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Arte y ciencia

Narrar en la era de los consumos fragmentados

María de Lourdes Pérez

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Mucho se habla sobre las habilidades de lectura y escritura en pleno auge de la era digital: que vamos mal, que las múltiples pantallas que no rodean, los teclados, los gestos con nuestros dedos índice y los flujos inmediatos con los que circula la información, nos están atrofiando como humanidad. En particular, se señala en las aulas universitarias, las enormes carencias y desventajas de las generaciones nacidas durante la década de los 90 no saben leer de forma crítica, que se les dificulta la comprensión lectora, no pueden leer mas de 30 páginas de corrido y ni se diga de la redacción: sin estructura argumentativa, sin coherencia y sin la capacidad de sobrepasar las dos cuartillas o las 800 palabras.

No se puede caer en la ingenua idea de culpar de estos males a la tecnología con la que les ha tocado crecer. Ya lo insinuaba Marshall McLuhan y los pensadores de la ecología de la comunicación: hay que incluir en esta discusión, el posicionamiento de la tecnología, hay ubicarla dentro de un ecosistema. Toda nueva especie tecnológica afecta a las anteriores, obligándolas a adaptarse a través de estrategias de hibridación y divergencia.

En este ejercicio, al pensar en las tecnologías de la narración, basta con ubicar las paredes de las cavernas, las piedras y monolitos tallados o los primeros registros en papel. Estas tecnologías lograron su obsolescencia y se actualizaron en respuesta a los nuevos soportes. En particular, la aparición del libro, primero manuscrito y lego impreso, establecieron toda una tradición para la escritura, la lectura y la producción de sentido. La narración se caracterizó por su linealidad, su secuencialidad y por la autoridad indiscutible del autor o narrador.

Aún cuando las tecnologías narrativas, visuales, audiovisuales y multimedia permitieron la aparición de nuevos sistemas de significación al momento de contar historias, no fueron lo suficiente disruptivas como la tecnología informática desarrollada por el programador Ted Nelson: El Hipertexto.

El Hipertexto lo revolucionó todo, narrativamente hablando, porque rompió con la linealidad y secuencialidad tradicional, al encadenar sin jerarquía, bloques de información escrita, visual, auditiva o audiovisual. También acabó con la autoridad del autor, el lector se convierte en  cocreador de la narración, con sus decisiones en los saltos entre bloques de contenido. La Web aprovechó esta tecnología informática para estimular tecnologías narrativas con distintos niveles e implicaciones de interactividad. Por último, la conexión móvil de los Smartphones, propiciaron el ambiente ideal para nuevos soportes como las llamadas Apps o aplicaciones, los nuevos soportes enteramente digitales.

Entonces, ¿qué es lo que sucede con las formas de narrar, con las formas de leer y escribir? ¿De verdad se están atrofiando por la aparición de estas nuevas tecnologías? Desde esta perspectiva, nuestro ecosistema tecnológico esta conformado por tecnología tan diversa, tan obsoleta como nueva. Todos estos soportes conviven equilibradamente, unos se han adaptado en función de los nuevos. Este ecosistema se caracteriza por la convivencia de dos paradigmas, el primero es lineal, centrado, secuencial y jerarquizado, el segundo se caracteriza por ser enteramente lo contrario, disperso, rizomatico, no-lineal, descentrado.

La variedad de soportes narrativos, de lenguajes, de sistemas de significación, la convivencia de estos esquemas, nos obligan dividir nuestra atención en esta enorme constelación en la que damos saltos entre lo que es lineal y lo que no lo es. No nos estamos atrofiando, hay que pensar que, para narrar en el siglo XXI, hay que hacerlo desde la dispersión, desde lo fragmentado, desde secuencias lineales y no lineales. Hay que aceptar que vamos dando saltos entre una tradición y otra, entre un soporte y otro porque nuestro ecosistema tecnológico es diverso, complejo y con un enorme archivo tecnológico que se está actualizado constantemente. ¿Vamos a quedarnos atrás?

Cartas a Paloma

Un lugar limpio y bien iluminado

Luis Edoardo Torres

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Querida Paloma:

Mi amor a los libros siempre me remite a ti; a los primeros días de nuestra amistad y la firmeza de tus enseñanzas. Recuerdo que una de las primeras cosas que me dijiste fue: “Si quieres escribir tienes que leer”. Así fue como empezamos un intercambio de primeros textos, los míos, y obras esenciales, las de tu biblioteca. Así fue como atravesé la «noche oscura» de San Juan montado en «el barco ebrio» de Rimbaud (y de alguna manera llegué hasta aquí).

No sé cuántos años y lecturas han pasado desde entonces. Podríamos hacer la cuenta, pero para qué perder el tiempo si puedo contarte historias. Por ejemplo, que ahora estoy obsesionado con las librerías de usado. Me he enamorado del caos y las sorpresas que ofrecen las pilas de libros o estantes improvisados en estos sitios y a donde quiera que vaya las visito.

Neapoli, el barrio donde vivo, es hogar de editoriales con gran tradición y de algunas de las librerías más antiguas en Atenas; pero mi atención la tiene una modesta tienda de libros usados en la calle Asklipiú. Ubicado entre un centro de Cienciología y un bar de smoothies, el bazar hace resistencia a las sectas y los extranjerismos heredados por el capitalismo. Además, como abre hasta entrada la noche, es común ver trabajadores cansados que, en su camino a casa, se detienen a buscar nuevas lecturas por un par de euros. Quizá en una de esas jornadas, algún oficinista gris descubra a Kafka y evite su propia «metamorfosis» o encuentre el camino a algún pueblo como Macondo o Cómala.

Es por esa idea de que los libros pueden cambiar nuestras vidas que me uní como voluntario en una librería comunitaria en Kypseli, uno de los barrios más diversos en la ciudad. En uno de esos tantos edificios comerciales abandonados se resguarda una colección de libros que espera ser organizada, leída y apropiada por los miembros de la comunidad. Por ahora luce un poco como esos bazares de usado donde el orden es cuestionable, pero creo que ahí es donde radica su encanto.

El área infantil ya hace su magia y se ilumina con las risas de los niños y el estruendo de sus juegos. Las gastadas alfombras y sofás rescatados del olvido crean ya acogedores rincones donde los visitantes leen callados, serenos y aislados del mundo. Cada uno tiene ya su sitio y sus lecturas. Alí, por ejemplo, se sienta siempre en el sillón rojo bajo la ventana que da al jardín. En ese viejo mueble estilo Luis XV ha leído todas las traducciones disponibles al farsi de Nikos Kazantzakis. Siempre bajo el amparo de la luz y el silencio. Pensé que jamás me atrevería a molestarlo, pero el otro día, mientras trataba de organizar las novelas policiacas, decidí hablarle. La plática nos llevó a uno de los sitios comunes: nuestras nacionalidades. Cuando le dije que era mexicano su cara se iluminó de alegría y me dijo:

“No lo puedo creer. Mi escritor favorito es mexicano. Se llama…”

No entendí de todo el nombre, pero lo más cercano era Hemingway. De cualquier manera no había conexión con México, pero en mi cabeza deduje que como Hemingway escribió sobre España, Alí lo había asociado con México por alguna extraña razón. En fin, su entusiasmo me impidió hacer cualquier aclaración y mejor intenté confirmar el nombre del autor del que hablaba con tanto entusiasmo. “Cuál es tu libro favorito de él?”, le pregunté intentando obtener más información. “Me gustan todos sus libros, pero hay una historia en particular. Espera, debo traducir el nombre porque sólo lo sé en farsi”, tras usar el traductor de su móvil me lo dijo en inglés, “Un lugar brillante y limpio”. No reconocí el título, pero le prometí que iba a buscar la historia para leerla.  Cuando llegué a casa hice una búsqueda. Resultó que el título en realidad era, Un lugar limpio y bien iluminado, y era un cuento de Hemingway. Una texto breve (quizá triste) y poderoso.  Una historia que habla de lo que se vuelve esencial cuando no se tiene: «luz y una cierta limpieza y orden».

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Arte y ciencia

Estudiante de la UNAM diseña impresora 3D para regenerar huesos

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La impresora trabaja con ácido poliático, un polímero económico, obtenido de plantas de cebada, trigo y maíz, incluso de la leche.

Aarón Misael Ortiz de la O, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), aplicó su ingenio para diseñar una impresora 3D, la cual reproduce estructuras porosas muy pequeñas con alta resolución, similares a los huesos, con materiales biodegradables.

Mediante un Boletín de la Dirección de Comunicación Social, la UNAM informó que con este prototipo denominado Biomaker, el alumno de Posgrado en Diseño Industrial obtuvo un pase para representar a la UNAM en el Global Grad Show 2019, en la Dubai Design Week, encuentro donde estudiantes, académicos, empresarios e inversionistas del mundo exhiben, dan a conocer, analizan y evalúan sus proyectos de diseño.

Destaca que una de sus ventajas es el bajo costo en comparación con aparatos similares que se ofrecen en el mercado, además de contar con una campana de esterilización de materiales dentro de ella. No obstante, uno de los objetivos es disminuir aún más los costos para que pueda ser adquirida por laboratorios de ingeniería de tejidos y tener mayores avances científicos.

Respecto al proceso, Ortiz de la O explicó que en el Laboratorio de Manufactura Digital realizan archivos digitales para obtener una tomografía de los huesos, que convierten en un modelo 3D. Posteriormente imprimen un andamio (estructuras biológicas diseñadas para ser implantadas y reemplazar o restaurar tejidos), con cierta geometría y porosidad, dependiendo de la zona del hueso que se quiera recuperar. “El archivo digital se envía a la impresora, que construye capa por capa cada poro de la pieza”.

Una vez terminado el andamio, se manda a ingeniería de tejidos, donde aplican cultivo celular para que se reproduzcan células. Los primeros resultados se pueden observar en tres o siete días, pero para obtener el tejido como tal, deben pasar tres meses, aproximadamente, precisó.

Uno de los grandes beneficios del Biomaker es que trabaja con ácido poliático, un polímero económico, obtenido de plantas de cebada, trigo y maíz, incluso de la leche. “Tiene grandes posibilidades en el organismo y puede usarse no sólo para andamios de regeneración celular, sino en guías quirúrgicas, sin riesgo para los pacientes”, destacó el joven.

Finalmente, Ortiz de la O aclaró: “Mi plan es mejorar la impresora, porque todavía es un prototipo y debemos continuar hasta que esté lista”.

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Arte y ciencia

Música nueva de Hombre Radio

Gigio Ortiz

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Del el vecino estado ve de Campeche llega a Mérida Sincronía, el nuevo sencillo de Hombre Radio. Una experiencia sonora imperdible.

Hace unos meses, tuve le oportunidad de compartir escenario con una banda que desde que me puse a investigar para conocer un poco de su música, me dejaron con la mandíbula caída y el oído atento.

Hombre Radio me tomó por sorpresa al escucharlos en vivo. Con la energía que proyectan en el escenario y su excelente ejecución en escena, definitivamente me cautivaron y en ese momento me convertí en seguidor de la banda. Además, Hombre Radio tiene un increíble sonido de estudio y en vivo son impecables.

Definitivamente, quería conocer más de ellos y estar al pendiente de sus nuevos lanzamientos, y de esa manera, hoy podemos deleitarnos el oído con su más nuevo sencillo Sincronía estrenado este pasado 17 de enero y que suena increíble.

De esta manera Hombre Radio arranca el 2020 con su singularísima  Sincronía, una canción en la que buscan una estética más relajada y melancólica, rasgos que se hacen notar desde los primeros acordes del sintetizador acompañados de la batería en un ritmo constante que proyectan una espacialidad enorme, como una gran bodega vacía pero cálida a la vez; que nos puede resultar tan atemorizante como familiar.

Sincronía habla acerca de los vínculos que formamos al entrar en contacto con nuevas personas, de cómo el intercambio de energía entre dos seres de manera bilateral, hace que vibremos a frecuencias similares e inevitablemente estemos en “sincronía” por el resto de nuestras vidas. Es una reflexión bastante profunda pero cierta en todos los sentidos, porque cada vez que nos topamos con nuevas personas en nuestro camino, formamos historias y recuerdos de los momentos que compartimos que de alguna manera dejarán una huella en nosotros y cada vez que nos topemos de nuevo, esos recuerdos compartidos nos harán estar en una sincronía infinita.

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Sincronía fue incluida en varias listas de reproducción de Spotify bastante importantes y de circulación nacional, como por ejemplo #DistritoIndie y #NovedadesIndie. El sencillo se grabó en CR Studios en la ciudad de Campeche, mezclada por Coco Romero y masterizada por Ed Garnet en la CDMX.

Escucha “Sincronía” de Hombre Radio aquí:  https://spoti.fi/2GeecB5 

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