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Pedacitos de historia

Educación marista en Espita

José M. Tec Tun

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Conocer el origen y evolución histórica de nuestros pueblos es tarea necesaria para cualquier ser humano que viva en tal espacio territorial. El propósito de esta artículo es brindar a los jóvenes espiteños una luz en el camino del conocimiento, específicamente en los primeros años de la educación, que en este caso particular, fue forjando una comunidad que con el paso del tiempo ha destacado en el ámbito local, nacional e internacional, a través de sus profesionistas y la calidad humana que los distingue. No es presunción, pero cuando un espiteño llega a una escuela, universidad, institución pública o centro de trabajo, inmediatamente lo relacionan con su potencialidad intelectual y cultural, eso le permite ser siempre bienvenido en todo lugar. Siempre me han preguntado ¿A qué se debe que los espiteños tengan esa característica tan especial? Durante mucho tiempo viví con esa incógnita, hasta que le dediqué tiempo a la lectura de la Historia del pueblo y pude llegar a la conclusión, muy particular: que la Educación había jugado un papel importante.

Resulta que hace muchos años, cuando apenas iniciaba la apertura de escuelas para los habitantes de los pueblos, en época de las haciendas, Espita fue uno de los beneficiados con una educación de calidad, a tal grado que llegó a contar con un colegio católico, situación que sólo era concebible para la ciudad capital, Mérida. Es así como inicia la historia educativa que a continuación les relataré.

En el año de 1899, llegaron a México los primeros Hermanos Maristas, procedentes de Francia. Fue el 20 octubre de ese mismo año cuando iniciaron su labor en Yucatán. En esta primera etapa llegaron los hermanos Armancio, Paxentius, Magno, Tomassi y Ligorio, fundando las escuelas de artes y oficios en Mérida, Motul, Valladolid, Maxcanú, Espita y Ticul.

Coincide con esta primera etapa, la fundación del Colegio Católico “La Sagrada Familia” de Espita, en 1901, auspiciada por una familia de ricos hacendados conformada por don Cecilio Erosa y doña Guillermina Echeverría, que donaron el edificio al clero de Yucatán. Al principio lo atendieron los sacerdotes del Estado y posteriormente en el año de 1905 llegan a Espita, para hacerse cargo de la escuela, los hermanos Maristas: Ricardo como Director que aprendió el idioma maya para catequizar a los habitantes de las haciendas en compañía del hermano Miguel, al que apodaron Chac Pol. Meses más tarde, lo sustituyó el hermano Bertulle cuyo nombre era Damian Bellón.

El Colegio Católico de Espita, dejó de funcionar en el año de 1912, siendo expropiado su local en 1915 por el Gobierno de Salvador Alvarado. Con el paso de los años, (1935) en los terrenos se fundó la Esc. Primaria Cecilio Chí, ubicada en la calle 22 #223 con cruzamiento de la calle 33A, siendo uno de los directores más recordados el Profr. Lambertini Baz Aguilar

Llama la atención que aún persiste en el pensamiento de la gente adulta del pueblo el recuerdo del Colegio Católico, pues hasta ahora cuando se refieren a alguna dirección del rumbo no toman como referencia a Escuela Cecilio Chí, es más fácil decir allá por el Colegio Católico.

Como es sabido, Espita tiene fama de ser una Villa que siempre ha destacado en la ciencia, el arte, la educación y la cultura, llegando a ostentar el mote de la Atenas de Oriente. Espero no pecar de inocente, pues cuando me han preguntado por qué Espita tiene esa característica tan especial que la distingue, he respondido, sin pensarlo dos veces: porque aún conservamos un poco del pensamiento filosófico de la educación Marista “Ser para Servir”.

Finalmente, considero oportuno señalar que el 13 de enero de 1930 se inició la llamada Segunda etapa Marista en nuestro Estado, ya que a solicitud del Excmo. Sr. Arzobispo de Yucatán, Dr. Don Martín Trischler y Córdoba, los Hermanos Maristas retornaron a Yucatán. En esa ocasión, llegaron los Hnos. Luis G. Quiroga como director y a José Sámano, Alejandro García y León Méndez como maestros, quienes fundaron, en Mérida, el Colegio Montejo, mejor conocido como el CUM, en la actualidad.

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