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Arte y ciencia

Idea de la muerte en el Mexico antiguo

Delfín Quezada Domínguez

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El hombre tendría que tratar de transformar
la muerte para comprenderla”. Karl Marx

La muerte mantiene una doble relación con la colectividad y el inconsciente. Con la colectividad se socializa la muerte por la práctica de creencias y ritos. El doble enterramiento, la incineración, la inhumación son medios de negar la existencia de este evento natural, sin el cual sería imposible la vida para la especie humana, rodeada de símbolos y ritos tranquilizadores. Toda cultura mantiene en sí misma un deseo como esperanza de indestructibilidad y eternidad inconscientes. Conocer mejor la muerte es admitir que es necesaria para renovar la vida. La muerte provoca diversos ritos, algunos similares, otros no tanto, pero todos con un origen y un simbolismo determinado por la cultura que los reproduce. El culto a la muerte tiene y ha tenido gran presencia en México desde la época prehispánica, de una manera distinta a la que concebimos hoy en día.

El orden universal del México prehispánico se basó en la dualidad vida-muerte, por lo que había que mantener el equilibrio por medio de los rituales y la adoración a los dioses, como el sacrificio humano, en el que se moría para resurgir a la vida. Los guerreros muertos en combate o sacrificio y las mujeres muertas en parto iban a acompañar al sol; los que tenían una muerte relacionada con el agua y los que morían por un rayo iban al Tlalocan, que era descrito como un lugar de eterno verano; por último, los que morían de forma natural o de enfermedades no relacionadas con el agua llegaban al Mictlán, que era el noveno y último nivel del inframundo. Para llegar al Mictlán se tenía que pasar por diferentes lugares: la tierra, el río, el lugar en el que ondean las banderas, donde es flechada la gente, el lugar donde se comen los corazones y finalmente el lugar de la obsidiana de los muertos.

Los aztecas practicaban dos clases de ritos funerarios: la cremación y el entierro. Sepultaban sólo a los que morían ahogados, fulminados por un rayo, los enfermos, los hidrópicos y las mujeres muertas en parto. Los grandes personajes eran enterrados de otra manera, con toda solemnidad en cámaras subterráneas, sentados, ricamente vestidos y acompañados de sus armas. Los toltecas practicaban la cremación, los mixtecas y zapotecas hacían tumbas para sus personajes destacados; sólo se depositaban en cuevas a los personajes importantes. La mayoría de los habitantes eran incinerados, las cenizas se colocaban en una vasija con una cuenta de jade, símbolo de la vida y se enterraban dentro de casa. Las pinturas de Teotihuacán muestran la entrada al paraíso o Tlalocan (lugar donde descansan los muertos) es una caverna, que forma la parte inferior de una deidad. Posiblemente este concepto fue heredado a los mexicas quienes también depositaban los restos de los sacrificados en cuevas. Los aztecas reverenciaban a numerosos dioses de la muerte; sin embargo, dos de estas deidades sobresalían: Mictlantecuhtli y la parte femenina, su esposa Mictecacíhuatl, ellos gobernaban juntos sobre el nivel noveno y más profundo del mundo inferior, el Mictlán.

Los dioses de la muerte tenían ayudantes, criaturas como arañas, escorpiones, ciempiés, murciélagos y tecolotes; éstos, como sus mensajeros, los “nueve señores de la noche”, estaban íntimamente asociados con la noche, la muerte y los nueve niveles de los mundos inferiores. La cueva era la entrada a la morada de los muertos para los totonacas. También para los mixtecos, las cavernas son la entrada al lugar de los muertos, la cueva de Ejutla en la cañada mixteca de Oaxaca es un ejemplo, ahí se localizaron más de 50 entierros con restos de huesos animales como perros, que al parecer acompañaban al muerto durante el segundo piso, por el paso del río en su viaje al inframundo. 

En el área maya, los enterramientos humanos en cuevas con frecuencia estaban asociados a la cremación y a la colocación de los restos en ollas. El dios maya de la muerte desempeñaba un papel muy importante en aquella región y con frecuencia se le encuentra representado en los tres códices mayas que se conservan; el mundo inferior quiché, Xibalba y sus señores merecieron atención considerable en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas. En Chichen-Itzá, en el Tzompantli se encontraron adornos de cráneos. En Monte Albán, se muestra gran culto a la muerte, donde parece ser que el culto al dios Murciélago fue definitivo. Los rituales funerarios mostraban la existencia de una región cuya esencia se refiere a la vida, la muerte y la resurrección. Los dioses fueron el emblema de la transformación eterna del universo y del hombre.

La religión mesoamericana en general, en la época prehispánica, se caracterizó por su preocupación por la muerte. Numerosos personajes se concebían como gobernantes del lado oscuro del universo y tenían influencia sobre la noche y las profundidades de la tierra. La muerte en Mesoamérica mantenía una incorporación cultural importante, ya que el tiempo, el espacio y la inmortalidad entre las sociedades era parte de la permanencia cultural; mediante la participación ritual del grupo en el culto a la muerte se mantenía el control regulador de la sociedad. Los dioses en Mesoamérica tenían una función social asignada, como los de la muerte (reguladores, dadores de vida, protectores a través de sacrificios), con un tiempo-espacio dentro de la sociedad y una visión diferente de nuestro contexto. Pareciera que actualmente se le está dando a la muerte otro lugar y rasgos similares a los prehispánicos, a través de la apropiación del culto a la Santísima Muerte en diferentes contextos sociales, principalmente porque no es una muerte que quita, que despoja, es una muerte que otorga”.

Por último, quiero sintetizar algo que pensamos pero que pocas ocasiones revelamos por sentirlo muy propio. Pocas razones tan potentes para querer sentirse mexicano (o estar inmerso en la cultura mexicana) como la relación que este ser-identidad puede presumir con la muerte. Es algo que sin duda todos deberíamos aprender y cultivar. Y es que a través del culto, la burla y el ritual, en este país hemos encontrado preciosas maneras de redimensionar el fenómeno más conmovedor de la existencia humana: su fin. 

En un artículo para Los Angeles Times, la periodista Melinda Welsh explora lo que ella encontró en la posibilidad de reinterpretar la muerte, a través de la fiesta mexicana del Día de muertos. En pocas palabras, la autora argumenta que en Estados Unidos es necesario un día de muertos para conectar con la finitud de sus propias vidas, pero desde un lugar positivo, de cariño, de nostalgia constructiva, de aceptación del hecho. Dice: “Qué maravilloso sería que la gente que está muriendo (toda la gente, en otras palabras) salieran de la vida sabiendo que cada año la conexión entre vida y muerte será glorificada en lugar de lamentada o temida. Un Día de los Muertos en Estados Unidos podría alentarnos a detener la negación, considerar el final de nuestros días y reconocer plenamente la cantidad imperfecta de tiempo que nos conecta a todos.”

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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