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Arte y ciencia

Poesía y paternidad

Manuel Iris

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Antes de ser padres, mi esposa y yo vivimos varios años en un departamento de dos habitaciones. Una de ellas era mi estudio. Tal fue la primera vez que yo tuve un espacio físico dedicado enteramente a mi escritura, a mi silencio lector: mi casa en la casa. El significado de esas cuatro paredes y sus libreros iba mucho más allá de un sitio ideal para trabajar: era una expresión de mi identidad, una extensión visible de mis obsesiones.

Llegado el momento, dicho estudio fue colonizado por la presencia, todavía futura, de mi hija. En medio de los libreros ahora estaban una cuna, una mecedora y otros muebles y artefactos nómadas. Sus libros tomaban, igualmente, espacio entre los míos. El santuario dejaba de pertenecerme.

Recuerdo haber sentido miedo: ¿sería posible escribir poemas mientras uno dedica la vida a otro ser humano? La felicidad de esos meses frecuentemente se mezclaba con la ansiedad causada por esa incesante pregunta.

El problema, en realidad, era logístico: ¿cómo hacer tiempo para escribir, leer, y hacer otras cosas relacionadas con mi vida de escritor, durante los primeros años de paternidad?  ¿En qué momento y con qué energía sostener la pluma o ponerme frente al teclado?

Bastaba, por supuesto, mirar a mis amigas, poetas que son madres, para darme cuenta de que mi preocupación no debía serlo: ellas son capaces, aunque con esfuerzos tremendos, de escribir y cuidar de sus hijos. Verlas y leerlas es comprobar que es posible comprometerse con ambas cosas. Además ellas lo hacen, muchas veces, sin ayuda. Otras veces logran hacerlo con la vida (quiero decir la sociedad, los sistemas de salud y de trabajo, sus propias familias) en contra. Mis circunstancias eran mucho menos difíciles.

Caí en cuenta de que mi ansiedad no era el resultado de mis ganas de escribir sin hacer otra cosa (jamás he tenido esa posibilidad), sino de mis ansias de ser padre comprometida y amorosamente. De estar ahí, de disfrutar el amor, la ternura y la voz de esa niña cuyo rostro no había visto todavía. No me preguntaba en qué momento ser padre siendo escritor, sino en qué momento ser escritor disfrutando mi paternidad. 

II

Al conocer el rostro de mi hija pude también vislumbrar otro, hermoso y frágil, de la realidad. Como lo anticipaba, el tiempo y la energía escasearon. Luego de noches seguidas de desvelo me dormía sobre los libros que pretendía leer. Corregir mis textos exigía una concentración que me era físicamente imposible. Además, esa nueva presencia me poblaba la mente y los ojos: podía pasar horas contemplando esas pequeñas manos sin sentir la necesidad de escribir, porque la realidad estaba ya completa. Era feliz, y es muy difícil escribir en tales circunstancias. Me dediqué, pues, a vivir esos momentos sin pensar en otra cosa: el amor recién descubierto no me dejaba otra opción.

Poco a poco, los poemas llegaron, lentos y distintos. La nueva vida que tomaba la siesta rodeada de lo que antes era mi estudio, ahora también se colocaba al centro de mi propio trabajo creativo. El amor por mi hija, el temor del mundo en el que vive y vivimos, mi paternidad, se habían convertido en temas recurrentes de mi poesía. Lo de menos, ahora, era mi estudio: yo estaba ya colonizado por dentro. Lo digo sonriendo. Si bien era verdad que mi tiempo y energía se habían reducido considerablemente, la intensa necesidad de escribir acerca de este amor se había convertido en mi motivo para el poema. Escribir nunca había sido tan difícil, pero tampoco había sido más urgente en mi vida.

Todo se compensaba.

III

Quise, como sucede casi siempre cuando escribo, investigar la tradición a la que pertenece, o con la que puede dialogar, un impulso creativo. Sin mucha sorpresa pude ver que no es muy larga ni visible la tradición de poetas que hablan de su paternidad ejercida con amor. En literatura, el padre es casi siempre ausente o abusivo. Los ejemplos son tantos, tan variados y tan canónicos, que no vale la pena enlistarlos. La búsqueda del padre es casi un género literario. Matar al padre es un término común, destinado incluso a hablar de la tradición literaria. Los poemas a los hijos suelen ser escritos luego de tragedias familiares, o tienen tono de disculpa, precisamente, por no haber ejercido una paternidad amorosa.

Encontré muchos poemas de amor al padre, lamentaciones por la muerte del padre. Pero esos son escritos por los hijos y yo no buscaba eso, sino textos en los que un padre expresara amor y ternura. Los ejemplos fueron escasos, y la crítica casi nunca se detenía en ellos: la paternidad amorosa no parece tener muchos representantes, ni mucho prestigio literario. Los poetas no abordan el tema, y la academia igualmente lo ignora. Vale la pena preguntar por qué.

IV

Se llamaba Malva Marina Trinidad Reyes, tenía hidrocefalia y murió a los ocho años sin el cariño de su padre, Pablo Neruda. La casi completa desaparición de su historia no es casual: no hay una sola mención pública de Malva, un solo poema acerca de esta hija a la que, a razón del tamaño de su cabeza llenándose de fluido, el poeta llama en una carta “una especie de punto y coma”.

Fue la única descendencia del premio Nobel, fruto de su matrimonio con María Antonia “Maruca” Hagenaar. Luego de ocho años de enfermedad en los que su madre pasó toda clase de humillaciones, problemas y carencias económicas, Marina murió en 1943, en una Holanda ocupada por los nazis. Su padre no la menciona en sus memorias, ni le hizo un solo poema. No tuvo la suerte que tuvieron el gato, los calcetines, una castaña en el suelo, el caldillo de congrio…

No me interesa enjuiciar moralmente a Neruda, ni revivir el debate acerca de la validez de la separación entre el autor y su obra. Lo que quiero es pensar en el silencio del poeta y en la terrible pérdida que éste supuso para la literatura misma. Un hombre capaz de escribir con belleza sobre calcetines pudo haber cambiado la sensibilidad poética de la lengua si hubiera usado la pluma para hablar de su hija, de la enfermedad de su hija, del amor por su hija y del modo en que este amor le ocupaba el corazón, que tenía tan lleno de otras guerras, de conflictos y luchas. Neruda pudo haber escrito un tipo de poema que todavía no es muy visible, y quizá con ello hubiera comenzado un tópico literario. Pero Malva, que no fue una prioridad vital, tampoco pudo ser un tema poético. Aquellos pudieron haber sido (lo creo sinceramente) los más originales textos de toda la obra nerudeana. Y si me equivoco, si aquellos hipotéticos poemas resultaban malos o cursis, de cualquier modo hubieran sido más bellos y menos reprobables que la Oda a Stalin.

Pero es mejor hablar de lo que efectivamente sucede: el silencio de Neruda sobre su paternidad es un ejemplo común, entre demasiados otros.

V

Siendo una experiencia humana tantas veces repetida, tantas veces vivida, ¿por qué la paternidad ejercida con amor se escapa tanto de ser escrita? ¿O será que esta pregunta no es la correcta, y en su lugar debemos cuestionar si ese silencio es testimonio de una ausencia que también sucede fuera de la página? ¿Los escritores no han sentido la urgencia de escribir sobre una realidad que no les concierne, o se han censurado porque dichos temas carecen de prestigio? Dicho de otro modo: ¿hace falta escritura sobre paternidad, o hace falta paternidad comprometida para poder escribir sobre ella? La respuesta varía de caso en caso, pero el resultado es casi siempre el mismo: una ausencia textual, una falta.

De ser verdad, como dicen algunos, que la literatura tiene en realidad pocos temas que van variando sus matices a lo largo del tiempo, podríamos entender que se repitan tanto ciertos asuntos, ciertas obsesiones, en la obra de individuos o naciones. Los grandes temas literarios (la muerte, el tiempo, las transformaciones del yo…) se niegan a desaparecer porque son parte de la experiencia humana. Por esa misma omnipresencia uno pudiera pensar que el cuidado de los hijos podría ser una manera, un subgénero de la llamada poesía amorosa, pero no es así. El dicho y redicho poema pasional, erótico, el canto del hombre hacia el cuerpo femenino (no sé si a la mujer, pero definitivamente a su cuerpo) ocupa casi todo el espacio de lo “amoroso” en la literatura.

La palabra amor, en boca de autores hombres, necesita ser refundada. Las escritoras, hace ya bastante tiempo, exploran la conexión entre literatura y cuidados, y revisitan críticamente el concepto de maternidad. ¿No es momento, entonces, de que los escritores emprendamos una búsqueda parecida, encaminada a cuestionarnos acerca de nuestra paternidad, cuidados, y el rol de todo ello en la literatura que escribimos y consumimos?

VI

Estoy convencido de que, por demasiado tiempo, el patriarcado ha cercenado la ternura como posibilidad poética escrita por hombres, y le ha dado un significado predecible a la palabra amor. La vulnerabilidad del padre que teme, del hombre que ama sin erotismo, no tiene mucho espacio ni representantes dentro ni fuera del poema. En literatura, en la vida, la paternidad es más sinónimo de violencia o de ausencia, que de cuidados. La literatura contemporánea escrita por hombres habla más del cuidado de la naturaleza que del de los propios hijos.

Sin embargo, hablar de la naturaleza es un avance, puesto que anuncia que nuevas sensibilidades y nuevos temas literarios son posibles. La paternidad que ahora comento irá apareciendo en obras literarias porque el amor existe, porque está ahí, caminando por mi estudio y por la casa de muchas otras familias en las que alguien, padre o madre, se dedica a escribir. Soy testigo de que cada vez más padres, escritores o no, se dedican con amor a sus hijos. Sin embargo, para que esa realidad también aparezca en el poema es necesario perder el miedo a la vulnerabilidad que la ternura y los cuidados implican. Es necesario re-significar la palabra amor, enriquecerla.

Todo escritor tiene derecho a escribir con libertad sobre cualquier tema, y la conquista de la ternura es una expresión de libertad creativa que no debe seguir aplazándose. Tenemos derecho de hablar, de sentir, ese amor que exigen los cuidados. Vale la pena luchar por ello frente a la página en blanco. Es necesario conquistar los espacios que le hemos cedido a la violencia para redefinir nuestra identidad y, con ello, nuestra literatura.

Publicado originalmente en: Latin American Literature Today. Vol. 1 Nº 17 Febrero 2021. http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2021/febrero

Última página

El enorme reto de un espacio cultural

Ariel Avilés Marín

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El profesor Ariel Avilés Marín, una de las plumas más lúcidas de Yucatán, y amigo de toda la vida, desde los días iniciales de la benemérita Escuela Modelo, hasta el presente convulso y turbio, como activos martianos con quien me une la vocación docente, las letras, la pasión y el entusiasmo por la música, y el amor por México y Cuba, nos honró con la escritura de la última página de  Informe Fracto, que a partir del día de hoy domingo 3 de octubre de 2021, entra en receso después de casi tres años de haber abierto una ventana al pensamiento, a la cultura y a la información libres, sin cortapisas de ninguna clase, ponderando siempre el respeto a la diferencia y tratando de dar voz al otro, a los innominados y en general a todos los que no han querido guardar silencio ante el mundo desigual que amenaza ya con la extinción de la especie. En otro momento nos reuniremos de nuevo, mientras tanto, sigamos pensando que venceremos.

Carlos Bojórquez Urzaiz 

Luchar por la cultura, es una batalla titánica y muchas veces poco recompensada. Abrir brecha por la cultura, implica una labor dura y desigual, y sostener esa lucha exige la más de las veces la difícil cualidad de hacer verdaderos milagros. Esta lucha es igual de dura en el campo del teatro, de la música y, prácticamente en todo el campo de las artes. Tal parece que las musas son veleidosas e ingratas con quienes buscan sus favores, y que, tocar las mieles del triunfo está reservado a unos cuantos, y no siempre a los más meritorios. En este campo, la lucha por la labor editorial, es una de las más complicadas y cuyos frutos pocas veces logran trascender y menos redituar a quien pone en juego todas sus energías y afanes. La experiencia de crear y sostener una revista, con fines culturales es una empresa titánica y que, definitivamente reditúa, reditúa en planos de un orden estrictamente moral, anímico, de la más amplia realización personal, y eso, no tiene comparación alguna en la vida de las almas sensibles y generosas.

En la historia de las letras yucatecas, revistas memorables han dejado su huella luminosa. Esfinge, Platero, Voces Verdes, son nombres que se deben evocar con un reconocimiento para todas las mujeres y los hombres generosos que las hicieron posibles. En el campo del periodismo estudiantil, en la Escuela Modelo, también ha habido recordadas revistas, desde El Diminuto, en 1916, pasando por El Modelista, El Vocero Modelista, hasta llegar a la revista Blanco y Azul; así que no es de extrañar que un modelista como Carlos Bojórquez Urzaiz haya emprendido una aventura con la publicación y permanencia de la revista Informe Fracto.

Informe Fracto, ha dejado en su breve vida una huella que marca primicias en el periodismo cultural y de opinión. Una revista plural como pocas ha habido. Diversa e incluyente, que no ha rehuido a tema alguno que sus plumas han querido abordar, cada uno desde su trinchera de lucha. Desde sus columnas, ha tenido cabida la denuncia, la crítica afilada y aguda, la lucha a brazo partido por los Derechos Humanos. Creemos que, no hay pluma que haya dejado correr su tinta por sus columnas, que se haya sentido defraudada o sesgada por una línea sugerida y mucho menos impuesta. En sus páginas, se respiraba una libertad sin cortapisa alguna. Y todo esto, créanmelo, vale su peso en oro, y pocas veces se da, así con esta plenitud.

La fuerza de la situación económica es muy fuerte, sostener un proyecto como este no es cosa fácil, y termina naufragando, a pesar de sus logros periodísticos y literarios, porque la frase de Quevedo sigue teniendo una tremenda vigencia: “Poderoso caballero es don dinero”; y cuando éste falta, el casco de la nave hace agua y se va a pique sin remedio, con todo y su precioso cargamento de cultura. Así de fría y brutal es la realidad económica.

Nos duele profundamente que este día, 3 de octubre de 2021, sea el último que vea la luz esta memorable revista. Le decimos adiós con una tristeza profunda. Pero sin perder la esperanza de que, en un futuro, este gran proyecto pueda ser rescatado. En muchas revistas ha habido primera y segunda épocas. Deseamos profundamente que así suceda con Informe Fracto. Mientras tanto, el decimos con el alma en la mano: ¡Hasta luego! Mérida, Yuc., a 3 de octubre de 2021.

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Arte y ciencia

El periodismo necesario

Joed Amílcar Peña Alcocer

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La construcción de la opinión pública informada es uno de los grandes retos de la sociedad de la información y el conocimiento, y como es de imaginar, la prensa juega un papel importante en este proceso.

Yucatán atraviesa por una compleja situación, la pandemia agudizó la presencia de información falsa, manipulada y poco confiable. En estas condiciones, no es de extrañar que la toma de decisiones sea complicada y que el ejercicio de los derechos no sea pleno, por lo que la ciudadanía navega sin rumbo en el turbio mar de la información. Este contexto, en apariencia desalentador, puede ser superado por el trabajo de los medios de comunicación que, a través de un accionar ético y responsable pueden erigirse en herramientas que nos permitan orientarnos en estas aguas peligrosas. Eso ha sido Informe Fracto.

Los tres años de existencia de este medio de comunicación han demostrado cómo el periodismo digital puede y debe perseguir dos cosas: ética informativa y calidad de contenido. Durante la pandemia Informe Fracto fue uno de los pocos medios que suscribieron declaraciones puntuales sobre la responsabilidad de los medios de comunicación ante la emergencia por la Covid-19, mostró una clara inclinación por dar visibilidad a grupos que normalmente fueron marginados del espacio de la opinión pública, supo hacer uso del lenguaje como una forma de equilibrar el perverso juego de la desigualdad y reunió para ello a un nutrido grupo de profesionales e intelectuales.

Las páginas digitales de Informe Fracto serán recordadas como uno de los foros de opinión más importantes del espacio digital, donde convivieron algunas de las plumas más apreciadas del campo cultural yucateco. Este espacio digital mostró al periodismo regional los nuevos rostros y perfiles del periodista necesario.

No quepa duda que algún historiador ya ha tomado registro de esta publicación, por lo que su permanencia en la historia de la prensa regional esta asegurada. No se puede ocultar que éste, el medio más crítico de los últimos años, muchas veces fue a contracorriente del discurso periodístico yucateco y con ello sentó un precedente de independencia y libertad para cada uno de sus colaboradores. No se ejerció la libertad de opinión sin reflexión, no se busco ir a contracorriente sin un objetivo, por el contrario, la prioridad fue brindar certeza al lector.

Hace ya casi un año, por la generosidad de Carlos Bojórquez Urzaiz, recibí la invitación para hacer de Informe Fracto un espacio para mis ideas y reflexiones. Posiblemente no correspondí con la constancia debida, por ello valoro más la disposición permanente y entusiasta que siempre mostraron los editores al recibir mis colaboraciones.

La escritura y la reflexión nos llevan siempre por rumbos que se cruzan. Queda la memoria, queda la historia y el respeto a los valores del periodismo necesario.

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Notas al margen

Perspectiva y constancia de lo escrito

Manuel Tejada Loría

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Pero seré fiel a la divisa
de no escribir nunca una mentira.

Fidel Castro

La experiencia de lo digital ha sido una incitación y, sobre todo, una suerte de esperanza de que la cultura escrita todavía es constancia, y para algunos, destino. Informe Fracto es prueba de que el periodismo puede hacerse desde un discurso más humano y justo, que la escritura de la nota roja puede ir más allá de la estulticia, y que la perspectiva de género es un imperativo que debe permear las redacciones y nuestras relaciones humanas. No se puede desligar la vida diaria del periodismo responsable, de la editorial crítica. No podemos relegar la comprensión del presente a momentos fugaces en cualquier red social, o bien, a impulsos atrabancados de mentira, ego, verborrea y ripio.

Ha sido otro el latir de Informe Fracto. Seguramente otro el motivo de cada colaboradora y colaborador de este proyecto editorial en internet que, sin anuncios y propaganda, bregó por un mar embravecido de crisis pandémica, económica y globalización.

Aún y con todo, queda en la virtualidad, inequívoca constancia de lo escrito, seguro de que la reflexión, esa sí, persistirá en el día a día de quienes confluimos en este espacio diverso.

De manera personal, agradezco y reconozco desde estas líneas, la encomiable labor de Carlos Bojórquez Urzaiz, Rocío Valencia y Lilia Balam para que Informe Fracto navegara sublime. Fueron, sin duda, el viento a favor.

Para mi fue vivificante volver a escribir Notas al margen después de una lamentable y forzada pausa. Y, además, escribirla para un medio digital como Informe Fracto. No sólo fue un puntual recordatorio de la vocación, sino confirmar que este mundo se enfrenta desde nuevas trincheras con palabras, ideas y acciones.

Reencontrar al profesor de universidad, ahora como editor de una revista digital, fue del mismo modo muy grato, aunque no sorpresivo. La esencia del doctor Carlos Bojórquez Urzaiz gira siempre en torno a las ideas, el conocimiento y la creatividad. Es una dicha poder encontrar a un interlocutor como él, y por supuesto, el alto valor de su amistad.  Por eso tengo la certeza de que una próxima aurora marcará no uno, sino nuevos rumbos.

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