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Arte y ciencia

Janal Pixán, una tradición maya cristiana

Indalecio Cardeña Vázquez

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Ilustración de Claudio Meex

El Janal Pixán es la festividad peninsular yucateca con la que se recuerda a las personas que han fallecido, y constituye una conmemoración de gran colorido, en la que ahora se observan rasgos culturales mayas, mestizos y de otras sociedades humanas.

Es una mezcla de ideas mayas y cristianas, surgida en la época colonial como parte de la amplia combinación de conceptos mágicos y religiosos de los antiguos mayas con el cristianismo, ocurrida a partir de los inicios de la evangelización en la península yucateca, a mediados del siglo XVI.

Esta práctica cultural de ofrendar alimentos, comidas y bebidas, en una mesa dedicada ex profeso para ello, a las almas de las personas fallecidas hace muchos o pocos años, pero nunca a quienes no tengan un año de fallecimiento, en los días que coinciden con las festividades católicas de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, habría sido realizada ya en la península de Yucatán desde la época colonial.

Sin embargo, se carece hasta el momento de información respecto a esta tradición durante el período del dominio español, y sólo es posible inferirla a partir de la mención que hace John Stephens en su libro “Incidentes de un viaje a Yucatán”, publicado en 1844, de un alimento característico de esta festividad, el mucbil pollo, y la embarazosa anécdota que él y su compañero de viaje, Frederick Catherwood, tuvieron en Mérida por ese platillo.

No obstante que suele decirse que el Janal Pixán es una tradición maya, en realidad es la mezcla de ideas mágico-religiosas precolombinas, mencionada líneas arriba, con el pensamiento europeo a partir de la época colonial. En este sentido, la investigadora Elsa Malvido de la Dirección de Estudios Históricos, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), advierte que la conmemoración de los Días de Muertos en nuestro país, y en Iberoamérica, tiene vestigios de conceptos y prácticas católicas propias de la Edad Media.

La especialista indica, al hablar en términos generales de esta tradición en México, según se asienta en un Boletín del INAH (2007, 1 de Nov.) que: Trazar un camino de flores de cempasúchil. Colocar tamales, pulque y camote en las ofrendas. Adornar papel picado con calaveras, flores y otros motivos tradicionales. Comer dulces de azúcar en forma de cráneos o panes con forma de cadáveres, son costumbres de las fiestas de Días de Muertos y nos remiten, indudablemente, a la cultura prehispánica con sus tzompantli llenos de calaveras, el mes de su calendario dedicado a los muertos y su absoluta despreocupación por la muerte como lo demuestran los sacrificios y las guerras floridas.

No obstante, todos estos elementos no son una invención de la cultura mexicana, así como tampoco las ofrendas que se colocan en la madrugada del día primero de noviembre. Provienen, más bien, de la Europa medieval y son costumbres católicas y profundamente jesuitas, incluso de raigambre romana. No representan resabios de la cultura indígena mexicana, subraya la estudiosa.

Las fiestas de Todos los Santos y de Fieles Difuntos, prosigue Elsa Malvido, son rituales que se crearon en Francia, en el siglo X por el Abad de Cluny, quien decidió rescatar la celebración en honor de los macabeos, familia de patriotas judíos reconocidos como mártires en el santoral católico, el día dos de noviembre y, dispuso el día anterior, primero de noviembre, para celebrar a los santos y mártires anónimos, aquellos que no poseen nombre ni apellido, ni celebración en el calendario ritual católico.

El origen del mexicano pan de muerto. La investigadora expresa que en la época colonial, en la ciudad de México, durante estos Días de Muertos, la gente antes de entrar a la Catedral, compraba un pan o un dulce de azúcar con forma de reliquia, que el cura bendecía y luego era colocado en casa en una mesa junto con el santo familiar y frutas variadas.

Finalmente indica que en Sicilia, Italia, además de colocarse el altar de muertos, se tiene la creencia que los parientes visitan el hogar y traen juguetes para los niños, una tradición religiosa que proviene de una antigua tradición romana.

En el área maya, las cosas resultan un poco diferentes, toda vez que en el Hanal Pixán sí es posible observar reminiscencias de conceptos y tradiciones funerarias prehispánicas, que los documentos coloniales y la arqueología indican.

Así, según decíamos líneas arriba, los textos escritos durante el dominio español no muestran hasta ahora datos relativos a la conmemoración de los Días de Muertos luego de la llegada de los conquistadores, sin embargo algunos de esos escritos proporcionan información relativa a las ideas que los antiguos mayas tenían acerca de la muerte en su civilización, destacando los datos proporcionados por fray Diego de Landa en su texto Relación de las cosas de Yucatán, según indica Alberto Ruz Lhuillier en su obra Costumbres funerarias de los antiguos mayas. Otro libro que brinda algunos datos de este tipo, es el documento maya Los cantares de Dzitbalché, que en algún punto refuerzan lo expresado por Landa.

El misionero expresa que los mayas prehispánicos temían con horror a la muerte, que la cremación estaba reservada “a los señores y gente de mucha valía”, que los mayas antiguos creían en la inmortalidad del alma, aspecto que Los cantares de Dzitbalché menciona también.

Landa indica asimismo, que los mayas antiguos creían en la existencia de otra vida mejor para el alma después que se separaba del cuerpo, y que la vida futura se dividía en buena y deleitosa para los que habían sido buenos, y disfrutaban de abundante comida y bebida a la sombra de la ceiba, en tanto que la ulterior vida era mala y penosa para los viciosos que iban a un lugar subterráneo donde sufrían tormentos, hambre, frío, cansancio y tristeza.

Ruz Lhuillier con base en evidencias arqueológicas, precisa que para los mayas antiguos la muerte era una forma de vida diferente. El cuerpo inerte ya, necesitaba ser abrigado, igual que una persona viva. Las ofrendas funerarias incluían también las pertenencias del difunto, sus útiles de trabajo  o sus armas, sus adornos o algunas de sus propiedades para que las siguiera usando después de muerto, pues se supone que la vida prosigue más allá de la muerte, desarrollándose con normas similares a las de la tierra.

Las ofrendas incluían también alimentos y bebidas en algunas vasijas. Asimismo se ponían algunas cuentas de jade con fines mágicos y para usarse como moneda en algún momento. Cuando moría algún personaje importante se sacrificaba a varios individuos para que lo atendieran en el otro mundo.

Estas son tan sólo algunas de las ideas y tradiciones vinculadas a la muerte, y a las costumbres funerarias que hubo en la civilización maya. Como podemos ver, hay algunos puntos de coincidencia en el pensamiento cristiano y el maya antiguo, como la creencia de una existencia después de la muerte, la inmortalidad del alma y un lugar de recompensa o de castigo después de la vida, según haya sido la existencia de la persona.

Esto favoreció la combinación de estas ideas, en los inicios de la época colonial y junto con la sobrevivencia de algunas tradiciones medievales en la vida religiosa, ceremonial, de conquistadores y misioneros, que fueron mostradas a los mayas coloniales, permitió a su vez la pervivencia de otros conceptos de las tradiciones funerarias indígenas.

De este modo, la mezcla de todos esos rasgos culturales dio origen al janal pixán, a la comida de las ánimas, a esta práctica cultural yucateca peninsular, que se continúa realizando hoy en día con todos los cambios y modificaciones que el transcurso del tiempo le va poniendo.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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