Armando habla con conocimiento de causa, o de causas, de los dos personajes, de sus lugares en la historia y de sus aspiraciones sociales. Queda reflejada la influencia de la Revolución del Sur y de su líder en el pensamiento y en elementos para la acción del líder yucateco; es razonable hacerse la pregunta sobre la existencia de alguna aportación de Felipe durante esos dos años de su presencia en las filas zapatistas, porque cuando llegó ahí ya tenía cosas para decir, así fuera sobre cómo se estaban agitando las aguas en Yucatán. Armando habla sobre ese acercamiento de los dos dirigentes cuando Felipe le ofrece a Emiliano que conozca el mar peninsular.

En la relación de Carrillo Puerto con Salvador Alvarado, el autor destaca aspectos relevantes: a pesar de la cercanía de Carillo con Zapata y de la pertenencia de Alvarado al Constitucionalismo, cuando Felipe regresa a Yucatán el General constitucionalista enviado por Carranza lo acerca a su movimiento, de alguna manera a su gobierno, en principio incorporándolo a la Comisión Agraria en una posición similar a la que había tenido en el territorio zapatista. Alvarado en Yucatán es un militar que desde el gobierno inicia reformas importantes, aunque acotadas por su visión política y económica y por el mismo ejercicio gubernamental en el que tiene que convivir con los propietarios de la riqueza henequenera. La creación de la estructura política social que fue el Partido Obrero, después Partido Obrero Socialista, a partir de sectores de trabajadores urbanos más que de campesinos o de trabajadores agrícolas del henequén, tendría un giro importante bajo la conducción de Carrillo Puerto: sin perder su carácter obrero de origen, su fuerza de masas se lo darán las ligas agrarias, la participación campesina. No será del centro a la periferia sino de la periferia al centro.

El Partido Socialista del Sureste será la gran organización regional, la que llevará a Felipe al gobierno del estado, la que estará en la base de las reformas en el gobierno de Carrillo Puerto, en el avance del reparto agrario; pero que será insuficiente (¿o inoperante?) a la hora del golpe.

Cuando la pluma de Armando toca la actuación de Alvarado y profundiza en la de Carrillo Puerto con toda su amplitud en lo agrario, en lo educativo, en lo civil, en lo feminista, con todos sus alcances … y después nos narra el desenlace, nos recuerda, por un lado, las dificultades de los cambios revolucionarios cuando se instrumentan desde un partido o un movimiento sin que  se cuente con el aparato gubernamental; y desde el otro lado, las  complicaciones cuando la plataforma  para los cambios está en el andamio del gobierno. Si en el primer caso no contar con la fuerza estatal (incluida la armada) implica siempre vivir ante el riesgo de la represión, en el segundo caso, si el gobierno que emprende los cambios no cuenta con la estructura partidista que sostenga sus iniciativas y que lo sostenga a él mismo, estará permanentemente bajo el riesgo del golpismo, sobre todo si el movimiento partidista social que debiera sostenerlo no tiene la suficiente fuerza organizativa, de movilización y actuación frente a la crisis, e inclusive de contención ante alguna intentona militar.

Con esas mismas características, siempre con la riqueza informativa, el autor nos hace transitar por las medidas alvaradistas, por las movilizaciones, por congresos como el pedagógico y el feminista, por el Primer Congreso Socialista, por la Constitución del Partido Obrero Socialista que se  transformaría en el Partido Socialista de Yucatán y después en el partido Socialista del Sureste.

Turbulencia tras turbulencia, el tramo entre 1918 y 1922 es narrado como el de una crisis henequenera, a la vez que de la radicalización social, de agudización de las contradicciones, el del abordaje de la cuestión alimentaria a la par de las reivindicaciones agrarias y laborales de los peones. Son años de definición de rumbos.

Después, ante una ausencia del gobernador Castro Morales, Felipe ocuparía temporalmente la gubernatura. Es la época de las demandas por la tierra y también de las reivindicaciones salariales, de las pugnas con Carranza que se opone al reparto, de la llegada del coronel Zamarripa, enviado por el de Cuatro Ciénegas para combatir socialismo y reparto. La acción de Zamarripa en 1919 anunciaba el comportamiento que pocos años más tarde tendrían los militares golpistas contra el gobierno de Carrillo Puerto. 1920 sería año de represión y de preparación para el regreso, como ampliamente cuenta Armando.

De 1918 a 1920 son los años que Armando llama del Nuevo Rumbo. Los del acercamiento con Obregón y Calles, y también con el no muy fuerte comunismo mexicano y con el internacionalismo socialista; los del avance en Yucatán y del equilibrio precario con las fuerzas nacionales (de manera destacada con los generales sonorenses), tanto fuera como dentro del estado. Las amenazas a ese equilibrio se manifiestan en las fuerzas de la antigua oligarquía y de sus representantes, y también entre las guarniciones federales que constantemente chocan y reprimen a militantes del Partido Socialista, sobre todo a campesinos de las ligas de resistencia.  Es el período del avance en el reparto, durante la gubernatura de Manuel Berzunza, que culmina con el amplio triunfo de Felipe para la gubernatura de Yucatán en noviembre de 1921.

Cuando Armando narra lo que se hizo en el gobierno de Carrillo Puerto, subraya la orientación hacia el rescate de lo maya. Sobre todo, claro, de lo maya avasallado por los dueños de la producción y de la riqueza henequenera. Se acerca a otros mayas, a los cruzob atrincherados en el oriente, como puede verse de sus encuentros con el general May. Sin embargo, si las reformas favorables a los mayas de las haciendas henequeneras o cercanas a ellas son muy importantes durante su gobierno, el tiempo de duración de este no alcanza para entendimientos plenos y acuerdos mayores con los cruzob o sus herederos. Tal vez por ese principio de acercamiento, o por lo que faltó, la antigua capital maya Santa Cruz Xbáalam Naj, o Chan Santa Cruz, fue nombrada posteriormente Felipe Carrillo Puerto; hoy es centro de la zona maya del estado de Quintana Roo.

El gobierno socialista es el del impulso a la educación racionalista, a las artes, a la participación de la mujer. Es también el de la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria, del aprovechamiento del maíz, desde luego de la procuración de mejores condiciones para la producción henequenera que no pasaba por un buen momento, de los intentos de diversificación de mercados, del mejoramiento de la economía. Había que hacerlo cuidando la agroindustria a la vez que impulsando la justicia social a través del reparto y mejorando las condiciones de vida. Es el tiempo del radicalismo a la vez que del hostigamiento militar que prácticamente nunca cesa. Es el tiempo de una confianza mediana entre Carrillo Puerto y el Presidente Obregón y el secretario de Gobernación (Calles).

Armando ilustra mucho sobre todos esos factores que son parte de una situación delicada, difícil. Una idea de los cambios y de los ajustes entre los momentos anteriores y los del socialismo en el gobierno, lo refiere el autor cuando relata cómo Roberto Haberman, el duro comunista que había dado cátedra de marxismo en el Congreso de Motul y que había acompañado a Felipe en sus acercamientos con comunistas y con el laboralismo, se convierte en destacado gestor de los intereses económicos de Yucatán ante los lobos de Wall Street, como le escribió a Calles.

El reparto de tierras es muy importante. Se dota a ejidos de diversas poblaciones y el dato del reparto es de 500,000 hectáreas que se suman a las casi 140,000 dotadas durante el gobierno previo de Manuel Berzunza. Armando expone el acceso campesino como la principal vía revolucionaria y emancipadora.

El autor hace referencia a la Ley de Incautación y Expropiación de Haciendas Abandonadas de noviembre de 1923, calificada por la oligarquía como la Ley del Despojo, y subraya que coincide en el tiempo con el alzamiento de un gran número de generales identificados con Adolfo de la Huerta que se lanzan contra Obregón.

II

En el capítulo titulado Gobernar con el Pueblo, que va de 1922 a 1923, el autor hace referencia a varios momentos en los que Carrillo había hablado de la pertinencia, léase necesidad, de armar a los indios. Sin que esto pudiera hacerse, llegó el golpe.

Eso, la necesidad de armar al pueblo que para Felipe era clara, Armando lo recalca en la parte correspondiente a finales de 1923. Ya advertida desde tiempo atrás, Carrillo Puerto insiste en ella (en esa necesidad) cuando le hace las peticiones de armas a Calles como Secretario de Gobernación, con seguro conocimiento del presidente Obregón. En diciembre de 1923 el gobernador de Yucatán hace la petición en al menos 2 ocasiones. En el mismo mes también encargó a Manuel Cirerol la compra de armas en Estados Unidos, lo que se hubiera debido de hacer con la anuencia del gobierno de Obregón. Pero el tiempo y el golpe ya estaban encima; y es que no se consigue en un santiamén pertrechos, se arma y se entrena a una organización como las ligas de resistencia para enfrentar un golpe instrumentado por militares de línea, que habían estado esperando la coyuntura para asestar el zarpazo, igual como lo habían estado esperando los grandes hacendados yucatecos. Imposible lograr una organización armada-popular en esas circunstancias, con esos cortos espacios de tiempo.

Y menos aún con un Presidente de la República y un Secretario de Gobernación que dicen entender la necesidad de las armas, pero que podemos razonablemente suponer que más bien se sientan a ver que pasara lo que pasó. Razones no les faltaban: Felipe no era carrancista, y si bien había apoyado a Obregón igual que los zapatistas posteriores al asesinato de Zapata, su acercamiento con el dirigente morelense, con los comunistas y sus postulados socialistas, no eran una buena carta de recomendación para el obregonismo. Tampoco lo era el acercamiento su acercamiento con movimientos sociales y políticos radicales en la región sureste y del Golfo, que podían incluso delinear una tendencia nacional distinta a la de Obregón y Calles. Además… ¿qué interés podrían tener ellos en que se organizara un ejército popular a partir de las ligas de resistencia en Yucatán y en el sureste? Pueden ser conjeturas, preguntas tal vez de difícilrespuesta, pero que caben.

El caso es que esto fue parte central para el desenlace que Armando narra. La convocatoria del 1 de septiembre de 1923 que la Liga Central hace a las ligas locales para movilizarse y entrenarse militarmente no contó ni con tiempo ni con los recursos. Por eso cuando el golpe se echó a andar ya todo dependía de que los militares que pudieran ser leales controlaran la situación, lo que no ocurrió.

Las muestras de apoyo que Felipe y acompañantes recibieron en su huida, como las que se dieron en Motul, eran difícil de ser aceptadas por lo que  hubiera significado como sacrificio de los socialistas pobremente armados frente a un ejército bien pertrechado. Por eso los soldados enviados por Ricárdez Broca, más que a una batalla, fueron de cacería.

Si el gesto de Felipe de no exponer al sacrificio a quienes se ofrecieron a resistir en la zona henequenera es más que entendible, resulta menos clara la razón por la que no aceptó el apoyo y el cobijo de los mayas que estaban al oriente, más cerca de la selva que probablemente habría dado un escenario natural para la resistencia armada. Otra vez incurrimos en la especulación: quizá, aún con posibilidades de resistir en una guerra irregular mientras la correlación de fuerzas cambiaba, no le atraía por la pérdida de vidas que eso hubiera significado; o no era aquél su elemento político natural, ya que los mayas del oriente del estado, aunque pertenecieran o fueran cercanos a las ligas socialistas, tenían condiciones, percepciones y modos distintos a los del centro y del occidente del estado, aquellos del entorno donde había nacido y crecido natural y políticamente Felipe y donde estaba su base principal.

Todos esos factores que Armando narra y explica, junto con otros como la dinamitación fallida de las vías del ferrocarril por donde pasarían los soldados persecutores, llevaron al refugio en los manglares de Río Turbio, a entregarse, a la farsa del juicio y al fusilamiento. Armando cuenta que Felipe pensaba dejar Yucatán para volver a Yucatán, retroceder para avanzar, ceder la plaza para después recuperar la plaza. Pero aquello no fue así; no fue dejar Yunán para conservar Yunán.

 El dramatismo de este capítulo es sobrecogedor. A veces uno lee una novela  o ve una película y, aunque sepa en qué va a terminar, en algún momento fantasea con que el resultado sea diferente. La maestría en el relato de Armando, particularmente en la parte de la huida del gobernador de Yucatán, produce por momentos algo similar; sabemos el final, pero por momentos esperamos que pueda ser distinto. Tal vez eso sea el resultado de abordar la obra cono Armando lo propone: leerla como si la historia transcurriera mientras la va narrando. Otra vez la combinación de historia y literatura en la que ninguna pierde y como en los juegos de la pirinola todos ganan… en el texto y en la lectura claro, porque en los hechos no fue así.

III

El Felipe Carrillo Puerto de Armando Bartra ofrece muchas certezas y nuevos panoramas como el ya mencionado de la ubicación de lo regional y lo biográfico en el contexto nacional; y venturosamente, en medio de lo exhaustivo, la obra deja algunas interrogantes.

1.- El tiempo que Felipe estuvo en las filas del zapatismo sin duda influyó en su pensamiento y en pautas para su acción en Yucatán. Pero tanto él como los gérmenes de lo que sería el Partido Socialista y las ligas de resistencia, tenían una historia (individual y social) previa; y la tuvieron posterior, en la orientación política, en la concepción del socialismo, en las formas organizativas y en el ejercicio de gobierno. Quizá suene a ganas de resaltar lo generado en Yucatán, pero son elementos que, junto con los de la influencia zapatista, están presentes en la obra de Armando y que vale la pena apuntar.

2.- Aunque lo menciona antes, en el capítulo “Gobernar con el Pueblo” Armando hace referencia a lo que en el socialismo yucateco, y en particular en Carrillo Puerto, fue la búsqueda de la autosuficiencia alimentaria, “el regreso al maíz” la diversificación agrícola no reñida con la producción henequenera. La idea de las ventajas comparativas, sostenida con esa denominación o no en distintos momentos, desde la época del gobierno socialista hasta prácticamente la actualidad, se ha opuesto a aquella visión de la autosuficiencia. Lamentablemente no parece haber ahora ninguna preocupación por esa búsqueda, ya no digamos por la vía a la que se orientó el gobierno socialista.

3.- A propósito de eso, la organización popular que se dio en y en torno al Partido Socialista, fue declinando para pasar a ser parte del PNR primero y después del PRI. En una utilización engañosa del nombre, aproximadamente desde los años treinta del siglo pasado, la Liga de Comunidades Agrarias, perteneciente desde finales de los treinta o principio de los cuarenta a la CNC, se llamó Partido Socialista del Sureste. Pero no es que el partido fuera la organización, sino que su nombre se usó para denominar a las entidades corporativas. Fue una expresión de cómo los campesinos, o los campesinos proletarizados, pasaron de una forma organizativa que existió procurando servir a sus intereses, a formas que los corporativizaron y los instrumentaron de acuerdo a proyectos en los que ellos no han sido los sujetos. Hasta ahora, no ha habido alguna organización que se pueda acercar a la de la época del socialismo en Yucatán; tal vez, si acaso, en algunos momentos, transitoriamente, a pequeña escala. No hay en el horizonte movimientos amplios desde abajo equivalentes a los del socialismo en Yucatán, ni parece haber intenciones de impulsar algo así desde arriba.

El empleo de mano de obra barata en la industria, particularmente en las maquiladoras o en algunas empresas agroindustriales, la pérdida de tierra ejidal para proyectos inmobiliarios o de otra índole, en fin, la proletarización en una de sus peores expresiones y la precarización campesina, hacen que cuando leemos las características de la organización socialista que narra Armando, tengamos que lamentar, pensando en los sectores populares, la manera en la que las cosas evolucionaron. Pero la obra que comentamos no llama a la nostalgia ni al lamento. Obliga a mirar lo actual a manera de imaginar nuevos rumbos, aunque ahora no estén a la vista.

4.- Como mencionamos antes, y como Armando narra, en su huida Felipe Carrillo recibió en el oriente del estado el ofrecimiento de militantes y campesinos de aquella zona para refugiarse en la selva oriental, resistir y preparar la contraofensiva. La negativa a hacerlo pudo haber sido, como dice Armando y lo hemos reiterado, para evitar el derramamiento de sangre. ¿Pero hasta dónde influyó que aquél era un territorio que albergaba comportamiento social, político, e incluso militar, de mayas distintos a aquellos con los que se había desarrollado, menos familiares, y de miras menos previsibles?

A propósito, como todos sabemos, hubo una larga guerra que inició en 1847 y que tuvo sus últimos acontecimientos bélicos hasta principio del siglo XX. Fue una guerra de los mayas, iniciada y sostenida por ellos. El hecho lleva a una pregunta quizá de respuesta tan difícil como la anterior: ¿Hasta dónde lo mayas de las distintas regiones de las Península se apropiaron, hicieron suyo, el proyecto socialista?

5.- Tanto el movimiento, como la creación y crecimiento del partido, como el gobierno socialista, se dieron en un período nacional que le fue favorable solamente en momentos coyunturales. Ninguna de las corrientes en disputa por el Estado Mexicano de los años del socialismo yucateco, coincidía con éste en el fondo de sus aspiraciones. En ese escenario, ciertamente estaba cuesta arriba la consolidación del proyecto y la perduración de sus reformas. Hay que insistir en que esa interrelación de Carrillo Puerto con los vaivenes políticos nacionales y con sus actores destaca en una obra de por sí destacada, que es la de Armando.

Pensando en el personaje, o en la persona, en la imagen que Armando nos deja de Carrillo Puerto, cabe recordar unas palabras de Hemingway recordadas recientemente con motivo del aniversario de su fallecimiento: 

Las mejores personas poseen sensibilidad para la belleza, valor para enfrentar riesgos, disciplina para decir la verdad, capacidad para sacrificarse. Irónicamente, estas virtudes los hacen vulnerables; frecuentemente se les lastima, a veces se les destruye.”

Finalmente Armando escribe desde su muy completa investigación, pero no solamente desde ahí. Cuando usa terminología yucateca, cuando crea o recrea diálogos, cita lugares, personajes, apodos, a la historia yucateca le agrega lo yucateco. Se lo agrega literariamente y, otra vez, por eso en esta obra suya lo histórico y lo literario van de la mano. Además, no lo hace desde afuera. La relación de Armando con Yucatán no empezó con esta investigación ni con este texto. Hace años contribuyó a una obra sobre el henequén, a fínales de los ochenta, y colaboró en publicaciones y trabajos universitarios yucatecos. Eso, sin dejar de lado su presencia en el movimiento popular-estudiantil de 1974, a raíz del asesinato de Charras, en el que parte de su colaboración fue la elaboración de un texto sobre aquella expresión social, al que se acompañaron volantes, textos de canciones, escritos diversos y dibujos como voces que fueron del propio movimiento, aunque nunca fue presentado como de su autoría.

La yucatequez de Armando tiene así varias fuentes. La social, la política, la académica, la de la amistad y de los afectos. Es pues una yucatequez que no empieza con esta obra, pero que se amplía con ella al recibir esta aportación que es ya imprescindible para profundizar en el conocimiento de Yucatán, de su socialismo y de Felipe Carrillo Puerto.  

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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