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Arte y ciencia

La tragedia de Torreón

Gigio Ortiz

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Los videojuegos no son una causa

Por más que lo intenten, la culpa nunca será de los videojuegos sino de quienes no ayuda a fomentar el arte como medio para atenuar las frustraciones sociales y otras desgracias.

Uno de los grandes defectos que tenemos como seres humanos, es temer o rechazar cosas o situaciones que desconocemos. Se nos hace más fácil culpar lo desconocido en vez de afrontar la realidad con todas las consecuencias que conlleve.

El pasado viernes 10 de enero, los mexicanos nos vimos sacudidos por una tragedia que a pesar de vivir en un país golpeado por la violencia, por fortuna este tipo de situaciones no son comunes para nosotros: en una escuela de Torreón, Coahuila, un adolescente de apenas 11 años de edad, dispara contra su maestra y sus compañeros de escuela para después quitarse la vida, en un acto cuyos elementos trágicos dejan ver complejidades de la conducta que ameritan la opinión de especialistas.

No obstante, aquel ha sido un suceso que cala hasta lo más profundo de nuestros sentidos, y nos hace cuestionarnos muchas cosas como miembros de una sociedad. En contraste, las autoridades de Torreón, deciden que el problema no es de la sociedad sino consideran que tragedia deriva de las manifestaciones artísticas y tecnologías que actualmente  tenemos en los videojuegos.   

Es cierto que existen todo tipo de posibilidades en cuanto a géneros de videojuegos se refiere. Hay desde los que poseen carácter educativo o recreativo, hasta los intensamente violentos en los que la libertad de movimiento y decisión son inmensos. Pero colocar en el terrible sillón de la culpa a los videojuegos, como causantes de un tiroteo en una escuela, es algo así como renunciar a la obligación que como autoridades tiene de indagar a profundidad las causas de este asunto tan fatal.

En un sinfín de ocasiones hemos visto películas violentas, con situaciones realistas o fantasiosas, que bien podrían también ser sujetas de culpabilidad de la violencia que sufrimos en la sociedad mexicana, o las llamadas narcoseries o narconovelas en las que se enaltece la posición de ser un capo del narcotráfico, porque genera grandes aspiraciones en cuestión de realización monetaria. Pero lo que como sociedad no hemos podido entender es que la culpa no es de los videojuegos, ni de las películas o programas de televisión, sino que la de la propia sociedad golpeada por los cuatro costados en la que vivimos. Sociedad en la cual no existen suficientes programas artísticos y humanistas en el ámbito educativo, que sean capaces de sensibilizar a las nuevas generaciones y ofrecerles una válvula de escape ante las frustraciones y a las ganas de expresar lo que pensamos. Que recuerde, nunca leí ni escuché de alguna persona que entrara armada hasta los dientes a una estación de policía para realizar un tiroteo con en la película Terminator, o no veo que las personas que escuchen heavy metal se dediquen a hacer sacrificios humanos para invocar a satanás, justo como decían los medios de comunicación en la década de los ochenta o a finales de los noventa.

Como sociedad debemos de entender es que el arte y la humanidades son atenuantes del problema, nunca la causa. El arte, sea en forma de libro, de película, de pieza musical o en los videojuegos, nos pueden generar más respuestas que frustraciones. Necesitamos educar y sensibilizar a las nuevas generaciones por medio del arte, para ayudar a construir un futuro que pueda estar en comunicación con sus propios sentimientos y tenga las herramientas y vías para poder expresar sus alegrías y frustraciones.

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Arte y ciencia

La madre de Pearl S. Buck

Aracelly Guerrero Maldonado

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No hay un personaje más simbólico, con más poder y con más significado que el de la madre, sobre todo para nosotros mexicanos, dada nuestra cultura predominantemente matriarcal y machista.  No olvidemos que uno de los días feriados de mayor importancia es el día de la madre.  Con toda su connotación patriarcal y equivocada, la maternidad elegida es a hoy día un tema casi tabú, ya ni hablemos del aborto o de las mujeres que no desean ser madres, simplemente porque no quieren.

En el libro de la autora, el personaje de la madre no tiene nombre, así puede ser cualquier madre de la china rural del siglo XIX, del México actual en cualquier comunidad indígena o urbana, de cualquier ciudad en cualquier país y en cualquier época donde exista una mujer y se reconozca a sí misma como madre.

A través del libro conoceremos a esta madre, su forma de vida, desgarradora entonces, desgarradora ahora, donde los imperativos de la biología y de la obligación cultural poco han cambiado para algunos y para otros simplemente mudan sus formas, cambian los deberes del campo por los de una oficina, cambian los paisajes, pero lo que no cambia es la obligación de hacerse cargo, de ser el pilar del hogar y de ser la responsable de los hijos.

Pearl S. Buck nació americana, de padres misioneros, pero pasó la mitad de su vida en China, y en su obra está inmortalizada el alma de ese pueblo que se convirtió en su país de adopción.  Premio nobel en el año 1938, la autora nos brindó  a lo largo de su obra, un retrato de China, distante de las exageraciones occidentales, de los prejuicios y de los supuestos, China era sorprendente, sí, pero era un pueblo hecho de humanos, de personas, con aspiraciones, sueños y obstáculos, igual que cualquier otro.

Con profundo respeto a sus tradiciones y con la ternura aprendida desde la más profunda de las miserias de su gente, la autora nos entrega su alma en forma de literatura, es imposible no conmoverse con sus libros.  En la madre, nos retrata por dentro y por fuera la vida de esta persona, sí, no hay nombre, pero uno siente su individualidad, sus miedos, sus aciertos, la lucha y los errores que comete, es una mujer tan real entonces como ahora.

En el libro no hay juicio, tampoco indiferencia, el narrador con toda naturalidad nos va mostrando este maravilloso escenario, tan plagado de dificultades como de la belleza sencilla del trabajo bien hecho, el trabajo realizado con amor, con ese amor por las cosas sencillas, con el amor que se refleja en dejar de comer algo delicioso para que alguien más lo coma, o guardar silencio cuando las palabras dichas pueden hacer daño.

Lejos de toda afectación, Pearl S. Buck creó una obra que no te deja indiferente, con una sencillez de lenguaje que se va metiendo en la piel como el agua entre los dedos.

El libro de la madre puede ser un buen inicio para conocer a la autora, que tiene una vasta obra, La buena tierra, una de sus obras más aclamadas es sin duda recomendable, pero bastante larga, por lo que si son primeros lectores tal vez no sería los más recomendable, en cambio La madre, es un poco más corta y puede ser un buen inicio para conocerla.  Si también están sobrados de tiempo pueden investigar sobre la vida de la autora, quien también fue una activista de los derechos de la mujer y de la adopción.  Su discurso al aceptar el nobel es largo, pero aclara mucho con respecto a su estilo y si la inquisición moderna quisiera acusarla alguna vez de apropiación cultural, bueno, sólo tendría que leer su discurso para entender que la autora nació americana pero en sus propias palabras: aunque ahora vivo en mi propio país, y viviré allí, ya no me pertenece.

Como siempre juzguen por ustedes mismos y disfruten la lectura.

“Primero las lágrimas afluyeron a sus ojos lentas y amargas y libremente poco después. Entonces apoyó la cabeza en la tumba y lloró como hacen las mujeres cuando sus corazones están demasiado llenos de pena y su vida está perdida y nada les preocupa, excepto aliviar su corazón porque la vida es demasiado pesada para ellas.”

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COVID-19 o dengue: ¿Cómo diferenciar los síntomas de estas enfermedades?

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Imagen: https://www.youtube.com/watch?v=Qf_vUyHRQqs

Con la temporada de dengue en puerta, podría complicarse aún más el diagnóstico clínico frente a la pandemia de COVID-19, ya que los cuadros clínicos del coronavirus y el dengue pueden presentar síntomas similares en la enfermedad, por lo que las autoridades pidieron a la población tomar las precauciones correspondientes.

Los síntomas que tienen en común ambas enfermedades son: fiebre, dolor de cabeza, dolor de cuerpo y malestar general; en el caso del dengue, estos síntomas vendrán acompañados de dolor o ardor en los ojos, que diferencia del COVID-19, los síntomas anteriores vendrán acompañados de dolor de garganta y escurrimiento nasal.

El subsecretario de Prevención y Promoción a la Salud, Hugo López-Gatell, informó que el reto no estaría en el control de ambas enfermedades, ya que son dos mecanismos diferentes para poder controlarlas.

En el caso del virus provocado por el COVID-19 será mantenerse a sana distancia física, mientras que el dengue se ejecutará controlando a los mosquitos que son transmisores de la enfermedad.

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Arte y ciencia

Historia: el ser humano habitó territorio mexicano mucho antes de lo pensado

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Foto: https://www.zacatecasalminuto.com/internacionales/descubren-evidencia-humana-de-30000-anos-de-antiguedad-en-la-cueva-del-chiquihuite-zacatecas/

Un nuevo estudio realizado por científicos de la universidad de Zacatecas, revela que la humanidad pudo haber llegado al territorio mexicano mucho antes de lo que se creía.

En la investigación realizada en una cueva al norte del país, se encontró algunas evidencias de que los humanos habitaron el actual territorio de México hace 30 mil años, lo que sugiere que llegaron a América del Norte antes de lo que se tenía registro, como se publicó el miércoles 22 de julio en un artículo de la revista Nature.

Según lo descrito en la investigación, un equipo de la Universidad de Zacatecas ha estado excavando desde 2012 la cueva de Chiquihuite, a 2 mil 740 metros sobre el nivel del mar, en las montañas Astillero, donde encontraron alrededor de 239 herramientas humanas que tenían capas de grava de entre 25 mil y 32 mil años de antigüedad.

El paradigma histórico que se tenía hasta antes de este descubrimiento, es que la población en América llegó hace 15 o 16 mil años desde Asia.

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