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Arte y ciencia

La salud y la enfermedad en la época colonial

Indalecio Cardeña Vázquez

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El binomio salud-enfermedad fue atendido en la península de Yucatán durante el período colonial, a través de dos conocimientos distintos, los cuales podían ser usados independientemente cada uno, o bien en forma conjunta.

Esos saberes fueron: 1) el que trajeron los europeos y que se aplicó tanto en los hospitales establecidos–que eran atendidos básicamente por religiosos–,como en la actividad desarrollada por los médicos que llegaron a esta región, por ejemplo el célebre italiano Francesco Mayoli, (a) Ricardo Ossado, (a) El Judío.

El segundo conocimiento médico empleado fue el saber precolombino que sobrevivió al choque cultural iniciado en la conquista española del área maya. La medicina fue uno de los conocimientos científicos que los mayas precolombinos desarrollaron, el cual contenía una amplia y variada farmacopea vegetal, animal y mineral.

Ese saber prehispánico estuvo en poder de la clase sacerdotal, el médico, el j-men, que significa hacedor, nombre con que era conocido este tipo de sacerdote, y era el último en esa jerarquía de practicantes mágico-religiosos, el que ocupaba el nivel más bajo en la élite sacerdotal. Desafortunadamente no hay vestigios materiales de ese conocimiento que lo demuestren, pero se sabe de él, así como de algunos padecimientos que los mayas antiguos tenían, a través de la evidencia arqueológica–escultura, pintura, vestigios óseos humanos y animales–,y principalmente por las fuentes coloniales redactadas tanto por los propios mayas, como por los europeos.

Acerca de los médicos, cirujanos, sangradores y boticarios llegados a Yucatán durante los años inmediatos al establecimiento del régimen colonial, es muy poco lo que se conoce acerca de ellos.

En el siglo XVI, durante la época de la conquista del área maya, el primer médico europeo en la región fue Íñigo López, cirujano que estuvo en la primera expedición de Montejo el Adelantado, y que murió a los pocos días de haber desembarcado, en 1527.

El historiador Francisco Molina Solís, señala que posteriormente, “… Montejo el mozo, llevaba en su ejército un… soldado… (que además era) herbolario, médico y cirujano… llamábase… Juan del Rey, quien después de haber estado en Guatemala, donde hizo brillantes curaciones, vino con Montejo a Champotón, le acompañó en toda la conquista y luego se estableció y vivió en Mérida hasta su muerte”.

En el período colonial propiamente dicho, destaca en la segunda mitad de este mismo siglo XVI, fray Gaspar de Molina, a quien la Enciclopedia Yucatanense señala como médico. Sin embargo, el cronista fray Bernardo de Lizana expresa que este fraile “…passó, de España y Prouincia de los Ángeles, a ésta de Yucatán, el qual fue enfermero, allá y acá, más de sesenta años. Era muy excelente boticario y tan entendido en las enfermedades, que exerció oficio de médico con mucha aprouación. … Viuió cincuenta años en esta Prouincia,…”

En el siglo XVIII se reporta el desempeño de seis médicos en la península yucateca, uno en Mérida, otro en Valladolid, y cuatro en Campeche. El referido historiador Molina Solís expresa que en Mérida radicaba el portugués Juan de Pereira, pero que en “…febrero de 1713 fue preso por la Inquisición, por el delito de judaizante,… pudo evadirse de la prisión, sin volverse a saber más de él.”

Otro médico extranjero fue el italiano Francesco Mayoli, (a) Ricardo Ossado, (a) El Judío, que arribó a Campeche en 1711 aprox., y que en 1713 se casó en Valladolid, Yucatán, donde vivió hasta su fallecimiento en 1770. De este célebre médico nos ocuparemos en próxima ocasión.

En la villa de San Francisco de Campeche estuvieron en 1720 los médicos franceses Lucas Teniere y Claudio Grandel. A fines de esa centuria del XVIII, estaban en esa ciudad otros dos médicos, uno igualmente francés: Carlos Escoffié y Grevy, y otro inglés, Benjamín Bothe.

Durante la época colonial, se construyeron varios hospitales que fueron atendidos por religiosos y eran sostenidos por los ayuntamientos o por algunas hermandades piadosas. El primer hospital en Mérida, fue edificado en 1562, veinte años después de la fundación de Mérida. Poco más de seis décadas posteriores, en 1625, fue entregado a la orden hospitalaria juanina, denominándose entonces Hospital de San Juan de Dios.

Por otra parte, en los conventos que los franciscanos establecieron en la península, estos frailes construyeron enfermerías o edificios especiales para atender enfermos, llegando a ser los más importantes los de Maní, Izamal y Conkal. En Mérida estos religiosos establecieron dos hospitales, uno en el ahora desaparecido convento de San Francisco, y otro en el de Mejorada.

La época colonial fue un período de adaptación y organización cultural, social y económica, durante el cual la medicina maya mantuvo su fuerza, entre la población española, criolla y mestiza, básicamente a través de su herbolaria la cual era utilizada como complemento de las curaciones y tratamientos de las enfermedades atendidas por médicos y boticarios españoles y criollos.

El tratamiento integral de la enfermedad por parte de la medicina maya fue utilizado principalmente por la población indígena, aunque también por algunos integrantes de los otros sectores socio-culturales. Ese tratamiento integral de las enfermedades por parte de la medicina maya, comprendía: herbolaria, farmacopea animal y mineral, y un activo aspecto mágico–religioso en las prácticas curativas, como podemos observar hasta hoy en día, no obstante las modificaciones que estas prácticas curativas mayas presentan.

La combinación de los dos conocimientos médicos: maya y occidental, que inició desde los momentos de la conquista europea del área maya y se desarrolló después durante todas las centurias del dominio español, es el origen de la actual medicina nativa yucateca.

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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