Arte y ciencia
Maní, la magia de un pueblo
Publicado
hace 5 añosen
(Apuntes para su historia)
Y fueron a Maní. Allí olvidaron su lengua. Tal es la manera como el Chilam Balam de Chumayel se refiere a esta localidad, cuando los itzáes en tiempos precolombinos recorrían la península de Yucatán, buscando un lugar para asentarse, en un viaje que hace evocar la peregrinación de los mexicas en pos de la anhelada señal para entonces ahí establecerse.
Sin embargo, el periplo fundacional de los itzáes no tenía como meta el reconocimiento de un símbolo que indicase dónde poner fin a su travesía, sino tan sólo el hallazgo de un sitio que pudieran considerar propicio para ellos.
De este modo pasaron también por Maní, una importante ciudad prehispánica que fue asiento de un poderoso linaje gobernante, los Xiu, quienes residían en Uxmal.
Luego que esta urbe precortesiana comenzara a perder su preminencia a partir del siglo X, durante el colapso maya, los descendientes, los integrantes de esa familia gobernante se establecieron en Maní. La antigua capital de los Xiu fue abandonada por completo hacia la mitad del siglo XV.
La historia de Maní es amplia, vinculada a importantes sucesos de la época precolombina, como la destrucción de Mayapán en 1450, aproximadamente, resultado de una sublevación en contra de la casa gobernante que ahí residía, los Cocom, encabezada por Tutul Xiu, el dirigente de Maní.
Una poderosa familia gobernante
Durante la conquista española, el linaje Xiu que se encontraba entre los grupos mayas más importantes de Yucatán, fue una de las estirpes que se unió a los iberos, facilitando con ello el dominio europeo en esta parte del área maya. Varios son los documentos coloniales que señalan el poder y la importancia de esta familia.
Sylvanus Morley indica que en la época de la conquista española, los Xiu constituían la principal de las cinco familias más prominentes de la península, y expresa que los tres textos más antiguos de esta estirpe maya son: un mapa, un tratado de tierras y un árbol genealógico, fechados en 1557, 15 años después de la fundación de Mérida.
Morley nos ofrece una breve descripción de esos tres textos. Apunta que el mapa muestra la provincia de los Xiu, con su capital Maní en el centro. Expresa que el tratado de tierras de los señores mayas, describe los límites entre el territorio de los Xiu con las provincias vecinas, y comenta que este documento sería el texto más antiguo escrito en lengua maya con caracteres latinos. Acerca del árbol genealógico, manifiesta que el dibujo muestra al fundador de Uxmal, Hun Uitzil Chac Tutul Xiu, del cual surge la descendencia, lo que estaría indicando que ésta es de origen paterno. Morley describe diversas partes del documento y señala que esta genealogía tuvo como propósito probar ante la corona española que el Xiu del tiempo de la conquista, descendía de la antigua casa real de Uxmal.
Hoy en día, el palacio municipal de Maní, está instalado en lo fue la residencia colonial de los Xiu, cuando fueron convertidos en hidalgos españoles. Morley precisa que fue la vivienda de Francisco de Montejo Xiu, quien ayudó activamente al hijo del Adelantado, Francisco de Montejo el Mozo.
Un adoratorio a Kukulcan
Las crónicas coloniales señalan que luego de la destrucción de Mayapán, una gran fiesta dedicada a Kukulcán que ahí se hacía cada año, comenzó a celebrarse en Maní, donde había un templo dedicado a esa deidad, reuniéndose anualmente los gobernantes y sacerdotes de muchos pueblos de la región para esa festividad que duraba cinco días.
La ceremonia era muy vistosa, con una gran procesión de toda la gente congregada en la localidad, que partía de la casa de algún personaje importante de la comunidad, y acompañaba a los dirigentes y sacerdotes hasta el edificio dedicado a Kukulcán, una vez ahí ellos colocaban sus estandartes y banderas en lo alto del edificio, presentaban sus ofrendas de comidas sin condimentos, bebidas elaboradas con habas y semillas de calabaza, y también quemaban incienso a diversas deidades menores que llevaban consigo, mientras los ayudantes de los gobernantes y sacerdotes efectuaban varios bailes.
Durante los cinco días de la fiesta, estos ayudantes acudían a las casas de las personas más importantes de Maní, donde también hacían diversos bailes y los habitantes les daban obsequios que llevaban a sus señores en el templo. Las crónicas indican que los mayas antiguos creían, que en el último día de la festividad Kukulcán descendía para recibir todas las ofrendas que le habían hecho.
Concluido el tiempo de esta ceremonia anual los gobernantes, sacerdotes y sus ayudantes, reunían sus pertenencias, regresaban a la casa de donde habían salido para el templo, y de ahí cada quien retornaba a su lugar de origen.
El ex–convento
La historia de Maní es vasta, en ella es posible identificar diversas épocas como la prehispánica, la colonial y el siglo XIX, entre otros períodos posibles de ser establecidos.
En los inicios de la época colonial de Yucatán, 1549, se fundó en Maní el tercer convento franciscano en territorio yucateco, luego de la instauración de los monasterios de San Francisco de Campeche y de Mérida, ambos en 1546.
Hoy en día el ex–convento de Maní, fundado sobre un cenote, es el segundo más antiguo en la península de Yucatán después del ex–monasterio de Campeche, ya que el Convento Grande de Mérida no existe, de tal modo que en el estado de Yucatán esta fundación franciscana es el ex – convento más antiguo. De todos los conventos establecidos por los franciscanos en la península yucateca, sólo persiste uno actualmente, el de Izamal, que fue el cuarto convento, comenzado a edificar en 1553.
La construcción de todo el conjunto conventual de Maní–iglesia, convento, capilla mayor, claustro, dormitorio, celdas, sacristías, capilla de indios, atrio, puertas y escuela–, se habría terminado en siete años, refiere el historiador Miguel Bretos, quien precisa que no todas las partes de este conjunto arquitectónico se hicieron al mismo tiempo, tardando incluso algunas más que otras en concluirse. El cronista franciscano Bernardo de Lizana, apunta que la construcción del convento efectuada bajo la dirección de fray Juan de Mérida, tardó seis meses y que en ella participaron seis mil mayas.

Dibujo reconstructivo de la capilla abierta de Ecab, tomado de la publicación: Ecab, poblado y provincia del siglo XVI en Yucatán, Antonio Benavides C. y Antonio P. Andrews, SEP/INAH, Centro Regional del Sureste, México, 1979. La capilla de indios de Maní, tuvo este mismo sistema constructivo.
Un Auto de fe
1562 es un año que asombró tanto a los españoles establecidos en Yucatán, como a los mayas, especialmente a los que vivían en Maní y sus alrededores. Fue el año cuando el polémico y controvertido franciscano Diego de Landa, cometió el error más grande que pudiera haber efectuado, en más de un sentido.
Atribuyéndose funciones que no le correspondían, no obstante que las leyes eclesiásticas de ese momento lo facultaban para algunos desempeños, y agregándole a esto su eventual carácter impetuoso–que por otra parte le había llevado a aprender perfectamente el idioma maya, y lo condujo a evangelizar hasta en recónditas regiones de la península-, realizó en Maní, un Auto de fe a los mayas, con resultados que fueron, desde el sufrimiento y la pérdida de vida de algunos indígenas, si bien no en forma directa por tal juicio religioso, sino por los efectos colaterales de ese proceso, pasando por la destrucción de numerosos documentos y objetos mayas precolombinos, continuando con la actuación igualmente incorrecta de altas autoridades peninsulares como el gobernador de ese momento, hasta el envío del propio Landa a España como parte de las averiguaciones que entonces realizó la Iglesia en torno a ese hecho. Años después, el franciscano regresó a Yucatán, como Obispo de esta diócesis.
La capilla de indios y la actual fachada de la iglesia
Miguel Bretos destaca que la capilla de indios de Maní, fue la primera en realizarse en la península yucateca, y que su edificación junto con el atrio y las cuatro capillas posas fue dirigida por otro franciscano, Juan de Herrera, quien antes había estado en la Nueva España.
Una gigantesca cubierta de palma, realizada de la misma forma que los techos de las casas de la gente, se extendía a modo de nave central desde el imponente ábside de la capilla, edificado con piedra. Las crónicas coloniales señalan que esta enorme y única nave de la capilla, techada con palma, medía poco más de 61 metros de largo y algo más de 25 metros de ancho.
Estas mismas fuentes del período colonial apuntan que durante la segunda mitad del siglo XVII, 1630, el franciscano Cristóbal de la Rivera, guardián del convento, pretendió construir una iglesia de tres naves en el lugar donde estaba la capilla de indios, con la intención de sustituirles a los mayas la techumbre de palma que entonces había, reutilizando la capilla en funciones.
Las crónicas indican que de esa obra sólo se realizaron los cimientos por varios motivos, fundamentalmente por haberse enfermado el fraile impulsor de esa idea, y su posterior fallecimiento en 1645.
Investigaciones realizadas en la primera mitad del siglo XX, apuntan que desde la segunda mitad del siglo XVII, la población de Maní ya había aumentado y la diferencia de clases había disminuido, lo que hacía que el aforo de la iglesia resultara corto para la cantidad de fieles que acudían a los servicios religiosos, propiciando todo ello que se considerara hacer cambios en la arquitectura del templo.
La modificación, efectuada aparentemente hasta principios del siglo XVIII, consistió en la eliminación del pórtico que tenía al frente, y la sustitución de la fachada original, por la que actualmente se observa, proyectándola varios metros hacia adelante, consiguiéndose con ello la ampliación del interior de la iglesia. Probablemente el pórtico tuvo cinco arcos, actualmente es posible observar junto a la entrada de la puerta lateral norte, que conduce a la capilla de indios, dos columnas y dos arcos y medio, correspondientes a esa construcción primigenia.
Norias y escuela
El referido historiador Miguel Bretos, subraya la importancia que el aprovisionamiento de agua tuvo para los misioneros en los conventos que establecían, y cómo implementaron para ello las norias, indicando que esos primeros sistemas hidráulicos franciscanos fueron operados con tracción humana ante la ausencia inicial de bestias de tiro, las cuales tan pronto llegaron a la región fueron utilizadas para ese objetivo.
Documentos del siglo XVI, apuntan que el conjunto conventual tuvo dos norias, posiblemente de tiro las dos, y probablemente también ambas techadas con palma. Una servía para la huerta, donde había “… muchos naranjos, plátanos, guayabos, aguacates, ciruelos, y algunos cocos…” La otra era para la escuela del convento, aparentemente ubicada en el costado sur del templo, y para una pequeña pila que se encontraba en el patio de la iglesia, donde la gente bebía en Pascua y otras fiestas solemnes.
Las crónicas destacan que adosada a la iglesia “…está la escuela de los indios, la mejor de toda aquella provincia (la península de Yucatán), de donde más y mejores cantores salen…”.
Bretos nos refiere que las norias yucatecas coloniales se edificaron sobre cenotes o sobre pozos, y que la importancia de ellas radicaba en su gran capacidad para obtener y almacenar el agua, lo que las convirtió en puntos referenciales de las comunidades, desde donde se medían las distancias. El complemento de las norias: aljibe, cañerías y surtidores para irrigar las huertas de los conventos, además de la avanzada arquitectura con que algunas de ellas fueron construidas, como las norias de los conventos de Sisal en Valladolid, y Mama, reflejan su valía, concluye Bretos.
Investigaciones recientes señalan que la edificación de las norias en la península de Yucatán, estaría mostrando un mestizaje de soluciones arquitectónicas árabes y mayas para satisfacer las necesidades del aprovisionamiento del agua.
Maní, un foco de irradiación cultural
La presencia de los franciscanos en Yucatán, es de una importancia indudable por la labor desarrollada más allá de sus actividades religiosas, del mismo modo que lo hicieron en toda la Nueva España. El convento de Maní, al igual que los demás monasterios de las otras órdenes mendicantes que se establecieron en todo el territorio que hoy forma nuestro país, constituyó un foco de irradiación cultural, por la enseñanza de nuevos oficios –carpintería, herrería, entre otros–, arte –música, canto, pintura, igualmente entre otros–, lectura y escritura con caracteres latinos, aprendizaje de español y latín, y diversas actividades más.

Plano del ex – convento de Maní, tomado de: Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Yucatán, Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Dirección de Bienes Nacionales, México, 1945.
La fama de la escuela, junto con el reconocimiento del buen hospital que había en Maní, y del servicio hospitalario que ahí se otorgaba, enriquecían la labor que el convento llevaba al cabo, mientras al mismo tiempo, los misioneros aprendían la cultura, el idioma, y la vida cotidiana de los mayas.
El valor artístico de este conjunto conventual, aunado a la riqueza histórica y cultural que tiene, junto con el simbolismo que guarda, convierten el ex–convento de Maní en uno de los más valiosos y hermosos de Yucatán.

Plano hipotético del conjunto conventual de Maní, en el siglo XVI, cuando la iglesia era de menores dimensiones que en la actualidad, y habría tenido al frente un pórtico de cinco arcos. Elaborado por Indalecio Cardeña Vázquez a partir del plano incluido en el Catálogo de Construcciones Religiosas del Estado de Yucatán- 1945
La memoria indígena
Las crónicas mayas coloniales constituyen un inapreciable depósito de esta cultura, con información relativa tanto a la época precolombina, como al período del dominio español. Escritas con caracteres latinos, luego que los indígenas que acudían a las escuelas conventuales aprendieron a leer y escribir en español, maya y latín, estos manuscritos abordan diversos temas: médicos, literarios, históricos, y en ocasiones contienen transcripciones de algunas partes de códices prehispánicos.
Al ser característico de la civilización maya el pensamiento holístico, esto es, una mentalidad donde todos los aspectos de la realidad están relacionados entre sí, los documentos hacen referencia igualmente a la religión precortesiana.
Estos textos, escritos en lengua maya a partir de la segunda mitad del siglo XVI, pueden ser temáticos, o misceláneos. En esta segunda categoría destacan los manuscritos denominados Chilam Balam, hallados en diversas comunidades de Yucatán, como Kaua, Ixil, Tizimín, Chumayel. Oxkutzcab, y Maní, entre otras. Estos documentos contienen datos religiosos, calendáricos, astrológicos, proféticos, religiosos, astronómicos, médicos, y literarios, por mencionar algunos, en donde se combinan el conocimiento maya con el recién conocido saber europeo.
Y en este campo de las crónicas mayas, destaca el Chilam Balam de Maní o Códice Pérez, el cual es una compilación de varios cuadernos escritos en lengua maya, realizada por Juan Pío Pérez a mediados del siglo XIX. Fue traducida al español por Ermilo Solís Alcalá en 1926, y se publicó en 1949. La obra está dividida en 3 partes, y contiene información diversa. 1ª.- conocimiento médico tradicional relacionado con conocimientos astronómicos y conceptos astrológicos, y el cuento de una princesa. 2ª.- Profecías. 3ª.- Información varia.
Maní, mencionado en diversas e importantes fuentes históricas, y cuyo significado sería: pasar caminando hacia alguna parte, según las crónicas coloniales, llamado también en la antigüedad: Tutul Xiu, por la familia gobernante ahí establecida, es un lugar que hoy extiende su historia a través de los corredores del tiempo, una historia, una memoria, que vive, late, en sus árboles, en las piedras que lo edifican, en el cielo que lo envuelve.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
