Arte y ciencia
Mérida, movilidad y clasismo
Publicado
hace 5 añosen
Por
César Benítez
Uno de los asuntos que más ha inquietado a la ciudadanía durante los últimos meses ha sido el tema de la movilidad, ya que desde el año pasado se han presentado diferentes situaciones que han despertado la molestia y el escarnio de la población hacia las autoridades.
Dentro de todo esto podemos identificar al menos dos grupos de personas: aquellos que se muestran indignados y molestos con el cambio de paraderos, la “reorganización” del centro histórico, así como con la ciclovía, convertidos-con enojo evidente-en maldicientes de todo lo anterior. Por otro lado, están aquellos que “aplauden” y reconocen la labor y el esfuerzo de las autoridades por propiciar un cambio “positivo” dentro de nuestro anquilosado sistema de transporte y movilidad, agradeciendo por mejorar la imagen del centro histórico y sacar de ahí a toda la gente que “generaba” caos y “afeaba” esos espacios.
La cuestión de la movilidad dio paso a una serie de enfrentamientos entre ciudadanos a través de las redes sociales, principalmente, y gracias a ello es posible identificar varios señalamientos cargados de prejuicio y clasismo que se daban entre una y otra de las partes. Se hablaba de que la gente que se quejaba por el cambio de los paraderos de autobuses, deberían levantarse más temprano para llegar a tomar su ruta o que debían usar alguna plataforma como “Uber”, “InDrive”, etc., para llegar a sus trabajos. Los más radicales sugerían de plano que adquirieran un vehículo automotor para facilitar sus traslados, como si esto estuviera a disposición de cualquier persona sólo por el hecho de desearlo.
En esa disputa resultaba evidente la falta de empatía o de acercamiento a la realidad expresadas por algunas personas, pues algunos no piensan que existen personas con recursos económicos limitados, para quienes tomar un taxi representa un sacrifico, dada la precariedad de su sueldo.
Otro fenómeno que causó comentarios álgidos ha sido la ciclovía, y quizás sea este proyecto el que más ha polarizado a nuestra sociedad. Argumentos para defenderlo o atacarlo no han faltado, sin embargo, sirve de igual manera para darnos cuenta cuánto nos falta para alcanzar un nivel que permita identificarnos con grandes urbes del “primer mundo,” aunque el discurso oficialista se diga que ya nos encontramos en ello. Con la ciclovía se dio nuevamente el enfrentamiento entre gente que criminalizaba la presencia de la misma, e incluso hubo quienes evocaban el romanticismo para acusar la “destrucción” del “majestuoso” Paseo de Montejo. No faltaron los automovilistas radicales que sintieron amenazada su zona de confort vial y quienes mencionaban que “ciclovía ¿para qué?” Argumentaban que no hay tantos ciclistas y que sólo los pobres la usan.
Tristemente en nuestra ciudad, y seguramente en otras del país, se considera que manejar bicicleta es sinónimo de pobreza, de precariedad, como si esta condición fuera algo negativo o de lo tengamos que sentir avergonzados. Por el contrario, en nuestra opinión la bicicleta es un vehículo amigable con el medio ambiente, un medio de transporte que nos permite hacer ejercicio y por lo tanto es bueno para nuestra salud. Su mantenimiento es significativamente más económico que el de un vehículo motorizado y otros tantos beneficios por los cuales es necesario oficializar el uso de la bicicleta en nuestra ciudad.
Ahora bien, hay que señalar que todo lo que corresponde al proyecto de Movilidad Integral también tiene una gran cantidad de clasismo desde la génesis del mismo, ya que tanto el reordenamiento de los autobuses, como la disposición de la ciclovía, responden a intereses de personas que no necesariamente viven la realidad cotidiana de las personas que utilizan uno u otro medio. Existe una clara tendencia a emular proyectos de ciudad europeas o norteamericanas, que no atienden ni entienden las verdaderas necesidades de la ciudanía local y sólo reproducen proyectos que “funcionaron en ciudades de primer mundo” pero que, curiosamente, no comparten características históricas, sociodemográficas, ni económicas con Mérida. Los artífices del proyecto de movilidad no se cansan de referir los beneficios que se han obtenido en Ámsterdam, en Boston, en Berlín, y no se cansan de seguir apostando por un determinismo tecnológico, en el cual se pretende que la implementación de una infraestructura o una tecnología, traerán cambios sociales per se, sin trabajar en la educación y sensibilización hacia la ciudadanía.
Es claro que hasta entre los ciclistas existen marcadas diferencias y privilegios y, como en muchos otras escenarios, son aquellos con más y mejores privilegios los que alzan la voz en representación de todos los demás y eso no está mal, el detalle está en que anteponen sus necesidades y las generalizan como si fueran las de todas, cuando existen múltiples matices sobre un mismo problema y que no debería ser abordado de la misma manera para solucionarlo. Por lo anterior no se deberían considerar que las necesidades de un ciclista con capacidad adquisitiva limitada sean las mismas que las de otro con mayor posibilidad de adquirir una bicicleta con un costo a veces mayor de $5000 pesos y que puede invertir en equipo como cascos, ropa adecuada, bloqueador solar, mantenimiento etc.
Es triste pero es real que nuestro programa de movilidad padece de clasismo, y no solamente el que nace de las personas que ignoran la cultura vial y se sienten amenazadas, sino peor aún, por un clasismo que emana de las propias autoridades encargadas de llevar a cabo proyecto de beneficio social.
El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.
Carlos Bojórquez Urzaiz
Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.
En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.
Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.
La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.
Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.
La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.
Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.
Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.
Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.
No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.
Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.
La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.
Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.
Fidel Castro
La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.
Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.
Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.
De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.
Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.
Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad. Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.
