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Arte y ciencia

Inocente transparencia en la UADY de nuestros días

Edgar A. Santiago Pacheco

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Retomando datos provenientes de la Plataforma Nacional de Transparencia, un sector de la prensa local, señalada históricamente como impulsora de proyectos de derecha, pero que ha servido, de acuerdo a sus intereses, a los dos partidos políticos que han gobernado la entidad, informa y cuestiona sobre los salarios de funcionarios y académicos universitarios, que ganan más que el presidente, y sin mayores explicaciones configura el delito de “ganar mucho”, según los estándares fijados por el gobierno nacional.   

Se deja sentir una suerte de encono contra la institución educativa, ya que los datos están matizados tratando de presentar a los universitarios “todos” como privilegiados. Tal parecería que la intención es exhibir a una universidad que sólo recibe dinero en grandes cantidades y no rinde cuentas, lo cual es una mentira. Se recibe dinero de la sociedad para preparar ciudadanos que impulsen con calidad el desarrollo social, ¿quién duda de la calidad de los egresados de la UADY? Quizás solamente los que ven la educación pública como una peligrosa competencia de las instituciones privadas de élite. Las numerosas auditorías externas comprueban, por otro lado, el correcto manejo de las finanzas.

Por otra parte, es curioso el afán de enfrentar a los diversos sectores que conforman la Universidad: académicos con administrativos, directivos contra personal de confianza, a los antiguos trabajadores con los nuevos, pues no se presentan los derechos de unos y otros como esfuerzos de la institución desde hace más de dos décadas por ir ajustando prestaciones y salarios de acuerdo a los presupuestos existentes y a las labores que desempeñan, sino como el privilegio de unos y el castigo de otros. Pregúntese también el papel de los sindicatos en esto que parece que silencian ante la evidente manipulación de datos.

Llama también la atención que los interlocutores de la prensa son parte de una naciente Asociación Sindical de Académicos, aún en proceso de registro y una Asociación Civil de “universitarios interesados”, la primera liderada por un político militante del PAN en sus orígenes, incluso diputado por esta agrupación, que después vio mejores oportunidades en el PRI de Ivonne Ortega, donde consiguió una posición de privilegio.

La Universidad está ante una fuerte crisis económica, como todos la universidades públicas en el país, ante los recortes presupuestales. Incluso ahora está en grave riesgo su sistema de servicio de salud, pues los costos lo hacen inoperable en las condiciones que hasta ahora ha funcionado. Se han ajustado prestaciones a la baja de diversos sectores, se han reducido gastos, se han limitado prácticas anteriores, entre muchas otras acciones tomadas. Con la premisa fundamental de no afectar la calidad educativa, pues nuestros jóvenes son lo primordial, incluso el costo de las inscripciones y reinscripciones se redujeron al 50% por la pandemia sanitaria.  Otro grave problema en un futuro cercano son los fondos para las pensiones y jubilaciones. La Universidad no es un oasis alejada de la realidad local, regional y nacional, como quieren hacer creer, es una institución en diaria lucha por mantenerse al servicio de la sociedad con problemas y limitaciones económicas.

Me pregunto, hasta qué punto el señalamiento parcializado y maximizado de altos salarios tomados de la plataforma de transparencia, incluyéndose errores y omisiones, no oculta intenciones muy particulares de preparar el terreno para ocasionar problemas al interior de la Universidad pública y autónoma, de debilitar a unos para impulsar a otros, de cobrar cuentas personales, sin reparar el daño a la institución. Yo soy el primero en abogar por una Universidad pública trasparente, justa y democrática, y si hay que revisar derechos y prestaciones para mantenerla vigente como un espacio de calidad al servicio de la sociedad yucateca, pues ese es un trabajo que hay que hacer, los tiempos son otros y los marcos legales existen. Pero no se vale subir monos a las ramas para sacudir el árbol, pues este corre el peligro de quedarse sin frutos y derrumbarse, más en estos tiempos de tormenta cuando la tierra está mojada. ¿Esto a quienes beneficia?     

Arte y ciencia

Las playas, el Covid-19 y las prohibiciones ¿incongruencias?

Delfín Quezada Domínguez

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Hoy por hoy vemos a diario como los visitantes a las playas yucatecas acuden con incertidumbre por la situación que prevalece en ellas: vigilancia policiaca, poca información por la prohibición al adentrarse al mar, limitado servicio en los restaurantes, etc. No culpamos a las autoridades locales por prohibir algo que no tiene justificación de ser, es decir, no existe hasta este momento un argumento científico que indique que estar en la playa o ingresar al mar sea un riesgo de contagio de Covid-19. O si existe el argumento, valdría la pena que se haga público para no arriesgar a las personas que ingresan a la playa y al mar en los descuidos de la inspección policiaca. Progreso es el ejemplo claro de esta situación –complicada- y recurrente en la zona costera de Yucatán, y creo de otros estados ribereños de México.

Al respecto me propongo reflexionar por la contradicción que existe en nuestro estado de Yucatán en dos aspectos. Primero, se ha liberado la apertura de cines, centros religiosos, plazas comerciales, restaurantes y otros espacios donde concurren familias enteras, la mayoría de ellas obedeciendo las medidas sanitarias y de respeto social, recomendadas por las autoridades correspondientes. Segundo, hay en este momento una circulación de personas en autobuses urbanos y foráneos, donde el riesgo es mil por ciento mayor que estar en un espacio abierto y al aire libre como es la costa y el mar. ¿Se comprende la total incongruencia de la prohibición de estar en la playa y “bañarse” en el mar?

Pero mi punto de vista no corresponde al de aquellos críticos que solamente ven la parte mala de la situación, o de los que critican sin fundamento las acciones de las autoridades locales. Quisiera aportar algunas recomendaciones de cómo ir a una playa en tiempos de coronavirus, pues durante estos meses de 2020 hay que tomar toda una serie de precauciones a la hora de ir a la costa para evitar los contagios por COVID-19. Aquí te describimos cómo ir a una playa en tiempos de coronavirus.

Tras una primavera y comienzo de verano bajo las circunstancias excepcionales del estado de alarma y el confinamiento, llegó a nuestras vidas la “nueva normalidad“. Una de las actividades que tratamos de recuperar es la de ir a la playa, en tanto que nadie quiere perderse las playas más bonitas de nuestra Estado. En las playas se debe de establecer una guía de uso de playas de todas las comunidades costeras de Yucatán, pues hasta ahora no existen datos de la persistencia del SARS-CoV-2 en agua de mar, y que en el futuro se debería hacer un estudio con el tiempo de planificación suficiente. Sin embargo, si queremos realizar esta actividad, tenemos que tener en cuenta que ya no se puede hacer igual que antes y por eso, aquí te sugerimos cómo ir a una playa en tiempos de coronavirus.

1. Llevar mascarilla

Las prohibiciones LEGAL Y CONSTITUCIONALMENTE NO han llegado a las playas, pero llevar mascarilla es la primera medida que necesitamos tener en cuenta a la hora de ir a una playa. Tenemos que recordar que la principal vía de transmisión del virus es a través de secreciones respiratorias que se generan con la tos y los estornudos y el contacto de persona a persona, por lo que deben mantenerse las recomendaciones generales relativas a cualquier otro lugar. Esto quiere decir que a la hora de ir a la playa tenemos que mantener la distancia de seguridad y llevar la mascarilla puesta. Si bien es cierto que anteriormente el uso de la mascarilla no era obligatorio, recientemente se ha implantado como necesaria en todos los espacios públicos.

En cualquier caso, no olvidemos cómo debemos llevar la mascarilla (que cubra boca y nariz) y que ésta tiene una vida efímera. No sirve de nada acudir a la playa con una mascarilla que llevamos utilizando quince días. Lo responsable sería llevar una nueva y de poder ser, una quirúrgica desechable. Recordamos que la OMS ha establecido que las mascarillas de algodón pueden ser una fuente potencial de infección, ya que no son resistentes a los fluidos y pueden retener la humedad y contaminarse. 

2. Lavarse o desinfectarse las manos

En segundo lugar, sería necesario lavarse o desinfectarse las manos en la medida de lo posible. Las autoridades deben tener en cuenta la complejidad existente con respecto al lavado de manos estando en la playa, puesto que el lugar no suele disponer de zonas habilitadas para esto. Sin embargo, si tenemos a nuestro alcance una ducha o una fuente, sería necesario lavarse las manos frecuentemente. De la misma forma, debemos llevar con nosotros un gel hidro-alcohólico y usarlo también varias veces a lo largo de la jornada en la playa. 

3. Mantener la distancia de seguridad

La Secretaría de Salud en Yucatán recuerda que además de la mascarilla, la recomendación general es la de mantener la distancia de seguridad. Los trabajos científicos establecen que la infección por SARS-CoV-2 por contacto con el agua de condiciones estándar para el baño, es muy poco probable, aunque advierte que estas actividades generalmente implican una pérdida de las medidas recomendadas de distanciamiento social. En consecuencia, habría que tener aún más precaución con la distancia social y tratar de dispersarse a lo largo de la playa con una distancia de más de dos metros entre grupo y grupo.

Las playas de España son en este momento ejemplo mundial de cómo comportarse social y responsablemente ante al problema del Covid-19, pues se puede ver que en las playas existe una línea de sombrillas y toallas separadas con la distancia de seguridad necesaria. Además, la gente que pasea por la playa lo hace junto al mar respetando las normas de prevención. Todo un ejemplo de cómo hay que mantener la distancia social. En consecuencia, se anima a la ciudadanía a participar del turismo nacional, pero siempre de una forma responsable.

Por otro lado, también se aconseja y se viene impulsando en los últimos años la prohibición de fumar en las playas como medida para prevenir el contagio del coronavirus, ya que se ha explicado que la limitación del tabaco en la costa tiene un doble objetivo, centrado, por un lado, en la mejora de los hábitos saludables y en evitar que los fumadores pasivos estén sometidos al humo. Por otro lado, en mejorar la calidad de la arena y del agua. Por ejemplo, cada colilla perdida en la playa puede contaminar hasta 50 litros de agua y que hasta el 14% de los residuos localizados en los arenales proceden de las colillas de cigarro. Un resto del tabaco puede tardar hasta 10 años en degradarse completamente. En adición, el humo de tabaco es perjudicial y contiene más de 7.000 sustancias tóxicas. Digamos  no es el humo en sí mismo el que supone un peligro para la transmisión del virus, sino la exhalación forzada que expulsa gotitas y aerosoles capaces de transmitir el virus. Se puede comparar la exhalación con la que se produce cuando se canta o se grita, todas ellas conductas que aumentan las gotitas respiratorias desprendidas, que pueden contener el virus si la persona está infectada, aunque no muestre síntomas, así como la distancia que alcanzan.

Por este motivo, en algunas playas de España se ha justificado la ampliación a cuatro metros de la distancia de seguridad en el caso de fumar en la proximidad de niños, mayores de 65 años, personas con discapacidad y cualquier población vulnerable al virus.  Finalmente, podemos recalcar que los lugares que visitamos para nadar, jugar y relajarnos en el agua (incluyen playas, áreas con acceso a océanos, lagos y otros espacios acuáticos) y piscinas, parques de agua y bañeras de hidromasaje, no existe evidencia de que el SARS-CoV-2, que es el virus que causa el COVID-19, pueda propagarse entre las personas a través del agua en estos lugares.

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Historia universitaria

Licenciatura en Filología Maya: alumnos y maestros

Edgar A. Santiago Pacheco

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Es importante señalar, que en la historia de una institución hay momentos coyunturales necesarios de evocar para entender su desarrollo y para conocer la naturaleza de sus orígenes. Por ello, aunque visualicemos el año de 1966 como el antecedente directo de la Escuela de Ciencias Antropológicas de la UDY, no podemos dejar de mencionar las acciones anteriores, realizadas para llegar a ese momento, sobre todo porque vemos la huella del impulsor del proyecto de la ECAUDY y los nombres de los que serían artífices futuros de su consolidación.

En esa dirección nos remitimos a 1958, a la fundación del Centro de Estudios Mayas (CEM) fundado mediante un convenio entre el gobierno del estado de Yucatán y el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), las instituciones que articularon este proyecto fueron la Universidad de Yucatán y el Instituto Yucateco de Antropología e Historia (IYAH).

El IYAH se inauguró el 13 de marzo de 1958 nombrándose como director a Fernando Cámara Barbachano, quien estuvo nominalmente en el cargo unos meses, si bien aparentemente realizando pocas actividades. El Centro suspendió sus funciones al poco tiempo. El receso terminó a principios de 1959 cuando recibió el nombramiento de director el Dr. Alfredo Barrera Vásquez, quien retornaba de Bolivia donde sufrió un infarto,  y con su nombramiento reiniciaron los trabajos.

El Centro tenía como finalidad realizar trabajos de investigación y docencia, principalmente en los campos lingüístico y filológico. Para ello se estableció un programa académico de tres años de una Licenciatura en Filología Maya más un año de prácticas o servicio social, que se aprobó bajo la responsabilidad de la Universidad de Yucatán a partir de 1959 para una única generación.  

Según datos publicados por don William Brito Sansores en la prensa local en 1999, el alumnado que integró esta licenciatura era heterogéneo: cuatro mujeres cuyas edades oscilaban entre los 18 y los 40 años, y cinco hombres de entre los 20 y 40 años, número a que quedo reducido después de una inscripción inicial al primer año de la carrera de 25 alumnos. Los requisitos para el ingreso fueron: tener bachillerato universitario o equivalente y contar con conocimientos medianos de cultura y lengua maya. La lista final de alumnos quedó integrada por Ramón Arzápalo Marín, Cecilio Aguilar Cerón, Beatriz Ríos Meneses, William Brito Sansores, María Elisa Castillo Centeno, Dorothy Andrews Heath de Zapata, Obdulia Cervantes de Solís, Justo González Sierra y, Jorge González Sierra. También acudían puntualmente a las clases, sin estar formalmente inscritos, la Sra. Lucila Díaz Solís y Salvador Rodríguez Losa.

De ellos, algunos años después cinco estudiantes alcanzaron el título de Licenciado en Filología Maya: Arzápalo con la tesis “Ceremonia de Utzicul than ti yumtziloob en la gruta de Balamkanché (1965)”; Aguilar Cerón con “La medicina empírica yucateca en el siglo XVIII a través de sus fuentes” (1981); Ríos Meneses con “Análisis dialectológico del español yucateco con notas filológicas de algunas voces mayas y mayismos” (1966); Brito Sansores con “Estudio filológico e histórico de la Relación de las dos entradas a las tierras Itzaez que hizo fray Avendaño y Loyola” (1973); y Andrews Heath con “Estudio comparativo para para determinar cuál es el diccionario maya más antiguo” (1964).   

La licenciatura se impartió efectivamente durante los años de 1960, 1961 y 1962, en el Palacio Cantón, sede del Instituto Yucateco de Antropología e Historia y la biblioteca especializada en antropología e historia “Crescencio Carrillo y Ancona”, bajo el siguiente esquema: en el primer año se cursaban las materias de Antropología General, Francés, Maya I, Arqueología de Mesoamérica, e Inglés por cuenta del alumno. En  el segundo año Arqueología Maya, Arqueología de Mesoamérica, Maya II y Lingüística I. El tercer año nuevamente se cursaba Arqueología de Mesoamérica, además Métodos de Investigación, Maya III, Filología Maya, Paleografía, Lingüística II, Escritura Jeroglífica, Los Libros del Chilam Balam y el Popol Vuh.

Como experiencia inédita, era de esperarse que se tuvieran que tomar decisiones sobre la marcha, y/o ajustar tiempos de impartición, profesores y materias, pero se puede apreciar el notable esfuerzo por parte de los responsables, entiéndase principalmente el doctor Barrera Vásquez, por proporcionarles la mejor preparación con los recursos mínimos, tanto materiales como humanos. William Brito escribía sobre ello: “Durante los años de estudio, estuvimos en la ciudad de México dos semanas, en las cuales tomamos un curso sobre calculadoras electrónicas aplicadas a la Lingüística, bajo la dirección del Ing. Sergio Beltrán, director del Centro de Cálculos de la UNAM”.

También señala, que venían frecuentemente investigadores nacionales y extranjeros a dictar conferencias o cursillos que ampliaban o presentaban otros aspectos sobre las materias que veían los alumnos. En este mismo sentido, Rodríguez Losa expresaba en su discurso de recepción de la medalla Eligio Ancona en 1998, que, en el proyecto del Centro de Estudios Mayas se organizaron cursos temporales sobre Arqueología Maya, Turismo, Antropología Aplicada, Museografía, Biblioteconomía, Archivonomía e Historia de Yucatán.

Era de esperarse la dificultad de integrar una plantilla de maestros, pero esto se subsano adecuadamente con académicos de reconocida trayectoria, de tal manera que entre los maestros de la carrera podemos mencionar al Dr. Alfredo Barrera Vásquez, al profesor Antonio Canto López, al Dr. Román Piña Chan, al Dr. E. Willys Andrews, Héctor Gálvez de la UNAM y Jaime Alonso. La inclusión del Dr. Andrews como maestro de Arqueología Maya levantó positivos comentarios e incluso se llegó a un acuerdo especial con él, sobre el lugar de las clases, ya que como escribió Brito Sansores:

“Por un acuerdo expreso de la rectoría de la Universidad de Yucatán, eran en la Quinta Mari, colonia García Ginerés, donde el maestro vivió durante los largos años de su permanencia en Yucatán. Allí se contaba con una magnífica biblioteca especializada, un pequeño pero nutrido museo arqueológico, proyectores, pantallas y, en fin, todo lo necesario para llevar a cabo una clase interesante, eficiente. Conocimos [a través de él] los trabajos que por esas fechas se realizaban en Dzibilchaltún”.

El establecimiento de la Escuela de Ciencias Antropológicas en 1970, como podemos apreciar, fue producto de un proyecto de largo aliento, visto en sus orígenes desde la perspectiva de la antropología norteamericana, pero al ponerse en marcha resintió el impacto del movimiento estudiantil de 1968 y la inclusión de una perspectiva marxista que nunca alcanzó a posicionarse con fuerza. Así el proyecto del Dr. Barrera por el que tanto luchó, se topó con una sociedad en un vertiginoso proceso de cambio, que ya no era la sociedad a partir de la cual había planeado el establecimiento de la Ciencias Antropológicas en Yucatán.   

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Arte y ciencia

Un alegre paseo por el tiempo, el tercer concierto de la OSY

Ariel Avilés Marín

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Foto de Salvador Peña L.

Con alegres ejemplos de tres corrientes artísticas, el concierto semanal de la Orquesta Sinfónica de Yucatán, nos alegró la noche del viernes 16 de octubre. Con la magia que la música es capaz de imprimir a la imaginación, pasamos en alegres saltos por tres épocas diferentes, correspondientes, cada una, a una corriente y un período diferentes. La primera obra, toca los tiempos crepusculares del Siglo XIX, y toca los albores del XX, el impresionismo con su delicadeza proverbial, nos dio la probada inicial del delicioso platillo; dimos un salto atrás, al luminoso Siglo XVIII, para encontrar en él a Mozart; y de nuevo para adelante, para poner pie en pleno romanticismo, y con él, hacer vibrar las almas con delicados sentimientos, llenos de alegría por la vida. Tuvimos la visita de un violinista de polendas, joven y talentoso, con un arco magistral que sabe acariciar dos cuerdas al unísono, o saltar de una a otra para buscar el efecto preciso que la partitura exige del ejecutante que camina por la senda de Mozart. William Harvey, ha ocupado ahora el atril de Shari Mason en la Sinfónica Nacional, y exhibió las cartas credenciales de por qué ocupa ese atril de distinción.

En diferentes tiempos, en Yucatán hemos tenido el privilegio de recibir a notables violinistas, casi siempre, concertinos de importantes orquestas. Mi inolvidable primo, Juan Campos Casares, me platicaba con exaltado ánimo las incursiones a Yucatán, del notable violinista mexicano Higinio Ruvalcaba. Ya como asiduo asistente a las salas de concierto, me toca en suerte escuchar a Luz Vernova, en 1970; a Rasma Lielmane, en 1971; a Héctor Olvera, en 1973; al rescatar y ser reinaugurado el Teatro Peón Contreras, tuvimos como concertino, al notable violinista yucateco, Daniel Burgos Samada, que era concertino de la Sinfónica del Bajío; ya en tiempos de la OSY, nos han visitado, dos veces, Shari Mason, y Sebastian Kwapisz, gran concertino de la OFUNAM. Ahora, en esta segunda temporada 2020, tenemos que agregar, con toda justicia, a William Harvey.

Abre programa, una joya del impresionismo francés, “Pavana para una Infanta Difunta” de Maurice Ravel. Ravel, junto con Debussy, revolucionan la música al presentar en sus partituras, complicadas formas de medir los compases, ritmos de 7/2 y otros de complicada ejecución; incluyen en sus obras, armonías nunca antes puestas en práctica por compositor alguno, y hacen rabiar a la crítica de su época al lograr bellezas nunca antes escuchadas, tanto que, posteriormente, se habla de sus obras como: “delicadas telarañas de cristal”. Pues eso fue lo que escuchamos el viernes por la noche, una delicada telaraña de cristal, en la pavana de Ravel. La dulzura del corno de Juanjo Pastor, le añadió brillantes gotitas de agua a la delicada telaraña, que la hizo más bella, con los suaves acentos del arpa de Ruth Benet, así como los sensibles detalles del violín de Christopher Collins, nuestro maravilloso concertino. Inicia la obra la suave voz del corno, al que responden las cuerdas, canta el oboe dulce y sentido y las cuerdas abordan suave pasaje, la música sube ligeramente y entran a dúo flauta y oboe; de nuevo el corno con dulzura y flauta y oboe dialogan de nuevo, sube ligeramente la emoción y la flauta canta con los delicados acentos del arpa, es ahora el clarinete con el arpa, el oboe toma la voz cantante, y el violín concertino desparrama una gran dulzura y llegamos al suavísimo final de la obra. ¡Qué falta nos hizo la merecida ovación para la orquesta!

Foto de Salvador Peña L.

En seguida, pasamos a escuchar uno de los cinco conciertos que Wolfgang Amadeus Mozart escribió para violín y orquesta, precisamente el No. 5, popularmente conocido como “Turco”, por el aire oriental de su último movimiento. William Harvey sale al escenario a tono con la obra, pues luce una hermosa camisa de seda con ornamentos de estilo oriental, muy ricos, e incluso su cubrebocas es de este estilo. La obra es plenamente representativa del rococó o clásico, y delicada, alegre y muy amena. El concierto se compone de tres movimientos: Allegro-Adagio, Adagio y Rondó-Minuetto. El primer movimiento, lo inicia el solista con marcada alegría, las cuerdas le acompañan y el corno le pone dulces acentos, el solista aborda notas muy delicadas y dulces, el violín solista aborda un tema muy conocido, alegre y gustado, luego notas agudas y muy claras, el tutti responde con alegría; al solista canta alegre y con él el oboe, el solista ataca un rápido cabio de cuerdas y el oboe canta, responde el tutti y el solista retoma el tema inicial que el tutti replica y hace variaciones al tema, el solista ejecuta notas agudas y rápidas y en seguida aborda cadencias, ágiles, hace notas a doble cuerda de rica armonía y canta con gran agilidad con fuertes y enérgicas arcadas y en seguida escalas ricas y canta con mucho sentimiento y hace armónicos de una gran delicadeza; entra el tutti con gran alegría y nos lleva al alegre final del movimiento.

El segundo movimiento lo inicia el solista delicado y lento y el oboe acentúa, canta grave y dulce el solista y va subiendo con emotividad; el solista nos pasea por un remanso de dulzura y arranca al instrumento delicadas notas y trinos y entra el tutti con delicadeza, solista y oboe entablan un diálogo muy sentido, el solista ejecuta notas verdaderamente aterciopeladas y va subiendo con emotividad, canta el oboe con el tutti y el solista canta con notas largas y delicadas, con una suave intimidad y luego alegre, entra el tutti suave y el oboe eleva la voz, el solista ejecuta dulcísimas cadencias, sentidos armónicos y notas a doble cuerda, el tutti responde y nos lleva a un plácido final del movimiento. El tercer movimiento, inicia el solista con gran agilidad y el tutti responde, cantan el oboe y el solista melódicos y alegres, ágilmente van subiendo, el solista aborda un pasaje alegre a tiempo de danza que el oboe replica y entablan un diálogo, se aborda un pasaje con aire oriental que parece remitirnos a “El Rapto del Serrallo” del propio Mozart; y que da nombre al concierto, oboe y violín cantan con agilidad y se retoma el tema oriental subiendo rápido y ágil, entra el tutti y el solista aborda las cadencias del movimiento, y son con ágiles cambios de cuerdas, delicados armónicos, y arranca de nuevo la alegre danza, entra el tutti y la alegría va subiendo para irse desbordando y llegar a alegre y sonoro final del movimiento y la obra. Desde nuestro lugar, nos pusimos de pie y gritamos: ¡Bravo!

Cierra programa la Sinfonía No. 6 en Do mayor, conocida como “Pequeña”, pues la No. 9, en la misma tonalidad se le llama “La Grande”. La música de Franz Peter Schubert, transmite una gran alegría por la vida, lo cual contrasta fuertemente con la vida misma del compositor, que fue dura y trágica, llena de pobreza y de una infelicidad extrema. Ejemplo de ello, es un pasaje de su vida, en que, por carecer de recursos, acepta vivir en la perrera de la mansión de una familia aristócrata, la cual le pide que deje el espacio, pues ha comprado un perro y es echado a la calle. Su padre, le obliga a estudiar para maestro de escuela, y luego a trabajar en ello, lo que fue un verdadero calvario para Schubert, quien odiaba rabiosamente ese oficio y los niños eran una tortura para él. Muere a los treinta y un años, no se sabe si de sífilis o tuberculosis, pues ambas enfermedades lo atacaron cruelmente al final de sus días. Asiste con un gran dolor a los funerales de Beethoven, llorando amargamente, sin saber que un año y medio después, se cumpliría su voluntad de ser enterrado cerca de él, su gran ídolo. Sólo la música, ponía una nota alegre en su vida, cuando estaba con amigos y tocaba, su alma se llenaba de felicidad. Por todo esto, es muy contrastante la gran alegría por la vida que su música lleva. Como si ese mal fario le siguiera después de muerto, su bellísima música es poco ejecutada en las salas de concierto, con excepción del “Ave María” que tiene una gran difusión universal diaria.

La Sinfonía No. 6, está integrada por cuatro movimientos: Adagio-Allegro, Andante, Scherzo-Presto y Allegro Moderato. El primer movimiento, es solemne pero fuerte, transcurre entre diálogos entre flauta y oboe que se alternan con el tutti, su tema principal es alegre; las maderas dialogan entre sí, y alternan en pasajes con las cuerdas, el tutti nos lleva al final del movimiento que es una verdadera fiesta sonora. El segundo movimiento, es suave y delicado, en él los diálogos se dan entre flauta y oboe, y entre flauta y clarinete, la voz cantante recae en las maderas, y responden las cuerdas, el tutti pone la fuerza en sus pasajes y es quien nos lleva al suave final del movimiento. El tercer movimiento, es la fuerza y la alegría desbordadas; es el tutti el que lleva el sostenimiento de este movimiento, todo él tiene fuerte acento, hay ricos diálogos entre flauta y oboe, flauta y clarinete, hay un pasaje pausado, pero se retoma la fuerza y el final del movimiento es alegre y desbordado. El cuarto y último movimiento, las cuerdas retoman el papel protagónico, alternando con diálogos flauta oboe, también hay diálogos entre cuerdas y maderas, y al final el tutti va subiendo con fuerza y nos lleva al tremendo y alegre final del movimiento y la obra. Nos desborda el deseo de escuchar la gran ovación y escuchar los gritos de ¡Bravo! Tan merecidos.

Nos quedamos en nuestro lugar, añorando los domingos de sinfónica en el Teatro Peón Contreras. Mérida, Yuc., a 21 de octubre de 2020.

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