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Historia universitaria

Escuela de Ciencias Antropológicas

Edgar A. Santiago Pacheco

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Foto Cortesía del Archivo de Leonel Cabrera

Los antecedentes directos de la Escuela de Ciencias Antropológicas datan de 1966, año en el que el Dr. Alfredo Barrera Vásquez vio cristalizado sus esfuerzos. El 29 de julio de ese año el Consejo Universitario, en sesión ordinaria, aprobó el establecimiento de la Licenciatura en Ciencias Antropológicas, que se impartió bajo la égida de un llamado Centro de Estudios Antropológicos (CEA). Creado sobre un plan limitado a una sóla generación, para impartir las carreras de Arqueología y Antropología.

Cuatro años después, el 19 de junio de 1970, se entregaron las cartas de pasante a los alumnos de antropología social de la primera y única generación del CEA, en ceremonia efectuada en el auditorio “Manuel Cepeda Peraza” de la Universidad. Egresaron de esa primera generación de antropólogos, apadrinada por el Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán: Álvaro Brito Ancona, Manuel R. Ancona Escalante, Salvador Rodríguez Losa, Celinda Gómez Navarrete, Yolanda Ugalde Burgos y Jorge I. Ramírez Calderón.

La entrega de las cartas de pasante de la primera generación de arqueólogos fue el 16 de febrero de 1971 en el “Palacio Cantón”. En aquella ceremonia se clausuraron simbólicamente las labores del CEA y automáticamente quedó establecida la Escuela de Ciencias Antropológicas, dedicada a la formación de profesionales en Antropología, la cual había iniciado el ciclo escolar el 1º de octubre de 1970. Recibieron la constancia de pasantía de manos del padrino de generación Román Piña Chan: Leticia Domínguez Escalante, Piedad del Carmen Peniche Rivero, María de Lourdes Martínez Guzmán, Dorohty Andrews de Zapata, Beatriz Repetto Tió, Salvador Rodríguez Losa y Jaime Alonso Hernández. 

Con estos antecedentes, recurriendo a la memoria y voz de una de las estudiantes de la primera generación, Ella Fanny Quintal Avilés, 1970-1974-, podemos saber que: El 1º de octubre de ese año -1970- a las cinco de la tarde en la planta alta del Palacio Cantón fue inaugurada la licenciatura…ese día nos recibieron el profesor Alfredo Barrera, Salvador Rodríguez y la antropóloga Celinda Gómez”.

 Foto Cortesía del Archivo de Leonel Cabrera 

Es así, que a partir de octubre de 1970 inicia su historia propiamente dicha la Escuela de Ciencias Antropológicas de la Universidad de Yucatán en el Palacio Cantón, bajo la dirección del Dr. Alfredo Barrera Vásquez y estando en la rectoría de la Universidad el Abogado Francisco Repetto Milán.

En ese emblemático edificio se mantuvo por ocho meses, pues al ingresar la segunda generación, el Palacio Cantón resultó insuficiente, y ante tal situación el director de la escuela, que era también Director y Presidente de la Junta Directiva del Instituto Interuniversitario para Investigaciones Fundamentales en Ciencias Sociales de Yucatán, A.C. -inactivo en la práctica y a punto de fenecer su convenio  en noviembre de 1972-, trasladó la escuela a su local en la calle 76 no.455-LL entre 41 y 43 de la Colonia Santa Petronila, e inició el proceso para efectuar oficialmente la donación a la Universidad. El traslado del local a la Universidad de Yucatán, fue uno de los detonantes de la salida de la Dirección del Dr. Barrera en el año de  1974, pues hasta esa fecha no se habían realizado los trámites legales. 34 años se mantuvo en ese sitio la escuela situado estratégicamente y a tiro de piedra de los bares Leoncitos, La Cigarra, Cachorros y la Marhasta que en el mes de abril del 2005 se abandona ese edificio para recalar en el campus de Ciencias Sociales, Económico-Administrativo y Humanidades, en el kilómetro 1 de la carretera Mérida-Conkal. 

Durante los años transcurridos es claro que numerosos profesores han traspasado los umbrales de la hoy Facultad de Ciencias Antropológicas, -rango obtenido en 1986, con la apertura de la Maestría en Ciencias Antropológicas opción etnohistoria- dejando diversas huellas en los alumnos que han transitado por los salones y pasillos. Siendo responsables en gran medida de los éxitos y/o fracasos de los egresados de las aulas universitarias, y de la percepción que la sociedad tiene de nuestra institución educativa, es por ello, que consideramos necesario recuperar nombres y acciones de los hombre y mujeres que en las primeras décadas de la Escuela de Ciencias Antropológicas, asumieron un compromiso con la juventud interesada en las disciplinas sociales, no siempre en las mejores condiciones y escenarios. Recordando que varios de ellos también eran jóvenes apenas cursando o terminando sus estudios profesionales y/o formados en otras áreas.

Según añeja nota “sin más elementos que un plan de estudios diseñado por el director Alfredo Barrera V. y la cooperación de un grupo de maestros, de los cuales uno era el propio director, tres egresados del Centro de Estudios Antropológicos, un antropólogo graduado en la ENAH y tres maestros no antropólogos, lo que hace un total de 8 maestros”, inicio en 1970 el trayecto de la Escuela de Ciencias Antropológicas.

Los nombres que con certeza podemos dar de estos primeros ocho maestros son: Alfredo Barrera Vásquez, Salvador Rodríguez Losa, Celinda Gómez Navarrete y Víctor M. Arjona Barbosa. Anexamos a la nómina a la arqueóloga Beatriz Repetto Tió, al Lic. Rodolfo Ruz Menéndez y al escritor Humberto Lara y Lara. Eso fue hace 50 años. Ahora el entorno  otro.

Historia universitaria

Licenciatura en Filología Maya: alumnos y maestros

Edgar A. Santiago Pacheco

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Es importante señalar, que en la historia de una institución hay momentos coyunturales necesarios de evocar para entender su desarrollo y para conocer la naturaleza de sus orígenes. Por ello, aunque visualicemos el año de 1966 como el antecedente directo de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la UDY, no podemos dejar de mencionar las acciones anteriores, realizadas para llegar a ese momento, sobre todo porque vemos la huella del impulsor del proyecto de la ECAUDY y los nombres de los que serían artífices futuros de su consolidación.

En esa dirección nos remitimos a 1958, a la fundación del Centro de Estudios Mayas (CEM) fundado mediante un convenio entre el gobierno del estado de Yucatán y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las instituciones que articularon este proyecto fueron la Universidad de Yucatán y el Instituto Yucateco de Antropología e Historia (IYAH).

El IYAH se inauguró el 13 de marzo de 1958 nombrándose como director a Fernando Cámara Barbachano, quien estuvo nominalmente en el cargo unos meses, si bien aparentemente realizando pocas actividades. El Centro suspendió sus funciones al poco tiempo. El receso terminó a principios de 1959 cuando recibió el nombramiento de director el Dr. Alfredo Barrera Vásquez, quien retornaba de Bolivia donde sufrió un infarto,  y con su nombramiento reiniciaron los trabajos.

El Centro tenía como finalidad realizar trabajos de investigación y docencia, principalmente en los campos lingüístico y filológico. Para ello se estableció un programa académico de tres años de una Licenciatura en Filología Maya más un año de prácticas o servicio social, que se aprobó bajo la responsabilidad de la Universidad de Yucatán a partir de 1959 para una única generación.  

Según datos publicados por don William Brito Sansores en la prensa local en 1999, el alumnado que integró esta licenciatura era heterogéneo: cuatro mujeres cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 40 años, y cinco hombres de entre los 20 y 40 años, número a que quedo reducido después de una inscripción inicial al primer año de la carrera de 25 alumnos. Los requisitos para el ingreso fueron: tener bachillerato universitario o equivalente y contar con conocimientos medianos de cultura y lengua maya. La lista final de alumnos quedó integrada por Ramón Arzápalo Marín, Cecilio Aguilar Cerón, Beatriz Ríos Meneses, William Brito Sansores, María Elisa Castillo Centeno, Dorothy Andrews Heath de Zapata, Obdulia Cervantes de Solís, Justo González Sierra y, Jorge González Sierra. También acudían puntualmente a las clases, sin estar formalmente inscritos, la Sra. Lucila Díaz Solís y Salvador Rodríguez Losa.

De ellos, algunos años después cinco estudiantes alcanzaron el título de Licenciado en Filología Maya: Arzápalo con la tesis “Ceremonia de Utzicul than ti yumtziloob en la gruta de Balamkanché (1965)”; Aguilar Cerón con “La medicina empírica yucateca en el siglo XVIII a través de sus fuentes” (1981); Ríos Meneses con “Análisis dialectológico del español yucateco con notas filológicas de algunas voces mayas y mayismos” (1966); Brito Sansores con “Estudio filológico e histórico de la Relación de las dos entradas a las tierras Itzaez que hizo fray Avendaño y Loyola” (1973); y Andrews Heath con “Estudio comparativo para para determinar cuál es el diccionario maya más antiguo” (1964).   

La licenciatura se impartió efectivamente durante los años de 1960, 1961 y 1962, en el Palacio Cantón, sede del Instituto Yucateco de Antropología e Historia y la biblioteca especializada en antropología e historia “Crescencio Carrillo y Ancona”, bajo el siguiente esquema: en el primer año se cursaban las materias de Antropología General, Francés, Maya I, Arqueología de Mesoamérica, e Inglés por cuenta del alumno. En  el segundo año Arqueología Maya, Arqueología de Mesoamérica, Maya II y Lingüística I. El tercer año nuevamente se cursaba Arqueología de Mesoamérica, además Métodos de Investigación, Maya III, Filología Maya, Paleografía, Lingüística II, Escritura Jeroglífica, Los Libros del Chilam Balam y el Popol Vuh.

Como experiencia inédita, era de esperarse que se tuvieran que tomar decisiones sobre la marcha, y/o ajustar tiempos de impartición, profesores y materias, pero se puede apreciar el notable esfuerzo por parte de los responsables, entiéndase principalmente el doctor Barrera Vásquez, por proporcionarles la mejor preparación con los recursos mínimos, tanto materiales como humanos. William Brito escribía sobre ello: “Durante los años de estudio, estuvimos en la ciudad de México dos semanas, en las cuales tomamos un curso sobre calculadoras electrónicas aplicadas a la Lingüística, bajo la dirección del Ing. Sergio Beltrán, director del Centro de Cálculos de la UNAM”.

También señala, que venían frecuentemente investigadores nacionales y extranjeros a dictar conferencias o cursillos que ampliaban o presentaban otros aspectos sobre las materias que veían los alumnos. En este mismo sentido, Rodríguez Losa expresaba en su discurso de recepción de la medalla Eligio Ancona en 1998, que, en el proyecto del Centro de Estudios Mayas se organizaron cursos temporales sobre Arqueología Maya, Turismo, Antropología Aplicada, Museografía, Biblioteconomía, Archivonomía e Historia de Yucatán.

Era de esperarse la dificultad de integrar una plantilla de maestros, pero esto se subsano adecuadamente con académicos de reconocida trayectoria, de tal manera que entre los maestros de la carrera podemos mencionar al Dr. Alfredo Barrera Vásquez, al profesor Antonio Canto López, al Dr. Román Piña Chan, al Dr. E. Willys Andrews, Héctor Gálvez de la UNAM y Jaime Alonso. La inclusión del Dr. Andrews como maestro de Arqueología Maya levantó positivos comentarios e incluso se llegó a un acuerdo especial con él, sobre el lugar de las clases, ya que como escribió Brito Sansores:

“Por un acuerdo expreso de la rectoría de la Universidad de Yucatán, eran en la Quinta Mari, colonia García Ginerés, donde el maestro vivió durante los largos años de su permanencia en Yucatán. Allí se contaba con una magnífica biblioteca especializada, un pequeño pero nutrido museo arqueológico, proyectores, pantallas y, en fin, todo lo necesario para llevar a cabo una clase interesante, eficiente. Conocimos [a través de él] los trabajos que por esas fechas se realizaban en Dzibilchaltún”.

El establecimiento de la Escuela de Ciencias Antropológicas en 1970, como podemos apreciar, fue producto de un proyecto de largo aliento, visto en sus orígenes desde la perspectiva de la antropología norteamericana, pero al ponerse en marcha resintió el impacto del movimiento estudiantil de 1968 y la inclusión de una perspectiva marxista que nunca alcanzó a posicionarse con fuerza. Así el proyecto del Dr. Barrera por el que tanto luchó, se topó con una sociedad en un vertiginoso proceso de cambio, que ya no era la sociedad a partir de la cual había planeado el establecimiento de la Ciencias Antropológicas en Yucatán.   

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