Médicos de ayer
Doctor José Palomeque y Solís
Publicado
hace 5 añosen
Precursor del estudio de la Histología en Yucatán, el doctor José Palomeque y Solís, nacido en Mérida el 1 de abril de 1847, se distinguió por su entrega a los estudios de la salud, desde que cursaba la carrera en la Escuela de Medicina de la localidad. Concluida su formación, se graduó de médico en 1868 y pasó a residir a París, ciudad donde se dedicó al estudio de la Histología, bajo la tutoría del doctor Charles Philippe Robin, un distinguidísimo científico francés que en el año de 1838 ingresó a la Facultad de Medicina de París, donde se interesó por la anatomía y la investigación biomédica más que por la medicina clínica. Obtuvo su doctorado en medicina el 31 de agosto de 1846 con una tesis sobre la Anatomía de la región nasal. En 1847 recibió la agregación en Historia natural, con su tesis titulada Les Fermentations, y ese mismo año obtiene el doctorado en ciencias naturales.
Las enseñanzas recibidas por el doctor José Palomeque del eminente doctor Robin, fueron decisivas en su formación académica, aunque tuvo que interrumpirlas a causa del estallido de la guerra franco-prusiana, (1870-1871) pues su maestro pasó a dirigir los servicios médicos de las fuerzas armadas, y el doctor Palomeque Solís decidió regresar a Yucatán. En seguida se dedicó a la práctica clínica en Mérida, y muy pronto alcanzó reconocimiento por sus diestros servicios profesionales y por el trato humano que dispensaba a sus pacientes.
La Escuela de Medicina de Yucatán, siempre abierta a los avances de las ciencias que traían los médicos que perfeccionaban su formación en Paris, Nueva York o en La Habana, hizo una atenta invitación al doctor José Palomeque para que impartiera la cátedra de Anatomía en el año de 1870, a los pocos meses de haberse reasentando en su tierra. Un año más tarde, dictó con inusitado éxito su cátedra de Histología, misma a la que, según registros de la época, asistieron como oyentes varios médicos graduados que estaban al tanto del magisterio que recibió en París del doctor Robin el galeno yucateco.
Dueño del bien ganado prestigio que tuvo, el doctor José Palomeque y Solís impartió varias cátedras hasta que el Consejo de Profesores de la Escuela de Medicina lo eligió su Director para el bienio 1888 y 1889, resultando reelecto un período más.
Para entonces el doctor Palomeque había casado ya con doña Adelaida Pérez de Hermida y Peón, con quien tuvo varios hijos. Debe señalarse que el hermano mayor de este médico, el poeta Manuel Palomeque y Solís, fue autor del llamado Himno Yucateco, cantado por primera vez el 4 de junio de 1867, por el triunfo de las armas republicanas contra el Segundo Imperio Mexicano y el emperador Maximiliano.
Cercano al liberalismo y dueño de un merecido prestigio, el doctor Palomeque fue invitado por el gobernador Carlos Machado Peón para ocupar el cargo de Secretario General de Gobierno de 1894 a 1897. Durante las ausencias del gobernador Peón Machado, en 1896, por designación del Congreso de Yucatán fue suplantado por José Palomeque Solís.
Retirado del ejercicio de su profesión, por motivos de su quebrantada salud, abandona Yucatán en 1915 y se estableció en La Habana, donde incluso su hija Margarita se casó con el cubano Eduardo Muñoz. Poco después viajó a Nueva York, y derivado de una complicación quirúrgica, el doctor Palomeque falleció en 31 de octubre de 1918. El 12 de diciembre sus familiares trajeron sus restos áridos a Mérida donde se le recuerda como un ilustre médico y maestro de muchas generaciones.
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El doctor Efraín Gutiérrez Rivas ocupó la rectoría de la Universidad en el mes de mayo de 1930, después de una brillante trayectoria en el campo de la medicina y en el ámbito universitario, que incluyó su nombramiento como director de la Facultad de Medicina y Cirugía, a propuesta del rector, licenciado Max Peniche Vallado, quien tomó posesión de su cargo el 7 de febrero del propio 1930. Sin embargo, cuatro meses después, Peniche Vallado renunció a la rectoría pasando a ocupar la secretaria general de gobierno con el gobernador Bartolomé García Correa. En estas circunstancias el doctor Gutiérrez Rivas fue propuesto y electo rector por el consejo universitario, dirigiendo los destinos del Alma Mater hasta el mes de febrero de 1936.
Nacido en Mérida el 25 de septiembre de 1883, Efraín Gutiérrez Rivas fue hijo de Luis Gutiérrez González y Josefa Rivas Montilla, integrantes de una familia con posibilidades económicas que lo condujo a realizar sus primeros estudios en el Colegio Católico de Monseñor Norberto Domínguez, y años más tarde el bachillerato en el Colegio Católico de San Ildefonso, encabezado por el Pbro. Crescencio Carrillo y Ancona y su antiguo mentor el Padre Norberto Domínguez.
A principios del siglo XX se matriculó en la Escuela de Medicina, Cirugía y Farmacia, dirigida por el doctor Augusto Molina Solís, un destacado médico que se caracterizó por su avanzada visión de la ciencia, y a quien se atribuyen muchos avances de la medicina y los servicios hospitalarios de aquellos años.
El doctor Alejandro Cervera Andrade señalaba que en 1906 arribó a Mérida el médico danés Harald Seidelin, acontecimiento que marcó un período brillante de la Escuela de Medicina, que contaba con maestros excelentes como los doctores Saturnino Guzmán Cervera, Maximiliano Canto Méndez y Gustavo Vega y Loyo. Además, en 1907 el doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez fundó la cátedra de Clínica de Enfermedades Mentales, con los conocimientos modernos que trajo de Nueva York. Consta que el estudiante Efraín Gutiérrez Rivas destacó como uno de los mejores alumnos de Medicina lo cual le valió para ser nombrado prosector de Anatomía, y con la suerte del estudiante decidido, pasó a ser discípulo del sabio doctor Seidelin en los campos de la Anatomía Patológica, Bacteriología y Química Clínica. A su vez, fue uno de los estudiantes más aventajados del doctor Saturnino Guzmán Cervera que impartía la clase de Cínica Quirúrgica. Sustento sus exámenes profesionales el 14 de noviembre de 1910, y aprovechando las enseñanzas del doctor Harald Seidelin presentó una tesis sobre la Reacción de Wassermann, destinada a detectar la espiroqueta pálida en la sangre, análisis que resultó novedoso incluso en la capital mexicana, según asentó el abogado Conrado Menéndez Díaz.
Apenas un año después, dando muestras de su potencial como médico e investigador, el doctor Gutiérrez Rivas publicó en La Revista Médica de Yucatán un interesante artículo intitulado: “Un caso de oclusión intestinal causada por un divertículo de Meckel y algunas observaciones acerca de esta anomalía anatómica”. Como cirujano llegó a tener un lugar distinguido en Mérida, al tiempo que figuró como Jefe de Servicios de Cirugía de Hombres en el Hospital O´Horan y catedrático de Escuela de Medicina, donde era muy respetado por el alumnado y sus colegas. Su llegada a la dirección de esa Escuela con 47 años de edad, fue motivo de agrado de muchos médicos cuya satisfacción creció cuatro meses después cuando fue electo rector de la máxima casa de estudios.
Durante los años en que el doctor Efraín Gutiérrez Rivas fue rector, la Universidad sufrió recortes financieros agudizados por los problemas que atravesaba el estado a causa de la depresión económica norteamericana, donde se situaba el mercado del henequén. No obstante, su gestión tuvo el enorme mérito de estimular la participación creciente de profesores jóvenes que con ideas nuevas se fueron incorporando como docentes en la Escuela Preparatoria y en varias Facultades. En 1935, por ejemplo, se integraron a la Universidad como profesores figuras de la talla de Joaquín Ancona Albertos, Jesús Amaro Gamboa, Antonio Betancourt Pérez, Conrado Menéndez Díaz, Humberto Peniche Vallado y Gustavo Arcudia Medina, entre los que vienen al recuerdo.
Otra acción de relevancia concluida durante la administración del rector Gutiérrez Rivas-de acuerdo a la narración del doctor Alejandro Andrade Cervera-fue que lo primero que hizo durante los meses que ocupó la dirección de la Escuela de Medicina fue recuperar para la misma el edificio contiguo al parque Centenario, sobre la calle 59, al que se le hicieron mejoras entre las que contó la adecuación de un espacio que se transformó en aula magna de ese centro universitario. Asimismo, en 1933 como rector y médico prestigiado fue integrante del comité organizador del Primer Congreso Médico Peninsular con el que se conmemoró el centenario de la fundación de Escuela de Medicina.
En el año de 1951 siguiendo la estela que dejó es su formación profesional el doctor Harald Seidelin, el doctor Efraín Gutiérrez Rivas escribió un libro de 290 páginas reseñando las actividades científicas que desarrollo el sabio danés en Yucatán, habiendo costeado íntegramente-sin apoyo universitario-la edición de esta obra, que en la actualidad es una rareza bibliográfica, editada en los talleres tipográficos Días Massa.
Retirado por completo de sus actividades profesionales, antes de que la edad redujera su enorme lucidez intelectual, quien fuera rector de la Universidad ocho años después de haber sido fundada por Felipe Carrillo Puerto, falleció rodeado de sus seres queridos el 1 de marzo de 1964 en la ciudad que lo vio nacer.
El doctor José María Tappan, fue un prestigiado médico norteamericano que se consagró al servicio en Yucatán desde 1845, año de su graduación en la Universidad de Harvard, en víspera de su arribo a Mérida, donde desempeñó de manera brillante su profesión. Si bien muchos sabían que el doctor Tappan había nacido en Filadelfia el 26 de enero de 1823, se tenía presente que se le acogió como a un yucateco por su dilatada vida en la península distinguida por la amabilidad con que cultivó la medicina durante más de 60 años.
Desde su establecimiento en Mérida, el médico norteamericano se incorporó a la planta docente de la Universidad Literaria pasando sucesivamente como profesor de diversas cátedras en la Escuela de Medicina y Cirugía del Estado, especialmente en el área de obstetricia en la que fue una verdadera autoridad. Incluso se ha dicho que fue director de esa institución renovando el funcionamiento docente. Además, consta que durante la epidemia de cólera de 1853 tomó parte activa en la lucha tenaz que se emprendió contra esa enfermedad, trasladándose a varios poblados mayas de Oriente.
El doctor Eduardo Urzaiz Rodríguez, que gozaba de la amistad del galeno estadunidense, ha señalado que Tappan fue el primero en recomendar para la lactancia artificial la leche condensada, cuyo uso se popularizó en Yucatán.
Una anécdota recogida por el propio doctor Urzaiz señala que durante su larga carrera profesional, “el doctor Tappan fue el más encarnizado enemigo de la homeopatía. Y cuando lo llamaban a ver un enfermo y le decían que lo habían estado tratando por el sistema de Hanneman, pedía el pomo de los globulitos y, aunque fueran de Arsenicum Album, de Lachesís o de Vípera torva, se los echaba en la palma de la mano y se los tragaba diciendo: -Azúcar, señora, azúcar”.
Su oposición a la homeopatía era drástica, tanto que existen registros de un duelo de espadas entre el doctor Tappan y don Salvador Riera, médico español radicado en Yucatá a quien se atribuye la introducción de la homeopatía al estado. Se cuenta que el duelo se verificó detrás de los muros de la quinta O’Horán, y en él Tappan salió herido. Por su parte, Riera tuvo que ausentarse del Estado, quizás por la querencia que sentía la comunidad por el obstetra estadounidense. Se ha llegado a comentar que además de la rivalidad profesional con Riera, hubo un lío de faldas de por medio.
Pero el alma solidaria del doctor José María Tappan era inmensa, pues cuando los emigrados cubanos proscritos en Yucatán, luchaban por la independencia de su país, el médico se incorporó al “Club Compañeros del Dr. Zayas,” perteneciente al Partido Revolucionario Cubano, fundado por José Martí en 1892, desde donde prestó importantes servicios a favor de la emancipación de la Mayor de la Antillas. A la edad de 82 años, el 5 de octubre de 1905, el gran médico de Filadelfia falleció en Mérida dejando un vacío en el campo de la medicina y en el plano humano de la solidaridad.
